Oh, I get hysterical, hysteria, oh, can you feel it, do you believe it?
It’s such a magical mysteria
When you get that feeling better start believing
Because it’s a miracle, oh, say you will, ooh babe
Hysteria when you’re near
Def Leppard, “Hysteria”

Eran tres. Dos en una motocicleta y uno a pie. Tres varones delgados de no más de dieciséis. Vi primero a los dos muchachitos de la moto, reían y señalaban con el mentón algo fuera de mi campo visual. Al seguir la trayectoria de sus miradas me encontré con el tercero, que encañonaba al conductor de una camioneta a escasos metros de mí. La virgen de Guadalupe que vive en la esquina con la encomienda de vigilar la zona (no con mucho éxito, como puede apreciarse), nos miraba con indulgencia.

Los hechos ocurrieron hace unos días en la colonia América, Ciudad de México. Me alejé a toda pastilla con el corazón en la garganta; fue un asalto rutinario, no sé por qué me sorprendí. Los habitantes de la zona saben quiénes son, dónde viven, a qué hora y en qué calles operan. Jamás olvidaré sus caritas risueñas, ¿quiénes son los papás de estos chamacos?, ¿a qué jugaban cuando eran niños?, ¿cómo terminaron jugando a los atracos? Me pregunté sin hallar respuestas.

Al término de aquella semana, me fui a bailar a Chalma. Fue una actividad organizada por la especialidad en Diseño del mañana, programa del Centro de diseño, cine y televisión en el que formamos a profesionales interesados en desarrollar el pensamiento anticipatorio como destreza ante el cambio. Visitamos Malinalco, Chalma y Ocuilan en compañía de Jake Dunagan, futurólogo y mentor del posgrado.

Ilustración: Patricio Betteo

La visita tenía el propósito de identificar y sistematizar semillas de cambio, es decir, pulsos del presente para imaginar escenarios alternativos, en este caso en torno al pensamiento mágico, la magia y la religión. Recordemos que el pensamiento mágico refiere a “la tendencia a atribuir intenciones y voluntad a fenómenos inanimados, a explicar fenómenos naturales por medio de causas y fines sobrenaturales, y a creer en poderes sobrenaturales y entes invisibles que actúan sobre el mundo físico” (Moral, 2010).

En ese tenor visitamos la zona arqueológica y el convento agustino de Malinalco, el santuario del Señor de Chalma, el convento de San Miguel Arcángel y el ahuehuetl con más de 200 años de antigüedad que habita en Ocuilan de Arteaga.

Al término de la exploración, los participantes realizaron un taller bajo la conducción de Dunagan en el cual problematizaron lo observado preguntándose acerca de las causas, los discursos, las cosmovisiones, los mitos, las historias y las metáforas imbricadas en esta compleja red de señales, para posteriormente sintetizar escenarios de futuros posibles, probables o preferibles.

Al respecto del pensamiento mágico, Claude Levi Strauss (1962: 26s) se cuestiona:

(…) ¿no será que el pensamiento mágico, esa “gigantesca variación sobre el tema del principio de causalidad”, decían Hubert y Mauss, se distingue menos de la ciencia por la ignorancia o el desdén del determinismo, que por una exigencia de determinismo más imperiosa y más intransigente, y que la ciencia puede, a todo lo más, considerar irrazonable y precipitada?

Entiendo su punto. No podemos negar el lugar protagónico de la irracionalidad como parte de la experiencia humana. Nuestras creencias mágicas, religiosas y supersticiosas pueden llegar a anticiparse a la ciencia y contribuyen a nuestra tozuda supervivencia, por lo que resulta muy posible que sigan acompañándonos en las próximas décadas. Pero ¿qué movilizará nuestra experiencia religiosa de los próximos años?, ¿hacia dónde?, ¿qué nuevas expectativas depositaremos en las imágenes sagradas para lidiar con la incertidumbre?, ¿qué nuevas causas sobrenaturales atribuiremos a los hechos naturales? Son algunas de las preguntas que nos planteamos durante el viaje.

En ésas andábamos cuando llegamos a Chalma, donde el santuario me caló hondo. Encontré sorprendente el entorno depauperado y oloroso, en contraste con el guapo convento agustino de San Miguel Arcángel, con sus jardines plenos de árboles de aguacate y níspero, su cancha de frontón, su museo (que no pudimos ver porque se reserva para el disfrute exclusivo de los siete moradores del convento e invitados de honor), su fuente, su piscina y sus pulcros andadores. No logré descifrar en qué creen quienes lo habitan: en el sacrificio agustiniano seguro no.

Observé a los feligreses en las afueras del convento, afanándose de fila en fila (una para comprar coronas de flores, otra para encender la veladora, otra para agradecer por un milagro; para ser devotos también hay que hacer cola en este país) para quedar a mano con Dios. Los seguí por ahí, con mi halo de flores blancas, como lo indica la tradición cuando el santuario se visita por primera vez. Así llegamos al recinto de los exvotos.

En un rincón justo al lado de una tela vieja donde varias madres han prendido el cordón umbilical de su cuarta o quinta criatura para agradecer al Señor de Chalma el haberles concedido un hijo varón (o tal vez el santuario se está diversificando y ya tienen su propio banco de cordones umbilicales), encontré el exvoto de una mamá muy agradecida con la Virgen porque su hijo de 16 años evitó la prisión tras haber cometido un crimen. ¿Qué agradecerán las madres en el futuro? ¿De qué cárceles se habrá librado su progenie para entonces?

El exvoto me regresó de golpe a la postal de los dos jovencitos muy orondos en su moto, mientras el  tercero consumaba el atraco y la virgen de Guadalupe nos miraba desde su esquina.

Como bien sabemos, las vírgenes a pie de calle no cuentan con la capacitación, los instrumentos y seguramente tampoco los salarios apropiados para ocuparse del cuidado de los ciudadanos. Es posible que su mal desempeño se deba, al menos en parte, a que son estatuas inanimadas y no profesionales de la seguridad pública. Así de desesperados hemos de estar.

La exploración a la que he referido concluyó en Ocuilan, donde seguramente usted sabe que gracias a los buenos oficios de Eruviel Ávila desde hace poco vive otra virgen, en este caso de tamaño monumental, a la cual se le encomendó el cuidado de todo el municipio o quizás de todo el continente. Me pregunto si a esta campeona de bronce sí le darán adiestramiento y un chaleco antibalas de su tamaño (30 metros de alto por 11 de ancho).

En Ocuilan nos purificamos con el agua del manantial y bailamos en la plaza al ritmo de unas cumbias divinas. En plena danza, entendí que los escollos de la policía han intentado rellenarse con las vírgenes de banqueta y que, de acuerdo con nuestro razonamiento, el problema no es la policía ni las vírgenes, sino la escala. La nueva solución resulta tan gigante como nuestro pensamiento mágico.

Para Olga Stavrova y Andrea Meckel, investigadoras del Instituto de Sociología y Psicología Social de la Universidad de Colonia:

El papel de la incertidumbre y el deseo de control en el pensamiento mágico ha sido corroborado por la investigación experimental. Se ha demostrado que la alta incertidumbre con respecto al éxito en el desempeño eleva la confianza de los individuos en el comportamiento supersticioso  y una falta de control inducida experimentalmente aumenta la creencia en la precognición, los agentes sobrenaturales y los comportamientos supersticiosos.

Se ha demostrado que la falta de control afecta el funcionamiento cognitivo en un sentido más amplio, aumentando la percepción del patrón ilusorio  y la búsqueda de las fuentes causales de eventos. El deseo de control puede incluso llevar a las personas a ver un patrón de causa y efecto en una secuencia de causalidad de eventos no relacionados o ver eventos objetivamente no relacionados que son similares en su valor o importancia así como los causalmente relacionados (151).

Todo indica que nos atormenta una incertidumbre tamaño virgen de Ocuilan. En estos meses previos al cambio de gobierno, somos más proclives a los patrones ilusorios, a esperar ayudas mágicas, a actuar con base en precogniciones, tendencia que se exacerba conforme la fecha se aproxima y continuará durante los primeros meses (¿años?) del próximo mandato. Nuestro pensamiento mágico no tendrá el menor empacho en expandirse como un mecanismo compensatorio en caso de que la perplejidad y la desazón continúen, quizás convenga tener esto presente para que no nos gane el impulso irracional. De otro modo agotaremos la paciencia de esa virgen superlativa, que terminará bajándose del pedestal para aplacarnos de una vez por todas.

 

Karla Paniagua
Coordinadora de investigación y directora de la especialidad en Diseño del mañana en Centro de diseño, cine y televisión.



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