En los últimos meses, “La Cruzada Nacional Contra el Hambre” (CNCH), que ha sido la principal estrategia de política social encargada de atender a la población más vulnerable, se ha visto inmersa en diversas críticas que van desde sus objetivos hasta su implementación. La CNCH no se concibió como un programa que proporciona bienes o servicios directamente a la población, sino como una estrategia cuya intervención se basa en la coordinación de programas entre distintas instancias gubernamentales. Sus principales objetivos se resumen en cero hambre a partir de una alimentación y nutrición adecuada de las personas en pobreza multidimensional extrema y carencia de acceso a la alimentación. Sin embargo, vale la pena preguntarse si es válido seguir hablando del “hambre” en México.

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La FAO define el hambre como el estado en donde una persona es incapaz de adquirir alimentos suficientes, y tiene un nivel de ingesta de alimentos insuficiente para satisfacer las necesidades de energía alimentaria. Lo anterior refleja que el hambre no sólo implica saciedad, sino calidad y variedad en lo que se consume.

En el índice global del hambre,1 México tiene “bajos“ niveles de hambre en comparación con otros 119 países; sin embargo, queda la duda sobre la verdadera situación en que se encuentra nuestro país. Para una descripción más detallada del estado actual, ocuparemos el concepto de seguridad alimentaria y su medición.

¿Cómo es un hogar con seguridad alimentaria? En un hogar hay seguridad alimentaria cuando todas las personas que lo integran tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos nutritivos para satisfacer sus necesidades y sus preferencias a fin de llevar una vida activa y sana. En México, la aproximación a este concepto se lleva a cabo a partir de la información recabada en la Escala Mexicana de Seguridad Alimentaria (EMSA) con información de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH). Ésta consta de 12 preguntas que capturan la percepción de las personas en los hogares en los últimos tres meses al acceso a alimentos variados, nutritivos y suficientes.2 Existen cuatro puntos de corte de esta escala: seguro alimentario, inseguro alimentario leve, inseguro alimentario moderado e inseguro alimentario severo.

En la gráfica 1 podemos observar estas cuatro categorías de la escala en los años 2010, 2012 y 2014.3

Gráfica 1 Inseguridad alimentaria 2010-2014   1

A través de este periodo de tiempo se aprecia una tendencia constante del porcentaje de la población que integra a cada categoría en donde cabe recalcar que en términos absolutos, en el año 2014, más de 50.9 millones de personas se encontraban en algún grado de inseguridad alimentaria. Para el año 20144 se realizó un ejercicio en donde se desagregó la información por quintil de ingreso, a nivel rural y urbano, en jefes de familia, hombres y mujeres, con el fin de detectar si hay mayor concentración de algún grado de inseguridad alimentaria al ser parte de dichas desagregaciones.

En la tabla 1 se agregó el ingreso corriente5 en quintiles. En la tabla podemos observar que la mayoría de los hogares son seguros alimentarios, pero es alarmante la disparidad entre los porcentajes de los dos niveles más bajos de la escala de inseguridad alimentaria en los primeros dos quintiles de ingreso—es decir, los más pobres.

El acceso a alimentos no sólo está en función de barreras físicas y mercados diversos, sino que depende principalmente del ingreso que perciben los hogares. Por lo que los hogares más pobres solo tienen acceso a ciertos alimentos que posiblemente cumplan con saciarlos, pero no con nutrirlos.

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En la tabla 2 se categorizó en nivel urbano y rural dependiendo del tamaño de la localidad.6 En esta tabla observamos que la mayoría de los hogares en localidades urbanas tienen seguridad alimentaria, pero en contraste con los hogares en localidades rurales el porcentaje es mucho menor, aumentando así el porcentaje de hogares con algún grado de inseguridad alimentaria. Lo anterior permite cuestionar el acceso que tienen las poblaciones rurales a alimentos, ya que podría tratarse de obstáculos físicos (como caminos pavimentados) con los que no se cuentan en entornos urbanos, por tener éstos posiblemente mejor infraestructura que permita un fácil acceso a diversas opciones para comprar alimentos, al igual que alimentos más variados.

Esta tabla también obliga a cuestionar lo que generalmente se piensa sobre el acceso que se tiene a estas poblaciones rurales a alimentos mediante el autoconsumo.

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En la tabla 2 repetimos el mismo ejercicio separando a hogares cuyo jefe de familia (persona responsable en las erogaciones del hogar) es hombre o mujer. Podemos observar que los porcentajes entre los hogares es similar; no obstante, los hogares cuyo jefe del hogar es hombre tienen más seguridad alimentaria y  menor inseguridad alimentaria severa, que trae consigo experiencias de hambre ocasionadas por faltas de recursos. Esta diferencia entre hogares denota que los hogares con jefes del hogar mujeres son más vulnerables que los de hombres.

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Esta vulnerabilidad puede ser agravada por crisis económicas que alteren el ingreso corriente de las familias al igual que sequías o fluctuaciones en el mercado de alimentos (como de granos) que alteren los precios relativos de los bienes y aumenten la inseguridad alimentaria de los hogares.7

Esta falta de acceso a opciones diversas de alimentación se ve fuertemente asociada con el peso y la talla de la persona.8 Los cuerpos más “pequeños” requieren de menos calorías y éstos llevan a una trampa nutricional en la que las personas no pueden trabajar, sobre todo en labores físicas, debido a que no han podido consumir el contenido nutricional necesario para ejercerlas. La desnutrición también está asociada a diversas consecuencias a largo plazo que engloban menor escolaridad y menor productividad económica, hasta riesgos de enfermedades crónicas y efectos intergeneracionales que van desde el desarrollo de cánceres a enfermedades mentales.9

Dado lo anterior, es válido seguir hablando del hambre y México y sobre todos los esfuerzos que se han sumado para erradicarla. Un esfuerzo mal logrado de política pública en este ámbito fue la ya mencionada estrategia de “La cruzada nacional contra el hambre”, que aunado a todos los problemas de implementación y falta de transparencia, el CONEVAL advirtió que en el programa de comedores “los platillos no logran cumplir los atributos deseables. Destaca por ejemplo que los platillos notoriamente rebasan una proporción equilibrada y recomendable, resultando en dietas con alto contenido de sodio, azúcares, carbohidratos y grasas”. Las posibles consecuencias de una dieta podrían representar una carga más al sistema de salud pública por sobrepeso y obesidad al igual que diabetes e hipertensión arterial.

Amartya Sen en su libro Democracy as Freedom sostiene que “ninguna hambruna en la historia ha existido en una democracia funcional” ya que en gobiernos democráticos se necesita ganar elecciones y hay incentivos para tomar medidas para que estas situaciones no se den. A pesar de ello, muy pocos países en contextos democráticos, como México, invierten lo necesario en sistemas de salud y en medidas preventivas.

La seguridad alimentaria tiene una relación inequívoca con el ingreso, y aunque exista crecimiento económico, si éste se encuentra mal distribuido, estas brechas se agravan. En México es ineludible discutir la desigualdad económica y política, que inhabilita articular demandas entre la población más vulnerable y su acceso a mejores condiciones de vida.

Fernanda Gutiérrez Amaros es economista y politóloga por el ITAM, donde estudia la maestría en Ciencia de Datos.


1 Global Hunger Index, 2015.
2 La seguridad alimentaria es una condición necesaria más no suficiente de seguridad nutricional.
3 Datos obtenidos del Coneval.
4 Datos generados mediante el dofile del Coneval con los datos de la ENIGH 2014.
5 El ingreso corriente consiste en la suma de los ingresos por trabajo, los provenientes de rentas, de transferencias, de estimación del alquiler y de otros ingresos.
6 Si la localidad tiene menos de 2500 habitantes se considera rural.
7 Hay evidencia que la crisis del 2008 en México afecto el grado de seguridad alimentaria de los hogares. Para más información ver Vilar et. al. The impact of the 2008 financial crisis on food security and food expenditures in Mexico: a disproportionate effect on the vulnerable.
8 Deaton A. 2013.
9 Victora C.G et al.

Referencias:

Nelson, Libby,“World hunger is at its lowest point in at least 25 years. Thank democracy.”Vox.
De Waal, Alex, “Is the Era of Great Famines Over?”The New York Times.
Von Grebmer, Klaus, Jill Bernstein, Alex De Waal, Nilam Prasai, Sandra Yin and Yisehac Yohannes, “2015 Global Hunger Index: Armed Conflict and the Challenge of Hunger”Global Hunger Index.
Mahtaney, Piya, “The Hunger for Change: How Food Security and Democracy Are Connected”CSR Wire.
Massing, Michael, “Does Democracy Avert Famine?”The New York Times.
Mireya Vilar-Compte, Sebastian Sandoval-Olascoaga, Ana Bernal-Stuart, Sandhya Shimoga and Arturo Vargas-Bustamante (2015). “The impact of the 2008 financial crisis on food security and food expenditures in Mexico: a disproportionate effect on the vulnerable”. Public Health Nutrition, 18, pp 2934-2942. DOI:10.1017/S1368980014002493.
“Maternal and child undernutrition 2: consequences for adult health and human capital”. Victora C.G., Adair L., Fall C., Hallal P.C., Martorel R., Richter L., Sachdev H.S. and the Maternal and Child Undernutrition Study Group ( 2008 ) The Lancet , 371 , 340357 . DOI: 10.1016/S0140-6736(07)61692-4.
Deaton, A. 2013. The Great Escape: Health, Wealth, and the Origins of Inequality. Princeton: Princeton University Press.
Montalvo, Tania, “Después de 3 años de operar con fallas, Peña anuncia cambios en comedores comunitarios”Animal Político.
Montalvo, Tania, “Huevo en polvo o carne enlatada: este es el menú en los comedores comunitarios de Sedesol”Animal Político.
The Global Hunger Index.