En su toma de protesta como presidente de México, Andrés Manuel López Obrador fue implacable: “… la política económica aplicada durante el periodo neoliberal, de 1983 a la fecha, ha sido la más ineficiente en la historia moderna de México. En este tiempo la economía ha crecido en 2 por ciento anual, y tanto por ello como por la tremenda concentración del ingreso en pocas manos, se ha empobrecido a la mayoría de la población hasta llevarla a buscarse la vida en la informalidad, a emigrar masivamente del territorio nacional o a tomar el camino de las conductas antisociales”.

Ya antes, López Obrador había resaltado dentro del “neoliberalismo” a egresados del Instituto Tecnológico Autónomo de México, el ITAM, “la escuela de tecnócratas neoporfiristas que han dañado la economía de la gente y la nación”, señalándolos de “malos técnicos que se creen científicos”. Ante esta apreciación extrema hubo un comprensible extrañamiento, incluso de cercanos a AMLO, como Gerardo Esquivel, propuesto para integrarse a la junta de gobierno del Banco de México, que señalaron que se trataba de una generalización innecesaria y equivocada y que la crítica, en todo caso, debía ser debidamente acotada.

 

 

Ilustración: Estelí Meza

Como egresado y docente del ITAM (“full disclosure”), considero que, más allá de las palabras del ahora presidente, hay una oportunidad para la reflexión por parte de toda la comunidad del instituto sobre el papel que ha jugado en el quehacer público en los últimos años, la cual cobra mayor importancia por la derrota de su primer candidato presidencial, José Antonio Meade, egresado de una de sus licenciaturas insignia, economía. Este autoexamen ya se ha manifestado en algunos casos (ver el de Rodrigo García Verdú) y puede ser benéfico para el país entero al ayudar a apreciar mejor la historia económica reciente.

Ciertamente, hablar de “neoliberalismo” lleva a laberintos interpretativos, atribuirlo sin más a una institución resulta excesivo, y determinar el efecto preciso de un actor sobre decisiones que involucran a muchos otros es prácticamente imposible. Sin embargo, es importante intentar responder tres preguntas ¿Por qué el ascenso de los egresados del ITAM en el sector público en los últimos 35 años? ¿Qué impacto real tuvieron estos funcionarios en las políticas públicas nacionales?  ¿Cuál fue el resultado de las acciones de gobierno que los egresados del ITAM promovieron o ejecutaron desde las más altas posiciones?

Sobre el primer punto, el estudio La educación de los mandarines mexicanos, 1970-2014, muestra que el auge de los egresados del ITAM, en los puestos de nivel subsecretario a presidente, ocurrió a partir de 1983. Mientras en el sexenio de López Portillo los altos funcionarios con licenciatura en el ITAM eran el 0.6% del total, en el de Miguel de la Madrid aumentaron al 5.7%, alcanzando un máximo de 23.3% de las posiciones (más que la UNAM) con Felipe Calderón. En este periodo, las licenciaturas y posgrados de economía fueron las de mayor crecimiento entre estos funcionarios.

¿Cómo es posible que los egresados de una institución que no representa ni medio punto porcentual de la matrícula de educación superior del país alcanzaran más de una cuarta parte de las posiciones clave en la administración pública? Una explicación simple sería que, tras décadas de mejora continua, el ITAM alcanzó los más altos niveles de excelencia académica que catapultaron a sus egresados. Otra posibilidad, no menos simplista, es que los funcionarios provenientes del ITAM reunían el perfil ideológico que resultó eventualmente dominante y les abrió las puertas. Es factible que entre estos extremos se encuentre la respuesta.

¿En qué medida la pertinencia de lo enseñado, la rigurosidad en el tratamiento de los contenidos y la capacidad pedagógica para transmitirlos fueron la clave del éxito del ITAM a través de sus egresados? ¿Hasta qué punto el auge de este grupo es más bien atribuible a su adhesión implícita a ciertos valores, desplegados con formalismo teórico, y al filtrado que significó el proceso de reclutamiento y selección por el que pasaron en su vida estudiantil?  Éstas son algunas de las preguntas que la comunidad del ITAM podría tomar en cuenta.

En cuanto a su impacto, durante la creciente presencia de los egresados del ITAM el Índice de Libertad Económica, elaborado por el Fraser Institute y difundido por el Instituto Cato, muestra un gran aumento. En una escala de cero a diez, México pasó de tener una libertad económica de 5.19 en 1980 a un máximo de 6.9 en 2016, con su mayor expansión en la década de 1985 a 1995 (38% de aumento). El índice permite establecer que, desde 1985, el mayor progreso general de la libertad económica se dio en el manejo de una política monetaria propicia para los mercados y en un comercio internacional más abierto.

¿Qué papel jugaron los funcionarios egresados del ITAM en la considerable expansión de la libertad económica registrada desde mediados de los años ochenta? Al respecto cabe delimitar las respuestas posibles, pues si bien no se puede atribuir llanamente a este grupo el diseño, logro y ejecución de las políticas económicas y los cambios institucionales de tal periodo, tampoco se puede considerar que fue un ente pasivo que simplemente se acomodó a los designios políticos de otros actores. Queda por determinar hasta qué punto el ITAM ha sido factor real de una mayor libertad económica y hasta dónde sólo su acompañante.

Ante lo anterior cabe preguntar: ¿Los egresados del ITAM han promovido políticas públicas que favorecieron el desarrollo integral de la sociedad mexicana promoviendo con énfasis semejante los valores de la libertad y los de la justicia? O ¿Los alumnos del ITAM han concebido e impulsado el desarrollo social primordialmente en términos del libre mercado basados en una visión fragmentada de las personas y sus valores?  Éste es un segundo conjunto de preguntas para la reflexión.

Finalmente, los resultados económicos básicos, el nivel y la distribución del ingreso, no parecen muy favorables. Tras el mayor aumento de la libertad económica, el PIB per cápita real ha crecido 0.5% anual en promedio con una desigualdad elevada (ver El México del 2018, CEEY ). El ingreso promedio mensual del 20% de los hogares más pobres pasó de 4,000 a 3,200 pesos entre 1992 y 2016 (a precios de 2017) mientras el 20% más rico redujo tal ingreso de 49,700 pesos a 40,700 en dicho periodo. Lo anterior significa que el grupo más rico pasó de tener 12.4 veces el ingreso de los más pobres a una razón de 12.7 veces.

¿Por qué la importante expansión de la libertad económica experimentada por más de tres décadas no dio grandes frutos en términos de prosperidad e igualdad? Una posibilidad es que las medidas favorecedoras del libre mercado no fueron lo suficientemente lejos, como en el caso de Chile. Otra es que a partir de cierto umbral de libertad económica no es indispensable su gran expansión para obtener logros significativos en bienestar, sino otros elementos, como en el caso de Corea del Sur. El peso efectivo de una mayor libertad económica en la promoción del desarrollo debe ser reevaluado a la luz de la evidencia disponible.

En el caso de México, ¿los resultados económicos habrían sido mucho más modestos, e incluso adversos, de no haber estado presentes los egresados del ITAM en puestos claves del sector público? ¿O los magros resultados son atribuibles a su participación en la transformación económica del país? La enorme diversidad de políticas y sus resultados, más allá de los correspondientes al ingreso y su distribución, ameritan una reflexión, caso por caso, con respuestas más complejas de lo que estas preguntas sugieren.

Las consideraciones anteriores deberían ocupar también a quienes se suman a las críticas del presidente, pues hay cuestiones que no se ajustan a sus estereotipos. Por ejemplo, entre 1990 y 2016 un significativo número de egresados del instituto participaron en políticas de salud, educación y combate a la pobreza y se dio un aumento del gasto social como proporción del programable, alcanzando su máximo histórico en 2001 y manteniéndose desde entonces cerca de él (ver Centro de Estudios de las Finanzas Públicas, 2015). Esto se asoció a una importante reducción de la población en pobreza en materia de carencias sociales.

Hoy, además de las críticas presidenciales y de quienes se suman a ellas, los egresados del ITAM enfrentan el más fuerte descenso en su participación en los puestos de alto nivel en el sector público. Desde la transición de Felipe Calderón a Enrique Peña Nieto, cuando el porcentaje de altos funcionarios con licenciatura en el ITAM cayó al 11.4%, no se veía algo así. Pese a ello, la comunidad del ITAM se mantendrá como un grupo significativo en la escena pública del país. Esto, sin embargo, no debería distraerla de lo que Rodrigo García Verdú ha apuntado de forma certera:

“El mayor reto que enfrentamos los alumnos y ex alumnos del ITAM no son la retórica o los ataques del presidente. Tampoco lo son las menores oportunidades laborales que tendremos alumnos y egresados para emplearnos en el gobierno … Creo que el mayor desafío es tener conversaciones difíciles e incómodas … y evitar pretender que no tuvimos responsabilidad como comunidad en haber creado las condiciones que llevaron al electorado a elegir, por una amplia mayoría, a un gobierno cuyas políticas en muchos casos son antitéticas a los principios que profesamos”.

 

Rodolfo de la Torre
Coordinador de investigación sobre desarrollo social en el Centro de Estudios Espinosa Yglesias.