Casi cual augurio de lo trascendental que será este año a nivel político, económico y social, el 31 de octubre de 2017 marcará los 500 años del inicio de la reforma protestante por el fraile agustino Martín Lutero en Wittenberg. Originalmente un pequeño pueblo a orillas del río Elba, éste se transformó en una importante capital en 1486 cuando Federico III el sabio, Duque y Príncipe elector de Sajonia, se instaló en ella. Su llegada inició la expansión de la ciudad trayendo consigo oportunidades de mecenazgo y la creación de la Universidad de Wittenberg, institución donde Lutero realizaría sus estudios.

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La redacción y publicación de Disputatio pro declaratione virtutis indulgentiarum, popularmente conocido como “Las 95 tesis”, convulsionó a Europa por los siguientes dos siglos. A través de guerras confesionales entre reinos y principados, se gestarían principios y normas que hoy en día forman parte del canon de la conducción de las relaciones internacionales. Pero la denominada reforma protestante también vendría a cimbrar las relaciones sociales en Europa y, más allá, abriendo paso a la modernidad.

En ese contexto, las transformaciones sociales que el fraile agustino Martín Lutero propició nos recuerdan que las sociedades alrededor del mundo se encuentran en constante cambio. En Instituciones y el Camino a la Economía Moderna de Avner Greif y Frágil por Diseño de Charles W. Calomiris y Stephen H. Haber, los autores argumentan que este proceso de cambio lleva consigo ganadores y perdedores quienes constantemente interactúan en entornos institucionales que no sólo abarcan organizaciones tangibles, sino que también incluyen un entorno de reglas, creencias y normas que estructuran la conducta social.1 Bajo esta perspectiva, la controversia doctrinal iniciada por Lutero desató una prolongada negociación de la conducta social; 2017 podría dar paso a nuestra propia negociación en el siglo XXI.

Orígenes de la materialidad de la doctrina

Frecuentemente, el substrato material de las grandes discusiones teológicas en las cuales el trabajo de Martín Lutero se inscribió pasa desapercibido. Como la polarización política de hoy, entre denominadas alas progresistas y populistas, el gran debate sobre las indulgencias constituyó más que una simple controversia monástica sobre el paraíso. Al contrario, el debate impactó aspectos centrales en la conducción de las relaciones económicas de las sociedades europeas.

Desde la instauración del imperio carolingio en el siglo IX, se consolidó una cuidadosamente articulada relación entre la nobleza y el papado. De Grewe conceptualizaría este sistema como una diarquía, donde la administración de los feudos le correspondía a la nobleza mientras ella se sometía a la autoridad espiritual del obispo de Roma.2 En un principio, las relaciones feudales de vasallaje funcionaron como mecanismo de recompensa en manos de los reyes. Sin embargo, los derechos hereditarios de los vasallos y la incipiente comercialización de los excedentes agrícolas en centros de intercambio, o burgos, comenzarían a bloquear el poder real hacia el siglo X.

En las disputas que surgían entre los nobles y sus vasallos, la Iglesia se erigió como árbitro respaldando privilegios bajo la autoridad del derecho canónico. El arbitraje no siempre era imparcial. No obstante, la Iglesia recibía diezmos, ofrendas y limosnas provenientes de todos los reinos europeos. Hacia los siglos XI y XII, las cruzadas constituyeron verdaderas campañas de distribución de riqueza que destacaron las necesidades de recolección, almacenamiento y transportación de la misma para el papado y la nobleza.

El preludio de la contestación

En este convulsionado contexto, la autoridad papal comenzó a erosionarse. El reto se materializó cuando la corona francesa apoyó la instalación de la corte papal en Aviñón de 1309 a 1377 para reducir la influencia de familias burguesas italianas en Roma. Al mismo tiempo, familias de mercaderes como los Buonsignori, los Medici, los Chigi y los Fugger controlarían las finanzas papales sumando al descontento.

Coincidentemente, la doctrina escolástica en materia de relaciones de intercambio se consolidó en este período. El desarrollo remontaba al Concilio de Nicea en 325 cuando se declaró a la usura como un pecado contra la caridad para los clérigos.3 Hacia el siglo X, la Iglesia extendió la prohibición al laicado como un pecado contra la justicia conmutativa, la que reglamentaba el intercambio de bienes basada en el derecho romano.4 En sus obras, los eruditos Santo Tomás de Aquino y Alberto Magno recopilaron las enseñanzas y las consolidaron en el siglo XIII.

Por su parte, los mercaderes continuaban su ascenso. Esto se debía a que el tráfico de monedas usadas como método de pago en ferias y mercados facilitaba el otorgamiento de crédito con interés.5 Bajo los preceptos escolásticos de la justicia conmutativa, la Iglesia elaboró un complicado cuerpo casuístico de prohibiciones y aprobaciones a los contratos de intercambio para el disgusto de la creciente clase mercantil.6 Así, la usura pasó a ser un pecado mortal.7 En el Renacimiento, la doctrina eclesiástica resultaba muy rígida para las necesidades comerciales.

Más allá de la doctrina

Las complicaciones de dicho arreglo se hicieron evidentes bajo las aspiraciones unificadoras del papa Julio II y la necesidad de fondos de León X, integrante de la familia Medici. Esta situación resultó en la introducción de un plan de recaudación de fondos que redefinió a la indulgencia. El plan fue administrado por los Fugger e implementado por el monje dominico Johan Tetzel en Magdeburgo, a cuatro días de viaje de Wittenberg.8 Para algunos príncipes alemanes, la discusión teológica tenía implicaciones financieras directas: un potencial saqueo de la riqueza proveniente del comercio hanseático en el mar báltico a manos del clero.9 Estos príncipes serían los más interesados en apoyar a Lutero.

El nuevo uso de la indulgencia significaba una transformación profunda del sistema de transferencias de fondos en el cual el flujo de bienes entre burgos garantizaba la circulación de la riqueza. La comercialización de las indulgencias, por otro lado, generaría flujos unidireccionales de riqueza hacia Roma, proveedor de la salvación del alma. Frente a este reto, en 1525, Prusia aparecería como un nuevo ducado protestante en los territorios anteriormente administrados por la orden teutónica, una orden militar católica, bajo el mando de Alberto I, antiguo gran maestre de la orden.10 La teología dio paso a la política financiera.

No obstante, la relación entre los intereses comerciales y el protestantismo fue más accidentada de lo que se supone. Si bien Lutero se opuso a las indulgencias, él mismo continuaría promoviendo la doctrina escolástica en materia de usura.11 Aún Juan Calvino, denominado padre del capitalismo, en De Usuris Responsum, obra frecuentemente citada como prueba fehaciente de su apoyo a los préstamos con interés, también ofrece guías, menos citadas, que regulaban las relaciones de intercambio.12 El intercambio justo seguiría arraigado a la tradición cristiana.

Por su parte, la Iglesia comenzó un lento proceso de revisión. En 1462, el Concilio de Trento reformó el proceso de recolección de limosnas y otorgamiento de indulgencias. En su última sesión en diciembre de 1463, el Concilio llamó a los obispos a vigilar cualquier abuso. Finalmente, en 1567 el papa Pío V canceló toda indulgencia vinculada a cualquier transacción financiera o cuota. Tocante a la usura, el mismo papa Pío V condenó todo contrato de intercambio que incluyese el pago de un interés fijo y predeterminado. Esta posición doctrinal resultaría en una explosión de publicaciones en latín y otras lenguas europeas vulgares.

Como lo ilustra el proceso social de cambio desencadenado por Lutero, los grandes debates de ideas frecuentemente indican cambios en la conducta social. Así, los debates teológicos animados por la reforma protestante impactaban tanto la salvación del alma como las relaciones de intercambio en las sociedades europeas. Tras la crisis financiera global, economistas y expertos han venido a fungir un papel similar al de los monjes en el siglo XVI atrapados en discusiones cuasi-místicas sobre cómo instaurar un paraíso en la tierra a través de políticas públicas. Mientras tanto, el proceso de cambio iniciado hace diez años comienza a complicarse. Entre más pronto los ganadores y perdedores de esta importante transición que atravesamos sean capaces de articular nuevas formas de relacionarse entre sí, es más probable que los accidentes en el trayecto se reduzcan.

Samuel Segura Cobos es internacionalista, doctorante y asistente de investigación en el Centro de Finanzas y Desarrollo del Institut de Hautes Études Internationales et du Développement en Ginebra, Suiza.


1 Para una discusión más en detalle, ver Greif, A. Institutions and the Path to the Modern Economy: Lessons from Medieval Trade, New York: Cambridge University Press, 2007, p. 29-57; Calomiris, C. W. & S. H. Haber, Fragile by Design: The Political Origins of Banking Crises and Scarce Credit, Princeton, NJ: Princeton University Press, 2014, p. 3-59.
2 Byers, M., (tr.), De Grewe, W., Epochs of International Law, New York: Walter de Gruyter, 2000, p. 40-48.
3 Munro, J. H., “Usury, Calvinism, and Credit in Protestant England: from the Sixteenth Century to the Industrial Revolution,” Working Paper 439, University of Toronto, Department of Economics, 2011, p.4.
4 Munro, J. H., “Usury, Calvinism, and Credit in Protestant England: from the Sixteenth Century to the Industrial Revolution,” Working Paper 439, University of Toronto, Department of Economics, 2011, p.4-5.
5 De Roover, R., L’Evolution de la Lettre de Change, XIV-XVIII siècles, Paris: Librairie Armand Colin, 1953, p. 23-42.
6 De Roover, R., L’Evolution de la Lettre de Change, XIV-XVIII siècles, Paris: Librairie Armand Colin, 1953, p. 68-74.
7 Munro, J. H., “Usury, Calvinism, and Credit in Protestant England: from the Sixteenth Century to the Industrial Revolution,” Working Paper 439, University of Toronto, Department of Economics, 2011, p.4-5. De Roover, R., L’Evolution de la Lettre de Change, XIV-XVIII siècles, Paris: Librairie Armand Colin, 1953, p. 146.
8 Hendrix, S. H., Martin Luther: Visionary Reformer, New Haven, CT: Yale University Press, 2015, P. 56.
9 Kronenberg, K, (tr.), North, M., The Baltic: A History, Cambridge, MA: Harvard University Press, 2015, p. 54-63.
10 Kronenberg, K, (tr.), North, M., The Baltic: A History, Cambridge, MA: Harvard University Press, 2015, p. 88-97.
11 Munro, J. H., “Usury, Calvinism, and Credit in Protestant England: from the Sixteenth Century to the Industrial Revolution,” Working Paper 439, University of Toronto, Department of Economics, 2011, p. 9-11.
12 Spottiswoode, J. The Execution of Neschech and the confining of his kinsman Tarbith: Or a Short Discourse, showing the difference between damned usury and that which is lawful with an Epistle of John Calvin. Edinburgh: Andro Hart, 1616, p. 45- 53.

REFERENCIAS

Byers, M., (tr.), De Grewe, W., Epochs of International Law, New York: Walter de Gruyter, 2000.

Calomiris, C. W. & S. H. Haber, Fragile by Design: The Political Origins of Banking Crises and Scarce Credit, Princeton, NJ: Princeton University Press, 2014.

De Roover, R., L’Evolution de la Lettre de Change, XIV-XVIII siècles, Paris: Librairie Armand Colin, 1953.

Greif, A. Institutions and the Path to the Modern Economy: Lessons from Medieval Trade, New York: Cambridge University Press, 2007.

Hendrix, S. H., Martin Luther: Visionary Reformer, New Haven, CT: Yale University Press, 2015.

Kronenberg, K, (tr.), North, M., The Baltic: A History, Cambridge, MA: Harvard University Press, 2015.

Munro, J. H., “Usury, Calvinism, and Credit in Protestant England: from the Sixteenth Century to the Industrial Revolution,” Working Paper 439, University of Toronto, Department of Economics, 2011.

Spottiswoode, J. The Execution of Neschech and the confining of his kinsman Tarbith: Or a Short Discourse, showing the difference between damned usury and that which is lawful with an Epistle of John Calvin. Edinburgh: Andro Hart, 1616.