“When I attended a conference at the historic code-breaking center Bletchley Park, the organizer announced: ‘I’m told the inventor of PowerPoint is here, will he stand so we can acknowledge his contribution to science?’”
Robert Gaskins, creador de PowerPoint

“¿Me manda su presentación?”, repitió el hombre cuando lo observé con ojos de plato. Retrocedí en cámara lenta, mirando mi torno en busca de respuestas. Se había acercado a la tarima con la respiración agitada. Dos minutos antes concluí la mejor conferencia de mi vida, en cuya preproducción y puesta en escena dejé el pellejo. Ilusa, pensé que quería felicitarme, pero no.

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Extraña es la fogosidad que las diapositivas digitales producen en algunas personas, tanta que cualquiera pensaría que en serio abrirán el archivo para consultar el contenido, con el interés que no pudieron prestar durante la exposición. “¿Para qué atiendo ahora, si me enviarán el PowerPoint?” piensa el público mientras el ponente transpira como puerco, se desgañita y considera la posibilidad de prenderse fuego en el estrado para ganar unas migajas de su interés.

Sé lo que está pensando: no es culpa de la herramienta. Es una combinación de factores (las características del contenido, el perfil de la audiencia, etc.) y de señales que nos avisan que algo no marcha bien en nuestras cabezas. Juzgue usted.

Hace unas semanas conversé con el experto en visualización de información, Alberto Cairo. Le pregunté qué pensaba de la cultura de PowerPoint y me respondió, categórico: “No existe tal cosa como la cultura de PowerPoint. Existe la cultura de las malas presentaciones”. Así que me referiré a las malas presentaciones y a las posibles salidas para prevenir la contaminación visual y la reproducción de contenidos que no promueven la adquisición de conocimiento.

Una balacera

¿De dónde salió PowerPoint (PPT)? En el libro Sweating Bullets. Notes About Inventing PowerPoint, Robert Gaskins, líder del equipo que ideó esta herramienta que hoy es de uso corriente en todo el orbe, narra que PPT fue originalmente creado para Mac bajo el nombre de Presenter y que fue la primera start up adquirida en 1987 por Microsoft, por la cual Bill Gates invirtió 14 millones de dólares, que sospecho siguen dándole sus buenos centavos.

Las presentaciones también forman parte de una cadena de valor que genera centavos para otros desarrolladores y profesionales del diseño. Muchos de los recursos que compiten con PPT se comercializan y es posible encomendar a un diseñador la elaboración de diapositivas, que hará a regañadientes porque “los verdaderos creativos solo usan Mac”, ante lo cual podemos endosarle el argumento de que PowerPoint fue originalmente creado para Mac y listo. En síntesis, esta forma de comunicación monetiza, aunque no necesariamente añada valor a nuestras mentes.

Originalmente, se creó como un recurso para elaborar acetatos y diapositivas de 35 milímetros, la modalidad utilizada en aquellos tiempos antediluvianos para apoyar la comunicación de proyectos, ponencias y una gran diversidad de entregables. Con el tiempo, PPT desplazó a sus antecesores y se convirtió en una herramienta de uso regular entre estudiantes, empleados y profesionales independientes que comparten el grillete de reportar mediante diapositivas.1

Recuerdo mi primer PPT. Es una reliquia que sigo utilizando como ejemplo de todo lo que no se debe hacer: contiene 74 diapositivas retacadas de texto, con un diseño lamentable, gifs animados, sonidos (aplausos, cornetas, chiflidos). Usted nombre la aberración y allí estará para ilustrar su dicho. Elaborando aquella primera obra que en su tiempo consideré maestra, aprendí el dulce arte de las balas (bullets), que hoy en día son la partícula elemental de las presentaciones.

Gaskins pretendía hacerle un bien a la humanidad facilitando un proceso ya existente, y lo logró, pero siguiendo al padre de la Teoría del Pensamiento Inventivo Sistemático, Genrich Altshuller, las mejoras significativas traen consigo efectos indeseables. Observo dos efectos indeseables que en realidad forman parte de la misma cognición fragmentada. Por ejemplo, mis alumnos de grado y posgrado tienden a escribir sus tareas a balazos:

  • Enunciados.
  • Sin orden ni concierto.
  • Que refieren a ideas aisladas.

El otro hecho que llama a la reflexión es la tendencia a leer en bullets, saltando párrafos,2 buscando balazos en el cuerpo del texto, como quien busca pepitas de oro en el río. Por supuesto, omitir párrafos forma parte de nuestros derechos como lectores, pero cuando este estilo de lectura se agudiza, dificulta la comprensión.

Bob Parks concuerda con esta postura. En “Death to Powerpoint”, cuyo título no deja lugar a la imaginación, señala que este programa está instalado en más de un billón de computadoras y se utiliza 350 veces por segundo, alcanzando cierta ubicuidad. PPT no origina el problema, pero su uso frecuente contribuye a mantener y expandir los efectos indeseables ¿Por qué hay que prevenir la cognición fragmentada? No lo sé. Acabo de olvidarlo.

¿Cuándo fue la última vez que usó una presentación con diapositivas? ¿Cuándo fue la última vez que una presentación le sorprendió gratamente? ¿Sus presentaciones son claras, lindas de mirar? Y sobre todo, ¿ayudan al espectador a entender mejor lo que usted pretende contarle?

Hace unas pocas semanas, la diseñadora y experta en manufactura digital Ashby Solano y yo participamos como ponentes en un congreso internacional de diseño. Escrupulosa como es, Solano preparó una presentación atractiva, con una diagramación limpia y una historia que contar, pero fue una entre decenas de presentaciones anodinas, feas, que distrajeron la atención de los espectadores con respecto a la figura central, que se suponía era el ponente ¡Esto sucedió en un congreso de personas que se ganan la vida generando y comunicando ideas! Estamos amolados.

Mi reflexión en torno a la cognición fragmentaria no es original, debo decir. El experto en visualización de datos Edward Tufte señala en The Cognitive Style of PowerPoint algunos efectos perniciosos de esta cultura de los chunks (trozos, cachos de texto), que tanto nos fascinan. Para este momento es posible que usted piense que tengo un pleito casado con esta herramienta de trabajo, que uso de manera recurrente, pero no es así: un mensaje plano y sin chiste puede contarse con palabras, Keynote, Prezzi, Genially o Empressr de manera indistinta.

Escape de la ráfaga

Alberto Cairo afirma que la visualización de datos sirve para plantearse mejores preguntas de investigación. Quizás esa es la clave que puede brindarnos una salida al reto de presentar contenidos significativos, que faciliten la adquisición de conocimientos.

Uno de los efectos alentadores de la popularización de TED y PechaKucha es que promueven el uso de materiales de apoyo muy breves, con poco texto, muchas imágenes y buena narrativa, poniendo el énfasis en quien habla como figura central. Al respecto de estos caminos, el pensador visual José Duarte, fundador de la Visual Thinking School (Colombia), nos comparte lo siguiente:

Las personas conocen muy bien la diferencia entre una buena y una mala presentación. Saben que las malas presentaciones tienen mucho texto, no tienen ritmo, ni estructura narrativa. Aunque tengan clara esta diferencia, al final terminan haciendo lo mismo de siempre. Esto es comprensible, nadie nos enseña cómo hacerlo.

Cairo, Duarte, Tufte, Solano y yo misma recomendamos no contribuir a la cultura de las malas presentaciones, porque el karma es canijo y por cada horrible PPT que usted produzca, probablemente tendrá que padecer otros seis, de los cuales no aprenderá gran cosa.

Karla Paniagua es coordinadora de investigación y directora de la especialidad en Diseño del mañana en Centro de diseño, cine y televisión.


1 En algunos casos, la presentación acompaña a un informe escrito. En casos más siniestros aún, la presentación sustituye al informe escrito.

2 Este estilo de lectura no es exclusivo de PowerPoint, también está asociado con el scrolling típico de Internet .