La reciente ratificación del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) y el actual proceso de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ponen de nueva cuenta sobre la mesa de discusión los problemas derivados de la interacción económica entre países soberanos. Uno de estos problemas, por ejemplo, es la pérdida de empleos debido a la migración de empresas hacia otros países productores. Es claro que el comercio no genera ventajas en todos los rubros y para todos, pero también es claro que genera algunas ganancias. La pregunta por contestar es, de tal modo, ¿por qué a pesar de las ventajas que ofrece comerciar con el exterior, México no ha logrado incrementar sus tasas de crecimiento en los últimos treinta años? La respuesta es tan sencilla como cruel: México no tiene una estrategia económica de apertura comercial enfocada al crecimiento. ¿Por qué tras la firma de varios tratados de libre comercio nuestro país no ha experimentado un impulso productivo que vigorice al conjunto de la economía?

Ilustración: Víctor Solís

Tratando de explicar el limitado desempeño de México es imprescindible señalar que la firma de tratados comerciales (el TLCAN hace 24 años y el CPTPP hoy en día) ha sido y es una solución parcial para incentivar el crecimiento. Se asumió que el libre comercio sería la solución mágica que resolvería todos los problemas, pero la verdad es que no es así, el comercio entre naciones no sustituye a las políticas públicas y al funcionamiento adecuado de las instituciones. En ese mismo sentido, la política económica en México no se ha centrado, particularmente, en el desarrollo de un sector manufacturero amplio y profundo.

De acuerdo con Dussel Peters (2017) México no ha logrado generar que el comercio con el exterior vigorice al conjunto de la economía porque sólo un reducido grupo de hogares, empresas y regiones son las verdaderamente vinculadas a los procesos de importación temporal para la exportación (con relativos altos índices de productividad y eficiencia general) a diferencia del resto del aparato productivo nacional que se caracteriza por procesos productivos de bajo Valor Agregado (VA) y nivel tecnológico con pocos vínculos con el resto de la estructura productiva establecida en México.1

Por otro lado, a pesar del aumento de Inversión Extranjera Directa (IED), la formación bruta de capital se quedó rezagada, lo que no significa otra cosa más que la modernización y ampliación de la planta productiva y de la maquinaria y equipo, que tanto se necesitaba, simplemente no se llevó a cabo, lo cual mermó el potencial de exportación y limitó el alcance de la transformación y modernización de la estructura productiva nacional.

Esta dualidad del aparato productivo mexicano (poca capacidad de arrastre de las actividades exportadoras sobre el conjunto de la economía y la poca e insuficiente formación bruta de capital) son puntos clave para entender por qué México no ha conseguido y, si se sigue con la misma línea de acción, seguirá sin obtener las ventajas que ofrece el comercio internacional, pues sin importar cuántos acuerdos se firmen y sin importar a cuántos mercados se pueda acceder, no se cuenta con un plan estratégico que vincule la producción nacional (a través de una política de industrialización basada en un núcleo tecnológico) con esos circuitos de comercio a nivel mundial.

A diferencia de Corea, Japón, Taiwán y otros países, en México en los últimos cuarenta años no ha habido ninguna política o esfuerzo serio para desarrollar las industrias y empresas que produzcan componentes sofisticados y partes de tecnología avanzada. Por ello, para que México pueda aspirar a tener mayores tasas de crecimiento, necesita ver más allá del TLCAN y del CPTPP (o de cualquier otro tratado comercial). Para poder responder a las tasas de crecimiento que el país necesita se requiere de un amplio conjunto de políticas públicas articuladas y diversificadas que generen encadenamientos productivos interregionales.

Ya que se ha apostado por una estrategia de crecimiento impulsado por las exportaciones, es vital que se creen estrategias que incentive a las industrias nacionales a ser competitivas a nivel internacional. Pero dicha competitividad debe dejar de estar basada en bajos salarios y debe girar hacia la competitividad fundada en la investigación y el desarrollo tecnológico. Dicho de otro modo, y retomando lo que Moreno-Brid & Blecker (2018) ya han apuntado, una vez que se ha decidido desde la esfera gubernamental el continuar con la globalización y la apertura, el Estado mexicano también debería decidirse por una participación que posibilite y potencie una política de desarrollo productivo que tenga como objetivos el fomentar la innovación y la generación de Valor Agregado Nacional (VAN) así como encadenamientos productivos locales.

Nuestro país se ha negado la posibilidad de ocupar la política comercial como un catalizador de la política industrial. Justamente ha sucedido lo contrario; se ha subordinado la insuficiente y desconectada industria a la sola apertura y por consiguiente a la incierta dinámica internacional. Desde esta perspectiva, la firma de nuevos tratados comerciales sólo se comprende como un proceso continuo y lineal de apertura y liberalización del comercio que México inició con el ingreso a la Organización Mundial del Comercio y se ha venido consolidando con la consecuente firma de múltiples tratados de libre comercio,2 pero que no ha generado enlaces productivos que puedan arrastrar al conjunto de la economía hacia una senda de crecimiento progresiva y sostenida en el tiempo.

La firma de tratados comerciales ha aumentado las tasas de exportación, pero paradójicamente la tasa de crecimiento del conjunto de la economía se mantiene estancada. México carece de una estrategia integral que permita que la economía nacional crezca con base en el mercado internacional. Es innegable que la reorientación de la producción hacia el mercado externo ha fracasado en insertar a la economía mexicana en una senda robusta de desarrollo. Con esto no se quiere decir que se debe soslayar el potencial que significa el mercado mundial, más bien, se pretende insistir en la necesidad de una discusión y en la consecuente creación de una política de industrialización integral que permita extraer los innegables beneficios del comercio internacional y que también permita fortalecer el mercado interno al tiempo que se mejoran las tasas de crecimiento de la economía.

 

Daniela Vianey García Pureco
Maestra en Economía por la UNAM.

Bibliografía

De María y Campos, M. (2016). El TPP: Orígenes, objetivos, implicaciones y recomendaciones para México. Ciudad de México: Instituto Belisario Domínguez.

Dussel Peters, E. (2017). Efectos del TPP en la economía de México: impacto general en las cadenas de valor de autopartes-automotriz , hilo-textil-confección y calzado. Ciudad de México: Instituto Belisario Domínguez.

Krugman, P., & Obstfeld, M. (2006). Economía internacional. Teoría y política (Séptima ed.). (Y. Moreno, Trad.) Madrid, España: Pearson Educación.

Moreno-Brid, J. C., Blecker, R., Salat, I., & Sanchez, J. (2018). “Modernización del TLCAN y sus implicaciones para el desarrollo de la economía mexicana”. Revista de Economía Mexicana (3), 249-298.

Ponce Sernicharo, G. (2018). “Algunos factores del crecimiento económico del país: retos y oportunidades”. Mirada Legislativa (145), 1-18.

Prestowitz, C. (2014). “Los aciertos y desaciertos del TLCAN: posibles soluciones”. En A. Oropeza, TLCAN 20 años : ¿celebración, desencanto o replanteamiento? (págs. 67-80). Ciudad de México: Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

Secretaría de Economía. (18 de mayo de 2018). Obtenido de https://goo.gl/xJWzuu

Secretaría de Economía. (18 de mayo de 2018). Obtenido de https://goo.gl/fqyxeb


1 Buena parte de la paradoja que ha vivido la economía desde cuando menos 1994, marcada por un lento crecimiento del PIB en el contexto de un auge de las exportaciones se explica porque, si bien el valor bruto de las exportaciones aumentó enormemente, el valor agregado exportado se elevó de una manera mucho más pausada dada la mayor dependencia del sector exportador de la incorporación de bienes intermedios importados (Moreno-Brid, Blecker, Salat, & Sanchez, 2018).

2 México cuenta con una red de 12 Tratados de Libre Comercio con 46 países (TLCs), 32 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones (APPRIs) con 33 países y 9 acuerdos de alcance limitado (Acuerdos de Complementación Económica y Acuerdos de Alcance Parcial) en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). Además, México participa activamente en organismos y foros multilaterales y regionales como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Mecanismo de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y la ALADI (Secretaría de Economía, 2018).



PUBLICIDAD