Una de las constantes en la publicidad mexicana es que tiene un marcado sesgo a favor de las personas de tez clara. En la mayoría de los comerciales que uno puede observar en la televisión o en el cine, las personas son casi siempre blancas (salvo que se nos cruce el comercial de un programa de política social, ahí las personas son invariablemente morenas). Este patrón fue detectado también en las revistas de sociales hace algunos años por Mario Arriagada. En su conjunto, apuntan a un hecho que más de uno ha dicho: el racismo es una realidad en México.

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Sin embargo, hasta el viernes de la semana pasada no contábamos con una fuente de datos oficial que nos permitiera cuantificar hasta qué grado la discriminación por color de piel afecta la vida de las personas. Esa situación cambió con la publicación del Módulo de Movilidad Social Intergeneracional (MMSI) de la Encuesta Nacional de Hogares 2016 realizada por INEGI. Dicha encuesta cuenta con información sobre las características del hogar de origen de los entrevistados, así como de la educación y empleo de los padres. Pero, crucialmente, el módulo también incluye una batería de preguntas sobre el color de piel del entrevistado, en donde se le pide a éste que identifique, dentro de una escala de colores, su color de piel. Toda esa información es representativa para la población nacional en su conjunto.

Cuando el presidente de INEGI habló sobre las estadísticas descriptivas de esta encuesta (es decir, la características generales de la población en términos de las variables recabadas en la encuesta) y dio cuenta de la existencia de un patrón de ocupaciones de acuerdo al color de piel, hubo quienes no tomaron bien el anuncio. En particular, David Páramo, analista económico de Grupo Imagen, acusó al presidente de INEGI de racista. ¿Cuál fue el patrón de ocupaciones que señaló el presidente de INEGI? Que personas de tez morena representan la mayoría de los empleados en actividades de baja calificación, mientras que los puestos de mando son en su mayoría ocupados por personas de tez blanca.

¿Es racista decir que ésa es la instantánea de la sociedad mexicana? Claro que no. El enojo de Páramo y de quienes piensan como él tiene más que ver con el hecho de ocultar que México es un país en donde el color de piel importa en términos de las oportunidades disponibles a los individuos y, por tanto, sobre sus resultados de vida. Para ellos, México es un país en donde no existe una estratificación racial porque conocen a algunas personas de tez morena que ocupan puestos de dirección.

Ese tipo de análisis es erróneo, pues los casos que observan no son la totalidad de la población, son sólo una fracción mínima no representativa. Cuando vamos a los análisis que consideran a la población en su conjunto, vemos que Páramo y sus copartidarios se equivocan: en México el color de piel sí es una circunstancia que influye sobre nuestros resultados de vida.

Tomemos el caso de los resultados de la Encuesta de Movilidad Social 2015 coordinada por el Dr. Raymundo Campos del Colegio de México. Dicha encuesta recaba información estadística sobre las circunstancias de origen de las personas y sobre su color de piel, siendo dicha información representativa para la población urbana. De acuerdo a los datos de dicha encuesta, de las personas de tez blanca que viven en zonas urbanas y que nacieron en el 20% más pobre de la población, al llegar a la edad adulta sólo 20% permanece en esa posición en la sociedad mexicana, mientras que 18% de las personas de tez blanca nacidas en el 20% más pobre alcanzaron el 20% más rico de la sociedad. Comparemos estos datos con la movilidad social experimentada por las personas de tez morena: de los nacidos en el 20% más pobre de la sociedad, 44% de ellos permanece en esa misma posición al llegar a la edad adulta, mientras que sólo 5% alcanza el 20% más rico de la sociedad.

¿Y qué pasa en el otro extremo de la sociedad, en el 20% más rico de la población urbana? ¿En dónde acaban los que nacen en esa parte de la distribución, hay diferencias por el color de piel? De los individuos de tez blanca nacidos en el 20% de mayor riqueza en el hogar, 56% permanece en esa posición al alcanzar la edad adulta. En cambio, de las personas de tez morena nacidas en el 20% de mayor riqueza en el hogar en México, sólo 29% permanece en esa posición al llegar a la edad adulta, el resto se encuentra en una posición inferior en la distribución de riqueza.

Lo que ambos resultados nos dicen es que el ser de tez morena lleva a enfrentar un panorama mucho más complejo en términos de movilidad social que las personas de tez clara. Ello, sin importar en qué parte de la distribución se encuentre. Quienes nacen de tez morena y en la parte baja de la distribución se encontrarán con mayor dificultad para llegar a un punto diferente al de su origen comparados con sus pares de tez blanca. Y quienes nacen en la parte alta de la distribución, pero con piel morena, se enfrentarán a mayores dificultades para preservar esa posición que sus pares de tez blanca.

Ahora, Páramo explícitamente mencionó que si viviéramos en una sociedad racista, entonces existirían sesgos en los procesos de contratación y en los procesos políticos, en donde los candidatos de piel más clara se verían favorecidos. Es curioso que haya escogido esos dos ejemplos, porque en ambos casos se cuenta con estudios que buscan identificar la existencia de dichos sesgos.

En el caso del mercado laboral, un estudio reciente de la Dra. Eva Arceo y del Dr. Raymundo Campos analizó si existe algún sesgo en el proceso de contratación en el mercado laboral mexicano. Para ello se valieron de un experimento y enviaron currículos de solicitantes ficticios a diferentes empresas, en donde todos tenían las mismas características salvo por su sexo, su color de piel y su estado civil. Entre los hallazgos de los autores hay uno relevante para esta discusión: las “solicitantes” de tez clara son contactadas con mayor frecuencia que las “solicitantes” de tez oscura. Esto es, hay un sesgo en el proceso de contratación que favorece a las mujeres de tez blanca.

En el caso de los procesos electorales, y valiéndose también de un diseño experimental, la Dra. Rosario Aguilar analiza si el color de piel de un candidato lleva a que éste se vea favorecido en las votaciones. Para ello presentó a los participantes en el experimento con tres fotografías de candidatos ficticios, pidiéndoles que evaluaran a cada uno y que establecieran su preferencia electoral por alguno. Los resultados del experimento apuntan a que el “candidato” de tez blanca fue relacionado más veces con cualidades positivas y recibió un mayor número de votos. Es decir, existe un sesgo del tipo que Páramo dice que no existe.

Aunque a personas como David Páramo les parece que aquellas fuentes de información que capturan la estratificación por color de piel en México necesariamente están mal hechos, pues según ellos ésta no existe, la evidencia dice lo contrario. México es un país en donde existe estratificación por color de piel. En tanto que el MMSI nos permite identificar de mejor manera los efectos que esta estratificación tiene sobre la vida de las personas y a qué se encuentra vinculada, se trata de una adición más que útil al instrumental disponible para el diseño de políticas públicas. México es un país en donde el color de piel es una de las circunstancias que influyen los resultados de vida de una persona, mientras más pronto lo reconozcamos, más pronto podremos comenzar a construir un México con igualdad de oportunidades.

Luis Ángel Monroy-Gómez-Franco es maestro en Economía por El Colegio de México y consultor independiente.