Hoy por ti, mañana por mí.
Una solución con devolución.
Hoy por ti, mañana por mí.
Negocio perfecto, firma aquí.

Julio Seijas y Luis Gómez, canción interpretada por Flans

Hoy por ti, mañana por mí

A principios del siglo XX, el etnólogo francés Marcel Mauss observó que en ciertas sociedades las personas daban, recibían y devolvían bienes —mantas, canoas, comida, artículos de metales preciosos—, asunto que despertó su curiosidad: “¿Qué fuerza tiene la cosa que se da, que obliga al donatario a devolverla?”,1 se planteó como parte de un estudio centrado en los sistemas de prestaciones totales2 cuyos resultados se presentan en el conocido ensayo “Sobre los dones. Motivo y forma del cambio en las sociedades primitivas“.3

1

El autor notó que los miembros de esas tribus establecían contratos tácitos para intercambiar, además de riquezas, galanuras, festines, danzas y ritos detrás de los cuales primaban la obligatoriedad de recibir y devolver con usufructo, sin generación de patrimonio;4 también hizo evidente que estas transacciones no eran exclusivas de las sociedades arcaicas, ni han quedado en el pasado.

Cuando participan en este tejemaneje, las personas atribuyen a las cosas ciertas características que refuerzan el estatus y el prestigio del donante. Mauss llamó “don” a este valor simbólico, a esta alma que habita en determinados objetos.

Además de ser obligatorio, el intercambio de dones debe ser recíproco; es decir, que la cosa dada posee cierto valor socialmente construido y, al entregarse, ejerce un poder instrumental en quien lo recibe,5 lo que conlleva la devolución de otro objeto con un valor semejante o mayor, tal como ocurre con los favores.

Quizás con torpeza, siendo niños recibimos de nuestros padres un regalo primorosamente decorado y un empujoncito a la voz de “anda, dáselo a tu amigo y felicítalo”. Siendo adultos, con un mayor dominio de la técnica, regalamos, recibimos y devolvemos con una mayor consciencia de las asimetrías que influyen en nuestra toma de decisiones. La comprensión profunda y la práctica de este supuesto civilizatorio son a la vez una liberación y una atadura.

¿Negocio perfecto?

En el ámbito laboral el intercambio de dones se vuelve movedizo. Los empleados realizan una serie de tareas a cambio de las cuales pueden recibir dinero, permanencia, reconocimiento, ascensos y/o prerrogativas; también pueden recibir sanciones, si bien nos centraremos en los casos en los que se entrega algún tipo de beneficio o en su defecto, nada.

Tras diversas conversaciones informales con otros oficinistas, se hizo evidente que el tiempo extra y los gastos reembolsables se mencionan de forma reiterada como prácticas que, a juicio de los empleados, no suelen recibir una devolución en los términos establecidos por Mauss (de manera obligatoria y recíproca). Esta situación se exacerba en el caso de los profesionales independientes (freelance) que, por la naturaleza de su relación con la empresa, deben financiar muchos gastos que no llegan a ser compensados.

Para explorar de forma más sistemática estos supuestos, se consultó a un universo de 575 personas económicamente activas, residentes en México. El 48.6% de los encuestados son mujeres, el 51.3% varones y se encuentran en un rango de edad entre los 21 y los 60 años.6

El 59.7% de los encuestados se declaró empleado de tiempo completo, el 5.5% de tiempo parcial y el 26.3% ejerce como profesional independiente (freelance);7 el porcentaje restante se repartió entre otras modalidades. El 55% de los participantes trabaja en el sector privado, 24% en el público, 14% en el académico y 7% en el sector civil.

Con respecto al intercambio del tiempo, se preguntó a los trabajadores si laboran horas extras y, en caso afirmativo, si éstas son remuneradas. El primer resultado fue que el 44.2% no tiene un horario fijo, lo que sugiere que el tiempo puede entregarse sin devolución en tanto no hay parámetros para establecer cierta reciprocidad, o bien es retribuido mediante modalidades distintas al dinero, ya sea a cambio de flexibilidad de horario para realizar actividades personales (“tiempo por tiempo”, como manifestaron algunos encuestados) o de estatus (“los directores no tenemos horario fijo”).

El 17% de los encuestados señaló que sí tiene un horario fijo y ha laborado horas extras como un favor (no remunerado), el 24.2% lo ha hecho debido a una emergencia (tampoco remunerada), el 7% afirmó que sí les pagan las horas adicionales de acuerdo con lo estipulado en la Ley Federal del Trabajo y el 4.2% no ha trabajado horas extras.

Este segmento de la pesquisa arrojó que el tiempo es susceptible de intercambios distintos al contemplado por los artículos 66 al 68 de Ley Federal del Trabajo o bien no se retribuye cuando la dádiva se lleva al nebuloso territorio de los favores y las emergencias. Pero vamos, un favor consiste en cuidar a la mascota del vecino durante las vacaciones, mientras que una emergencia es que la mitad del personal caiga noqueada por un brote de influenza. ¿Será que denominamos como favor o emergencia a algo que no lo es? ¿Qué beneficios produce esa zona gris?

El tema de los gastos reembolsables arrojó resultados inquietantes. El 50% de los encuestados declaró que realiza pagos frecuentes para su posterior reembolso; el 31.9% lo hace de manera aislada; el 12.5% no realiza estos gastos y al 5.5% no le reembolsan nada. Cabe señalar que ninguno de los encuestados reportó contar con una tarjeta de crédito corporativa para financiar viáticos, compra de materiales u otros ítems asociados con su trabajo.

El 32.2% de los participantes gasta entre 1001 y 5000 pesos al año,8 el 22.5% de 101 a 1000, el 20.9% más de 10001 y el 19.3% entre 5001 y 10000; el porcentaje restante gasta menos de 100 al año. Es importante recalcar que, aunque pequeño, un porcentaje de los encuestados reportó que este dinero no le es reembolsado con independencia del monto, que el tiempo que las empresas demoran en regresar el dinero es muy variable y que en ninguno de los casos el empleado genera patrimonio como resultado del préstamo.

Cuando el colaborador de una organización financia de su propio bolsillo los elementos necesarios para realizar su labor, la empresa adquiere una deuda con él, igual que el tarjetahabiente que obtiene un crédito y queda comprometido con el banco para devolver el dinero con intereses que varían de acuerdo con el tiempo que tarde en pagar.9 En el caso del banco, todo el mundo tiene claro que no se trata de una dádiva, ni un favor, ni se condona la deuda porque el cuentahabiente se descoyuntó jugando al Twister; hablamos de un sistema altamente convencionalizado, con reglas del juego que no dejan lugar a múltiples connotaciones.

Cuando llevamos el intercambio a un terreno económico, desenmascaramos los supuestos dones, los objetos quedan desprovistos de alma y se sujetan a reglas explícitas, enunciadas en contratos. Hablamos de pesos y centavos, intereses, responsabilidades, palabras que nos alejan de las metáforas. Al ser abordado como una manifestación generosa del empleado hacia su organización o incluso de una obligación, el crédito que el trabajador concede (quizás de mala gana) para la compra de bienes y servicios reembolsables, se camufla de don sin serlo y no alcanza la reciprocidad que por tal condición le correspondería. Así es como pueden alienarse tanto el don como el trabajo.

Lo menos sorprendente de esta exploración fue que el pago de horas extras contemplado en la Ley Federal del Trabajo es un supuesto de aplicación escasa allí donde priman las jornadas sin horario fijo. El no-horario opera con sus propias reglas de compensación, con o sin reciprocidad, pero sí con cierta obligatoriedad.

En el caso de los gastos reembolsables la dinámica es otra. Los empleados participan en esta práctica queriendo y no, a veces sin correspondencia y claramente sin usufructo, ya que el dinero devuelto no se acompaña de intereses, hecho tan ampliamente asumido que la Ley contempla el no gravamen de los reembolsos en tanto no generan patrimonio. ¿Qué le doy a mi organización y a cambio de qué? ¿Quién se beneficia de esta práctica? Son preguntas que conviene hacerse.

Cuando hablamos de los gastos reembolsables, aunque también cabría la retribución simbólica bajo figuras no monetarias como el reconocimiento, las promociones o algún tipo de trato preferencial, es mucho más notorio el uso aberrante del don. ¿En qué se favorece el empleado que presta dinero por tiempo indefinido, sin recibir intereses y a veces a fondo perdido? Si el intercambio consiste en financiar al patrón para mantener el empleo, la ecuación se antoja desproporcionada.

Las organizaciones se hacen, pues, de una amplia cartera de prestamistas que les proveen de créditos a la medida, con reglas opacas, sin términos ni sanciones y con una holgura que ni el más benévolo de los bancos les concedería. Esta práctica parece tan arraigada, nos resulta tan natural, que el camino para transformarla no ha sido ni siquiera trazado. Nombrar es poco, pero sin duda constituye un primer paso en esa dirección.

Karla Paniagua es coordinadora de investigación y directora de la especialidad en Diseño del mañana en Centro de diseño, cine y televisión.


1 Mauss, M. Sociología y antropología, Tecnos, Madrid, 1979, p.157.

2 Al ser un hecho social total, el intercambio de dones abarca aspectos económicos, sociales, jurídicos, religiosos, etc. Ver Hyde, L. The Gift. Creativity and the Artist in Modern World, Vintage Books, Nueva York, 1984.

3 Íbidem, pp.155ss.

4 Como sí ocurre por ejemplo en el caso del potlach, “forma de intercambio institucionalizado entre los indios de la costa del noroeste de Norteamérica; en él se repartían obsequios con la obligación de devolverlos con ‘intereses’, o bien se destruían mercancías acumuladas, que así eran retiradas de la circulación.” Ver Álvarez, A., y Álvarez, J., Diccionario de Antropología cultural, Ediciones Rioduero, Madrid, 1981, p. 141.

5 La persona que recibe el don queda en deuda hasta la devolución, es decir que se genera una asimetría y con esta, cierta tensión entre quienes participan del intercambio.

6 Resultados de muestra representativa. Encuesta disponible previa solicitud. Dado que el punto de partida fue mi red de contactos, deberá considerarse ese sesgo.

7 Las conclusiones se enfocan en el caso de los empleados de tiempo completo o parcial.

8 Monto expresado en pesos mexicanos a un tipo de cambio de 21.65 pesos por dólar americano.

9 Para Mauss, es precisamente la obligación de devolver que se identifica en el intercambio de dones el fundamento del contrato moderno, por lo que la semejanza no es arbitraria.