Cerca del medio siglo de haber salido a la luz y a propósito de una reedición, Justino Fernández prologó Forjando patria de Manuel Gamio en 1959.1 El prefacio de Fernández se preocupa por hacer una lectura de la obra con una perspectiva histórica, pero recuperando la vigencia que podría tener del texto en el México del desarrollo estabilizador. Para Fernández, leer Forjando patria casi 50 años después era importante en cuanto a la idea de ésta como una obra programática para quienes manejaban el país. Además, servía como una obra para que las nuevas generaciones entendieran el ideario del sistema hegemónico revolucionario. El contexto que más importa a Fernández es el de la Revolución mexicana: Gamio escribió buena parte del libro y lo publicó en 1916, todavía inmerso dentro de los convulsos procesos revolucionarios. Para Fernández, Forjando patria organiza buena parte del pensamiento de la Revolución mexicana y, en consecuencia, de los gobiernos emanados de ella, vigentes en su tiempo. Su prólogo pide buscar en los ensayos de Gamio, “lo que aún queda por hacer”. Otros 50 años después y, celebrando el centenario de la publicación de este icónico libro, vale la pena volver a leer Forjando patria, evidentemente, por otras razones.

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En 1916, Manuel Gamio estaba en sus 30 y era el inspector general de monumentos arqueológicos dentro de la Secretaría de Educación Pública. Tenía unos cinco años de haber regresado de hacer su doctorado en antropología en la Universidad de Columbia, donde fue alumno de Franz Boas, considerado como uno de los padres de esta disciplina y, en particular, de una de las más cruciales rupturas en su trayectoria teórico-ideológica. Gamio traía a México el relativismo cultural que, en principio, rompía con las ideas evolucionistas que acompañaban el positivismo porfiriano. La modernidad mexicana no se conquistaría a partir de su occidentalización total sino, en el ideal de Manuel Gamio, de integrar todos los elementos particulares de las historias, contextos y naciones mexicanas para… forjar una patria, una que no es occidental, ni indígena, sino mestiza… mexicana.

Gamio sería el primer exponente mexicano de lo que después el antropólogo Marvin Harris llamaría el “particularismo histórico”; esto es, analizar las culturas como resultado de sus propias trayectorias históricas, de sus propios contextos y sin otras teleologías que las de sus propias contradicciones, si no es que sin teleología alguna. Sin embargo, Gamio adopta este pensamiento no sólo como un antropólogo, sino también como un funcionario, como un nacionalista, como un programa de Estado en momento convulso. Y, en ese sentido, México no es una, todavía –ni nunca-, patria, una nación particular a ser analizada y descrita por la antropología, sino la potencia de una que debe ser forjada. Los elementos y trayectorias propias están servidas, sólo falta un gobierno posrevolucionario encargado de ejecutar la hibridación: renunciar a las aspiraciones occidentalizantes de las élites, valorizar lo indígena desde parámetros propios y… meterlo a una olla de presión mestiza.

Forjando patria es una colección incoherente de brevísimos ensayos escritos en diferentes momentos. Probablemente algunos incluso fueron escritos incluso antes del estallido de la Revolución mexicana. El conjunto no encuentra la belleza narrativa ni la coherencia como obra que, por ejemplo, tuvo el Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, de Fernando Ortiz, o Casa grande e senzala de Gilberto Freyre en Brasil. Estas dos obras, inspiradas también por el pensamiento antropológico de Boas y también de Bronislaw Malinowski, pero sin ser propiamente obras de esta disciplina, exponen también una ansiedad similar a la de Gamio: establecer metáforas y análisis de “lo cubano” o “lo brasileño” como resultado de una fusión de las razas, de las culturas, de lo blanco con lo indio y con lo negro. En los ensayos de Gamio encontramos lo mismo una reflexión meramente estética como análisis estructurados a partir de discursos científicos, digresiones morales y sugerencias para la operación de instituciones culturales, una queja porque en Yucatán le llamen “extranjera” a la cerveza del centro del país o un análisis del catolicismo en México.

Sorprende, pues, la omisión que hace el prólogo de Fernández de lo que hoy sería el elemento más llamativo de toda la colección de Forjando patria: la constante idea de una integración étnica y cultural que, por supuesto, tomarían parcialmente los gobiernos posrevolucionarios y de la que específicamente José Vasconcelos sería su principal impulsor. Desde los discursos socialistas, la asimilación ocurriría dejando de hablar de indios y mestizos para hablar de campesinos y proletarios: la llave de la igualdad está en la conciencia de clase, no en la de la cultura. Desde los discursos positivistas y liberales, la igualdad estaba en la extinción de los elementos culturales o minoritarios ajenos al progreso. Gamio no era ni lo uno ni lo otro, él era un eugenesista.

Por supuesto: la sola palabra “eugenesia”, y en el contexto internacional de esas décadas, produce terror. Y no injustificadamente. La obsesión de Gamio, como se ha dicho, fue la de desarrollar una patria mexicana particular, una sola y una distinta a cualquier cosa. Como señala Nancy Stepan,2 para Gamio y a diferencia de muchos de sus pares en los congresos internacionales de eugenesia, la aportación de las razas indígenas en el mestizaje nacional no demerita el resultado, sino todo lo contrario: contribuye a hacerlo único. Es por eso que Gamio pide, por ejemplo, una revaloración del arte, cultura y lenguas indígenas –en tanto pueden aportar nuevos elementos a la nueva patria nacional. Ese desarrollo y sofisticación de una posición indigenista le valió ser el director del Instituto Indigenista Interamericano entre 1942 y 1960, año de su muerte. 

Un siglo XX de eugenesia, nacionalismos, de conflictos interreligiosos, étnicos y de otros tantos cortes, nos ha enseñado otra cosa. La asimilación, integración o hibridación han quedado atrás para hablar de pluralismo, tolerancia y convivencia. Los gobiernos revolucionarios, aunque persisten hasta la fecha algunas de sus instituciones, han dejado atrás el proceso político, social y económico que les dio origen. 

Sobra decir, pues, que a diferencia de lo que Fernández pensaba hace 50 años, hoy no hay vigencia en Forjando patria. Si alguien tiene la duda de lo anacrónico que podría resultar pensar eso, basta leer, por ejemplo, el ensayo “Nuestras mujeres”. ¿Por qué leer, entonces, a Gamio a los 100 años de ésta, su “obra de juventud”? Por algo que sí dijo Justino Fernández en su prólogo del medio siglo: “late en [el libro] una alentadora espiritualidad que eleva su contenido y sus propósitos a los planos del humanismo”. Quien lee Forjando patria lee al más entusiasmado de los mexicanos en uno de los momentos más delicados de la historia nacional. Quien lee al todavía entonces joven Gamio, lee a alguien dispuesto a pensar bajo el espíritu de su tiempo para liberar a su nación de colonialismos, para dar dignidad a los oprimidos, para valorizar algo nuestro, para… forjar patria.

En esta década fuerte de diferentes centenarios y bicentenarios del país donde celebramos los eventos y publicación de algunos de los documentos formativos del estado mexicano, conviene incluir Forjando patria, no como un programa de gobierno –porque no lo es-, ni sólo como un texto fundacional de la antropología mexicana. Conviene leerlo como una invitación a pensar la construcción del estado con una mezcla de pasión y de mayor rigor. Conviene leerlo en el contexto de las convulsiones contemporáneas, que si bien no son las de la guerra civil, sí muestran señales de un callejón sin salida de violencia, desigualdad, pobreza, corrupción y un arreglo de élites que a veces parece inamovible en medio de un entorno internacional bastante incierto. La oportunidad para volver a pensar “proyectos de nación” está resurgiendo aquí y allá.

José Ignacio Lanzagorta García es antropólogo social.


1 El prólogo puede consultarse desde la segunda edición hasta las más recientes de la colección “Sepan cuantos…” de Porrúa, quien sostiene los derechos del libro desde su primera publicación.
2 Stepan, Nancy, 1991, The Hour of Eugenics: Race, Gender, And Nation in Latin America, Nueva York: Cornell University Press.