Con 14 días para el arranque de la primer ronda formal de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) por fin tenemos un panorama más o menos completo de lo que las tres partes involucradas buscan de la negociación. El pasado 17 de julio, Estados Unidos emitió por conducto de su representante comercial sus objetivos para la renegociación. México hizo lo propio a través de un documento de la Secretaría de Economía entregado al senado de la República y publicado a través de su gaceta parlamentaria el 1 de agosto. Canadá, por su cuenta, aún no presenta un documento oficial; sin embargo, en distintos discursos y apariciones públicas el primer ministro Trudeau ha mencionado algunas de las cosas que esperan de estas rondas.


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Conocer los objetivos de los tres países nos ayuda a tener una idea relativamente clara de dónde pueden encontrarse los puntos de disputa en el proceso de negociación y en qué partes se podrían tener acuerdos con mayor facilidad. Empezando por los segundos, de los dos documentos oficiales presentados y las declaraciones del ejecutivo canadiense se puede leer un interés por la modernización de ciertas partes del acuerdo. La adopción de nuevas disciplinas (la palabra del argot comercial para referirse a los mecanismos y estándares acordados), en especial en áreas relativas al comercio electrónico, la propiedad intelectual, medidas anti-corrupción, regulación laboral y medio ambiente. Estos aspectos de la modernización podríamos considerarlos el legado del casi extinto Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP).

No parecen existir controversias entre los tres gobiernos respecto a la necesidad de adoptar dichas disciplinas. De hecho, para el caso mexicano, la adopción de disciplinas que puedan obligarlo a hacer cumplir su propia legislación laboral o los acuerdos con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) es un aspecto positivo. Después de todo es inconcebible que tras 23 años del TLCAN y con todas las ganancias de productividad que han existido en el sector manufacturero, un obrero mexicano apenas incrementara su salario por hora en dos dólares durante todo ese periodo, ¡un dólar por década! Aún más preocupante es que una parte importante de la comentocracia económica, de los sectores empresariales y de actores políticos, consideran esa injusticia como fuente de nuestra competitividad.

Esta lamentable situación en México es semejante a la lógica del empresario francés del siglo XVIII Delaunay Deslandes,1 quien decía orgullosamente que era imposible que los ingleses compitieran con los trabajadores franceses, ya que sus paisanos tenían un estándar de vida mucho menor al inglés. Para la sorpresa de Deslandes, el trabajador inglés sí podía competir y desplazar la producción francesa porque lo que los hacía competitivos no eran salarios bajos, sino mejor tecnología y energía barata.

Si es posible combatir estas nociones equivocadas de la competitividad, adoptar disciplinas que favorezcan el cumplimiento de regulaciones más estrictas en materia laboral, ambiental y en temas anticorrupción, no puede más que significar algo positivo. Todo esto frente a la lógica de nuestros socios, en la que México siempre ha hecho una suerte de dumping laboral, al mantener el salario desvinculado de las ganancias de productividad.

Desde el punto de vista de Estados Unidos y Canadá, estas disciplinas extraídas del TPP seguramente se verían reflejadas en costos más altos de producir en México, pero, a la larga, el efecto no sería negativo para la economía mexicana, pues entre un tipo de cambio depreciado y la enorme ventaja geográfica todo quedaría más que compensado. Es importante tener en mente que, a pesar de que parece que existe un acuerdo desde el inicio en la modernización de estos aspectos, no debe pensarse que se pueden extrapolar de forma directa desde el TPP al TLCAN. El TPP era un acuerdo de 12 países en los que a veces ceder en algún aspecto respecto a otro país involucraba ganancias con un tercero. Aspectos de una modernización como el tema de la propiedad intelectual pudieron tener sentido en un contexto de 12 países; sin embargo, no tendrían necesariamente el mismo sentido en el TLCAN con tres países, algo que no puede ser obviado.

Pasando a la parte difícil de la renegociación, donde los objetivos que los socios del TLCAN buscan chocan entre sí, México y Canadá no parecen tener grandes diferencias. Los dos países ven al TLCAN como una parte importante de la integración económica de la región, como una forma de ganar competitividad frente al resto del mundo y, en general, como algo positivo para ambas economías. Sin embargo, algunos de los objetivos dados a conocer por Estados Unidos son otra historia.

El objetivo de eliminar el capítulo 19 del acuerdo que presentó Estados Unidos encontró un rechazo inmediato por parte de Canadá. Para los canadienses ese capitulo es parte esencial del tratado. Debemos recordar que es el único tratado comercial de Estados Unidos que tiene un capítulo así y existe por propuesta de Canadá. El mecanismo de resolución de controversias resultó tan innovador que, en su momento, sirvió como ejemplo para la implementación de los paneles de la Organización Mundial de Comercio (OMC) —que cuando se firmó el TLCAN hace 23 años, aún no existía. Para Canadá es un mecanismo que le ha permitido salir victorioso frente a los constantes intentos de sanciones por parte de Estados Unidos con el tema de la madera y para México ha sido importante para disputas en productos como el cemento y otros materiales de construcción.

Para Canadá es tan importante el capítulo que incluso dio a entender que podría dejar las negociaciones si se insiste en su negociación. Es importante recordar esto porque Canadá tiene una posición de negociación menos débil que la mexicana. Las estimaciones que distintos especialistas han realizado es que si Canadá dejara el TLCAN su comercio apenas disminuiría en 1.47 por ciento, México enfrentaría una situación más difícil por su dependencia.

Entre los objetivos que se persiguen del lado mexicano también está el conservar los mecanismos de resolución de controversias, si bien no se menciona de forma explícita, sobre el capítulo 19 sí se habla de conservar los mecanismos de alguna forma. Será importante ver en qué medida México cede o no en este punto y, si lo hace, a cambio de qué.

Otro punto que, sin lugar a dudas, puede traer conflictos es el enfoque de Estados Unidos en la reducción de déficits bilaterales. Estados Unidos quiere usar un mecanismo equivocado para lograr este objetivo. La causa del déficit comercial de Estados Unidos con el mundo es su bajo nivel de ahorro (si el ahorro no es capaz de financiar la inversión en una economía abierta completa, la diferencia sale pidiendo prestado al exterior). Esta dinámica tiene como contraparte la existencia de un déficit comercial, pues al final del día la balanza de pagos y sus cuentas corriente (dentro de ella está la balanza comercial) y de capitales deben estar balanceadas. Mayores flujos de capitales por necesidad deben encontrar del otro lado un déficit comercial. De esta forma, si Estados Unidos deseara atender su déficit, la forma correcta de hacerlo sería ahorrar más o gastar menos.

En los hechos México y Canadá sostienen déficits de cuenta corriente más grandes respecto a su PIB que Estados Unidos. México y Canadá tienen déficits de 2.7 y 3.3 por ciento del PIB respectivamente, mientras que Estados Unidos tiene un déficit de 2.5 por ciento. Es importante recordar que Estados Unidos ha sostenido déficits muy grandes de cuenta corriente desde antes de que el TLCAN existiera y es ilógico culpar al acuerdo por ellos. Empero, lo más preocupante de este objetivo no es que muestre un desconocimiento básico de algunas identidades contables de la economía, es que por necesidad la única forma de reducir déficits comerciales es que México exporte menos hacia Estados Unidos o que Estados Unidos exporte más hacia México. Lograr esto puede ocurrir sólo de algunas maneras–por ejemplo, con aranceles o cuotas, o con movimientos en el tipo de cambio o con barreras no arancelarias (barreras técnicas al comercio).

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Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Mundial.

Si Estados Unidos dice desear un comercio más libre en la región, entonces todos los mecanismos con los que se puede atenuar el déficit comercial que tiene con México contradicen este propósito. En las barreras técnicas al comercio (fitosanitarias, zoosanitarias, etc.) es donde México, Canadá y Estados Unidos podrían chocar bruscamente, es donde parte del proteccionismo de Estados Unidos podría enfocarse.

Otro de los choques posibles puede encontrarse en el objetivo que plantea México sobre agilizar la integración de los mercados laborales de Norteamérica y la movilidad laboral. Es un aspecto sumamente positivo que México tenga como meta lograr mayor movilidad laboral, los efectos económicos para el país serían muy positivos y sería una causa de mayor crecimiento económico.2

Es posible prever que este punto será un asunto complicado para la administración de Trump y su tono xenófobo hacia los mexicanos. ¿Será el gobierno mexicano capaz de negociar con tanta efectividad que consiga este punto? Es difícil saber cómo transcurrirán las negociaciones, pero, sin duda, será un punto de conflicto al negociar.

Además de estos posibles choques existen otros asuntos conflictivos que los objetivos de Estados Unidos persiguen. En temas de empresas propiedad del Estado, del sector energético, apertura de mercados, protección de inversiones y trato hacia los inversionistas de México y Canadá en tribunales de Estados Unidos, en sectores específicos como el agrícola o el textil que serán verdaderos campos de batalla para los tres países. Para México, temas como garantizar su acceso al gas y gasolina de Estados Unidos ponen al país en una situación de debilidad al negociar. En materia energética un mal arreglo podría poner en peligro a toda la economía.

Un aspecto importante de que podamos conocer los objetivos mexicanos es que podemos evaluar los resultados de la renegociación, podemos observar con mayor facilidad si se lograron o no las metas y tener mayor rendición de cuentas en un aspecto de virtual seguridad nacional para el país. No obstante, no podemos ver, por lo vagos que son, en dónde podrían encontrarse las potenciales líneas ofensivas y defensivas para el país. Sin embargo, no podemos tomar los objetivos como el fin del debate sobre el TLCAN. En sus 23 años es un tema que no ha sido suficientemente discutido en la opinión pública. Los objetivos dados a conocer por el gobierno mexicano son buenos, pero obvian el asunto de los perdedores y ganadores del acuerdo, no existe una evaluación pública sobre los resultados del tratado. Si trajo mayor inversión al país, si se volvió fuente de crecimiento para algunas regiones, al mismo tiempo que dejó olvidadas otras (como el sur del país), incapaces de integrarse a la economía global y algunos sectores, como el agrícola, que fueron severamente golpeados.

En el contexto de la renegociación que ha de comenzar en 14 días es importante que consideremos algunos aspectos: ¿Cuál es el espacio para hacer política industrial que nos puede dejar la renegociación? ¿Existen objetivos sobre cómo integrar más valor agregado a la producción mexicana? Esto último es una de las grandes fallas de la economía: en 23 años, exportar mucho más pero con poco valor agregado. Quizá hacen falta objetivos más ambiciosos, como buscar mecanismos para acelerar la transferencia de tecnología o más que la mejora de la movilidad laboral, buscar el libre movimiento de todos los factores de producción o demandar la reincorporación de Estados Unidos al acuerdo de París, para así evitar el dumping ambiental que le hace a México y Canadá.

Dentro de un par de semanas podemos comenzar a evaluar de forma preliminar la negociación, es poco creíble que sea rápida (casi nunca lo son y mucho menos cuando existen temas tan delicados sobre los que no existe acuerdo y con una de las partes en plena contradicción entre sus objetivos). México debe estar preparado para que en la negociación puedan jugar aspectos políticos en Estados Unidos y no sólo las cuestiones técnicas de una negociación comercial convencional.

Diego Castañeda es economista por la University of London.


1 Allen, Robert. (2009) The British Industrial Revolution In Global Perspective, Cambridge University Press. Pp. 105.
2 Clemens, Michael, (2011), Economics and Emigration: Trillion-Dollar Bills on the Sidewalk?, Center for Global Development Working Paper 264.