La infraestructura inadecuada, por su mala calidad, diseño, corrupción u otros problemas, es considerada una de los grandes problemas para el crecimiento de América Latina y en especial de México. En la región sólo Chile tiene infraestructura equiparable a la de sus principales socios y rivales comerciales, dándole verdadera competitividad. México, como un caso contrario, pierde competitividad frente a sus rivales por la mala calidad y falta de acceso a la infraestructura pública.1

En el caso de México no es difícil encontrar en la infraestructura y en la inversión pública en general una de las principales barreras para el crecimiento sostenido. La causalidad entre infraestructura y crecimiento suele correr en ambas direcciones, mejor infraestructura está relacionada con mayor productividad y, por lo tanto, mayor crecimiento. Al mismo tiempo, conforme el ingreso nacional aumenta los gobiernos adquieren mayor capacidad para recaudar impuestos, los mercados financieros se desarrollan y la inversión tanto pública como privada en infraestructura sube. Si quisiéramos entender de forma simplificada la relación podríamos decir que la inversión pública y acumulación de capitales cuando es eficiente se traduce en mejor infraestructura y ésta, a su vez, en mayor productividad que a final de cuentas conduce a un mayor potencial de crecimiento.

Conociendo a nuestro país, a sabiendas que la inversión pública ha disminuido por décadas y que la privada tiene un tiempo estancada, no debe resultar difícil imaginar que es una de las principales causas de nuestro bajo crecimiento. No obstante, cuando revisamos algunos datos encontramos que el problema no sólo es un bajo nivel de inversión, sino que realmente la poca que se hace es muy poco eficiente.

Comencemos por explorar uno de los rostros tangibles de la inversión, la acumulación de capital en la economía, público y privado.

La gráfica muestra el acervo de capital2 tanto público como privado para distintas economías emergentes. Es destacable el tamaño del acervo de capital público y privado de China, más de 25 mil y 20 mil billones de dólares respectivamente, es fácil entender de dónde viene una buena parte del crecimiento de China de los últimos 20 años. En el caso de la India observamos un comportamiento curioso: el acervo público es relativamente pequeño, poco más de dos mil billones de dólares; no obstante, el acervo privado es muy importante casi llegando a las 10 mil billones de dólares, parte del sorprendente crecimiento de la India radica en un sector privado que invierte fuertemente en su país. Si después de los dos gigantes asiáticos vemos a México una cosa que debe llamarnos la atención es la poca acumulación tanto pública como privada, 1,800 y 2,600 billones de dólares respectivamente. En México los sectores público y privado invierten poco y, por ende, acumulan poco. Allí podemos ver un claro ejemplo de un cuello de botella para el crecimiento del país. Si queremos crecer más necesitamos que gobierno y empresas inviertan más.

Parte de esta problemática en torno a la inversión se ha buscado resolver con esquemas como el de las famosas Asociaciones Público Privadas (APP), gobiernos en México y en muchos otros países han optado por estos mecanismos para incentivar la inversión de gobiernos y de empresarios; sin embargo, al ver los datos también saltan otras cosas a relucir.

El acervo de capital que se acumula en diversas economías emergentes varía mucho en el esquema de APP. Países como la India y Brasil han formado más de 400 y 300 billones de dólares de capital en este esquema, China, por su parte, aunque se encuentra entre los países que mejor han aprovechado este esquema con casi 200 billones de dólares es apenas una fracción marginal de su inversión pública y privada. México mantiene una tendencia parecida a la de su formación de capital tradicional, una línea con muy poco crecimiento, algo más bien parecido a un estancamiento. Pareciera que esquemas como las APP también funcionan mejor en países donde la inversión privada y especialmente la pública tienen un rol más importante, como guía y semilla para otras inversiones y donde el crecimiento económico abre constantemente nuevas oportunidades.

No siendo suficiente con crecer poco porque invertimos poco, el problema para México es peor. Los resultados de la inversión que hoy se realiza son peores que los que se esperarían para un país con el nivel de ingreso per cápita (nivel de desarrollo) que tiene México y para el nivel de gasto que se ejerce. Si hacemos uso de un análisis de frontera para revisar la eficiencia técnica de la inversión pública en México se puede concluir que el país pierde hasta un 32 por ciento3 de los beneficios que debería tener con ese nivel de inversión.

En la gráfica se muestra una frontera de eficiencia de la inversión pública4 en la línea roja punteada que se construye a partir de una serie de indicadores de calidad, acceso y niveles de formación de acervos de capital público para una serie de países. Cada país es representado por un punto negro; si un país se sitúa en la frontera (encima de la línea roja) significa que está siendo eficiente para su nivel de acervo de capital público per cápita. Si un país (como es el caso de México) se encuentra por debajo de la frontera, esto quiere decir que es ineficiente. La distancia entre el punto y la frontera representa el tamaño de la pérdida de eficiencia. Para México esta pérdida es de 32 por ciento: si el país fuera eficiente debería tener infraestructura y servicios públicos 32 por ciento superiores o que se podría gastar 32 por ciento menos y tener el mismo nivel que hoy tenemos.

Si calculáramos una frontera de eficiencia para distintos tipos de gasto de inversión como salud, educación, inversión pública en infraestructura y programas sociales encontraríamos que los ahorros para reducir las ineficiencias, podrían llegar hasta 1.9 puntos del PIB.  

Por ejemplo, la ineficiencia en salud equivale a 0.8 por ciento del PIB, las ineficiencias en educación a 0.6 por ciento del PIB, las ineficiencias de la inversión pública a 0.4 por ciento del PIB y las ineficiencias de la asistencia social (programas sociales) a 0.1 por ciento del PIB. Esto quiere decir, por ejemplo, que si en determinado año gastamos tres puntos del PIB en inversión pública en realidad la calidad y acceso de la misma equivalen a 2.6 puntos, en esencia estamos desperdiciando 0.4 puntos. Lo mismo ocurre en otros rubros, notablemente en salud.

Si sumamos la pérdida de eficiencia en el gasto de inversión al hecho de que México tiene un acervo de capital público cerca de 40 por ciento más pequeño que el promedio de economías emergentes podemos darnos cuenta que la famosa “modernización” del país es una deuda pendiente, que ni el Estado ni el mercado están cumpliendo y que no es haciendo reformas estructurales la forma en la que vamos a destapar los cuellos de botella del crecimiento.

Los países que tienen mayor eficiencia en inversión pública reciben dividendos importantes. Por cada punto del PIB de inversión pública estos países generan hasta 0.6 puntos adicionales de producto. Los menos eficientes apenas consiguen 0.3 puntos adicionales. Trabajos de economistas como Aghion y Howitt (2009)5 han documentado que estos problemas en la inversión repercuten en crecimiento. La inversión pública ayuda a la provisión de servicios públicos esenciales, facilita la movilidad social al conectar a individuos y empresas a los distintos mercados laborales, de factores y de consumo, son una fuente de igualdad de oportunidades y un pilar del crecimiento del económico.

Quizá, México aún tiene que redescubrir la importancia del Estado en la promoción del desarrollo económico. Por mucho tiempo ha dejado en el abandono sus funciones fundamentales al grado de casi situarlas en la atrofia. Para este 2018 debemos reflexionar con cuidado sobre esta problemática y hacernos preguntas sobre algunas de las partes más sustanciales de la realidad económica: ¿de qué forma podemos ampliar el espacio fiscal para poder invertir más y crecer más?, ¿de qué manera vamos a elevar la eficiencia de la inversión pública?, ¿qué incentivos crearemos para que la inversión privada se reactive?, ¿cómo haremos que las ganancias del crecimiento se repartan de forma más equitativa? El país no va generar el número de empleos que necesita, no va crecer de forma incluyente y no va combatir de forma efectiva la corrupción si no rescatamos el Estado y en el proceso somos capaces de responder estas preguntas.

 

Diego Castañeda es economista por la University of London.


1 Fondo Monetario Internacional, 2016.

2 El acervo de capital se construye empleando la ecuación de inventarios perpetuos Kit+1=(1-δit)Kit+(1-δit2)Iit , donde Kit+1  es el acervo de capital en el periodo t+1, δit es la tasa de depreciación y Iit es la formación bruta de capital fijo en el periodo t. El acervo de capital son todos los activos menos su depreciación que una entidad pública o privada cuenta en determinado momento en el tiempo.

3 Celasun, Oya, et al. “Política fiscal en América Latina: Lecciones y legados de la crisis financiera mundial”, Documentos de Análisis del Personal Técnico del FMI, Abril 2015, Fondo Monetario Internacional.

4 Utilizando datos sobre la dimensión física de la infraestructura, longitud de caminos, electricidad, acceso al agua, escuelas, camas de hospitales y percepciones como la encuesta de Foro Económico Mundial sobre impresiones de calidad de infraestructura se construye un indicador compuesto  en el que se le asigna una calificación a un país dependiendo de la calidad y acceso de la infraestructura a cierto nivel de ingreso per cápita y acervo de capital per cápita. Con estas calificaciones se construye la frontera que sigue la forma de una función de producción con rendimientos marginales decrecientes y en donde la función de producción representa la eficiencia técnica. La frontera es el benchmark por el que podemos medir la perdida de eficiencia.

5 Aghion, P., and P. Howitt, (2009), Economics of Growth, Cambridge, MA, MIT Press



PUBLICIDAD