Cuando se habla de herencias usualmente pensamos en bienes materiales: casas, coches o cantidades de dinero en un banco. Sin embargo, hay una serie de factores que no necesariamente están ligados con lo material, pero que son transmitidos de padres a hijos y que tienen un impacto sustancial sobre los resultados de vida de los hijos: las habilidades cognitivas y socioemocionales. Si bien los términos podrán parecer extraños o ajenos, la idea es conocida por todo aquel a quien le han dicho “tu carácter se parece mucho al de tu papá” o “tu mamá también era muy buena para las matemáticas” o alguna frase semejante: hay elementos de nosotros que heredamos que no son ni fisiológicos ni materiales.

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Antes de proseguir, vale la pena definir mejor a qué me refiero cuando hablo de habilidades cognitivas y no cognitivas. Las habilidades cognitivas son los mecanismos y procesos de aprendizaje y solución de problemas con los que contamos las personas. En su conjunto, estas habilidades integran lo que usualmente es conocido como “inteligencia”. En las pruebas y mediciones, estas habilidades pueden agruparse en dos conjuntos: aquellas correspondientes a la inteligencia fluida, y aquellas correspondientes a la inteligencia cristalizada. La inteligencia fluida mide la habilidad de detectar patrones y de razonar con base en hechos. La inteligencia cristalizada, por su cuenta, se relaciona con el stock de conocimientos adquirido a lo largo de la vida. Las habilidades no cognitivas o socioemocionales, por otra parte, son aquellas que forman lo que usualmente conocemos como el carácter de la persona. Entre estas habilidades se encuentran los rasgos de personalidad, la capacidad de socializar, la perseverancia, por mencionar sólo algunas.

Que ambos tipos de habilidades afectan los resultados de vida de las personas es un hecho por demás sabido, pero identificar bajo qué mecanismos esas habilidades se transmiten (si es que eso ocurre) de generación en generación, así como la magnitud que tiene el impacto de cada una sobre los resultados de vida, ha sido objeto de investigación tanto de la economía como de la psicología. En ese sentido, el libro Inteligencia y personalidad: efectos en movilidad social y resultados de vida (El Colegio de México | Centro de Estudios Espinosa Yglesias, 2017), de Raymundo Campos-Vázquez, supone la introducción más completa a este cuerpo de investigación en español. En particular, el libro logra conjuntar la explicación sobre las formas en que se miden cada una de estas habilidades, con una exposición detallada de los resultados disponibles hasta el momento en la literatura, incluidos también los resultados de las intervenciones de política pública ligadas a la transmisión de estas habilidades.

La investigación reseñada por Campos-Vázquez apunta a que tanto las habilidades cognitivas como las no cognitivas tienen efectos importantes sobre los resultados de vida de las personas; particularmente, en el ámbito educativo y laboral. En el caso de las habilidades cognitivas, la literatura identifica que un mayor desarrollo de ellas se relaciona con un mayor logro educativo; es decir, con alcanzar un mayor grado educativo, y con un mayor salario. Esto último ocurre debido a su efecto sobre el logro educativo y a que en algunas ocupaciones también existe un efecto directo. En el caso de las habilidades socioemocionales, algunas de ellas, como el locus de control,1 la perseverancia y la responsabilidad también tienen efectos positivos en el desempeño escolar y los salarios (de nuevo, parte del efecto sobre salarios ocurre debido a que permiten alcanzar un mayor nivel de escolaridad).

Pero ¿cómo es que se adquieren esas habilidades? La literatura identifica dos hechos fundamentales. Por un lado, un componente de ambos tipos de habilidades se hereda de las condiciones de origen, entendidas éstas como las transmitidas directamente por los padres vía los genes, como el contexto en el que nacen y pasan su infancia temprana las personas. Aquí es importante apuntar dos factores. Primero, entender que tanto el componente genético como el componente de entorno interactúan entre sí en la formación de dichas habilidades. Es decir, como recalca Campos-Vázquez, no es una disyuntiva entre crianza y genética, sino que hay una interrelación de ambas en el desarrollo de dichas habilidades. Segundo, si bien una parte de dichas habilidades se hereda, éstas no se encuentran predeterminadas desde un inicio, sino que son moldeables.

Dado que el contexto en el que se desarrollan las personas influye en la adquisición de ambos tipos de habilidades, es necesario analizar si las diferencias en el contexto causadas por diferencias en el ingreso se trasladan a diferencias en la adquisición de dichas habilidades. Dicho de otro modo, se trata de analizar si nacer en un hogar pobre tiene un efecto negativo sobre la adquisición de habilidades cognitivas y no cognitivas a comparación de lo que ocurre cuando se nace en un hogar de altos ingresos. Esto implicaría otro mecanismo generador de desigualdad de oportunidades en la sociedad, pues esta adquisición diferenciada de habilidades no está determinada por una decisión de los niños, sino por sus circunstancias. La literatura reseñada por Campos-Vázquez apunta a que esto es lo que ocurre.

Vale la pena reseñar en extenso uno de los análisis que el Campos-Vázquez revisa, pues es representativo de los resultados encontrados por el resto de la literatura.2 Los investigadores a cargo del proyecto siguieron de forma detallada a 42 familias de diferentes estratos socioeconómicos por dos años y medio, comenzando cuando el hijo tenía siete meses o menos de edad. Los investigadores visitaron a las familias durante una hora en cada uno de los meses que duró el estudio, poniendo especial atención a las interacciones verbales entre padres e hijos. Los hijos de hogares de estrato socioeconómico alto escucharon aproximadamente 30 millones más de palabras que los niños que nacieron en hogares de estrato socioeconómico bajo. No sólo eso, sino que los niños de familias de estrato alto recibieron 6 motivaciones por cada reprimenda mientras que los niños nacidos en familias de estrato socioeconómico bajo recibieron dos reprimendas por cada motivación. Este tipo de interacciones resulta determinante en la formación de habilidades socioemocionales y cognitivas. Estas diferencias en interacciones muy probablemente estén ligadas al propio efecto que tiene el contexto socioeconómico sobre las acciones de los padres, pues, como mencionan Mullainathan y Shafir en su investigación sobre los sesgos cognitivos generados por la escasez, en un contexto de escasez como es la pobreza se tiende a dar mayor importancia a las cosas urgentes y no a las importantes.

En ese escenario, es necesario pensar si es posible modificar el entorno en el que nacen los individuos para evitar que éste afecte de forma negativa su desarrollo desde edades tempranas. El libro de Campos-Vázquez presenta una amplia reseña sobre los diferentes tipos de intervenciones que se han intentado en el mundo para atenuar los efectos que tienen las diferencias en el entorno sobre la adquisición de las habilidades socioemocionales y cognitivas. Las más efectivas son aquellas que no se limitan a atender sólo uno de los entornos en los que se desarrolla el niño, sino que intervienen en la escuela, los niños y los padres. De igual forma, la evaluación de distintos programas ha identificado que mientras más temprano en el desarrollo de los niños se realice la intervención, mayor es el efecto positivo de la misma. Ello se debe a que hay etapas en el desarrollo cognoscitivo de las personas que resultan cruciales para la adquisición de ciertas habilidades. Cuando esas etapas son superadas, tener un impacto positivo sobre las habilidades que se deberían desarrollar en ese momento se vuelve más difícil.

Lo que muestra la investigación arriba señalada es que, si se quiere comenzar a resolver la desigualdad de oportunidades en México, es imprescindible que se adopte una visión de intervenciones en edades tempranas. De otra forma, los mexicanos y mexicanas nacidas en pobreza seguirán viviendo en condiciones que desde un inicio les ponen en desventaja en su desarrollo de vida.

Luis Ángel Monroy-Gómez-Franco es maestro en Economía por El Colegio de México y consultor independiente.


1 El locus de control se refiere a la percepción que tiene el individuo sobre el control que tiene sobre los eventos que afectan a su vida. El locus es interno cuando el individuo percibe que está bajo su poder el modificar sus condiciones de vida. En cambio, es externo cuando percibe que los eventos que moldean su vida escapan de su control.
2 La investigación en cuestión es Hart, Betty y Todd Risley (2003) “The Early Catastrophe: The 30 Million Word Gap by Age 3” American Educator, Spring, pp. 4-9.