Seres sociales

Sócrates fue el primer mártir del conocimiento, cuentan las narrativas. Al dársele la opción entre la cicuta y el ostracismo, éste eligió el primero. ¡Idea o muerte! Venceremos. O quizá, a veces pienso, la idea del ostracismo le resultó insoportable. Entre la muerte física y la muerte social, el filósofo optó por la primera. Los seres humanos son seres sociales.

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“Hay muchas formas de destruir a una persona”, escribe Lisa Guenther, “pero una de las más simples y devastadoras formas es por medio del confinamiento solitario”. El confinamiento solitario es uno de los métodos comunes de castigo utilizado en prisiones (notoriamente en las prisiones estadunidenses) para mantener el orden interno de la prisión. Como describen Lisa Guenther y Atul Gawande en sus investigaciones, el castigo es usualmente usado no en contra de los prisioneros que cumplen condenas por ser los más viles o violentos, sino en contra del desobediente. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos clasifica el confinamiento solitario como tortura y lo hace en tres categorías: aislamiento sensorial completo, aislamiento social total y aislamiento social relativo. Los seres humanos son seres sociales.

El ostracismo en la antigua Grecia, la excomulgación cristiana, el jérem judío, el esclavismo capitalista, el confinamiento solitario son distintos modos de dominar a una persona al extirparla de elementos esenciales de su humanidad: el nombre, la fe, el habla, la compañía de otros seres humanos. El aislamiento social es una forma de tortura porque parte de lo que nos hace humanos yace en nuestra relación con otros humanos. La conciencia, diría Edmund Husserl, se da entre las personas, en las relaciones de unos con otros. Y, pues sí, los seres humanos son seres sociales.

Solidaridad

Una de las formas de hablar de relaciones sociales entre personas es utilizando la palabra “solidaridad”. Solidarité nació como un concepto legal. De acuerdo a Steinar Stjerno, el término ya se usaba por abogados franceses en el siglo XVI en relación con una responsabilidad común por deudas.1 El concepto legal que menciona Stjerno es muy similar a cómo el principio legal hebreo כל ישראל ערבים זה לזה2 que se encuentra en el Jazal es aplicado.3 Esta amplia recepción del concepto es importante para rastrear su origen. Dado el contexto en el que el principio se utilizaba en la Francia del siglo XVI y el tiempo en el que fue incluido en la ley hebrea, la raíz de solidaridad—tanto etimológica como conceptual—probablemente reside en la obligación in solidum del derecho romano, una responsabilidad común por deudas.

El concepto de solidaridad como lo entendemos ahora—una forma de apoyo político—es también en parte consecuencia de la transformación del lema revolucionario francés: Fraternité. El elemento de fraternidad del lema ha sido ampliamente rastreado como una adaptación del principio cristiano de hermandad; sin embargo, al igual que con solidaridad, de qué forma se enmarcan y transforman los conceptos no es una nimiedad. La relación (pero también la diferencia) entre la idea de solidaridad como principio legal, la fraternidad como lema revolucionario, la hermandad como sostén cristiano y la solidaridad como utilizamos la palabra hoy es importante para entender que, si acaso es verdad que los seres humanos son seres sociales, las texturas y compromisos que se desarrollan en los vínculos entre éstos varían significativamente.

Algunos años después de la Restauración, en Francia, en 1822, Charles Fourier usó el término de solidaridad y le dio un giro económico al término legal. Fourier utilizó la palabra para referirse a lo que ahora llamamos ingreso básico, haciendo el primer uso socioeconómico del término. Preocupado por temas espirituales, la dimensión social de la solidaridad aumentó cuando Pierre Leroux la empleó en su teoría sociopolítica para determinar que la solidaridad humana era esencial para la liberación: preocupados por la comunión y el universo, no en contra de ellos. Sin embargo, no fue sino hasta que Émile Durkheim—influenciado por Auguste Comte—institucionalizó la palabra solidaridad como tema central de la sociología que ésta pasó a formar parte del canon del estudio de lo social.4

Durkheim empleó el término para referirse a diferentes tipos de cohesión entre individuos (moderna, tradicional). En su teoría, Durkheim entendía la división de trabajo como la forma en la que las sociedades modernas mantienen su cohesión (uno de los ejemplos: la solidaridad conyugal). Considerando que existen tipos de cohesión, e ignorando la visión colonial de cómo se dividen esos tipos, Durkheim presta una ventana para mirar distintas posibilidades de cohesión que coexisten.5

Esta forma de entender la cohesión social, en palabras de Stjerno, significa que la “solidaridad implica dos temas nucleares en teoría social, la relación entre un “yo” y sus identificaciones con un “nosotros”, así como la relación entre un “nosotros” y un “ellos”.6 Cómo varía el concepto que se adhiere al término de solidaridad depende entonces de cómo estos dos aspectos se definen y congenian entre sí. El término de solidaridad en sus diferentes usos se refiere a un tipo de cohesión y, por lo tanto, a un vínculo no soluble entre personas, pero también resulta en observar las diferentes formas en las que se puede dar dicha cohesión.

El énfasis en buscar activamente crear una solidaridad (de cualquier tipo) y la cohesión social se relaciona con, como escribía antes, el hecho de que los seres humanos son seres sociales. En una época moderna en la que los individuos en sociedad se conciben como árboles aislados los unos de los otros, el caso extremo de la tortura por medio del aislamiento social permite ver la necesidad que tienen los seres humanos, incluso como personas modernas, de no solamente entenderse como unidades, sino como unitarios. Empero, si la creación de vínculos entre individuos es un elemento esencial en la humanidad de cada quien, entre más densa se vuelve esa unidad, la posibilidad de torturar y dominar por medio de la exclusión también se fortalece.

Unidad, quiebres, densidad y apertura

La palabra “nosotros” surge de juntar la palabra “nos” con “otros”. Este pronombre personal significa “yo y otros más”. Así, crear vínculos que enlacen a muchos “yo” como un “nosotros” no implica ni que ese nosotros sea unitario ni que exista un “ellos” en particular sin el cual el “nosotros” no se entendería. La importancia de ese nosotros yace en la aparición de lazos; la paradoja, en el peligro de esos mismos lazos. “Sabemos que el confinamiento solitario aniquila las mentes de las víctimas”, declara Guenther, pero el confinamiento solidario también amenaza con aniquilar las mentes que distan, difieren, rompen con lazos.

Mientras que los lazos sociales nos hacen humanos, crean y confirman conciencias, nuestra percepción del mundo e incluso la afirmación de nuestra propia existencia, también proveen la plataforma para dominar por medio de la misma importancia que esa unidad nos representa. La apertura al disenso y la división entre las partes de todo “nosotros” es en sí lo que mantienen relaciones. Existen muchas maneras de encontrar la cohesión social y la responsabilidad por las deudas comunes, como dicta el origen de la solidaridad. Puede ser por medio de un ingreso básico común, por medio de una división del trabajo, por medio de derechos legales que vuelvan a las personas homogéneas frente a su propia humanidad, o por medio de obligaciones de los unos con los otros. El confinamiento solidario que se confirma simplemente por medio de un enemigo en común, sea el hombre de paja de la pobreza o del líder estadunidense, también impide que las personas que conviven se desarrollen como propiamente humanos. Apropiándome de una frase de Leonard Cohen, “olvidémonos de las ofertas perfectas. Hay una ruptura en todo. Así es como entra la luz”. Si el confinamiento solitario priva a las personas de sensación y humanidad al separarlas de otras personas con las que pueden experimentarse como enteramente humanos, el confinamiento solidario—la unidad total—impide que la luz, el aire, el movimiento y las diferentes pasiones y experiencias permeen, enriquezcan y permitan que los lazos no asfixien y torturen a las personas que los crean.

Tessy Schlosser Presburger estudió la licenciatura en Ciencia Política y Relaciones Internacionales en el CIDE y es maestra en Teoría Política por la Universidad de Chicago.


1 Steinar Stjerno (2009) Solidarity in Europe: The history of an idea, Cambridge University Press, 26.
2 El principio es usualmente traducido al español como “todo Israel es responsable el uno por el otro”, mas la palabra ערב significa literalmente “garante”.
3 Los escritos de los sabios hebreos, coleccionados entre los años 250 A.E.C. y c. 625 D.E.C.
4 Stjerno, 22.
5 Émile Durkheim (1933) “Chapter Three: Organic Solidarity Due to the Division of Labor”, Division of Labor, Glencoe, IL: Free Press, 111-132.
6 Stjerno, 17.