¿Es este realmente el “Sexenio del empleo”?

A lo largo de los últimos meses, la administración del presidente Enrique Peña Nieto se embarcó en una campaña en la cual se vanagloria de haber generado un significativamente mayor número de empleos formales que todas las administraciones anteriores, a tal grado que sus años de gobierno merecen el título del “Sexenio del empleo”.  Específicamente, la propaganda gubernamental presume la creación de más de tres millones de empleos formales en los últimos cinco años.

En lo que sigue, evaluaremos la validez de los datos y argumentos utilizados en esa campaña publicitaria colocándolos en un contexto más amplio y comparándolos con lo sucedido en sexenios anteriores; en particular, con el sexenio inmediatamente anterior, o sea, el presidido por Felipe Calderón.

Nuestra conclusión es que el desempeño de la presente administración en el terreno laboral se caracteriza más por su continuidad con lo sucedido en las administraciones precedentes, que por un cambio significativo en la persistente precariedad del empleo, del ingreso personal y del bienestar social.

En la campaña publicitaria gubernamental de la presente administración se hace referencia y se difunden  datos sobre el nivel de informalidad laboral de acuerdo con la definición de empleo informal basada en las condiciones de acceso a la salud. Específicamente, se consideran trabajadores informales aquellos que no gozan de seguro de salud (y otros beneficios sociales) asociados directamente a su empleo. La medición se realiza a través del número y porcentaje de trabajadores afiliados al Seguro Social (IMSS e ISSTE fundamentalmente).

En las siguientes dos gráficas se puede apreciar la continuidad de los (pésimos) datos referentes a la informalidad laboral (calculada por la membresía en el IMSS e ISSTE) en México. Como puede observarse, la disminución en el porcentaje de trabajadores informales en la población económicamente activa (PEA) en el último sexenio es sólo de un 1.3%,1 mientras que para todo el período considerado (1995-2017) es apenas del 5%.2

Observamos también que, año con año, se suscitan cambios positivos y negativos en el porcentaje de informalidad laboral. Un análisis de estas variaciones arroja que en los últimos 22 años, en promedio, el cambio anual en la tasa de informalidad es de –0.33. Con base en esta información, el desempeño alcanzado en el sexenio del presidente Peña Nieto no difiere de la tendencia observada en los últimos 22 años.

Gráfica 1

Gráfica 2

Los datos presentados arriba se confirman cuando se utiliza una conceptualización alternativa  de la informalidad laboral desarrollada por el INEGI. La informalidad laboral es definida por el INEGI como el porcentaje de los ocupados que son “laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan” (esto se puede deber a la carencia de constitución legal) o “cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo” (por ejemplo, el trabajo sin contrato). Las 2 gráficas siguientes presentan los datos sobre el porcentaje de trabajadores informales en la PEA de acuerdo a esa conceptualización.3

Gráfica 3

Gráfica 4

Es importante señalar que una evaluación y comparación más completas del desempeño gubernamental en el terreno laboral y económico de las administraciones sexenales, debe considerar no sólo a la informalidad laboral, sino también otros componentes de la precariedad del empleo, tales como los niveles de ingreso percibidos por los trabajadores así como lo que el INEGI califica como “condiciones críticas de ocupación”.

Como lo muestran los datos presentados abajo, la precariedad del empleo en México continúa caracterizando el mercado laboral, e incluso se observa que esa precariedad se ha agudizado en el sexenio actual.

Consideremos, primero, la evolución del nivel de ingresos de los trabajadores mexicanos en el periodo que va de 1995 a 2017. Saltan a la vista dos tendencias distintas y muy marcadas.

Primero, de 1995 a 2007, los ingresos por debajo de los 3 salarios mínimos disminuyeron y los ingresos mayores a tres salarios mínimos aumentaron. En cambio, en los seis años de la administración de Felipe Calderón y los cinco de Peña Nieto el porcentaje de trabajos de baja remuneración ha ido en aumento, mientras que el porcentaje de empleos pagados por encima de los tres salarios mínimos ha decaído marcadamente.

Gráfica 5

Por otro lado, si se comparan los datos entre el final del sexenio de Calderón y el último año del sexenio en turno, se observa que, durante el así llamado “Sexenio del empleo”, aumentaron los empleos de baja remuneración (que reciben entre uno y tres salarios mínimos), pasando del 59 al 62 por ciento de los empleos; mientras que los trabajos que reciben más de tres salarios mínimos4 disminuyeron en 5 puntos porcentuales, del 23 a 18%.

Gráfica 6

La precariedad laboral se refleja también en los niveles de lo que el INEGI define como condiciones críticas de ocupación, esto es, el porcentaje de los ocupados que trabajan menos de 35 horas a la semana, o que trabajan más de 35 horas, pero con ingresos mensuales inferiores al salario mínimo, o que trabajan más de 48 horas a la semana, pero por un ingreso mensual inferior a los dos salarios mínimos. Durante el periodo estudiado (1995-2017) observamos que el nivel más alto de condiciones críticas de ocupación ocurrió en el año de 1995. La tasa fue disminuyendo progresivamente hasta 2008, año en el que la tendencia se invierte, es decir, hay un aumento de la tasa de condiciones críticas de ocupación. Esta tendencia continuó durante el sexenio de Peña Nieto.5

Finalmente, es importante notar que también la tasa de participación laboral mostró una clara continuidad durante el período 1995-2017. La tasa (calculada como el porcentaje de la población mayor de 15 años que posee un empleo) se movió en los 22 años considerados dentro de un rango que va del 57 al 60%.

Los datos presentados arriba confirman que el periodo analizado, abarcando los últimos cuatro sexenios, se caracteriza por la continua precariedad del empleo en México. Así lo muestran  indicadores cruciales tales como las tasas de informalidad, el nivel de ingresos por el trabajo y las condiciones de ocupación. En ese sentido, el sexenio de Peña Nieto no constituye una excepción.

Benjamín Temkin Yedwab es profesor-investigador de la Flacso México, donde también es el coordinador de la Especialidad en Política y Gestión Energética y Medioambiental. Ha sido catedrático en la Universidad de Columbia, Universidad de Tel-Aviv, Universidad Hebrea de Jerusalén, el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), entre otras.

Jorge Cruz Ibarra es profesor de asignatura en la Universidad Panamericana y asistente de investigación en la Flacso México.


1 Para estimar el cambio restamos la tasa promedio de informalidad en 2013 (63.48) a la tasa promedio de informalidad en 2017 (62.2).

2 Para estimar el cambio restamos la tasa promedio de informalidad en 1995 (67.1) a la tasa promedio de informalidad en 2017 (62.2).

3 Es importante señalar que el INEGI calcula dos tasas de informalidad, una que considera en su cálculo a la población que labora en el sector agropecuario y otra que descuenta esta población. En la Gráfica 3 se puede apreciar que las dos variables se comportan de forma paralela.

4 Una aclaración obligada es que el cálculo de los niveles de ingreso y sus cambios en el tiempo no ha sido ajustado a las variaciones que han sufrido el salario mínimo y la inflación  en esos 22 años. 

5 Aun cuando esta medición también es sensible al valor del salario mínimo, utiliza como criterio las horas trabajadas y es la medida más cercana, de aquellas que ofrece la ENOE, al concepto de precariedad laboral.



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