El 1 de julio de 2018 habremos de descubrir si el neoliberalismo prolongará su estadía por seis años más o si la ciudadanía optará por una nueva ideología más afín a las percibidas necesidades de México. Por el momento, destaca el papel central que el neoliberalismo ocupa en el discurso como un concepto de gran importancia explicativa entre una amplia gama de actores en la esfera pública. Por un lado, líderes políticos como Andrés Manuel López Obrador lo utilizan para denominar las políticas públicas instauradas en México desde 1988. Inclusive Carlos Salinas de Gortari, el denominado padre del neoliberalismo mexicano, en un foro en Acapulco en julio de 2016, advirtió que ni el neoliberalismo ni el populismo eran soluciones para el país. Que el uso del concepto sea tan ambivalente en el discurso político no es causa de sorpresa. Sin embargo, la falta de precisión conceptual en el ámbito académico, último reducto del análisis en la era de la relatividad argumentativa, sí merece ser causa de preocupación ya que diluye el verdadero origen del neoliberalismo.


Ilustración: Víctor Solís

Entendiendo el auge del neoliberalismo

En la sabiduría popular, el auge del neoliberalismo cumplirá 50 años en 2020. Una búsqueda sencilla en Google Scholar del término neoliberalismo en inglés nos arroja un total de 96,500 resultados para el período 1970 al 2018. En contraste, si realizamos esa misma búsqueda para el período 1900-1970, los resultados se reducen a 190 artículos. Por lo cual la intuición popular no está del todo perdida. Para aquellos que prefieren búsquedas en bibliotecas, el WorldCat del Online Computer Library Centre (OCLC) con acceso al catálogo de alrededor de 72 mil bibliotecas en 170 países y 13 idiomas nos ofrece 58,238 resultados en material disponible en una amplia gama de formatos (desde libros hasta material audiovisual). Estos datos nos permiten ilustrar la popularidad del neoliberalismo como una herramienta analítica.

Al intentar desagregar las cifras de Google Scholar por año de 1970 a 2018, numerosas inconsistencias en los datos emergen respecto al número de resultados originalmente referidos. No obstante, este ejercicio nos permite identificar momentos clave en el uso del concepto. Así, con base en la gráfica 1, podemos asegurar que a pesar de su uso temprano en los 70, el verdadero despegue ocurre a partir de 1995. Del período 2004 a 2009, el uso del concepto se intensifica como lo evidencia el cambio en la pendiente para ese período. Entre 2009 y 2010, el uso del concepto se estanca. Sin embargo, entre 2010 y 2014 su popularidad es vertiginosamente ascendente. El máximo histórico en el uso del neoliberalismo como un concepto académico ocurre en 2016. Por lo cual, si bien este término se utiliza para referirse a acontecimientos a partir de mediados de los 70, su uso amplio en el ámbito académico apenas supera los 25 años si tomamos 1995 como año de referencia.

Construyendo el neoliberalismo de hoy

Las dos áreas disciplinarias donde el estudio del neoliberalismo ha fructificado de manera más prolífica son la antropología y la geografía humana. Durante los 70 y 80, ambas disciplinas se enfocaron en el estudio de la desigualdad y las condiciones de trabajo y vida bajo el capitalismo. No obstante, con el fin de la guerra fría, la conversación académica en las humanidades y ciencias sociales debió hacer frente a las contradicciones del capitalismo usando herramientas analíticas del emergente paradigma de la posmodernidad. Para Esteva (1992), Alvares (1992), y Noorgard (1994), la promesa del progreso hecha a los países en desarrollo en medio del proceso de descolonización comenzaba a resquebrajarse.1 En ese contexto, la crisis de la deuda de los países latinoamericanos y el largo proceso de ajustes domésticos y negociaciones internacionales cristalizó un rechazo generalizado al modelo del capitalismo occidental.2 Al mismo tiempo, las recurrentes y crecientemente exóticas crisis de divisas en mercados emergentes inauguradas en diciembre de 1994 con la crisis del tequila en México daban indicios de que la globalización financiera constituía un serio desafío para la estabilidad.3 La religiosa adherencia a la estabilidad macroeconómica por parte de los gobiernos poco importaba.

En ese complejo entramado de reflexión académica, el neoliberalismo tomó su conceptualización analítica actual. En su historia del neoliberalismo, el geógrafo David Harvey (2005) observa que éste es una teoría de prácticas de economía política cuyo principal argumento es que el bienestar humano puede ser logrado de manera más efectiva al liberar las capacidades emprendedoras de los individuos a través de un entramado institucional caracterizado por los derechos de propiedad privada, libre mercado y libre comercio.4 Bajo dicha conceptualización, el génesis del neoliberalismo está íntimamente vinculado al proceso de desregulación, privatización y la retirada del Estado de muchas áreas de provisión social que tuvo lugar en Estados Unidos y Gran Bretaña durante la segunda mitad de los 70 y los 80. Al mismo tiempo, este proceso promovía una “ética de mercado” que valora las relaciones contractuales de los intercambios comerciales.

En una interesante discusión sobre sus implicaciones para el concepto de ciudadanía, la antropóloga Aihwa Ong (2006) señalaba que el concepto era más fluido en su significaciones: para países del Sur global era el equivalente a hablar de dominio estadounidense mientras que en Estados Unidos el concepto era casi inconsecuente.5 Tras la crisis financiera global de 2007 y la crisis de la Eurozona en 2010, los trabajos de Milanovic (2005), Piketty (2013, 2015), Green & Branford (2013), Otero (2013), Seery & Caistor Arenda (2014) y Esquivel Hernández (2014) han contribuido a popularizar el neoliberalismo como un concepto analítico útil para entender eventos y tendencias globales en la última década.6 En cierto sentido, la embestida neoliberal nos ha trastocado ya a todos por igual.

El neoliberalismo olvidado

En una revisión más minuciosa de estos preceptos reproducidos a lo largo de más 25 años de discusión académica, algunos defectos emergen en el panorama. La primera crítica surge con el fechamiento y la ubicación de la ola neoliberal a las décadas de los 70 y 80 en Estados Unidos y Gran Bretaña. En una revisión temprana del neoliberalismo, el politólogo Megay (1970) apuntaba hacia el neoliberalismo alemán. Este movimiento se diferenciaba de las doctrinas tradicionales liberales anglosajonas al denunciar el reconocimiento de los intereses particulares que los preceptos pluralistas consideraban como útiles de incorporar en la búsqueda de un punto de equilibrio entre el Estado y el sector privado para el desarrollo económico.7 Según Megay, el neoliberalismo alemán tenía sus orígenes en el trabajo del economista Wilhelm Röpke quien en 1923 se opondría a la conceptualización manchesteriana del Estado como el vigilante nocturno y buscaba dirigir las capacidades regulatorias del mismo hacia el desmantelamiento de la economía cautiva por los monopolios.8 En menos de una década, el neoliberalismo alemán se opondría fervientemente a la agenda económica del nazismo cuando, a partir del otoño de 1932, Alexander Rustöw y Walter Eucken denunciaron independientemente la cooptación del Estado por intereses particulares que lo obligaban a sobredimensionar sus capacidades regulatorias e intervenciones en el mercado en detrimento de la libertad.9 De esta manera, el neoliberalismo antecede a las reformas de Thatcher y Reagan como una contrapropuesta al nacionalsocialismo. A la luz de nuestra construcción actual del neoliberalismo, el chiste se cuenta solo.

Un segundo aspecto comúnmente ignorado del neoliberalismo alemán es su vocación social y humanista. En su incepción, el neoliberalismo alemán no buscaba la retirada del Estado como guía principal de su agenda. Al contrario, éste buscaba el erguimiento del Estado como un espacio neutral de mediación de intereses a través de una regulación eficaz que promoviera la competencia.10 Así, para Eucken en 1938 el fin último de este espacio era la solución de problemas sociales como la realización del bienestar y la dignidad humana.11 Ya usando la bandera de la organización neoliberal Aktiongemeinschaft Soziale Wirtstschaft (ASM) en Alemania Occidental, Rustöw y Frickhöffer continuaban postulando la subordinación de las consideraciones económicas a valores trans-económicos.12 La idea clave era que aún los países industriales usaran una economía social de mercado para desarrollar sociedades donde el tamaño de las ciudades se limitara de manera orgánica y el nivel de bienestar se anclara en un sistema de propiedad de tenencia libre con campesinos autosuficientes, artesanos independientes y pequeños comerciantes.13 El neoliberalismo alemán también buscaba una cierta armonía con el capital natural que Fritz Schumacher describiría en Lo pequeño es hermoso: economía como si la gente importara.

Un tercer aspecto comúnmente ignorado en la conceptualización actual del neoliberalismo es su importancia para el Wirtschaftswunder de Alemania occidental. Tras la segunda guerra mundial, la mayoría de los países optaron por recetas de desarrollo económico ancladas en la planeación central bajo el manto del keynesianismo anglosajón. Para los neoliberales alemanes, esto era anatema pues a través de las intervenciones gubernamentales a favor de algún interés particular se corría el riesgo de minar el estado de derecho, así como los proyectos individuales.14 Bajo estos postulados, la escuela de Friburgo liderada por Walter Eucken y Edith Eucken-Erdsieck jugó un papel preponderante durante el mandato del canciller alemán Konrad Adenauer. El plan de reconstrucción de Adenauer (1949-1963) buscaba consolidar en Alemania un sistema socioeconómico en donde el poder estuviese lo suficientemente difuso entre sus participantes como para asegurar que la libertad económica controlase las fuerzas de un libre mercado.15 Un componente clave de este proceso era la constitución de un sistema financiero balanceado que apalancara el nuevo marco alemán.16 Cuando los modelos desarrollistas, seguidos por países latinoamericanos en los 80, se encontraron en serios aprietos, la economía alemana sirvió como modelo acelerando el fin de Bretton Woods, el desarrollo de sistemas nacionales financieros de mayor madurez y abriendo paso a la era de alta movilidad de capital durante los 90.17 Sin embargo, en los subsecuentes desarrollos teóricos el neoliberalismo dejaría de ser alemán y a éste se le rebautizaría como ordoliberalismo.

Conclusión

La falta de una inspección crítica de los lugares comunes de la investigación académica a través de la cual intentamos dar sentido a nuestra trayectoria histórica nos presenta un serio desafío cognitivo.

Sería valioso que en los numerosos estudios de desigualdad de los últimos años se pondere el papel que el desarrollo del sector financiero y la inclusión financiera en las economías emergentes han jugado. Este tipo de investigación nos permitiría iniciar una discusión basada en un modelo más ajustado a lo que originalmente se consideraba como neoliberalismo, el neoliberalismo alemán. Después de todo, como el sitio Gapminder nos recuerda con sus herramientas visuales, México ha pasado de tener alrededor de 78.2% de su población bajo pobreza extrema en 1800 a 1.72% en 2015 con numerosos altibajos en la denominada época neoliberal. Con esta inspección sugerida, tal vez encontraríamos que la respuesta al reto de un mayor dinamismo económico en el país no se arreglará únicamente con una política fiscal progresiva como algunos arguyen. Otra posibilidad es que descubramos que el modelo económico de mayor consumo que perseguimos no es sustentable y, por lo cual, debemos desarrollar un modelo de mayor solidaridad intergeneracional.

 

Samuel Segura Cobos es internacionalista, doctorante y asistente de investigación en el Centro de Finanzas y Desarrollo del Institut de Hautes Études Internationales et du Développement en Ginebra, Suiza.


1 Esteva, G., “Development,” in Sachs, W., Ed., The Development Dictionary: A Guide to Knowledge as Power, London: Zed Books Ltd, 1992, p. 6-25; Alvares, C., Science, Development and Violence: The Revolt against Modernity, Delhi: Oxford University Press, 1992; Norgaard, R. B., Development Betrayed: The End of Progress and a Co-Evolutionary Revision of the Future, London: Routledge, 1994.

2 Mehmet, O., Westernising the Third World: The Eurocentricity of Economic Development Theories, London: Routledge, 1995.

3 Algunos otros eventos de igual relevancia fueron la crisis financiera asiática de 1997, la rusa en 1998, la brasileña en 1999, la argentina y turca en 2001 y la uruguaya en 2002.  Una lista de países afectados por crisis financieras en la era de alta movilidad de capital (1980-2007) aparece en el “Appendix A.3: Dates of Banking Crises,” en Reinhardt, C. M. & K. S. Rogoff, This Time is Different: Eight Centuries of Financial Follies, Princeton, NJ: Princeton University Press, 2009, pp. 344-347.

4 Harvey, D., A Brief History of Neoliberalism, Oxford: Oxford University Press, 2005, pp. 1-4.

5 Ong, A., Neoliberalism as Exception: Mutations in Citizenship and Sovereignty, London: Duke University Press, 2006, pp. 1-29.

6 Milanovic, B., Worlds Apart: Measuring International and Global Inequality, Princeton, NJ: Princeton University Press, 2005; Piketty, T., Capital in the Twenty First Century, London: Belknap Press for Harvard University Press, 2013; Green, D. & S. Branford, Faces of Latin America, 4th Edn., New York: Monthly Review Press, 2013; Otero, G., Ed., Mexico in Transition: Neoliberal Globalism, the State and Civil Society, London: Zed Books, 2013; Seery, E. & Caistor Arenda, A., Iguales: Acabemos con la Desigualdad Extrema, Es Hora de Cambiar las Reglas, Oxfam Internacional, 2014; Esquivel Hernández, G., Desigualdad Extrema en México: Concentración del poder económico y político 2014; Piketty, T., The Economics of Inequality, Cambridge, MA: Harvard University Press, 2015

7 Megay, E. N., “Anti-pluralist Liberalism: The German Neoliberals,” Political Science Quarterly, Vol. 85(3), (Sep. 1970), pp. 422-442.

8 Megay, E. N., “Anti-pluralist Liberalism: The German Neoliberals,” Political Science Quarterly, Vol. 85(3), (Sep. 1970), p. 425.

9 Megay, E. N., “Anti-pluralist Liberalism: The German Neoliberals,” Political Science Quarterly, Vol. 85(3), (Sep. 1970), pp. 425-427.

10 Ídem.

11 Megay, E. N., “Anti-pluralist Liberalism: The German Neoliberals,” Political Science Quarterly, Vol. 85(3), (Sep. 1970), p. 427-428.

12 Megay, E. N., “Anti-pluralist Liberalism: The German Neoliberals,” Political Science Quarterly, Vol. 85(3), (Sep. 1970), p. 428.

13 Oliver Jr., H. M., “German Neoliberalism,” Quarterly Journal of Economics, Vol. 74(1), (Feb. 1960), pp. 117-149.

14 Oliver Jr., H. M., “German Neoliberalism,” Quarterly Journal of Economics, Vol. 74(1), (Feb. 1960), pp. 135-140.

15 Oliver Jr., H. M., “Ordo and coercion: A Logical Critique,” Southern Economic Journal, Vol. 27(2), (Oct. 1960), pp. 81-91.

16 El marco alemán fue producto de la reforma monetaria de 1948. Abelshauser, W., Wirtschaftsgeschichte der Bundesrepublik Deutschland. (1945–1980), Frankfurt am Main : Suhrkamp, 1983; Grube, F. & G. Richter, Das Wirtschaftswunder. Unser Weg in den Wohlstand, Hamburg: Hoffmann und Campe, 1983.

17 Cabe destacar que el economista alemán Rudiger Dornbusch tendría una gran influencia sobre Pedro Aspe Armella. Ver Aspe Armella, P., Dornbusch, R. & M. Obstfeld, Eds., Financial Policies and the World Capital Market: The Problem of Latin American Countries, Chicago: Chicago University Press, 1983. Asimismo, Shucker haría una comparación directa entre los problemas latinoamericanos de los 80 y los problemas alemanes de entreguerras. Ver Schuker, S. A., “American Reparations to Germany, 1919-1933: Implications for the Third World Debt Crisis,” Princeton Studies in International Finance No. 61, Princeton, NJ: Princeton University Press, 1988.



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