Las disciplinas están en constante evolución. Ideas que en algún momento fueron tomadas como verdades absolutas, murieron al enfrentarse a nuevos conocimientos y evidencia. No obstante, en la economía muchas de ellas han logrado escapar del cementerio y vivir en la mente de aquellos que evitan cuestionarlas. El objetivo de este artículo no es sólo evidenciar algunos de estos mitos, sino el proceso de destrucción creativa1 que los tomadores de decisiones en nuestro país parecen ignorar.

Los libros de historia que leímos cuando niños están llenos de personajes y hazañas que fueron perdiendo todo su matiz romántico conforme crecimos y adquirimos nuevos conocimientos y perspectivas sobre los hechos. Enrique Krauze, por ejemplo, en 2010 escribió: "México ha vivido de héroes y mitos, y esa condición nos ha costado cara porque ha generado en nosotros falsos recuerdos, ha exagerado nuestros reflejos, ha mantenido viejas llamas, nos ha vuelto a veces amargos y soberbios". En la economía, los héroes y mitos toman la forma de ideas que también “nos han costada caras”, pues aun cuando nos han llevado al borde de desastres económicos, financieros y sociales, siguen rondando como zombis2 en la mente de tomadores de decisiones.

Esto resulta de especial importancia conforme nos acercamos a las elecciones de 2018 y los mitos parecen dominar la discusión pública en torno a las propuestas de campaña. Dos de los precandidatos, por ejemplo, han propuesto aumentos en el salario mínimo, un tema que ha generado debates durante años. El expresidente de la República, Felipe Calderón, no ha faltado en esta discusión, y recientemente utilizó un tuit para mostrar su oposición. Si bien recurrió a uno de los argumentos más populares en contra de los aumentos en el salario mínimo,  el tuit recibió mayor atención al terminar con la leyenda “Economía 1”.

De la misma forma en que resultaría riesgoso que un médico efectuara operaciones únicamente con los conocimientos que adquirió en sus dos primeros semestres de la carrera, la política económica y social, de la cual depende el bienestar de 120 millones de mexicanos, no debería basarse en cursos introductorios de economía. Así, si bien este dogmatismo es común y “entendible” entre estudiantes primerizos de economía, numerosos políticos y académicos se vanaglorian de caer en estas prácticas. A continuación pretendo revisar la desacreditación de tres principales mitos de este tipo (que se dan incluso a lo largo de la formación escolar a nivel licenciatura), que lamentablemente veo de manera constante en los argumentos de distintos políticos y académicos.

El primero de ellos es la robustez de los modelos econométricos.  En el tercer semestre de la licenciatura tuve que elaborar mi primer modelo econométrico sobre alguna relación económica que conociera. Elegí la relación entre inflación y desempleo, la cual suele enseñarse con la famosa curva de Phillips.  Los resultados me sorprendieron al mostrar que, al aumentar la inflación, el desempleo incrementaba también, contradiciendo la teoría macroeconómica. La respuesta de mi profesor fue que estas relaciones no siempre se mantienen con datos reales. ¿Cómo podía ser eso cierto cuando gran parte de los bancos centrales alrededor del mundo basan su política monetaria en esta relación?

Algo que suele ser olvidado (o ignorado) por economistas es que los modelos que se aprenden en las aulas sólo son ciertos bajo el supuesto Ceteris Paribus, es decir, siempre que todo lo demás permanezca constante. Así, cambios en las expectativas de la población con respecto a los niveles de inflación, aumentos en la competencia entre empresas o cualquier otra variable puede provocar que durante un periodo determinado tanto la inflación como el desempleo disminuyan, (lo cual es el caso de Estados Unidos durante la década de los noventa (FRED, 2008)).

De manera general,  la omisión o adición de variables en un modelo econométrico (a juicio del investigador), aunado a la usual confusión entre correlación y causalidad pueden provocar que se lleguen conclusiones contradictorias en incluso absurdas. Como ejemplo, la disminución de personas en  pobreza extrema obtenida por el modelo econométrico de la ENIGH 2016 daba pie a que se pudiera concluir que la  pobreza extrema llegaría a su fin en menos de una década (Ceteris Paribus), algo que Peña Nieto utilizó en su último informe presidencial pero que lamentablemente dista de la realidad en nuestro país. 

El segundo mito ya fue expuesto anteriormente y se trata del incremento en el salario mínimo. En mis primero cursos de macroeconomía aprendí que la imposición de salario mínimo siempre es ineficiente: si éste se fija por encima del nivel de libre mercado las empresas tienen un costo extra que “las obliga” a contratar menos trabajadores (provocando desempleo) o a subir los precios de sus productos; si, por el contrario, éste se fija por debajo, su existencia es simplemente contraproducente (Mankiw, 2014). 

No tardé mucho en toparme con diferentes estudios como el realizado por Schmitt (2013), donde se muestra que un aumento en el salario mínimo puede ajustarse mediante once diferentes opciones de las cuales sólo una es aumentando el desempleo o los precios. Otros estudios muestran que el nivel del salario mínimo en México es tan bajo que su aumento no tendría impacto alguno en los salarios medios y mucho menos en el nivel general de precios (Campos, 2015). En general noté que los efectos económicos son ambiguos, pero que los efectos en la calidad de vida de los casi 8 millones de mexicanos (INEGI, 2017) que trabajan una jornada completa para ganar esta suma al mes no lo son.  De hecho, la cantidad de bienes y servicios que un trabajador ganando el salario mínimo puede comprar hoy es menor (alrededor de un tercio) de la que podía comprar en los años sesenta (Banxico, 2015).

Finalmente, el tercer mito radica en que la baja recaudación del país se debe a la alta informalidad. Casi 30 millones de personas en México trabajan en el sector informal y no pagan impuestos, lo que se presta a la exigencia de regular a este sector (INEGI, 2017). No obstante, el sector informal se caracteriza por una alta precariedad y vulnerabilidad: escasa cobertura de seguridad social, incumplimiento de derechos laborales, poca estabilidad laboral y bajos salarios. Así, aun cuando se lograra cobrar impuestos a este sector, la recaudación extra sería mínima pues lo salarios son tan bajos que incluso podrían caer en la parte de la distribución exenta del pago de impuestos. Evidencia de lo anterior es que el porcentaje de la población ocupada que labora en el sector informal es mayor a la que labora en el sector formal (58% vs 42% respectivamente) (INEGI, 2017). No obstante, aun cuando más personas laboran en el sector informal, por cada $100 de PIB, únicamente $23 son producidos por este sector y $76 por el sector formal (Orozco, 2017). 

Como se puede ver, académicos y políticos han recurrido a la Economía 1 como estrategia para evidenciar el poco conocimiento que tienen otros sobre teoría básica. Lamentablemente, han terminado por evidenciarse a ellos mismos, pues parecen ignorar que la teoría ha evolucionado y que, bajo este proceso, muchas de las ideas que ellos siguen dogmatizando han sido desacreditadas. A estos mitos se suman muchos otros que la extensión de este artículo no me permite exponer, como la economía de goteo, la medición de pobreza basándose sólo en el ingreso, y la legitimidad de la pobreza bajo un sistema meritocrático.

Es sólo mediante esta constante evidencia de mitos que podemos lograr que éstos regresen al  cementerio en que fueron colocados y que comencemos a exigir que la  “preparación” de nuestros candidatos no se base en la repetición dogmatizada de principios antiguos, sino en la habilidad de evaluar la realidad compleja en la que vivimos para crear propuestas que no se queden en lo económico sino que trasciendan a lo político y social.

Milena Dovalí Delgado es economista por el Tec de Monterrey CCM.

Referencias

BANXICO. (2015). Evoluciòn del Salario Mìnimo Real diario.

Campos, R. (Febrero de 2015). Salario mínimo vs inflación. Nexos.

FRED. (2008, March). Dr. Econ, what is the relevance of the Phillips curve to modern economies? Federal Reserve Bank of San Francisco Education.

INEGI. (2017). Consulta interactiva de indicadores estratégicos (InfoLaboral), a partir de 2005. Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), población de 15 años y más de edad.

INEGI. (2017, Mayo 2017). RESULTADOS DE LA ENCUESTA NACIONAL DE OCUPACIÓN Y EMPLEO CIFRAS DURANTE EL PRIMER TRIMESTRE DE 2017. COMUNICADO DE PRENSA NÚM. 204/17.

Krauze, E. (2010, octubre). De héroes y mitos.

Mankiw, Gregory. (2014). Macroeconomía. Barcelona: Antoni Bosch editor.

Orozco. (2017, mayo 25). La Economìa Informal en México. Universidad de Colima.


1 La destrucción creativa en economía es un concepto popularizado por Joseph Schumpeter para describir el proceso de innovación en el que los nuevos productos destruyen viejas empresas y modelos de negocio.

2 El término “ideas zombis” fue introducido por John Quiggin en el libro: Zombie economics: How dead ideas still walk among us para determinar aquellos principios desacreditados durante las crisis económicas que siguen rondando la mente de economistas.