Año con año, el Estado mexicano invierte cuantiosos recursos para el combate a la pobreza y la reducción de la desigualdad. Después de más de veinte años de inversiones en programas sociales, los resultados son por todos conocidos: la mitad de la población sigue siendo pobre por ingresos. Si bien la discusión de todos los factores que han contribuido al fracaso de esta estrategia daría espacio para libros completos sobre el tema, quisiera hablar sobre una faceta de la pobreza muchas veces ignorada.


Ilustración: Víctor Solís

La mayoría de los programas incorporan en su diseño una problemática de la pobreza más rural que urbana. Por ejemplo, Progresa-Oportunidades-Prospera (POP), el programa social más grande de México tiene como población objetivo a todos los hogares con ingresos per cápita menores a la Línea de Bienestar Mínimo definida por CONEVAL; sin embargo, tiene un fuerte sesgo hacia lo rural, ya que, de acuerdo con cálculos de Julio Boltvinik, la probabilidad de que un hogar sea atendido si reside en una localidad rural es casi 2.3 veces mayor que si residiera en una localidad urbana (1).

El mismo Santiago Levy, uno de los arquitectos de Progresa, menciona que la estrategia de incorporación gradual “privilegiará inicialmente al medio rural sobre el urbano ya que, en promedio, las condiciones de pobreza extrema eran más graves en el medio rural” (1). Lamentablemente, éste sigue siendo el caso. Por otro lado, las estrategias espaciales focalizadas de reducción de la marginación de los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón como 100×100 y Microrregiones1 también estuvieron enfocadas a localidades rurales muy marginadas.

A diferencia de todas las demás zonas urbanas de América Latina, las transferencias a las personas en pobreza urbana son muy pequeñas y estos hogares dependen casi enteramente de sus ingresos (3).

Pareciera ser que la explicación de la pobreza que predomina es una situación donde los hogares pobres lo son por no tener acceso a satisfactores básicos como educación, salud y nutrición, y por ende no cuentan con los elementos para integrarse exitosamente a los mercados. Si bien es necesario continuar con políticas para incluir a la población en localidades rurales en el proceso de desarrollo, es claro que el perfil de la pobreza es actualmente eminentemente urbano y está vinculado más con la precariedad laboral y la marginación de amplios sectores sociales dentro de la ciudad.

Aunque la incidencia de pobreza es mayor en localidades rurales (58%) que en urbanas (39%), la concentración de la mayor parte de la población en centro urbanos hace que en términos absolutos los papeles se inviertan. De acuerdo con la gráfica 1, aproximadamente siete de cada 10 personas en situación de pobreza viven en entornos urbanos. Asimismo, una de cada dos personas en pobreza extrema viven en ciudades. La situación es similar en el espacio de carencias: seis de cada diez personas con rezago educativo, ocho de cada diez personas sin acceso a la salud y siete de cada diez personas con carencia alimentaria viven en centros urbanos (2).


Fuente: Realizado por el autor utilizando el anexo estadístico 2010-2016 de CONEVAL, 2017.

En 2015, la población en situación de pobreza de las tres principales zonas metropolitanas del país (del Valle de México (ZMVM), de Monterrey y de Guadalajara (4)) sumaba 11.2 millones de personas; es decir, una de cada cinco personas en pobreza vivía en alguna de estas tres ciudades, y siete de cada diez personas pobres de estas zonas residían en la ZMVM.2 De acuerdo con el CONEVAL, en 190 de los 2,456 municipios del país se concentraba más de la mitad de la población en pobreza, todos ellos urbanos y parte de las 59 Zonas Metropolitanas del país (6). La Gráfica 2 muestra la alta heterogeneidad y desigualdad de los municipios de estas tres zonas (divididos en las cuatro entidades que las conforman): municipios pequeños pero con incidencias muy por arriba de la media nacional (la mayoría del Estado de México); también municipios pequeños y medianos muy prósperos, con baja pobreza relativa y absoluta (principalmente de Nuevo León y CDMX), y finalmente municipios de entre medio millón y millón y medio de habitantes con un gran número de pobres, donde resalta Chimalhuacán, un municipio de casi 800 mil habitantes que tiene casi medio millón de pobres; es decir, una incidencia de más del 61%.


Fuente: Realizado por el autor utilizando el anexo estadístico 2010-2015 de CONEVAL, 2017.

El problema no sólo se limita al enfoque de capacidades ni al acceso a la infraestructura social, sino a las enormes desigualdades de servicios públicos, transporte, y oportunidades laborales que se viven dentro de las mismas. Para ejemplo, considérense tres problemáticas graves que afectan a los casi 8 millones de pobres que viven en la ZMVM:

• Servicios públicos de baja calidad, con acceso nominal pero no efectivo. Aunque la mayoría de los hogares tienen acceso a drenaje y agua entubada, la calidad es deficiente. Como ejemplo, nótese que en la delegación Iztapalapa menos del 1% de los hogares no tenía acceso a agua entubada de la red pública (7); sin embargo, de acuerdo con la Encuesta de Percepción de Calidad de Vida en el Distrito Federal 2012 (ENCAVI), el 23% de la población en Iztapalapa no tiene servicio de agua diario y el 20% reporta que la calidad del agua es deficiente o muy deficiente (8).

• Los hogares urbanos gastan menos en alimentos en comparación con los rurales, pero una mayor proporción de su ingreso se va en transporte (19.5%) y en vivienda (10%) (8). Es por lo que el precio y la disponibilidad del transporte público, así como el precio de las rentas de vivienda son elementos que pueden afectar los índices de pobreza. De acuerdo con la Encuesta de Origen Destino en Hogares de la ZMVM 2017, el 58% de los viajes que realizan a la semana duran entre 30 minutos y dos horas, la mayoría a través de transporte colectivo. Ello implica un gasto significativo no sólo monetario sino de tiempo para los hogares más pobres, que suelen tener menos diversidad y disponibilidad de transporte público. Ello se agrava considerando los procesos de gentrificación en la CDMX que han empujado a la gente de menores ingresos a las afueras de la Ciudad por el alza en el valor de la propiedad (9).

• La precariedad laboral afecta en mayor medida a los pobres urbanos, ya que la mayoría de su ingreso es laboral. Mientras que el 21% de los ingresos de los hogares rurales proviene de transferencias (públicas y privadas), el mismo rubro para urbanos representa sólo el 14%. La precariedad laboral se caracteriza por: 1) el deterioro de los salarios reales de los pobres urbanos se origina en la década de los noventas después de la crisis económica del 95 (y sólo recientemente han recuperado su poder adquisitivo), 2) altas tasas de informalidad, 3) poca cobertura de seguridad social derivada de una política social no basada en derechos, y 4) una alta exposición a choques macroeconómicos que afectan sus activos e ingresos (3).

Todo esto ilustra la necesidad de nuevas propuestas para combatir la pobreza en el entorno urbano. Además de un sistema de seguridad social universal y de mayor infraestructura de transporte público, es necesario aumentar los programas para combatir la pobreza en estas localidades. El reto no sólo exige repensar el diseño de la política social con una imagen actualizada de quiénes son las personas pobres, sino mayor cooperación entre niveles de gobierno y la formación de autoridades y programas metropolitanos que permitan atender problemas comunes. Por otro lado, las posibilidades de una reducción sostenible de la pobreza urbana requieren de una mayor coordinación entre la política económica y la social, para generar un modelo de crecimiento económico más incluyente.

 

Diego Alejo Vázquez es maestro en Economía por El Colegio de México y Gerente de Investigación de Oxfam México.

Referencias

1. Boltvinik, Julio. Economía Moral. Sesgo antiurbano del POP que conlleva un acto de discriminación. [En línea] 23 de Marzo de 2018. [Citado el: 29 de Abril de 2018.]

2. Levy, Santiago y Rodriguez, Evelyn. Sin herencia de pobreza. El Porgrama Progresa-Oportunidades en México. [En línea] Banco Interamericano de Desarrollo, 2005.

3. Lopez-Acevedo, Gladys y Saavedra-Chanduvi, Jaime. La Pobreza Urbana en México. Generación de Ingresos y Protección Social para los pobres. Washington, DC : Banco Mundial, 2005.

4. CONEVAL. Pobreza 2016. Anexo Estadístico 2010-2016. [En línea] Julio de 2016. [Citado el: 29 de Abril de 2018.]

5. CONAPO. Delimitación de las Zonas Metropolitanas de México 2005. [En línea] Noviembre de 2007.

6. CONEVAL. Pobreza urbana y de las zonas metropolitanas en México. [En línea] 2013. [Citado el: 29 de Abril de 2018].

7. —. Índice de Rezago Social 2015 a nivel nacional, estatal y municipal. [En línea] CONEVAL, 2016. [Citado el: 30 de Abril de 2018.]

8. INEGI. Comunicado de Prensa 392/17. Resultados de la ENIGH 2016. [En línea] 28 de Agosto de 2017. [Citado el: 29 de Abril de 2018.]

9. Estudio de la gentrificación en la Ciudad de México. Sobrino, Jaime. México, CDMX : Coyuntura Demográfica, 2016, Vol. 9.


1 Estas estrategias se basaban en coordinar diferentes programas sociales en un espacio de marginación definido de acuerdo a las zonas prioritarias con mayores retos de desarrollo.

2 La población total de estas tres zonas es alrededor del 25% de la población total del país.