But Gordon – How do you feel today?
What do you mean?
How do you feel today?
—Life Support, Rent

 

Hace casi una década cierto estudiante tuvo el valiente gesto de encomendarme la dirección de su tesis. Poco a poco, a este campeón le siguieron otros que confiaron en mí para acompañar y retroalimentar su investigación.

Al paso de los años, perdido el entusiasmo original, me encontré enfrentando esta tarea de manera repetitiva y desabrida. Pese a la diversidad de temáticas que abordan, los tesistas suelen experimentar obstáculos similares, de manera que fui coleccionando un rosario de sugerencias y amonestaciones que en algún punto me cansé de repetir.

Un día providencial convoqué a todas las víctimas para que se conocieran e intercambiaran puntos de vista sobre sus trabajos, al menos así ahorraría tiempo para sermonearlos. Para sortear el problema de los horarios y volver más interesante la invitación, les propuse desayunar juntos cada dos meses en fin de semana.

El experimento superó las expectativas: había nacido Tesistas Desesperados (TD), un grupo de apoyo que permite atenuar el estrés durante la confección del manuscrito, transformando la desesperación en tesis solventes permitiendo que el participante finiquite ese pendiente con más tranquilidad, para después proseguir con su vida. 

En principio, fundé esta red de colaboración para atender a los estudiantes cuyas tesis dirigía, pero después recibí solicitudes de otras universidades, programas y grados. Por el grupo han pasado comunicólogos, sociólogos, politólogos, diseñadores, administradores, historiadores y antropólogos, diversidad que ha enriquecido el intercambio.

Las reglas de operación de TD son parecidas a las de El Club de Pelea de Palahniuk: si es tu primera vez en el grupo, debes hablar de tu tesis y recibir retroalimentación; si vas a analizar un material, todos lo veremos y sugeriremos distintas tácticas de análisis; al término de cada sesión los participantes se asignan tareas y, cuando logras terminar la tesis, esperamos que todo el grupo sea invitado a la defensa.

Gracias a TD he aprendido que cuando los grupos de apoyo funcionan bien, movilizan cierta inteligencia colectiva que trasciende los lugares comunes y los argumentos ad populum. Para que esta fuerza logre desencadenarse es necesario que sucedan dos cosas: primero, que el participante reconozca que tiene una carencia que desea solucionar y que necesita de alguien más para lograrlo; segundo, que confíe en un saber superior —la socioestructura, siguiendo a Yolanda Domenech— que le brindará guía, acompañamiento y contención para salir del agujero.

Los integrantes de cualquier grupo de apoyo, lo mismo si se trata de Alcohólicos Anónimos que de personas que perdieron a un ser querido, se conforman alrededor de problemas concretos y desafían el statu quo al admitir, al menos dentro de ciertos linderos seguros, que algo importante les hace falta y que la falta puede subsanarse hasta cierto punto mediante la conversación y el automonitoreo con sus semejantes.

TD me ha permitido descubrir a autores que de otra forma quizás no habrían llegado a mis manos, recuperar y mantener la pasión por la dirección de tesis, confiar a una entidad sabia y autorregulada la retroalimentación de cada proyecto,  así como llevar a término mi propia tesis doctoral, entre muchos otros beneficios. A lo largo de los años, los integrantes se han ido renovando conforme sus antecesores se gradúan y los nuevos rostros se departen alrededor de unas cuantas viandas, hallando respuestas a cada interrogante.

El origen de los grupos de apoyo entre pares se remonta a la Europa del siglo XVI, en el marco de procesos para tratar a enfermos mentales. Con el tiempo, su uso se ha ido extendiendo a todos los confines, hasta alcanzar la amplia cobertura geográfica y temática que hoy conocemos.

De acuerdo con Caplan y Killilea, los grupos de apoyo brindan compañía emocional, soporte instrumental e informacional, y constituyen una estrategia de intervención efectiva que suple la autoridad profesional o política, promoviendo la construcción de redes entre iguales: es justo este atributo el que les imprime su carácter. Esa persona que te ayuda comparte tus carencias, por lo tanto, comprende en profundidad de qué va la cosa.

Los grupos de apoyo expresan el entendimiento de que no serán las autoridades, ni civiles ni divinas, las que se ocupen de resolver aquello que nos aqueja y que otra persona en tu misma situación puede acompañarte en el proceso de solucionarla hasta donde sea posible:

Por un lado, el grupo proporciona a sus miembros una razón y una lógica a sus problemas o fuentes de estrés, así como una forma para manejar esos problemas. En este sentido, en el grupo se amplía el rango de percepciones alternativas de los problemas y de las acciones disponibles para manejarlos.

Por otro lado, el grupo apoya el cambio. De esta forma, al considerar los problemas desde una perspectiva distinta, y al adoptar formas nuevas y más efectivas de afrontamiento, la persona comienza a percibirse como un individuo capaz de manejar las circunstancias que le rodean, incrementándose, así, los sentimientos de valía personal. (Domenech: 184)

En la década de los sesenta, un vecino se encontró con  Jean Nidetch en cierto mercado de Queens y la felicitó con efusividad, “qué bien te ves, ¿cuándo nace tu bebé?”, le dijo con la mejor de las intenciones. Lo que Jean tenía era sobrepeso, no un embarazo, así que el comentario la incomodó y motivó para cambiar. Jean comenzó a reunirse con sus amigos Al y Felice Lippert, quienes perseguían el mismo propósito, juntos construyeron una red solidaria que facilitó la consecución de sus objetivos e inspiró a otras personas con el mismo problema para hacer lo propio.

Nidetch convirtió la información y la experiencia en un sistema, en un lenguaje que permite adquirir y mantener mejores hábitos de alimentación y salud emocional. Al ver que el sistema daba buenos resultados y que otras personas se volvieron hablantes de este nuevo lenguaje, Nidetch y los Lippert identificaron una clara oportunidad comercial y en 1963 fundaron Weight Watchers International (WW), compañía que actualmente cuenta con más de un millón de suscriptores alrededor del mundo y que tan sólo en 2017 generó utilidades superiores a los 1300 millones de dólares según información de Reuters.


Ilustración: Víctor Solís

Aunque se trata de una marca comercial, Weight Watchers opera bajo la lógica de los grupos de apoyo y es allí donde reside su mayor efectividad. En cada reunión, que reproduce la estructura de los conversatorios de Jean Nidetch, se abordan temas relativos a la salud física y emocional (manejo del estrés, autoestima, vínculos emocionales con los alimentos, etc.), los integrantes dan seguimiento a sus metas personales, comparten sus experiencias, se retroalimentan entre sí y refrendan el compromiso de mantener sus mejores prácticas.

Las reuniones tienen un costo fijo y al lograr el peso ideal de forma permanente, los participantes adquieren la categoría de miembros vitalicios, lo que les permite acudir de manera gratuita. WW ofrece, además, una gran diversidad de productos —contenedores, herramientas para calcular el valor nutricional de las provisiones, alimentos preparados, materias primas para elaborar platillos, etc.— que los usuarios del sistema pueden adquirir para facilitar el mantenimiento de sus hábitos y que constituyen el pilar del modelo de negocios de la compañía.

En México, WW llegó a acumular seis sedes en distintas ciudades del país, cada una de las cuales realizaba cinco reuniones semanales, con una asistencia de 5 a 30 personas por sesión. Una tormenta inicia con un copo de nieve y la transformación de un país puede comenzar con una reunión de 5 personas, bien lo sabemos.

A diferencia de Tesistas Deseperados, donde se espera que el participante deje el grupo después de una estancia breve (de preferencia porque ha concluido su tesis), el sistema de WW está diseñado para que los integrantes permanezcan en la red y sigan consumiendo sus productos y servicios, razón por la cual se premia su lealtad.

Pese al grave problema de obesidad que enfrenta nuestro país (70% de adultos obesos y 4.5 millones de obesos mórbidos), las reuniones de WW funcionaban, tanto que el número de miembros vitalicios (es decir, de personas que lograron mantenerse en su peso ideal y que por consiguiente podían acudir a las sesiones de manera gratuita) fue incrementando. A diferencia de otros países donde es más habitual el consumo de alimentos ofrecidos por la propia marca, en el caso de México los participantes aprendieron el lenguaje pero no necesariamente compraban las barritas nutritivas o la harina para hot cakes de WW. Es posible que por esto, cuando la CEO Mindy Grossman asumió el liderazgo de la empresa en el 2017, haya tomado la decisión de cerrar el mercado mexicano:

Weight Watchers International, Inc. anunció el cierre de operaciones en México el 23 de marzo de 2018. A medida que ejecutemos nuestra visión de brindar bienestar a todos, tenemos la intención de expandirnos a través de nuevos mercados geográficos desde una posición de fortaleza. Para convertirnos en una marca impulsada por un propósito global y una empresa con experiencia en tecnología, planeamos operar en cada país con una experiencia digital y cara a cara totalmente integrada.

En este momento, la forma en que operamos en México, como un negocio solo de reuniones, no está alineada con esa visión, por lo tanto, hemos decidido cesar nuestras operaciones aquí hasta que podamos volver a ingresar con una oferta completamente integrada.

Esperamos volver a ingresar a México como parte de una expansión más amplia e importante en América Latina en el futuro.1

En otras palabras, en tanto el modelo de WW generó cambios positivos, se volvió poco rentable para la compañía: la ironía se cuenta sola.

Para muchas de las personas que acudieron a WW a lo largo de los años, la salida de la marca representa una pérdida significativa. Sin embargo, tras un breve periodo de incertidumbre y duelo, diversos grupos se han espabilado para continuar con sus reuniones de manera independiente. Después de todo, las mejoras significativas que los participantes conquistaron son producto de su colaboración alrededor de un fin común que trasciende las fronteras de la marca. Los grupos de apoyo funcionan en la medida en la que reconocen una carencia y quizás, con la partida de WW, la inteligencia colectiva hallará una solución a este nuevo problema.

Y a usted, ¿qué le hace falta? ¿Tiene identificada a su red de apoyo? ¿A quiénes acudirá para aceptar y exponer sus carencias, recibir retroalimentación y escuchar los problemas de los demás? ¿A quiénes les puede brindar acompañamiento, información y contención en estos tiempos aciagos? Son algunas interrogantes que invito a explorar.

 

Karla Paniagua es coordinadora de investigación y directora de la especialidad en Diseño del mañana en Centro de diseño, cine y televisión.


1 Información proporcionada por la agencia de relaciones públicas Burson-Marsteller el 20/mar/2018.