“Piglet sidled up to Pooh from behind.

“Pooh!” he whispered.

“Yes, Piglet?”

“Nothing,” said Piglet, taking Pooh’s paw. “I just wanted to be sure of you.”

A.A. Milne, The House at Pooh Corner

Somos una generación que creció viendo películas de Disney y bueno, prácticamente de cualquier productora en las que el final feliz era cuando los personajes principales se casaban; porque, claro, encontrar pareja es una misión que se te inserta en la programación desde que aprendes que los niños se visten de azul y las niñas de rosa (sic); mientras que a la amistad siempre se le da un poco por sentado, ya sea que se piense que los amigos siempre van a estar ahí, o que uno siempre puede hacer (más u otros).

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Para Aristóteles (Kraut, 2017), lo que las personas necesitamos para vivir bien es una apreciación equilibrada de la forma en que bienes como la amistad,1 el placer, la virtud, el honor y la riqueza conviven en conjunto; partiendo de ello, procura, en los libros VIII y IX de su Ética nicomáquea, mostrar el vínculo que hay entre la actividad virtuosa y la amistad. Aristóteles afirma que la amistad es una actividad virtuosa en función de lo satisfactorias que pueden ser las relaciones interpersonales entre dos personas en materia de crecimiento personal y virtud.

El filósofo define la amistad en su sentido más amplio como buena voluntad mutua y consciente entre dos personas. Dos personas son amigos cuando, gustosamente, pasan tiempo juntos en actividades compartidas. La noción central de Aristóteles sobre la amistad radica en que un amigo genuino ama a la otra persona por sí mismo, y el querer lo que es bueno para esa persona es a lo que se refiere con “buena voluntad” (eunoia). La amistad es buena voluntad recíproca, siempre y cuando ambas personas tengan conciencia de ello. Como Aristóteles explica, para poder valorar a alguien por quien es y no solamente por la utilidad o el placer que nos provoca antes tenemos que conocerle profundamente, por lo que hay que partir del supuesto de que ello implica invertir cierto tiempo en dicha relación.

La Retórica de Aristóteles hace una distinción precisa respecto del matrimonio mismo que es enteramente heteronormativopuesto que precisa que se necesita un hombre y una mujer para procrear y, debido a que los hijos toman tanto tiempo para criarse, los hombres y las mujeres forman las relaciones más largas.2 Es decir, el matrimonio tiene un fin procreativo muy específico, en una construcción no necesariamente vinculada a y por lo general separada de las relaciones de amistad, cuya construcción es ahora tan válida como en el s. IV a.C.

En Aristóteles se desarrolla la noción de que un amigo es alguien con quien se tiene una relación parecida a la relación que se tiene con uno mismo, y que las relaciones basadas en el beneficio que se extrae de ellas o en el placer no deberían ser consideradas como tal. A una relación la desvirtuaría el concentrarse en la utilidad o en el placer que se produjera de ésta. Es decir, el enfoque en los beneficios que se obtienen de una relación es una forma de impedir que la amistad verdadera surja. El problema con el amor romántico, a diferencia del amor producto de la amistad, es que la desvirtúa al ser fundamentalmente egoísta y condicionar el amor que se entrega al que se recibe, así como a un modelo relacional socialmente construido.

Es por eso que, en tiempos en los que la friendzone se ha convertido en un meme y una herramienta pop de sátira, burla, e incluso de acoso, hay que hacer un esfuerzo para reivindicar al amor que no se limita a los confines románticos, para reflexionar sobre la zona de amistad, la amistad y el amor, y para revolucionar las formas que tenemos de relacionarnos.

La friendzone es la manera de llamar a una relación o a un estado de ella, cuando, en una visión lineal, se considera que pudiera haber eventualmente un “progreso” en la que una de las dos personas involucradas tiene intenciones románticas y/o sexuales mientras que la otra no. El internet está lleno de artículos en los que te ayudan a identificar si te friendzonearon, y otros en los que dan tips para salir de la temible zona. En los memes y en los círculos sociales la burla es para el friendzoneado y la alabanza, admiración y respeto, para el que logra algo con quien “al principio no cedía”. ¿Qué tan mal tenemos que estar para pensar que alguien tiene valor sólo en la medida en que podemos obtener sexo de ellos?

A la friendzone se le han hecho muchas críticas por sus implicaciones sexistas, puesto que se considera como una excusa usada por hombres a quienes rechazó una mujer para culparlas por decir que no; porque (consciente o inconscientemente) sienten que las mujeres les deben ya sea una relación romántica o solamente sexo por haberlas tratado bien, cuando (¿obviamente?) no hay nunca una obligación de ser recíproco en la atracción. A estos reclamos se ha respondido con el surgimiento del concepto de la girlfriendzone, mediante el cual las mujeres responden ante la necedad de los hombres de esperar que cualquier interacción derive en algo más que una amistad. Sin embargo, en el marco de esta reflexión, el problema con la friendzone va un poco más allá del sexo o género de las personas involucradas, sino en la creencia de que la amistad no es suficiente. El problema de la friendzone es la manera en que desprestigia, desvalora y desacredita la amistad y todo lo que esto implica.

La amistad alberga una de las formas más puras de amor entre dos personas y es, en si misma, una forma de relacionarse con alguien más que no tiene por qué ni debería considerarse insuficiente, o como una etapa previa en un “proceso” que derivaría en una relación sexo-afectiva o romántica. El impulso que sentimos para acercarnos a otras personas es una necesidad fundamental del ser humano, pero esta cercanía no tiene que estar forzosamente asociada con una relación de pareja. Y muchas veces ello deriva no sólo en una concepción determinista de la vida sentimental y reproductiva, sino en el desperdicio de relaciones puras y fructíferas. Generalmente, al salir de la infancia, etapa en la que más valor se le otorga a las relaciones de amistad, se empieza a procurar la búsqueda de pareja como una empresa que sustituye al pleno disfrute de la amistad.

Está comprobado que la amistad puede producir el mismo grado de satisfacción y de reacciones químicas que una relación sexo-afectiva. Hay, por ejemplo, estudios que sugieren que la presencia de niveles altos de testosterona puede estar asociada con menores grados de cercanía y del deseo por esta misma. Hay evidencia que sugiere que altos niveles de testosterona facilitan las relaciones sexuales y románticas en un inicio, pero que se asocian con una baja satisfacción en relaciones de largo plazo. Y nuevos estudios sugieren que también en las relaciones de amistad la testosterona está asociada a menor cercanía, pero más presente en las interacciones iniciales (Ketay et al, 2016). Es decir, hasta las hormonas tienen comportamientos similares en los dos tipos de relaciones. Sin embargo, las relaciones románticas suelen ser acompañadas de un montón de efectos negativos también.

Recientemente, Deborah Tannen, una lingüista especializada en sociolinguistica interaccional que se enfoca en la manera en que el lenguaje se usa en contextos de la vida real y cotidiana publicó un libro que ahonda3 en la forma en que las relaciones de amistad entre mujeres se configuran tan importantes y relevantes en el curso de vida como las relaciones de pareja, y explora la noción de que la amistad y el romance no son excluyentes, y que el lenguaje romántico puede igualar al lenguaje de la amistad, y viceversa. Tannen cuenta las historias de mujeres que han pasado años en duelo por amistades perdidas, y de mujeres que han mantenido amistades que las han acompañado a través de matrimonios, hijos, felicidad y pérdidas, aludiendo así a que el amor en dichas relaciones al igual que las relaciones románticas puede ser apasionado, reconfortante, delineador de vida y ocasionalmente romper corazones. El objetivo de la autora es promover a la amistad, en la película que es la vida, a personaje principal, en lugar de personaje secundario. Los amores que Tannen retrata no son amores que consuelan y sostienen a las mujeres hasta que llegue el “amor verdadero”, sino que son amores verdaderos en sí mismos (Garber, 2017).

Tannen habla sólo de las amistades entre mujeres, pero ese es sólo un ejemplo y sólo en un campo de estudio de la forma en que podemos cambiar la óptica bajo la cual analizamos, y vivimos, nuestras relaciones. Si volteamos a ver, por ejemplo, la conmovedora forma en que se pueden retratar las amistades… en el cine, en las series de Netflix, en la literatura, en ensayos,4 podemos, a lo mejor, no sólo dejar de satanizar la amistad o de considerarla insuficiente, sino replantearnos el valor que le damos al amor y a sus expresiones más puras en todas nuestras relaciones.

En tiempos en los que las dinámicas de interacción han cambiado, en los que nuevos modelos familiares están siendo planteados, y en los que las escalas de valores se han transformado, vale la pena revalorizar el peso que la amistad provee, no sólo en la infancia, sino en todas las etapas de la vida. No como una etapa previa al romance, no como sustituto de éste, sino como una expresión de amor puro. En tiempos en los que la friendzone es motivo de burla; y en los que el estandarte de la lucha de las personas LGBTTTI sigue siendo el matrimonio igualitario habiendo tantas necesidades y urgencias además de ésta, úrgenos reivindicar el papel del amor en las relaciones que no necesariamente incluyen un componente romántico y/o erótico; úrgenos replantearnos la institucionalización del amor y de las relaciones afectivas. En tiempos en los que la soledad, la depresión, la ansiedad y el aislamiento son fantasmas de cada día, la idea de que nadie nos entiende verdaderamente o nadie ve el mundo como nosotros lo vemos, la amistad puede ser lo suficientemente poderosa para no sólo desechar la idea de soledad absoluta, sino para encontrarle un sentido a la vida más allá de la empresa constante de búsqueda de la media naranja sin el potencial destructivo del amor romántico y para que, en caso de tener una pareja, fomentar, antes que cualquier cosa, la verdadera amistad.

Hay que reivindicar al amor. Porque el amor desinteresado encuentra un campo más fértil en la amistad que en las relaciones de pareja; porque por más que el intrínseco egoísmo nos quiera saltar con los amigos, siempre hay un dejo de sensatez no moldeado por las expectativas que la construcción social del compromiso trae consigo que nos hace recordar la dicha que nos produce el bienestar de aquellos a quien queremos, sin que ello implique sacrificio. Reneguemos de lo cimentado que está en nuestras cosmovisiones el amor de pareja como la principal fuente de amor. Revolucionemos las formas tradicionales de relacionarnos y démonos la oportunidad de sentir amor puro y pleno sin que ello se considere insuficiente. Resistamos al sistema y luchemos contra lo tóxico del amor romántico. Reivindiquemos al amor.

Sofía Mosqueda estudió relaciones internacionales en El Colegio de San Luis y ciencia política en El Colegio de México. Es asesora legislativa.


1 Philein, como verbo del sustantivo philia puede traducirse como gustar o amar, pero se traduce en general como el sentimiento que produce la amistad.
2Aquí cabría mencionar que el punto esencial del matrimonio para Aristóteles es la procreación, y no tanto el compartir virtudes como lo es en la amistad.
3 Reseña por Megan Garber.
4 Recomiendo el texto de Modern Love de Victor Lodato, “When your greatest romance is a friendship”.

Bibliografía

Ketay, Sarah et al. (2016). The roles of testosterone and cortisol in friendship formation. En: Psychoneuroendocrinology. 76(2017). Pp. 88-96.

Kraut, Richard (2017). Aristotle’s Ethics. En: The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Metaphysics Research Lab: Stanford University.