Recientemente se ha discutido sobre la influencia que tiene la movilidad social en la forma de votar de las personas. Dos casos a nivel internacional han sido analizados desde esta perspectiva, la votación del Brexit y la elección de Trump como presidente de los Estados Unidos. En el caso del Reino Unido se observa que las regiones con mayores opciones de ascenso social votaron más en contra del Brexit, mientras que, aquéllas con menores opciones votaron más a favor de abandonar la Unión Europea. Sobre el caso norteamericano hay discusiones que apoyan la misma idea, pero otras que manejan el argumento opuesto. ¿Qué se observa para el caso mexicano y la elección presidencial de 2018?

A esta pregunta se puede intentar dar respuesta gracias a la información contenida en las encuestas sobre intención de voto que realizó el Grupo Reforma durante el primer semestre del presente año. En particular, los levantamientos de los meses de febrero y junio incluyeron preguntas sobre las condiciones socioeconómicas actuales y de origen de los entrevistados, por lo que se pueden construir indicadores de movilidad social que permiten observar con qué frecuencia los mexicanos ascendieron, descendieron o mantuvieron la misma posición que ocupaba su hogar de origen en la escalera social.

El grupo de mexicanos que se analiza en esta ocasión se concentra en las personas que presentan nula o baja movilidad social en las partes alta y baja de la escalera social. De esta manera, se cuenta con dos grupos que, dada la realidad socioeconómica mexicana, se enfrentan a condiciones de origen y destino, en términos de oportunidades y logros, significativamente distintos. Además, dado el contexto vivido durante la campaña presidencial, dichos grupos, que son los que representan de manera más tangible la persistencia del statu quo, resultan potencialmente antagónicos en términos de la inclinación final de la balanza a favor de uno u otro candidato a la presidencia de la República.

Ilustración: Kathia Recio

Para el mes de febrero (gráfico 1), la mayor intención de apoyo se concentra a favor de Andrés Manuel López Obrador, con 30 por ciento en la parte baja y 34 en la parte alta. En segundo lugar, con 25 por ciento para ambos grupos, aparece Ricardo Anaya. Después de él, se encuentra José Antonio Meade, con alrededor de 15 por ciento de intención de voto en la parte baja y 11 por ciento entre los de la parte alta.

Para el mes de junio (gráfico 2), la intención de voto se amplía en favor de Andrés Manuel López Obrador, con 44 por ciento en los de la parte baja y 41 entre los de la parte alta. En el caso de Ricardo Anaya, pierde intención de voto entre los dos grupos, colocándose con alrededor de 18 puntos porcentuales entre los de la parte baja y con cerca de 23 puntos entre los de la parte alta. En lo que se refiere a José Antonio Meade, entre los de la parte baja muestra un avance de cinco puntos porcentuales que lo colocan en un total de 20 por ciento, mientras que, entre los de la parte alta, se queda con la misma intención observada en febrero.

El primer hecho a resaltar es que, mientras que al inicio la suma de intención de voto de los candidatos Anaya y Meade superaba la de López Obrador en 10 puntos porcentuales en el grupo de la parte baja de la escalera social, en junio esta situación se revierte y coloca a AMLO con una ventaja de alrededor de seis puntos porcentuales frente a la suma de los otros dos candidatos. Este resultado pareciera consistente con la dinámica de la campaña si se asume que López Obrador logró posicionar un discurso de alternativa frente al statu quo, el cual en este caso quedaría representado por los candidatos Anaya y Meade. Dado este argumento, se esperaría que la población afectada negativamente por la prevalencia de las cosas decidiera concentrar su voto más a favor de López Obrador. Resalta, sin embargo, que la tendencia observada para este grupo también se da entre el grupo de los que, con relación al hogar de origen, se mantienen en la parte alta de la distribución. En ese caso, de una situación en febrero de prácticamente un empate técnico entre la intención de voto para López Obrador en comparación con la suma de las intenciones de voto para Anaya y Meade, en junio se pasa a una en donde AMLO los supera en siete puntos porcentuales. De este resultado se podría inferir que el votante promedio del grupo de la parte alta, a pesar de mantener esta situación relativa de ventaja socioeconómica, no percibe beneficios suficientes, ya sean pasados o en perspectiva hacia el futuro.

En conclusión, estos resultados sugieren que la condición de baja movilidad social en ambos extremos de la escalera social sí influyó en la intención de voto. Esto se explica, en parte, debido a que la alta persistencia en la posición de origen se ha combinado con un estancamiento o pérdida en el nivel de ingreso de la mayoría de los hogares mexicanos en los últimos 25 años. El mensaje del electorado se traduce en una obligación para el Estado mexicano: la creación de mayores oportunidades independientemente de la posición relativa de las personas en la escalera social, de tal manera que logren contar con opciones reales de avance, tanto en términos de su posición en dicha escala como en cuanto a beneficios socioeconómicos tangibles que los coloquen en una situación de vida mejor que la que hoy ostentan. ¿Logrará el nuevo gobierno federal encabezado por Andrés Manuel López Obrador establecer los cimientos y comenzar a obtener resultados en este sentido? Las dinámicas de movilidad social de corto y largo plazo nos darán la respuesta.

 

Roberto Vélez Grajales
Director ejecutivo del Centro de Estudios Espinosa Yglesias.



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