Con la finalidad de identificar qué estados de la república han visto mejoras en la percepción de los ingresos de su población, los siguientes párrafos describen de manera muy puntual la evolución de los salarios considerando los datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de los últimos 21 años. Posteriormente, para formar un juicio objetivo sobre su magnitud, se ponderan bajo la óptica del comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB) también a nivel estatal.

De 1997 a 2018, los salarios reales (aquellos que se expresan quitando el efecto de la inflación) han crecido en el país únicamente en 1.3% por año: pasaron de 267 a 354 pesos de 2018 por día (o de $8,000 a $10,600 mensuales en promedio). A nivel estatal, el comportamiento no ha sido uniforme y hay estados que han crecido por encima o por debajo de esta referencia. Así, por ejemplo, los estados que más han visto mejoradas las condiciones económicas de su población han sido Zacatecas y Campeche mientras que los trabajadores de la Ciudad de México y el Estado de México han visto estancados sus ingresos.

Con 448 pesos por día (alrededor de 13,500 pesos por mes), la Ciudad de México tiene los sueldos más altos y la planta laboral más alta a nivel nacional (3.4 millones de empleados registrados). Sin embargo, también cuenta con el menor crecimiento salarial de los últimos 21 años: 0.7% en promedio anual. Bajo esta misma óptica, el Estado de México tiene el segundo peor desempeño con un crecimiento promedio de 0.8% anual, aunque, a diferencia del primer caso, no se ubica entre las entidades con los salarios más altos del país. En realidad, ocupa la décima posición con $10,300 mensuales en promedio.

Antes de poner en perspectiva estos datos vale la pena reflexionar brevemente sobre lo que significa en términos prácticos el Producto Interno Bruto para la población en general: el PIB es el valor monetario de todos los bienes y servicios producidos por ésta y el valor de esa producción representa su ingreso total. Este ingreso se distribuye entre los agentes que formaron parte de la producción mediante salarios (a trabajadores), el pago al capital (préstamos e intereses) y el beneficio de los empresarios. Para hablar de justicia social, al menos en el sentido más laxo de la palabra, se esperaría que el excedente del PIB (ingreso) tuviera que distribuirse equitativamente entre los agentes que participaron en su obtención. Lo anterior no sucede en México y los salarios están creciendo en menor proporción que el ingreso total generado por el conjunto de la sociedad.

Ilustración: Víctor Solís

Para demostrar la afirmación anterior se presenta a continuación un cuadro con los valores de salarios y PIB. Las dos primeras partes muestran el número de trabajadores y la evolución del salario real en los últimos 21 años, como el mostrado en las gráficas previas. La tercera parte del cuadro se enfoca sólo en el periodo 2003 a 2016, etapa para la cual el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) reporta datos del PIB desagregado a nivel estatal, y compara ambas variables.

En este último apartado del cuadro se observa que sólo tres entidades han tenido un crecimiento salarial por encima del PIB que generan (Zacatecas, Campeche y Chiapas). En el resto de las entidades se podría hablar de una distribución inequitativa del ingreso. Entre estos estados, los más desiguales son Quintana Roo (4.7% de PIB contra 0.3% de salario), Baja California Sur (4.4% contra 0.4%), Aguascalientes (4.6% contra 0.5%) y Querétaro (4.7% de PIB contra 0.8% de salario). Para este mismo periodo (2003-2016), en la Ciudad de México y en el Estado de México el salario real ha crecido en apenas 0.2%.

En un estudio más detallado se podría definir con precisión la participación porcentual de cada actividad económica en el total estatal y saber así qué sectores detentan el crecimiento económico. Aunque, grosso modo, es sabida la importancia de los sectores turístico en Quintana Roo y Baja California Sur, automotriz en Aguascalientes y aeronáutico en Querétaro. Todas estas actividades viven una franca expansión, aunque lamentablemente no suceda así con los salarios de los trabajadores que participan en ellas.

Totalizado a nivel nacional, el crecimiento en el salario de los trabajadores es de apenas la tercera parte de lo que podría ser (2.5% de crecimiento en el PIB contra 0.7% del salario). Las usuales prácticas de incrementar el salario sólo en la magnitud en la que lo hace la inflación ha estancado el ingreso de los trabajadores. En realidad, no se puede hablar de un aumento sino de simplemente una compensación para mantener un mermado, de por sí, poder adquisitivo. Para hablar de una compensación justa a los trabajadores habría que incrementar en la proporción en lo que haya hecho la inflación más la proporción en la que lo haya hecho el PIB. Ahora, si lo que se pretende es reducir la desigualdad, entonces el incremento tendría que ser superior.

 

René Suárez Urrutia
Doctor en Economía por la UNAM.



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