Una de las creencias más generalizadas durante los últimos 25 años del siglo XX era que el crecimiento económico era el único requisito necesario para reducir la pobreza en un país.1 No importaba el patrón distributivo que adquiriera ese crecimiento, aun si en un inicio las personas de mayores ingresos eran las únicas en beneficiarse del crecimiento económico, eventualmente éste se derramaría a lo largo de la distribución de ingresos. Esta creencia, conocida como “Trickle down economics”, permeó buena parte de la discusión sobre política económica y desplazó el tema de la desigualdad de ingresos de las preocupaciones públicas. Vale la pena preguntarse, entonces, si es que en el caso mexicano el crecimiento económico ha redundado en una disminución de la pobreza.

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Una primera aproximación al tema es analizar el comportamiento en el tiempo del Producto Interno Bruto (PIB) por habitante y del porcentaje de personas en situación de pobreza extrema. Si, en efecto, el crecimiento económico ha redundado en un menor número de personas en situación de pobreza, debería observarse que, al ser mayor el nivel de PIB per cápita observado en 2014 que el observado en 1994, la proporción de la población en situación de pobreza extrema en 2014 fuera menor a la observada  en 1994. Esto, sin embargo, no es lo que vemos en el gráfico 1.

Gráfico 1: Evolución del PIB per cápita y de la pobreza alimentaria2 (1992-2014)

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Fuente: Elaboración propia con datos de INEGI, BIE (Banco de Información Económica) para PIB per cápita y de CONEVAL para pobreza alimentaria.

Como se puede apreciar en el gráfico, si bien presentó varios altibajos en el periodo, el PIB por habitante creció cerca de 30% en términos acumulados entre 1994 y 2014. En cambio, la proporción de la población que en 2014 se encontraba en situación de pobreza alimentaria3 es muy similar a la proporción de la población que se encontraba en dicha situación en 1994. Esto sugiere que el crecimiento experimentado por la economía mexicana en los últimos 20 años no ha alcanzado a los mexicanos más pobres, lo cual también se observa al analizar el comportamiento del ingreso de cada uno de los deciles de la distribución del ingreso (sobre este punto, ver aquí).

Es posible que este comportamiento observado a nivel nacional se deba a que hay estados que no crecieron y en los que no se redujo la pobreza, mientras que hay otros estados que crecieron aceleradamente y redujeron la pobreza. Observando la correlación entre la tasa de crecimiento promedio anual y las variaciones en la pobreza (ya sea alimentaria o de patrimonio) en el periodo de 2000 a 2014, es posible notar que no es así, que no hay una relación sistemática y estadísticamente significativa entre mayor crecimiento y mayores reducciones en la pobreza.

Gráfico 2: Relación entre crecimiento y variaciones en la pobreza4

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Fuente: Elaboración propia con datos del ingreso de BIE e INEGI y de pobreza de patrimonio y pobreza alimentaria de CONEVAL.

Ahora, el que no se observe una relación sistemática entre el crecimiento de la economía y las variaciones de la pobreza en cada uno de los estados en la gráfica anterior puede deberse en buena medida a que el promedio del periodo no captura adecuadamente las fluctuaciones en el mismo. Para solucionar este problema, en la gráfica 3 se presenta la relación de las fluctuaciones para cada año-trimestre entre el Indicador Trimestral de Actividad Económica Estatal (ITAEE) y las variaciones en el Índice de Tendencia Laboral de la Pobreza. El ITAEE funcionaría como un indicador aproximado del comportamiento trimestral del PIB mientras que el ITLP, si bien no es como tal un indicador de la pobreza en México, al representar el porcentaje de personas que viven en hogares cuyo ingreso laboral per cápita es inferior al valor de la canasta alimentaria, funciona como un indicador proxy de las mediciones de pobreza.

Gráfico 3: Relación entre variaciones en la actividad económica (ITAEE) y variaciones en la pobreza (2005:01-2014:04)5

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Fuente: Elaboración propia con datos de la ENOE (ITLP con imputación) y Banco de Información Económica (ITAEE).

Cada uno de los puntos representa la variación del ITLP (eje vertical) y la variación del ITAEE (eje horizontal) en un trimestre para una entidad federativa dada. En el periodo analizado (de 2005 a 2014) ocurrieron tanto periodos de crecimiento como de contracción de las economías estatales. Lo que se observa es que, para el conjunto de todos los estados, en promedio los periodos de contracción de la economía tienen una relación estadísticamente significativa con los incrementos en pobreza (ITLP). A su vez, los periodos de expansión económica tienen, en promedio, una relación estadísticamente significativa con reducciones en el ITLP, si bien ésta es relativamente pequeña y de una magnitud menor a la de la relación entre contracciones económicas e incrementos en la pobreza. Es decir, ante un choque negativo sobre el ingreso, la pobreza se incrementa más de lo que se reduce ante un choque positivo sobre el ingreso.

Sin embargo, la gráfica de arriba sólo permite observar la relación promedio para todos los estados, y no nos permite capturar la relación entre variaciones en la actividad económica y variaciones en la pobreza para cada uno de los estados por separado. Para analizar esta relación para cada uno de los estados realizamos un análisis econométrico por separado para cada estado para el periodo de 2005 a 2014.6 En el gráfico 6 se presentan los valores absolutos de los coeficientes7 de la elasticidad de la proporción de la población en situación de pobreza respecto a cambios en el ingreso. En el panel A se muestran los resultados para los episodios de contracciones económicas, mientras que en el panel B los episodios de expansión económica.

Gráfico 4: Respuesta de la pobreza a variaciones en el producto8

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Fuente: Elaboración propia con datos de la ENOE y BIE.

El primer hecho que salta a la vista es que, en la mayoría de los estados (20 estados), el crecimiento económico no tiene una relación estadísticamente significativa con las variaciones en la pobreza. Es decir, el crecimiento no es un factor relacionado con los cambios en la pobreza. Este resultado apunta a que, en la mayoría de los casos, el crecimiento económico de la economía no repercute en una magnitud significativa sobre el ingreso de los pobres. De forma paralela, en 10 estados en donde el crecimiento no se relaciona con variaciones en el número de pobres, las contracciones económicas están relacionadas con el incremento de la proporción de pobres. Es decir, en la mayor parte de los estados del país, el crecimiento no está relacionado con una reducción en la pobreza, pero las contracciones económicas sí están relacionadas con un incremento en pobreza.

En el caso de los estados del sureste del país, los cuales sistemáticamente han sido los más pobres de México, es posible observar que el crecimiento de sus economías no tiene una relación estadísticamente significativa con las variaciones en el número de pobres. En el caso de las contracciones económicas, éstas sólo están relacionadas con incrementos en el porcentaje de la población en situación de pobreza en el caso de Guerrero.

¿Qué es lo que explica este patrón? La evidencia apunta a que la explicación se encuentra en el mercado laboral. Como documentamos de forma más extensa aquí y acá lo que se observa es que la creación de empleos formales relacionada con episodios de crecimiento económico no está relacionada con el efecto que el crecimiento económico tiene sobre la pobreza. En cambio, la destrucción de plazas laborales relacionada a una contracción económica, sí está relacionada con un incremento en la pobreza. Esto implicaría que en los episodios de bonanza económica, las personas no tienen acceso a posiciones laborales de calidad, mientras que ante una contracción económica, quienes pierden su trabajo sufren un choque no sólo sobre sus ingresos, también sobre sus prestaciones laborales, lo que puede llevarles a caer en la pobreza.

Vale la pena señalar que no estamos diciendo que el crecimiento económico, en sí mismo, no es un elemento que pueda ayudar a reducir la pobreza. Más bien, señalamos que el patrón de crecimiento que han seguido la mayoría de los estados no ha sido uno que lleve a ese resultado. Para hacer que el crecimiento económico sea más incluyente, consideramos que la evidencia provista apunta a tres posibles cambios en la política pública.

Primero, los resultados de los estados del sureste del país apuntan a que el déficit de infraestructura en la región ha llevado a que sólo una pequeña parte de la población participe en los beneficios de las actividades económicas de mercado. Dada la evidencia que existe sobre los efectos positivos de la inversión pública en infraestructura económica, es urgente subsanar el déficit de infraestructura pública económica y social en la región, lo cual redundaría en un mayor número de participantes en las actividades económicas y posiblemente en un menor número de pobres. Si bien éste es el tipo de proyectos que se piensan realizar en las Zonas Económicas Especiales, la cobertura de éstas es muy reducida como para lograr resolver el problema. La escala de inversión pública, en términos de cobertura geográfica, debe ser significativamente mayor.

Segundo, la asimetría observada en términos de los efectos de las contracciones y de las expansiones económicas sobre la pobreza, apuntan a que una política macroeconómica contracíclica, al reducir la magnitud de los choques negativos, llevaría a un menor efecto de las contracciones económicas sobre la pobreza. Por último, y tercero, la evidencia sugiere que hay una relación entre la destrucción de empleos durante las contracciones económicas y los incrementos en la pobreza, lo que habla de la necesidad de la construcción de un sistema de seguridad social universal que no dependa del estatus laboral de las personas. De igual forma, un seguro de desempleo podría suavizar la caída en los ingresos en periodos de contracción económica y mitigar el crecimiento en pobreza.

No basta con crecer económicamente para reducir la pobreza. Un país que tenga crecimiento económico equitativo e incluyente permite a los más pobres mejorar sus ingresos a la par que la actividad económica se expande. Hoy en día, la evidencia empírica no es consistente con ese tipo de crecimiento económico en México. Sin embargo, ello no quiere decir que no sea posible transformar la economía para lograr un crecimiento y desarrollo verdaderamente incluyentes. 

Raymundo Miguel Campos-Vázquez es Profesor Investigador del Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México.

Luis Ángel Monroy-Gómez-Franco es egresado de la maestría en economía de El Colegio de México.


1 Este artículo es una versión modificada y abreviada del siguiente artículo académico: Campos-Vázquez, R. y L. Monroy-Gómez-Franco (2016) “¿El crecimiento económico reduce la pobreza en México?” Revista de Economía Mexicana, Anuario UNAM, vol.1, no.1, pp. 140-185. Disponible aquí.
2 Nota: El PIB per cápita se encuentra en miles de pesos reales de junio de 2014. El porcentaje de personas en pobreza alimentaria corresponde al número de personas cuyos ingresos no les permiten adquirir la canasta básica alimentaria.
3 La pobreza alimentaria se define como la incapacidad de adquirir la canasta básica alimentaria aun cuando empleara para ello todo el ingreso disponible del hogar.
4 Nota: El indicador de pobreza en el panel A corresponde a pobreza de patrimonio y en el panel B a pobreza alimentaria. Para los datos de 2014 se tomó a la población con un ingreso inferior a la línea de bienestar como población en pobreza de patrimonio. De igual forma, la población con un ingreso menor a la línea de bienestar mínimo se consideró como población en pobreza alimentaria. La variación en la pobreza se define como la diferencia entre el porcentaje de pobres en 2014 respecto a 2000. El crecimiento promedio del PIB per cápita se refiere a la tasa de crecimiento promedio anual del periodo seleccionado. En color verde se presenta la línea de ajuste con un polinomio fraccional y en negro la curva de ajuste de una regresión lineal. Ambas están ponderadas por la población del año inicial del periodo. Se excluye de la gráfica a Campeche.
5 Nota: La recta de regresión uno corresponde a la regresión considerando sólo los datos de crecimiento negativo o cero, mientras que la recta de regresión dos considera los episodios con crecimiento positivo. El ITLP fue estimado ajustando la ENOE para los ingresos faltantes por un proceso de imputación hot deck. La variación en el ITLP se define como la diferencia entre el valor del indicador en un trimestre dado respecto al valor del indicador en el mismo trimestre pero del año anterior. En negro se presentan la curva de ajuste de una regresión lineal. Ambas están ponderadas por la población en el año inicial.
6 Para más detalles sobre nuestra estrategia econométrica, se sugiere revisar aquí.
7 Salvo en el caso de Chiapas para las contracciones económicas, en el resto los valores puntuales fueron negativos, tal y como se esperaba. Un coeficiente negativo y significativo en el caso de los periodos de expansión económica implica que el crecimiento económico está relacionado con reducciones en la pobreza. En el caso de los periodos de contracción económica, un coeficiente negativo y significativo implica que las contracciones económicas están relacionadas con un incremento en la proporción de personas en pobreza.
8 Nota: Se grafican los coeficientes β1 (panel B) y β2 (panel A) de la regresión 2 de aquí. Mientras más oscuro, mayor es la elasticidad. A las elasticidades no estadísticamente significativas se les asigno valor cero. Se excluye de la gráfica a Campeche.