Muchos son los problemas actuales del país, violencia, inseguridad, corrupción, pobreza y desigualdad, sin embargo, uno de los problemas que no recibe la atención que debería y que en muchas maneras es transversal a los otros es el problema de la falta de crecimiento económico del país. El crecimiento económico transforma a las sociedades y México sigue esperando esta transformación.

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A lo largo de los últimos años la retórica de la “modernización del país” no ha dejado de estar presente, las reformas estructurales de primera, segunda y, en la actualidad, tercera generación siempre han tenido de manera explícita la promesa de llevar a México a la vanguardia en el mundo. Sin embargo, sus resultados no son los prometidos. En 30 años de supuesta modernización, hoy el país se ha rezagado respecto al mundo. En un articulo publicado en este mismo espacio por Luis Ángel Monroy-Gómez-Franco se muestra que entre 1988 y 2008 el 70 por ciento de las personas del país se han rezagado en su posición en el mundo, a la vez que el 10 por ciento más rico del país ha mejorado su posición global. En el mismo sentido, en otro articulo —de mi autoría— es posible observar que la economía de México no ha tenido movilidad por un periodo de tiempo semejante, entre 1990 y 2015. Esto significa que no ha experimentado el fenómeno de convergencia1 como otros países sí lo han hecho, quedando, así, rezagada frente al resto del mundo.

Con toda claridad se puede observar que la apertura comercial, la desregulación de mercados, la retirada del Estado en áreas clave de inversión pública, como los puertos o la energía, las reformas estructurales de los últimos años no han servido para que el país crezca más; además, lo que crece se concentra en la parte más alta de la distribución del ingreso. No es fortuito que los niveles de pobreza en el país sigan siendo casi iguales hoy que hace un cuarto de siglo o que la desigualdad esté en aumento. El crecimiento transforma a las sociedades en la medida que éste es inclusivo, México crece poco y lo hace de forma neutra a la pobreza.2

La realidad hace incuestionable el fracaso del proyecto “modernizador”, hoy el país puede estar mejor en muchas medidas, pero también está igual o peor en otras tantas; por ejemplo, su crecimiento per cápita es inferior al uno por ciento anual, una tasa a la que las economías avanzadas se expandían en el siglo XIX. ¿Qué hacer frente al fracaso? Por simple lógica, continuar el mismo modelo de desarrollo es insostenible: es necesario cambiar el modelo, especialmente, si perseguimos el objetivo de tener crecimiento económico inclusivo. En el corto plazo es difícil pensar que veremos a la economía crecer a tasas muy elevadas (6 por ciento o más); sin embargo, sí es posible crecer más de lo que hoy crecemos.

Para lograr crecer más es necesario que el valor agregado del gasto público sea mayor, es necesario que el nivel de inversión en el país sea mayor, tanto pública (que hoy se encuentra en niveles históricamente bajos) como privada (que tiene mucho tiempo estancada). Es necesario que hagamos política industrial pensada para el siglo XXI, que incorporemos más cadenas globales de valor a la economía que aumenten el contenido de valor agregado nacional de las exportaciones. De igual forma, es necesario dar prioridad al mercado interno y, para ello, es necesario una sustancial mejora en el poder adquisitivo de los distintos salarios en el mercado laboral.

Lo anterior puede hacer que en el corto plazo crezcamos un poco más de lo que hoy hacemos, para crecer aún más existen otros retos. Los niveles actuales de inversión, la informalidad, la productividad total de los factores negativa,3 los extremos niveles de concentración de mercado en grandes sectores de la economía, la falta de acceso al crédito para pequeñas y medianas empresas, la falta de acumulación de capital humano y la falta de una política de innovación, son cuellos de botella que frenan el crecimiento económico en México y que hacen que su potencial de crecimiento ronde apenas el 2.5 por ciento. Revertir esto tomará tiempo, por eso es necesario dejar de desperdiciar tiempo y energía en lugares comunes como las reformas estructurales y la retórica de la “modernidad”.

Para crecer hace falta diagnosticar de forma correcta dónde están esos cuellos de botella. Rodrik et al (2005)4 ofrecen un punto de partida valioso para realizar este tipo de diagnósticos, centrándose en las realidades de la economía y su contexto e historia. Las reformas son importantes en la medida que atiendan la raíz de los problemas, sus efectos, si éstas atacan esos problemas suelen verse en el corto plazo. La idea de que, en el mediano o largo plazo, los resultados de las reformas se materializan es una idea que en la literatura económica del cambio estructural es difícil de sostener. 

El crecimiento económico inclusivo es una tarea pendiente en México, crecemos poco y mal distribuido. Eliminar la pobreza, combatir la desigualdad, modernizar de verdad al país, requiere que nos tomemos el crecimiento en serio, como una tarea de la máxima prioridad nacional y requiere que seamos honestos respecto a los sucesos de las últimas décadas. La economía no va crecer mientras los que toman decisiones de política pública, o los que la comentan, sigan pensando que la política económica que se ha seguido durante años es exitosa, a pesar de que la realidad, día con día, muestre lo contrario.

Diego Castañeda es economista por la University of London y editor de la sección de ciencia de la revista Paradigmas.


1 La convergencia es un fenómeno en el que los países de menores ingresos crecen más rápido que los países de altos ingresos conforme los primeros se aproximan a la frontera tecnológica y los segundos ya se encuentran en la frontera.

2 El crecimiento económico puede ser pro pobre cuando éste beneficia más a los pobres que al resto de la sociedad, neutro cuando el beneficio es distribuido de forma equitativa o pro rico cuando el crecimiento beneficia más a los ricos. Para reducir la pobreza es necesario tener un crecimiento pro pobre, México parece tener, en el mejor de los casos, un crecimiento neutro y, en el peor, pro rico.

3 La productividad total de los factores (PTF) es una medida de la eficiencia con la que se combinan los factores de producción en un país. Puede ser interpretada como una medida amplia de la capacidad de innovación de un país. Una PTF alta significa que se crece más de lo que los factores aportan al crecimiento por si mismos, una PTF negativa implica que se crece menos que los que los factores aportan por si mismos al crecimiento económico.

4 Hausmann, Ricardo; Rodrik, Dani and Andrés Velasco (2005): “Growth Diagnostics”. Manuscrito, Inter-American Development Bank.