En el principio, había un Satoshi

En los noventa, diversos escritores, performanceros, realizadores y entusiastas a secas encontraron cobijo en el pseudónimo Luther Blisset para hacer pública su obra. En este milenio, un grupo de cerebritos utilizó el pseudónimo Satoshi Nakamoto para exponer y concretar sus ideas acerca de la criptodivisa bitcoin.1

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Bitcoin es un concepto que forma parte de todo un lenguaje que conviene conocer, al menos para no quedar como el despistado de la fiesta. Por eso sugiero echar una mirada rápida a este glosario antes de continuar con la lectura.

El canon de las criptomonedas se dio a conocer en 2009, cuando Nakamoto publicó el artículo Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System, en el que describe los principios operativos para implementar un sistema de pago de alta trazabilidad,2 sustentado por nodos de inteligencia colectiva que suplen la intermediación bancaria:

Definimos una moneda electrónica como una cadena de firmas digitales. Cada propietario transfiere la moneda al siguiente firmando digitalmente un algoritmo (hash) de la transacción anterior y la clave pública del siguiente propietario, agregándolos al final de la moneda.

Además de ofrecer una alternativa al sistema monetario tal como solíamos conocerlo, el bitcoin está pensado para crecer de manera limitada. Actualmente circulan más de 16 millones de bitcoins en el mundo; sin embargo, se tiene previsto un tope de 21 millones de unidades, que espera alcanzarse hacia el 2140: el carácter limitado de este universo permitirá, en el mejor de los escenarios, que esta moneda sea deflacionaria, al contrario de las monedas de uso corriente, cuyo valor va mermando con el tiempo.

Otra diferencia importante es que el valor de esta moneda se fija por la oferta y la demanda y no mediante un banco central.

¿Cómo se producen y minan los bitcoins?

Los mineros son personas capaces de generar y validar las transacciones realizadas con criptomonedas, trabajo por el cual reciben una recompensa (es decir, la minería de bitcoins puede ser una actividad rentable y de tiempo completo). Para dedicarse a esta actividad, es necesario contar con el hardware y el software adecuados, así como conformar un equipo que produzca y valide las transacciones (pool), ya que actualmente no es factible minar en solitario ni con una computadora común y corriente… así que no pierda el tiempo descargando Electrum en su laptop, se requiere mucho más que eso. 

Dado que la operación de las computadoras especializadas en minería de criptomonedas requieren mucha energía eléctrica, los pools anidan en países donde el costo de la electricidad es rentable: China, Islandia, Japón, República Checa, por mencionar algunos (en México quizás existe algún pool de valientes que minen otras monedas menos costosas). En resumen, producir bitcoins de manera provechosa requiere de un contexto adecuado y de cierta alfabetización digital.

¿Y quiénes son los millonarios de bitcoins? Los gemelos Winklevoss (sí, los archienemigos de Mark Zuckerberg); Tony Gallippi, fundador del primer sistema de pago con bitcoins; Yifu Guo, creador de la primera computadora especializada en minería; Roger Ver, inversionista y, por supuesto, el equipo detrás de Satoshi Nakamoto, por mencionar algunos.

Al analizar la lista de millonarios de las criptomonedas, observo que, como en el caso de los Winklevoss, el bitcoin está ofreciendo una oportunidad de diversificación a personas ya acaudaladas. Por otro lado, está abriendo el camino a inventores e informáticos que en el contexto actual no habrían podido volverse banqueros, pero que sí pudieron empeñar su memorabilia de Star Trek para hacerse del equipo necesario y, sobre todo, que cuentan con los conocimientos suficientes para entender y validar las transacciones (matemáticas, que les llaman). En ese sentido, sí hay evidencia de nuevas condiciones en el juego que hacen accesible la acumulación de capital para individuos y equipos humanos que antaño no hubieran podido hacerlo: una nueva revancha de los nerds.

Padres felices y pobres siempre pobres

Se está reconfigurando el mapa de la distribución de la riqueza, tendencia que con seguridad se mantendrá en los próximos años, considerando la proliferación de otras criptomonedas y la creciente estabilidad de las mismas. Esas son buenas noticias, ¿cierto? Un muchacho de veintitantos años, que jamás se ha parado en un banco y juntó cinco mil pesos de sus domingos, puede incursionar en este mundo y volverse una persona solvente, para alegría de sus compungidos papás.

Por otro lado, el universo de las criptomonedas trae consigo sus propias brechas. No todo el mundo está en condiciones de aprender este lenguaje, ni de acceder a los equipos necesarios para minar, ni de mudarse a Islandia, y muchos de los que están en condiciones de hacer todo eso o de contratar a un Oompa Loompa informático que lo haga, ya tenían bastante dinero en su cartera. Se vaticinan ricos más ricos, nerds más capitalizados (y, por lo tanto, más contentos y con menos ánimo de venganza) y pobres igual de pobres.

No pretendo satanizar el uso de criptomonedas. Después de todo, la idea de realizar transacciones mediante inteligencia colectiva resulta muy provocadora y, si le mueve la curiosidad, adquirir bitcoins e invertir en éstas y otras criptomonedas es factible y puede hacerse de manera segura, para algo tan inocente y útil como donar a Wikipedia.3

No perdamos de vista que, como cualquier otra moneda, los bitcoins también pueden utilizarse –aunque de manera muy limitada, dada su gran rastreabilidad– para comprar armas, se pueden asociar con lavado de dinero,4 pueden ser robados, se pueden extraviar y su valor puede fluctuar. 

En la medida en la que los usuarios potenciales conozcan su forma de operación y se familiaricen con las criptomonedas, su uso se irá extendiendo, así como sus beneficios. En un futuro cercano, las remesas podrán enviarse en bitcoins por una fracción del valor de la comisión que actualmente se paga (aproximadamente el 10%), sólo por mencionar un resultado deseable.

En resumen, el futuro cercano de las criptomonedas es agridulce. Se avistan beneficios para usuarios y entidades (incluyendo las bancarias) que deseen sumarse a esta tendencia, mismos que se verán fortalecidos con la paulatina regularización del sector; estos resultados alentadores se acompañan de efectos indeseables que tendremos que resolver, tal como en su momento ocurrió con los carruajes, los autos, la Internet, la telefonía inteligente, etc.

Lo que encuentro más preocupante, además de que aún no existe la carrera técnica de minería digital en México (y si existe, hace falta difundirla), aunque sí diversos cursos breves de alfabetización en la materia, es la brecha, la maldita brecha, que, en lugar de acortarse, se vuelve cada vez más ancha y honda, entre ricos y pobres.

Karla Paniagua es coordinadora de investigación y directora de la especialidad en Diseño del mañana en Centro de diseño, cine y televisión.

La autora agradece a Bitso, plataforma mexicana que vincula oferta y demanda de criptomonedas, por su guía para el desarrollo de este texto.


1 Aunque en su momento el empresario Craig Steven Wright se declaró el verdadero Nakamoto, no se sabe a ciencia cierta quién o quiénes son las personas que se abrigan detrás de esta figura, que, al igual que en el caso de Blisset, está disponible para quien quiera utilizarla en nombre de la causa.
2 Cada moneda creada cuenta con una huella única que permite seguir su vida útil y todas las transacciones son públicas.
3 En algunos países es legal (Japón), en otros se hace de manera desregulada (México), y en otros se prohíbe  (Ecuador).
4 De acuerdo con Susan Athey (Stanford), los bitcoins que pueden usarse para lavado de dinero representan apenas el 1% de las transacciones, mientras que con monedas de uso corriente el porcentaje es mucho mayor.