Cuando hablamos de crecimiento económico y de desarrollo es común escuchar sobre la gran transformación que han tenido las economías del mundo a lo largo de las últimas décadas, transformación que es palpable en muchos ámbitos, particularmente en el progreso técnico (la difusión de avances tecnológicos y en la expansión acelerada de la interconectividad de las economías con un comercio que crece a tasas por arriba del crecimiento mundial). En muchos países estas transformaciones han permitido un crecimiento importante del ingreso per cápita, una mejora en los niveles de salud y de educación. Eso es indiscutible.

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Sin embargo, existe otra cara de la transformación económica del mundo en los últimos años que puede apreciarse de forma más fácil en términos relativos. Cuando se le ve de esta forma, descubrimos un mundo menos dinámico, en donde, si bien ha existido el fenómeno de la convergencia condicional1 que la literatura del crecimiento predice, también muestra que la gran mayoría de los países convergen muy lentamente o que, incluso, no lo han hecho.

Cuando nos encontramos en una economía global, en la que temas como el estancamiento secular,2 la falta de demanda y la creciente desigualdad son recurrentes y que están en buena medida detrás de los fenómenos sociales que observamos, preguntarnos sobre la movilidad económica de los países se vuelve un asunto importante. Más aun cuando cada vez hay más cuestionamientos sobre los efectos de fenómenos sistémicos en el mundo (como los ganadores y perdedores del cambio tecnológico o de la globalización). Para México es un tema relevante, porque lleva al menos tres décadas con un crecimiento per cápita apenas rondando el 1% anual, haciendo lo mismo una y otra vez en la conducción de su política económica, apenas produciendo una tasa de crecimiento per cápita comparable a aquella que dominaba entre los países antes de la revolución industrial; es decir, lo que se conoce como la frontera de la modernidad.

Para ilustrar el punto es posible construir una matriz de transición para los países, tal como fue propuesta por Danny Quah (1993)3 en la que clasificamos a los distintos países del mundo en cinco estados o categorías, dependiendo de sus niveles de ingreso per cápita respecto al ingreso per cápita medio del mundo (estas categorías son: hasta 25% respecto al ingreso medio, entre 25% y 50% respecto al ingreso medio, entre 50% y 100% del ingreso medio, entre 100% y 200% del ingreso medio y más de 200% del ingreso medio). Estos estados buscan reflejar las categorías de ingresos muy bajos, ingresos bajos, ingresos medios, ingresos medios altos e ingresos altos.

Se consideran 172 países que cuentan con datos de ingreso per cápita dentro del periodo 1990-2015 en los indicadores de desarrollo del Banco Mundial, la matriz de transición o de macro-movilidad entre países resultantes es la siguiente:

La matriz de movilidad entre países nos indica cuáles son las probabilidades de que un país que se encontraba en un determinado estado en 1990 permaneciera o se moviera a otro estado mejor o peor en 2015. El resultado que nos arroja para el periodo 1990-2015 es que, tras 25 años, la probabilidad de que un país de muy bajos ingresos (25% o menos) siga siendo de muy bajos ingresos es de 74.2% y que la de un país de altos ingresos (200% o más) siga siendo de altos ingresos es del 82.5%.

La matriz tiene alta persistencia en sus extremos, lo que nos habla de un mundo con baja movilidad. Pocos países han logrado transitar de ser países de muy bajos ingresos a ser países de sólo bajos ingresos, mismo que ocurre con una probabilidad del 22.8% y transitan hasta países de ingresos medios con una probabilidad de apenas 2.8% (de hecho, en el periodo 1990-2015 sólo un país lo hizo: China).

Del otro extremo del nivel de ingresos encontramos que la probabilidad de que un país de altos ingresos caiga hasta los niveles muy bajos, bajos o medios ingresos en dicho periodo es cero y apenas de 17.5% hacia niveles medio altos. Los países en esta situación han sido países como Grecia, Portugal, España, Italia, etc., quizá los más afectados por la austeridad en Europa.

La parte donde existe movilidad entre los países se sitúa en la parte “media” de las categorías de ingreso per cápita, aquellos entre ingresos bajos e ingresos medios. Pero incluso entre los países de ingresos medios encontramos una persistencia elevada con una probabilidad del 65.7% de permanecer ahí, 15.7% de bajar y 18.4% de subir. En el periodo que analizamos (1990-2015) apenas 55 de 172 países se movieron de sus posiciones iniciales: 31 de ellos para abajo y 24 de ellos para arriba.

Con los datos que nos arroja la matriz, vale la pena preguntar qué historia nos cuenta.

La elevada persistencia en los extremos de la matriz nos habla de una historia de histéresis4 en el camino de desarrollo de los países, si comparamos la matriz 1990-2015 con la matriz de los periodos 1980-2000 y 1962-1984 encontramos que la movilidad en el mundo nunca ha sido muy elevada.

Matriz 1

 Matriz 2

Matriz 3

 Si bien las tres matrices no son estrictamente comparables, por estar construidas con bases de datos distintas (para 1990-2015 con indicadores de desarrollo del Banco Mundial y para 1962-1984 y 1980-2000 con la base de datos Summers-Heston), nos permiten sacar algunas conclusiones, como que los países de menores ingresos tienen mayores probabilidades de caer a un estado menor que los países más ricos.

 La razón detrás de ello es que la historia importa: los países pobres se encuentran en obvia desventaja para lograr generar desarrollo; por lo tanto, las estrategias de desarrollo económico y el correcto diagnóstico de sus obstáculos para el crecimiento es de vital importancia.

Otra historia que nos cuenta la convergencia —o la falta de ella— que se expresa en las matrices de movilidad es una de las causas de fondo del malestar que existe hoy en día con la globalización y el cambio tecnológico. Mientras que países como China saltaron varias categorías en 25 años, pasando de muy bajos ingresos a ingresos medios, muchos países europeos pasaron de ingresos altos a medios altos.

Países como Estados Unidos, que se encontraba en 1990 con un ingreso per cápita 442% arriba de la media del mundo, han perdido terreno. Hoy, Estados Unidos está 360% arriba de la media del mundo. Lo mismo ocurre en el Reino Unido y otros países desarrollados que han visto su ventaja disminuir frente a países que hace no mucho tiempo tenían niveles de desarrollo mucho menores. Los únicos países que en 1990 se encontraban con un ingreso superior a 200% de la media mundial y que en 2015 incrementaron su ventaja sobre la misma son Noruega y Singapur.

Los grandes ganadores de la globalización y del cambio tecnológico han sido los países asiáticos. Ellos han experimentado el fenómeno de la convergencia de forma muy notoria. América Latina, por el contrario, muestra una inmovilidad casi absoluta. Países como México o Colombia tienen aproximadamente la misma proporción de ingreso per cápita relativa a la media mundial que tenían hace 25 años, 10% por arriba de la media mundial y 11% por debajo de la media mundial respectivamente.

¿Cómo podemos explicar lo que ha sucedido con Noruega y Singapur, o con Asia, o el enorme estancamiento latinoamericano?

Pareciera que son historias muy distintas, sin muchas cosas en común. Y quizá lo son —y comparar a tan diferentes economías tal vez es un tanto injusto—; sin embargo, algunas cosas tienen en común: todas han experimentado de la misma manera el impacto de la globalización y el cambio tecnológico. Entonces, ¿por qué los resultados son tan diferentes?

La respuesta se encuentra en las políticas económicas que han implementado los países. Mientras unos han realizado políticas industriales muy activas con una gran regulación estatal  (como Singapur), otros han abandonado la política industrial y han optado por seguir al pie de la letra la ortodoxia (como México). Algunos países han implementado políticas que les han permitido controlar la desigualdad y asegurar un acceso al empleo de calidad a sus habitantes (como Noruega), mientras otros han optado por políticas que han favorecido la rápida concentración del ingreso en unas cuantas manos (como Estados Unidos) y sus bajos impuestos en la parte alta de la distribución.

Al observar la movilidad entre países nos damos cuenta que, en realidad, el proceso de desarrollo es muy complicado. No es fácil mover una economía de ingresos bajos hacia una de ingresos altos. No es fácil escapar la famosa trampa del ingreso medio. Las economías que han experimentado convergencia económica son aquellas que han prestado atención a su contexto económico específico y generado estrategias personalizadas para crecer, no las que han seguido la ortodoxia al pie de la letra.

Esta idea de que seguir una receta universal que arrojará crecimiento más allá de las condiciones históricas, políticas e institucionales de los países está detrás de las fallas que la ortodoxia –el pensamiento económico dominante— tiene para explicar la realidad del mundo en que vivimos.

De la misma forma que cuando observamos la distribución global del ingreso observamos que los grandes ganadores de la globalización han sido los países del sureste asiático, sus clases medias y el 1% más rico, cuando observamos la transición de los países entre niveles de ingreso vemos exactamente lo mismo. Un país como México, que se encuentra en la categoría de ingreso medio alto, tiene hoy apenas 8.6% de probabilidades de transitar hacia la categoría de ingresos altos, a pesar de que hace 15 años tenía 26%… y no se logró.

Mientras no cambiemos nuestro modelo económico y comencemos a generar una política económica que favorezca al crecimiento atendiendo a las características específicas e históricas del país, esa probabilidad de movernos hacia arriba será cada vez más pequeña.

Diego Castañeda es economista por la University of London y editor de la sección de ciencia de la revista Paradigmas.


1 La hipótesis de la convergencia condicional se refiere a que los países tienden a converger hacia cierto nivel de ingreso dependiendo de sus condiciones institucionales, tecnológicas, educativas etc. Los países de menores ingresos tienden a crecer más rápido conforme asimilan el progreso técnico en el mundo (catch up growth), mientras que los de más altos ingresos crecen más lento al estar en la frontera tecnológica.
2 Para una breve revisión histórica del termino se puede consultar este post de J. Bradford Delong.
3 Quah, D. Empirical Cross-Section Dynamics In Economic Growth, Institute for Empirical Macroeconomics , 1993.
4 La histéresis es una especie de dependencia de ruta. Significa que los eventos del pasado determinan fuertemente el comportamiento de algunas variables en el futuro