El historiador social y económico Fernand Braudel decía que la historia podía ser dividida en tres movimientos: lo que se mueve rápidamente, lo que se mueve lentamente y lo que parece no moverse en absoluto.1

La economía mexicana y su posición con respecto a los movimientos económicos en el mundo hoy encajan con los movimientos braudelianos. La economía mexicana se mueve lentamente, aun dentro del consenso neoliberal de los últimos treinta años, al mismo tiempo que se encuentra insertada en un mundo que, en parte, se mueve rápidamente alejándose hacia un nuevo consenso que parece recuperar las lecciones olvidadas de un tiempo de mayor sensatez económica.

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Es inevitable observar cuando uno lee la literatura económica reciente que existe un gran movimiento que rechaza la forma en que se han conducido las economías en los últimos treinta años y que lo rechaza en un terreno pragmático (no ideológico), porque las posiciones neoliberales, lejanas a producir bienestar, han producido una creciente desigualdad, el empobrecimiento de las sociedades desarrolladas y en gran medida el estancamiento de las economías en desarrollo que implementaron su agenda, como es el caso de México.

Los trabajos recientes de economistas, historiadores económicos y politólogos como Robert Gordon,2 Stephen Cohen y Bradford Delong,3 Jacob Hacker y Paul Pierson,4 Jeffrey Williamson y Peter Lindert,5 Joseph Stiglitz6 y de otro gran número de investigadores, han demostrado cómo la influencia neoliberal o conservadora dentro de la política económica en Estados Unidos no ha sido positiva, con otro número de trabajos relevantes que muestran  resultados semejantes para otros países en el mundo.

La lección que todos estos investigadores encuentran en la historia económica es que el Estado tiene un rol fundamental en guiar las políticas económicas de los países, en la apertura de nuevos mercados y la ampliación del espacio económico para sus ciudadanos y que la mejor política económica es la que lleva por objetivo la mejora de las condiciones de vida de las personas.

Durante más de tres décadas observamos en el mundo un retroceso del Estado para dejar que el mercado asignara todo sin preocuparse de cómo lo haría. Observamos un abandono de las políticas que fomentan el desarrollo económico, como la generación de infraestructura, el impulso a la ciencia básica y las actividades de innovación, de la educación pública y la seguridad social como pilares de la igualdad de oportunidades. Para parafrasear a Hacker y a Pierson, es como si hubiéramos adquirido una amnesia que nos ha hecho olvidar las cosas que hacen a las naciones prósperas.

No resulta misterioso, por tanto, cómo han crecido dramáticamente las molestias con el proyecto neoliberal y la globalización financiera. Durante las últimas décadas los grandes ganadores han sido las clases medias del sureste asiático y las élites económicas de los países ricos, mientras que el resto ha perdido.7

La historia económica ha tomado un rol central para entender el progreso de las naciones, para probar la validez de teorías muchas veces arcanas contra el espejo de la historia y para, así, poder confirmar o refutar las nociones que hemos construido de la economía durante mucho tiempo. Sin embargo, México parece no haber prestado atención a la retirada de la visión económica dominante y la introducción de lo que parece ser un nuevo consenso mundial que ve en la desigualdad, la pobreza y el lento crecimiento problemas que causan volatilidad económica e inestabilidad política.

México ha olvidado lecciones fundamentales de su propia historia y sus éxitos y fracasos en el camino hacia el desarrollo, como fue la creación de la seguridad social en los años cuarenta. Hoy seguimos retrayendo al Estado de las actividades que hacen que la economía crezca, con una inversión pública históricamente baja, con un gobierno que no busca hacerse de los recursos fiscales que requiere para poder ofrecer servicios de calidad y para poder hacerle frente a los retos que tiene por delante, si es que algún día desea ser un país desarrollado. Hoy tenemos un Estado que administra, pero no impulsa, la vida económica.

Nuestro país necesita reaprender rápidamente estas lecciones sobre la importancia del Estado que se redescubren en el mundo. Cohen y Delong dicen que “la economía es fácil,  lo difícil es la política” y México se ha equivocado en la economía porque se ha equivocado en la política; porque el dogmatismo –y no el pragmatismo– es su hilo conductor.

El proyecto neoliberal –lo que algunos llaman “el proyecto modernizador”– ha estancado el país en una trampa de bajo crecimiento, de pobreza, de creciente desigualdad, porque ha promovido una política que sirve a intereses particulares, que ha servido para hacer fácil la captura del Estado y por lo tanto dificultado que el Estado realmente le sirva a todos.

Si observamos las trayectorias de crecimiento de diversos países durante el muy largo plazo, tal como el economista Angus Maddison hacía (ver figura 1), podemos encontrar cómo muchos de los grandes puntos de inflexión en el desarrollo de dichas economías viene acompañado de cambios políticos y decisiones pragmáticas para mejorar el bienestar de las sociedades, como sacar de la economía a los famosos robber barons que hoy tienen su equivalente en monopolistas e industrias cabilderas, además de la creación de instituciones y proyectos de inversión que trabajen para las mayorías.

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Los países que tomaron una perspectiva pragmática hacia las condiciones de vida de la población han sido los países que lideran de forma sistemática en los niveles de desarrollo en el mundo. Países como Estados Unidos, Australia, Argentina, Brasil y Canadá, que en el siglo XVIII y XIX tenían niveles semejantes de desarrollo, siguieron caminos de muy distintos a raíz de la adopción de políticas públicas que favorecían a su población general y su fuerza de trabajo.

México parece llegar tarde a este tipo de cambios en el mundo, pero aún tiene la oportunidad de hacerlo a tiempo y de aprovechar las difíciles condiciones de la economía global y su propio estancamiento de más de treinta años como justificación para hacer una reformulación de su modelo económico y apostar por las cosas que funcionan.

La forma de llegar temprano y cambiar nuestra política económica parte de reconocer que lo que hoy tenemos no funciona, que la fortaleza económica de México es un gran mito porque no funciona para todos. Lograr un Estado autónomo hace necesario que reconozcamos que uno de los vicios de la ortodoxia económica ha sido la retirada del Estado como uno de los pilares básicos del desarrollo.

Aprender estas lecciones debería poder conducirnos hacia un nuevo contrato social donde quedara claro que ser más prósperos es una tarea cara y que requiere de una hacienda pública más fuerte, de un Estado con más recursos y que la forma de usar esos recursos no puede seguir la lógica que ha tenido hasta ahora de bajo impacto y que ha producido más bienes club (bienes artificialmente escasos) que bienes públicos.

El gran mito que se derrumba cuando acabamos con la amnesia es que la liberalización a ultranza funciona. Hoy muchos países, como Estados Unidos o Gran Bretaña, redescubren que el estado de bienestar sí funciona y que sin un Estado que procura activamente ese bienestar, viviremos con menos prosperidad, con más pobreza y con más desigualdad. Camino por el que México marcha hoy.

Diego Castañeda es economista por la University of London y editor de la sección de ciencia de la revista Paradigmas.


1 Braudel, F. El Mediterraneo y el Mundo Mediterraneo en la Época de Felipe II, Fondo de Cultura Económica, 2006.
2 Gordon, R. The Rise and Fall of American Economic Growth: The U.S. Standard of Living Since the Civil War. Princeton University Press. 2016.
3 Cohen. S y J.Bradford Delong, Concrete Economics: The Hamilton Approach to Economic Growth and Policy. Harvard Business Review Press. 2016.
4 Hacker. J y Paul Pierson. American Amnesia: How the War on Government Led us to Forget What Made America Prosper. Simon & Schuster. 2016.
5 Williamson. J y Peter Lindert. Unequal Gains: American Growth and Inequality since 1700. Princeton University Press. 2016.
6 Stiglitz. J. Rewriting the Rules of the American Economy: An Agenda for Growth and Shared Prosperity. Norton. 2015.
7 Milanovic.B. Global Inequality: A New Approach for the Age of Globalization. Belknap / Harvard University Press. 2016.