La historia de los dos Méxicos que puso de manifiesto un informe de 2014 del McKinsey Global Institute no resulta ajena para quienes conocen las distintas aristas sociales y económicas de este país. El México de los grandes edificios en Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, los autos de lujo de San Pedro Garza García en Nuevo León, o las grandes casas porfirianas del Paseo de Montejo en Mérida resulta terriblemente contrastante con el México que se vive en Ecatepec, en el Estado de México, o en Tahdziú, Yucatán; este último considerado el municipio más pobre en América Latina.

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A pesar de que nuestro país forma parte de foros internacionales como el G20 –formado por las 20 economías más grandes del mundo– o la OCDE –también llamado “el club de los países ricos”–, la pobreza no deja de ser una de las caras más visibles del país y un constante recordatorio de su estatus como “país en desarrollo”. Este contraste hace que en la discusión pública –desde pláticas de sobremesa hasta las redes sociales– sea recurrente la pregunta: “entonces, ¿es México un país pobre?”

No, México no es un país pobre, sino un país de pobres; para ser precisos, muchas personas pobres. De acuerdo con los últimos datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), correspondientes al año 2014, 55.3 millones de personas se encontraban en situación de pobreza en México, lo que equivale al 46.2 por ciento de la población nacional.

Además, la incidencia de la pobreza varía dependiendo en qué estado del país se encuentre uno: en Chiapas, tres de cada cuatro chiapanecos –76.2 por ciento de la población del estado– es pobre, mientras que en Nuevo León esta proporción es de 20.4 por ciento; es decir, uno de cada cinco neoleoneses se encuentra en situación de pobreza. También hay una fuerte relación entre género y pobreza: hay una mayor proporción de mujeres que de hombres entre las personas pobres. La falta de autonomía económica suele llevar a una mayor vulnerabilidad ante la pobreza, pero incluso los hogares dirigidos por mujeres tienden a contar con mayor carencia por acceso a la alimentación, un fenómeno común en la región latinoamericana.

Sin embargo, México es el único país en América Latina que no ha logrado reducir la incidencia de la pobreza en los últimos años. Entre 2012 y 2014, se sumaron casi dos millones de mexicanos a las filas de la pobreza.1 A diferencia de lo que ocurre en el resto del continente, donde el número de personas pobres ha disminuido a tasas récord, la pobreza en México se ha mantenido en los mismos niveles desde 1994. Además, el número total de personas en situación de pobreza en México ha aumentado ya que, aunque la proporción respecto al total se ha mantenido constante, la población total sobre la que se calcula ha aumentado durante estos 30 años.

Esto resulta contrastante con los datos del Banco Mundial que muestran que la economía mexicana era, en 2015, la decimosegunda más grande del mundo y la segunda más grande de América Latina –por debajo de Brasil– medida por el valor monetario (en dólares estadounidenses) de todos los bienes y servicios producidos dentro del país durante un año –es decir, el producto interno bruto o PIB. Así, México forma parte del grupo de las mayores economías globales pero con el lastre de tener a casi la mitad de su población con un ingreso menor a la línea de bienestar2 y al menos una carencia social,3 que es como define el CONEVAL a las personas en situación de pobreza a partir de un criterio multidimensional.

Entonces, si México es la decimosegunda economía más grande del mundo, ¿quiénes se quedan con los beneficios económicos si uno de cada dos mexicanos se mantienen en situación de pobreza desde hace tres décadas?

Frente a la enorme pobreza, la otra cara económica de México es la desigualdad: en el mismo país conviven decenas de millones de pobres con un reducido número de personas muy ricas. De acuerdo con un trabajo de Raymundo Campos, Emmanuel Chávez y Gerardo Esquivel, el uno por ciento más rico en México se queda con el 21.3 por ciento del ingreso total de los individuos en México, con un ingreso promedio anual de más de 1.9 millones de pesos; mientras que el 0.01% más alto de la distribución ingresa anualmente alrededor de 30.5 millones de pesos.4

Esquivel, en un informe preparado para OXFAM México sobre la desigualdad extrema en México, encontró que en nuestro país existen sólo 16 multimillonarios, cuyas riquezas han aumentado de US$25,600 millones a US$142,900 millones apenas entre 1996 y 2014. Además, la riqueza de los cuatro hombres (ninguna mujer) más ricos de México –Carlos Slim, Germán Larrea, Alberto Bailleres y Ricardo Salinas Pliego– representa actualmente nueve por ciento de la producción interna bruta nacional.5

Ante este México de enormes contrastes económicos y sociales, con muchos pobres y muy pocos ricos, la política económica –especialmente la fiscal– no ha servido para disminuir esas brechas económicas. En cambio, ha favorecido la estabilidad macroeconómica pero no ha permitido la mejora en las condiciones de vida de millones de personas durante las últimas tres décadas, favoreciendo apenas a unos cuantos. El crecimiento económico inclusivo y el combate a la pobreza y la desigualdad deben dejar de ser un recurso discursivo que suena bien en foros internacionales para empezar a ser principios rectores para el gobierno y la sociedad mexicanas.

Carlos Brown Solà es economista e internacionalista.


1 Cabe aclarar que la pobreza extrema (aquella en la que el ingreso no cubre ni la canasta alimentaria) ha disminuido –aunque de manera moderada– desde el año 2010 hasta representar al 9.5 por ciento de la población mexicana.
2 La línea de bienestar es el ingreso equivalente al valor total de la canasta alimentaria y de la canasta no alimentaria por persona al mes, que incluyen: alimentos, transporte, educación, salud, esparcimiento, bienes y servicios de consumo habitual, entre otros.
3 Los indicadores de carencia social son: rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, acceso a servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación.
4 Campos, R., Chávez, E., & Esquivel, G. (2014). Los ingresos altos, la tributación óptima y la recaudación posible. In Premio Nacional de Finanzas Públicas. Centro de Estudios de las Finanzas Públicas, Cámara de Diputados, H. Congreso de la Unión. México.
5 Esquivel, G. (2015). Desigualdad extrema en México: concentración del poder económico y político. Reporte de Oxfam México, 23.