Y en mi soledad, 
cuando quiera yo salir a buscarte, 
cuando miras a la Luna y no está, 
cuando lleguen los humanos a Marte 
mira, dejaré la vida pasar… 
Chayanne, “Humanos a Marte”

Incluyendo el envío del título de propiedad a domicilio, un acre (4046 metros cuadrados) de terreno marciano tiene un precio de 923.25 pesos (48 dólares) en Moon States, empresa que desde los ochenta comercializa propiedades en la Luna, Marte y Venus.

Es posible que se esté preguntando si me encuentro sobria mientras escribo estas líneas. Sí. Y también es cierto que, desde fines del siglo pasado, muchas personas alrededor del mundo han adquirido un título de propiedad en destinos tan remotos e inhabitables (al  menos para nosotros) como Mercurio. ¿Pero qué tan válidos son estos documentos que acreditan la posesión de un terrenito en locaciones extraterrestres? Las opiniones se dividen al responder.


Ilustración: Adrián Pérez

De acuerdo con  el Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes (resolución 2222 (XXI) de la Asamblea General de la ONU), en vigor desde octubre de 1967:

Artículo II. El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera.

Artículo XI. Ni la superficie ni la subsuperficie de la Luna, ni ninguna de sus partes o recursos naturales podrán ser propiedad de ningún Estado, organización internacional intergubernamental o no gubernamental, organización nacional o entidad no gubernamental ni de ninguna persona física. El emplazamiento de personal, vehículos espaciales, equipo, material, estaciones e instalaciones sobre o bajo la superficie de la Luna, incluidas las estructuras unidas a su superficie o la subsuperficie, no creará derechos de propiedad sobre la superficie o la subsuperficie de la Luna o parte alguna de ellas.

Empresas como Cosmic Registry, Moon States y Buy Mars argumentan que este instrumento es impreciso al respecto de la posesión de parcelas por parte de privados. El tratado sí es puntual en el sentido de que nadie puede poseer la Luna (Daniela Romo fue cauta y por eso prefirió no pedirla), pero resulta más ambiguo en lo que refiere a los cuerpos celestes no reclamados por países, sino por particulares. Esta ambigüedad ha dado pie para que organizaciones como las antes mencionadas comercialicen títulos de propiedad en diversos cuerpos celestes, que podrían no tener valor instrumental sobre la superficie a la cual refieren (o quizás sí y por eso hay quienes los adquieren “por si las moscas”), pero resultan significativos como hechos portadores de futuros.

De acuerdo con el Diccionario enciclopédico mundial sobre prospectiva (Olavarrieta, C. Glenn, J. y Gordon, T., Millennium Project, 2014), un hecho portador de futuros es “(una) señal o indicio de una evolución futura, que parece ínfima por sus dimensiones presentes pero considerable por sus consecuencias futuras”. Es decir, son indicios de hacia dónde podrían marchar las cosas en los próximos años, incluso en las próximas décadas; al descifrar estas señales podemos imaginar escenarios posibles, probables o preferibles en torno a la conquista de otros planetas, sólo para ejemplificar un tema. ¿Qué pasaría si todo sale muy bien? ¿Qué pasaría si todo sale muy mal? ¿Qué pasará si no hacemos nada y, simplemente, seguimos la inercia de los hechos actuales? Son preguntas que le invito a plantearse.

La idea de viajar a, y habitar en, otros planetas está presente en la conciencia colectiva desde hace tiempo.  Ejemplos como Un viaje a la Luna de Méliès (1902), las Crónicas marcianas de Bradbury (1950), Lost in the Space (1965/2018) Galaxy Express 999  de Matsumoto (1977), Saturno 3 de Donen y Gallagher(1980) y toda una plétora de obras de ficción que versan sobre la vida de los humanos en confines galácticos, dan cuenta de ello.  Lo que quizás se ha ido modificando con los años es el carácter diegético de esas señales: los discursos en torno a la vida humana interplanetaria han devenido en souvenirs del futuro, en objetos que expresan un afán muy potente y ayudan a suspender nuestra incredulidad ante el posible cambio, parafraseando a Bruce Sterling.

Así pues, muchos souvenirs del futuro nos sobrevuelan, nos hablan de un pujante deseo por conquistar otros planetas, quizás para después destruirlos y abandonarlos en busca de nuevos hábitats, como si fuésemos una plaga de langostas. A estos objetos quisiera sumar otras señales que encuentro de interés, pues nos indican posibilidades futuras de gran impacto social.

  1. Space X. Empresa de transportes aeroespaciales fundada con el propósito de hacer posible la vida humana en otros planetas, se ha concentrado en el diseño, la producción y la operación de naves de carga reutilizables como la nave Dragon, que desde 2012 abastece a la NASA de manera regular o el cohete de base orbital Falcon Heavy, tan popular a últimas fechas.
  2. Mars One. Este proyecto para colonizar Marte arrancó en 2013. Se pretendía documentar y difundir todo el proceso de reclutamiento, preparación, amartizaje y adaptación de la tripulación al nuevo planeta en formato de reality show, incluso en el 2014 se anunció que 20 mexicanos habían sido pre-seleccionados para formar parte de la misión. Aparentemente, el proyecto sigue en curso, si bien muchos especialistas dudan de su viabilidad.
  3. Virgin Galactic. Esta empresa de aerotransportes comercializará viajes espaciales para todo el que pueda costearlo y aunque el servicio aún no está disponible de manera regular, es posible reservar un lugar a partir de U$250,000.00. Según reportes de la propia empresa, quienes adquieran sus boletos hoy deberán esperar por lo menos hasta el 2021 para realizar su paseo por la órbita terrestre, dada la larga lista de espera.
  4. Elevador espacial Obayashi. Obayashi Corporation espera concretar este proyecto en el 2050 y se trata de un ascensor espacial que podrá trasladar hasta 100 toneladas de mercancía y usuarios por viaje gracias a una estructura de 96,000 kilómetros de nanotubos de carbono que irán de la Tierra a diferentes puertos en el espacio. Cuando el proyecto logre concretarse permitirá transferencias rápidas y más económicas que los viajes en naves espaciales; quizás en unos pocos años tendremos que decidir si conviene más ir a la boda de la prima marciana en un chárter de Virgin Galactic o en el ascensor guajolotero.
  5. Torre Analemma. Este proyecto de arquitectura especulativa, presentado por Clouds AO (despacho creador de la Mars Ice House) en 2017, consiste en un rascacielos suspendido de un meteorito que orbitará a 50,000 kilómetros de la Tierra, brindando un anclaje móvil a la que pretende ser la torre más alta jamás construida por los seres humanos. La edificación contará con viviendas, oficinas, una zona agrícola y muchas amenidades para sus selectos usuarios, que viajarán por el mundo describiendo una órbita en forma de analema, justamente.
  6. Torre Mítikah. A unas cuadras de mi casa se construye este gigante de acero, concreto y cristal que será la torre de departamentos más alta de Latinoamérica, con 267 metros de altura y toda clase de amenidades en su interior. Sus moradores contarán con centros comerciales, lugares de esparcimiento, un hospital, la Cineteca Nacional a un costado y los Viveros de Coyoacán a tiro de piedra. A unos metros de este mismo conjunto se ubica City Towers Park Grand, un multifamiliar de mucho caché con piscinas, salón de yoga, canchas deportivas, spa, salas de juntas, pista de patinaje sobre hielo, cine, boliche, salones de fiesta, supermercado y mucho personal dispuesto a facilitar la vida de los moradores, al punto que salir al mundo exterior podría antojarse un despropósito. Estos recintos me recuerdan a la Torre Analemma en su afán por hacer del aislamiento un privilegio, una prerrogativa que con los años podría volverse planetaria.

Los casos que he referido están envueltos en un halo de extravagancia, incluso de ridiculez. Al respecto, el director del Hawaii Research Center for Futures Studies, University of Hawaii, Jim Dator, señala que “cualquier idea acerca de los futuros debe parecer ridícula”. Quisiera poner el acento en el hecho de que aquello que hoy nos parece fuera de proporción podría ser una realidad en unos pocos años, ¿esa realidad nos parece deseable? ¿Cuál será el impacto social de esos escenarios evocados por las señales presentes? Si dichas proyecciones de futuros alternativos nos parecen inadecuadas en algún sentido, la buena noticia es que los futuros no existen, por tanto podemos y debemos diseñarlos, aun si volar en Virgin Galactic o construir una casita en Marte ahora nos parece imposible.

 

Karla Paniagua es coordinadora de investigación y directora de la especialidad en Diseño del mañana en Centro de diseño, cine y televisión.



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