En días anteriores se dieron a conocer las bases de datos de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto en los Hogares (ENIGH) 2016, que es la encuesta de este tipo con la muestra más grande en la historia y la base de datos del modelo de ajuste estadístico para asegurar la comparabilidad de la serie histórica del Módulo de Condiciones Socioeconómicas y la ENIGH (MCS-ENIGH).

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Desde el año pasado, la polémica alrededor del levantamiento del MCS 2015 por sus cambios operativos causó cuestionamientos sobre el rumbo futuro de la medición de la pobreza y la desigualdad en el país. Estos cuestionamientos obligaron al INEGI y al CONEVAL a trabajar en conjunto con una serie de instituciones académicas y organizaciones de la sociedad civil (Colmex, CIDE, OXFAM, CEEY, entre otros) para intentar preservar nuestra capacidad para evaluar los éxitos o fracasos en política pública enfocada a la pobreza.

Los resultados que nos arroja la medición con el modelo de ajuste estadístico (2016) y que CONEVAL ha usado para realizar la medición de la pobreza parecen buenas noticias a simple vista: una disminución de alrededor de dos millones de personas en pobreza; sin embargo, las buenas noticias pueden fácilmente hacer que no pensemos en otros aspectos de esta medición.

El ajuste hecho por el modelo se realizó con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) dado que tiene el mismo diseño muestral que la ENIGH y captura de forma razonable el ingreso laboral (que representa aproximadamente el 61 por ciento del ingreso para la mayoría de las personas). Este ajuste, de acuerdo a INEGI, tiene la virtud de ser más sencillo que otros métodos como machine learning, a pesar de que no necesariamente logre corregir algunos de los aspectos problemáticos del ajuste y de la medición del ingreso en el futuro.

Estos problemas implican que existe una duda razonable sobre los márgenes de error mayores de las estimaciones que normalmente hacemos con esos datos y, por lo tanto, merecen una mayor discusión pública sobre el futuro de esas mediciones.

Uno de esos problemas es que el cambio en el operativo de levantamiento de la encuesta introdujo sesgos a la distribución del ingreso debido al tratamiento diferenciado que se le dio al subreporte. De acuerdo a la presentación que INEGI realizó de sus resultados, el subreporte llega hasta un 60 por ciento cuando se le compara con cuentas nacionales y hasta un 25 por ciento de ese subreporte se estima en la parte baja de la distribución. El cambio del operativo atendió ese 25 por ciento, pero dejó sin tratamiento al resto. ¿Qué implicaciones tiene esto? Implica que la desaparición de ceros estructurales (personas que reportaron cero ingresos y que se les registró con un ingreso mayor al ver discrepancias entre su reporte y forma de vida) y pseudoceros estructurales (ingresos muy bajos diferentes de cero que se ajustaron para arriba) se modifica, pero no ocurre lo mismo en el resto de la distribución del ingreso. Estos sesgos no se corrigen del todo con modelación econométrica.

Pronto vendrán discusiones técnicas sobre el futuro de las mediciones, tanto de pobreza en 2018, como los procesos de mejora y continuidad de las mediciones de ingresos y gastos, lo que nos obliga a ser muy cuidadosos sobre cómo juzgamos los resultados que se presentan hoy y cómo interpretamos la evolución de estas variables en el tiempo. Proteger a instituciones como INEGI y CONEVAL de sospechas debe hacer que no consideremos los resultados que se nos presentan fuera del contexto que llevó a esos resultados. De la misma forma, evaluar los resultados de décadas de combate a la pobreza debe hacer que no seamos triunfalistas frente a reducciones en la pobreza que, al final de cuentas, nos regresan a un nivel en el que en números absolutos la pobreza siempre ha fluctuado durante años.

Al mismo tiempo es necesario que se consideren otras herramientas, como los registros administrativos (registros del SAT) para generar cuentas nacionales distributivas (DINA) que nos den una mayor capacidad de sobrepasar los problemas de subreporte y truncamiento en la parte alta de la distribución del ingreso. La desigualdad es uno de los problemas más importantes del país y la pobreza uno de sus problemas crónicos, debemos discutir de forma más transparente éste y otros resultados.

Diego Castañeda es economista por la University of London.