Una “visión romántica” de la informalidad es aquella que la concibe como la parte de la economía donde las actividades económicas se llevan a cabo de la forma más “pura y eficiente” por lo que, de no ser por las regulaciones gubernamentales en materia fiscal, sería un poderoso detonante del crecimiento económico.1 Éste es uno de los argumentos más debatibles al hablar de informalidad, sobre todo en economías en vías de desarrollo; sin embargo, en una economía como la que tiene México no existe evidencia de dicha visión romántica.

Ilustración: Víctor Solís

De acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo para el tercer trimestre de 2017 (ENOE 2017.III), 57.3% de la Población Ocupada se encontraba trabajando en el sector informal; es decir, más de la mitad de los trabajadores activos se encontraba en condiciones de vulnerabilidad laboral por la naturaleza de la unidad económica para la que trabaja. Esta vulnerabilidad se caracteriza por vínculos laborales no reconocidos por la fuente de trabajo, micronegocios no registrados, ocupados por cuenta propia, y/o trabajadores que laboran sin la protección de la seguridad social (INEGI, 2017).

La tasa de informalidad en México no sólo es mayor al promedio del continente americano (40%) y al de América Latina y el Caribe (55.5%) sino que duplica (y más) a la tasa de informalidad de la región de Europa y Asia Central (25%) (OIT, 2018).

Más que un romántico detonante económico, las altas tasas de informalidad representan un problema mayúsculo, pues no sólo tienen implicaciones negativas en la recaudación fiscal, sino que también tienen efectos negativos en cuanto al desarrollo profesional y personal de los trabajadores, además de eventuales limitantes al desarrollo económico regional y nacional.

En contraste con la visión romántica propuesta por La Porta y Shleifer (2008), existen premisas que señalan que el sector informal no es sólo un síntoma del subdesarrollo sino una consecuencia de éste (Leal, 2014). Entre las múltiples teorías de expertos y especialistas en el tema que sustentan la magnitud del problema que representa la informalidad se encuentra la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (2009) que señala que “las actividades del sector informal se expanden en el preciso momento en que la economía se contrae”; Freije (2002) sostiene, por ejemplo, que “los países de América Latina y el Caribe deben concentrarse en regular las actividades informales, dado el impacto en la economía de la falta de protección social y del estancamiento de la productividad”; Brambila (2010) refiere, igualmente, que ”la economía informal (en México) como porcentaje del PIB se incrementó a principios de 1970 hasta 40% y se estabilizó durante 1990 y 2000 en 30%”; Funkhouser (1996) señala, por su parte, que “el tamaño del sector informal es inversamente proporcional al nivel de desarrollo y afecta principalmente a los más viejos, a los menos educados y a las mujeres”.

Dados los argumentos anteriores, vale la pena profundizar en un análisis sobre los determinantes que llevan a los trabajadores a insertarse en el mercado laboral informal. Una vez identificados dichos determinantes, desde el enfoque del trabajador, será posible diseñar estrategias que ataquen de una manera focalizada y específica a aquellos factores que dan lugar a las dinámicas del mercado laboral en México.

Al analizar el perfil de los trabajadores informales en la ENOE 2017.III es posible identificar algunos factores determinantes en dos sentidos: el primero es desde el contexto socioeconómico de los trabajadores (sexo, edad, estado civil y características del ingreso) y el segundo es desde sus antecedentes académicos y laborales (nivel de instrucción, ingresos, y características de historial laboral). Las principales conclusiones del análisis de los determinantes se explican a continuación.

• Las mujeres son más propensas a trabajar en el sector informal que los hombres.
Las mujeres siguen siendo quienes, tradicionalmente, se encargan del cuidado de las tareas y cuidados del hogar y, en particular, del cuidado de los hijos, por lo que la flexibilidad de horarios que ofrecen los empleos informales resulta una ventaja para ellas. Adicionalmente, la participación femenina en el mercado laboral se ha incrementado considerablemente en los últimos años, mientras que la creación de empleos formales no lo ha hecho en la misma proporción.

• Los jóvenes son más propensos a trabajar en el sector informal que los adultos.
El promedio de edad del mercado laboral es de 37 años (tanto en el informal como en el formal); no obstante, dentro del universo de jóvenes de 15 a 24 años que declaran trabajar, 6.5 de cada 10 lo hace en el sector informal. Lo anterior radica en que para los jóvenes resulta más fácil (e incluso atractivo) conseguir trabajos donde los requisitos de experiencia laboral son más laxos, dada la preferencia inter-temporal de consumo donde resulta de mayor utilidad tener liquidez que prestaciones de ley.

• Vivir en pareja incrementa la probabilidad de buscar un trabajo en el sector informal.
Alrededor de 70% de los trabajadores que tiene pareja están en el sector informal, pues, en términos generales, la vida conyugal implica la solvencia de mayores gastos que aquellos que genera una persona soltera, por lo que financiar los gastos que trae consigo la formalidad resulta más costoso.

• En hogares con un ingreso único, la probabilidad de tener un trabajo informal es mayor.
Lo anterior se explica nuevamente por las preferencias inter-temporales de consumo, donde la responsabilidad que tiene el jefe del hogar de solventar los gastos un solo ingreso resulta prioritario ante el acceso a seguridad social, prestaciones como aguinaldo y vacaciones e, incluso, el hecho de que el ingreso mensual de los trabajadores formales es, en promedio, 1.5 veces el de los trabajadores informales.

• A menores niveles de instrucción, mayor es la probabilidad de tener un trabajo informal.
Los individuos con mayores niveles de instrucción (educación superior) son 1.62 veces más propensos a buscar un trabajo formal ya que los retornos a la educación son mayores que en el sector informal, mientras que en este último resultan mayores los retornos a la experiencia.

• La frecuencia de pago puede influir en la probabilidad de tener un empleo informal.
Mientras que en el sector formal los pagos son quincenales, mensuales o incluso en función de la temporalidad de los contratos laborales –además del pago de impuestos– en la informalidad la velocidad del dinero es mucho mayor, pues los pagos son semanales o diarios, y no implican registros fiscales, lo que puede resultar de mayor utilidad para los trabajadores.

• Haber estado desempleado incrementa la probabilidad de tener un empleo informal.
Los trabajadores que han experimentado el desempleo son más propensos a buscar un trabajo informal. Esto se puede explicar dada la falta de recursos económicos que genera el desempleo y, por tanto, la falta de recursos para financiar el costo de insertarse al sector formal.

• El sector económico influye en la probabilidad de tener un empleo informal.
Las estadísticas indican que los trabajadores informales en el sector primario (p.ej. agricultura, ganadería, pesca) representan poco más de 90%, en el sector secundario (p.ej. industria manufacturera) representan 47.4%, y en el sector terciario (p.ej. servicios) representan 32%.  

En resumen, es posible concluir que la informalidad es un problema grave –y no precisamente romántico– que afecta el desarrollo personal, profesional, social y económico, sobre todo considerando que, en México, este sector representa cerca del 60% de los trabajadores activos. La información socioeconómica y los antecedentes académicos y laborales de los trabajadores permiten determinar que los hombres, los adultos, los solteros y los más educados son más propensos a trabajar en el sector formal, mientras que las mujeres, los jóvenes, los menos educados y quienes viven en pareja, encuentran mayores facilidades (y utilidades de corto plazo) en el sector informal.

Por lo anterior, el próximo inicio de una nueva administración parece el momento idóneo para replantearse el diseño de políticas públicas que ataquen el problema de la informalidad, focalizando líneas de acción en los principales determinantes y características de los trabajadores de dicho sector, que vayan más allá de una política fiscal y/o laboral que busquen mayores niveles de recaudación, así como un mayor desarrollo profesional y personal de la fuerza laboral en México.

 

Ariadna Díaz
Economista por la Universidad Nacional Autónoma de México y por The University of York.

Referencias

• Brambila, J. (2010), “Modelling the informal economy in Mexico. A structural Equation Approach”, The Journal of Developing Areas, Vol. 44, No. 1, pp. 345-365.
• Freije, S. (2002), “El Empleo Informal en América Latina y el Caribe: Causas, consecuencias y recomendaciones de política”, Working Paper, Inter-American Development Bank.
• Funkhouser E. (1996), “The Urban Informal Sector in Central America: Household Survey Evidence”, in World Development, Elsevier Science, Vol. 24, No. 11, PP. 1737-1752.
• Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2017), Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2017.III.
• La Porta y Shleifer (2008) “The Unofficial Economy and Economic Development”, NBER Working Paper No. 14520.
• Leal, J. (2014), “The informal sector in contemporary models of the aggregate economy”, NBER Working Paper No. 201424.
• Organización Internacional delTrabajo (2018), “Women and men in the informal economy: A statistical picture”.


1 La Porta y Shleifer (2008).



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