A raíz de la publicación del Módulo de condiciones socioeconómicas 2015 el viernes pasado, ha ocurrido una polémica entre el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (CONEVAL) y buena parte de los economistas interesados en temas de desarrollo económico. Si bien la polémica comenzó en redes sociales, ésta ya ha alcanzado a los principales diarios del país (ver aquí, aquí y acá). Y si bien a primera vista este tema podrá parecer una discusión de interés sólo para especialistas, no es así. El tema es importante, pues los datos que genera INEGI son los que se utilizan para el diseño, instrumentación y evaluación de políticas públicas, para evaluar el desempeño de nuestros gobernantes. Es una discusión que nos debe interesar a todos.

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Para entender bien a qué se debe esta polémica, vale la pena comenzar explicando qué es el Módulo de condiciones socioeconómicas levantado por INEGI. Cada año con terminación par, el INEGI levanta la Encuesta nacional de ingreso y gasto de los hogares (ENIGH), la cual, como su nombre indica, provee información sobre los ingresos que reciben los hogares1 de México de cada una de sus fuentes de ingreso, así como el monto que gastan en distintos rubros como alimentación, recreación, por nombrar algunos. Desde 2008, el INEGI levanta de forma anexa a la ENIGH el Módulo de condiciones socioeconómicas (MCS), el cual proporciona la información con la que el CONEVAL realiza el cálculo sobre el número de pobres a nivel nacional y en cada uno de los estados. El MCS cuenta con información detallada sobre los ingresos de los hogares, así como del acceso que éstos tienen a servicios de salud, educación, los servicios con los que cuentan las viviendas y las características de éstas, además de recabar información sobre la alimentación de los miembros del hogar. Es decir, el MCS proporciona la información referente a cada una de las dimensiones consideradas en la medición de la pobreza, teniendo una mayor desagregación de dicha información que la ENIGH.

Además, cada año en que se levanta un censo o una encuesta intercensal (es decir, cada año con terminación en un múltiplo de cinco), el INEGI levanta un MCS especial, con la información de un MCS normal, pero que permite desagregar hasta escala municipal. Con la información de dicho MCS podemos saber las diferencias de ingreso entre los distintos municipios de México, así como las diferencias de acceso a los servicios básicos. Este tipo de MCS fue el que se levantó en 2015 y cuyos resultados se presentaron el viernes pasado. Como se puede apreciar, se trata de una fuente de información indispensable para la formulación de política pública: permite identificar los municipios que sufren de forma más aguda la carencia de acceso a servicios básicos, aquellos en donde hay problemas de insuficiencia alimentaria, así como aquellos en donde los ingresos de sus habitantes son inferiores al costo de la canasta alimentaria o al costo de los bienes de la canasta alimentaria y otros bienes necesarios para tener una vida digna.

Sin embargo, el anuncio del viernes trajo una sorpresa: INEGI anunció que había realizado cambios en el operativo de campo del levantamiento en la captación de la información sobre ingresos, haciendo que la información sobre esta variable en el MCS 2015 no fuese comparable con la información de los MCS de años anteriores. De acuerdo a INEGI, los cambios en el operativo de campo tienen como objetivo mejorar la captación del ingreso en las encuestas. Esto per se no es algo malo. Desde hace tiempo se sabe que al sumar todos los ingresos capturados en la ENIGH y en el MCS es mucho menor al registrado en las Cuentas nacionales.2 De hecho, hay una naciente literatura (ver aquí y acá dos artículos sobre el tema) sobre la forma en que es necesario ajustar ambas encuestas para hacer equivalente el ingreso agregado capturado en las encuestas a hogares con el ingreso registrado en el Sistema de cuentas nacionales. Incluso investigadores del propio INEGI han participado en dicha discusión (ver aquí).

La molestia con el INEGI surge de cuatro factores. El primer factor es que no sabemos cuáles fueron exactamente los cambios que realizó en el operativo de campo. De acuerdo a Julio Santaella, el cambio consistió en que ahora, en el caso en que el informante proporcione un monto de ingresos “sospechosamente bajo”, se regresa a dicho hogar en días subsecuentes para volverle a preguntar su ingreso. Sin embargo, si se revisan el manual del entrevistador (disponible aquí), el documento descriptor del operativo de campo (disponible acá) o los cuestionarios (disponibles acá), no se encuentra evidencia de este cambio. El único cambio considerable entre 2014 y 2015 es que en 2015 se remplazó el cuestionario de reentrevista por uno de supervisión, que abunda en los motivos por los que el hogar no respondió algunas preguntas. No dice nada sobre la identificación de “Ingresos sospechosamente bajos” ni sobre que una vez identificados éstos, se volvía a insistir en la obtención de una respuesta.

La segunda cuestión, ligada estrechamente al anterior, es que no se le avisó a nadie, y mucho menos se discutieron los cambios que se realizaron al operativo de campo. De ahí que CONEVAL emitiera un comunicado pidiendo a INEGI una aclaración sobre lo que hizo. De acuerdo al titular de INEGI, el instituto tiene la prerrogativa de hacer este tipo de modificaciones sin avisar a alguien fuera de la institución. Pareciera olvidársele a Santaella que la información que genera el INEGI no es como tal propiedad del INEGI, sino de todos los mexicanos, por lo que debería informarse y discutirse públicamente cualquier cambio en el operativo de campo que impacte sustancialmente en los datos obtenidos, como fue en este caso. Esto hubiera permitido a instituciones como CONEVAL o al resto de usuarios de la información prepararnos para el cambio y buscar la forma de hacer comparable la información del MCS 2015 con la información de los MCS de años anteriores, de tal forma que no se perdiera información valiosa.

El tercer factor, como ya dije, es que se perdió comparabilidad con los datos de años anteriores. Es decir, no podemos decir nada sobre la evolución del ingreso de los mexicanos de todo el país y en cada uno de los estados entre 2014 y 2015. Peor aún, no podemos decir algo sobre lo que ocurrió en cada uno de los municipios del país entre 2010 y 2015. Con ello se perdió información crucial para la formulación de políticas públicas a escala municipal, estatal y nacional. Además, se corre el riesgo de generar desinformación, en tanto que los medios de comunicación pueden comparar el ingreso recabado en el MCS 2015 con el ingreso recabado en el MCS 2014, aun cuando se trata de una comparación inválida. Y es un riesgo real, pues como se puede ver aquí, el periódico El Economista hizo justamente eso (con todo y que es un diario especializado en economía).

El cuarto motivo de molestia con INEGI es que los patrones distributivos observados en los datos del MCS 2015 son sustancialmente diferentes a los observados en años anteriores. Por ejemplo, en los datos del MCS 2014, la razón entre el ingreso agregado del 10% de la población de mayores ingresos y el ingreso agregado del 10% de la población de menores ingresos en México era de 24.6. Es decir, el 10% de mayores ingresos en conjunto representaba 23 veces el ingreso agregado del 10% de menores ingresos. En el MCS 2015, dicha razón cae a 19.5.  Ello ocurre debido a que en el MCS 2015 los ingresos del 10% de menores ingresos en México son 33% mayores a los reportados en el MCS 2014, mientras que los ingresos del 10% de mayores ingresos en México es sólo 10% mayor. La corrección que hizo INEGI mediante los cambios en su operativo de campo (cualesquiera que éstos sean) corrige, en teoría, primordialmente el “subreporte de ingresos” en la parte baja de la distribución. Ello lleva a que se reporte menos desigualdad de ingresos que con los datos anteriores. El problema es que se sabe que el subreporte en la parte alta de la distribución de ingresos es también muy sustancial, y posiblemente mayor al de la parte baja. De ahí que el ajuste de la ENIGH a Cuentas Nacionales realizado por dos investigadores de INEGI lleve a que se registre una mayor desigualdad, no una menor, incluso presumiendo que hay subreporte en ambas colas de la distribución de ingresos. ¿Por qué entonces diseñar un operativo de campo que corrige un tipo de subreporte, pero no el otro?

Ante esta situación, es indispensable que INEGI aclare a la brevedad cuáles fueron los cambios en el operativo de campo con el que se levantó el MCS 2015 y que éstos sean discutidos con CONEVAL y con el resto de sus usuarios. En ese mismo sentido, y a pesar de las declaraciones de Julio Santaella, es necesario que hasta que no haya un acuerdo sobre si dichos cambios al operativo de campo son una mejora, el operativo de campo de la ENIGH 2016, próxima a iniciar levantamiento, debe ser el mismo que el realizado en el levantamiento de 2014. Ello para al menos asegurar comparabilidad con la serie bianual que hasta el momento se ha ido construyendo desde inicios de los años noventa.

Debido a la opacidad con la que se llevaron a cabo los cambios en el MCS 2015 y los cambios tan importantes en los datos respecto a los obtenidos de levantamientos previos, la credibilidad de INEGI está en juego. Y eso es grave e impacta más allá del ámbito académico, pues el contar con un organismo que proporcione datos confiables sobre la realidad económica y social de México es indispensable para realizar políticas públicas enfocadas en resolver los problemas más apremiantes; no sólo eso, sino también para poder evaluar a nuestros gobernantes y, en ese sentido, para el correcto funcionamiento de la democracia.

Luis Ángel Monroy-Gómez-Franco es maestro en economía por El Colegio de México.


1 La ENIGH considera como hogares al conjunto de personas que comparten gastos en alimentos. Puede haber varios hogares en una vivienda.
2 El Sistema de cuentas nacionales es el sistema de contabilidad en donde se registran la producción, los ingresos en sus distintos componentes, así como los componentes del gasto (consumo, inversión, gasto de gobierno, importaciones y exportaciones) a escala nacional.