En días pasados se viralizó la noticia sobre el recorte presupuestal del que fue sujeto el Programa de Estancias Infantiles para Apoyar a Madres Trabajadoras (PEI) a cargo de la Secretaría de Bienestar (SEBIEN). El PEI pasó de tener un presupuesto de  4,070 millones de pesos en 2018 a 2,041 millones de pesos en 2019; es decir, una reducción de poco más de 50%, lo cual generó múltiples controversias y descontentos entre la sociedad al tratarse de la población en mayores condiciones de vulnerabilidad: los niños de familias en condiciones endebles.

Ilustración: Víctor Solís

Para comprender las implicaciones del recorte presupuestal y de los cambios en la operación, es importante primero conocer de qué se trata el PEI, cómo operó hasta 2018, y cuáles son los principales cambios para 2019.

El PEI se crea en la Secretaría de Desarrollo Social (hoy SEBIEN) en 2007 como alternativa para madres, y posteriormente padres solos, de niños pequeños que, ante la falta de un servicio de cuidado y atención infantil, no tenían tiempo de estudiar o buscar un trabajo. Se trataba de un programa de “estancias infantiles” para cuidar a los niños de la colonia y que, así, las madres que no tuvieran la prestación de servicios públicos de cuidado infantil pudieran continuar con sus estudios o buscar trabajo mientras alguien más se encargaba del cuidado de sus hijos. 

El PEI evolucionó rápida y exponencialmente, pues tan sólo en su primer año de operación superó los niveles de cobertura de los centros de cuidado infantil de IMSS e ISSSTE, y para 2012 había atendido a un millón de niños. Al cierre de 2018, el PEI benefició a 302,596 madres y 10,886 padres solos y a 329,749 niños en 9,563 estancias infantiles en todo el país.1

Entre las principales cualidades del PEI se encuentran el desarrollo del Modelo de Atención Infantil junto con el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) para brindar capacitación tanto a la responsable como a sus asistentes; la creación de la Red de Estancias Infantiles para que centros de cuidado infantil privados y ya establecidos pudieran dar atención a niños de madres y padres beneficiarios del PEI dentro de su matrícula; y la medición de resultados de corto y mediano plazo, pues semestralmente se realizaba una encuesta a nivel nacional estadísticamente representativa, que permitía conocer el estatus laboral de las madres y padres solos, el grado de satisfacción de éstos con los servicios del PEI y su percepción sobre el desarrollo infantil de sus hijos.

Las reglas del juego

De acuerdo con sus Reglas de Operación 2018 el PEI buscaba “contribuir a dotar de esquemas de seguridad social que protejan el bienestar socioeconómico de la población en situación de carencia o pobreza mediante el mejoramiento de las condiciones de acceso y permanencia en el mercado laboral de las madres, padres solos y tutores que buscan empleo, trabajan o estudian y acceden a los servicios de cuidado y atención infantil”.

Para tal efecto, operaba mediante dos modalidades. La primera era otorgar recursos (no recurrentes) por la cantidad de 70 mil pesos a la responsable de la Estancia Infantil para su adecuación y equipamiento para ofrecer servicios de atención y cuidado infantil a niños de uno a cuatro años.

La segunda modalidad era otorgar recursos mensuales a las madres trabajadoras y padres solos con ingresos per cápita de los hogares por debajo de la Línea de Bienestar y que declaraban no tener acceso a este tipo de servicios por otra institución pública. El monto de los apoyos era de 950 pesos por niño y 1,800 en el caso de niños con discapacidad, para subsidiar el pago de la cuota que establecía la estancia. Este subsidio no pasaba por las manos de las madres y padres, sino que se entregaba directamente a la responsable como pago por los niños atendidos durante el mes.

El pasado 28 de febrero se publicaron las Reglas de Operación 2019, donde se abrogan las reglas anteriores y se incluyen una serie de cambios sustanciales empezando por el nombre: Programa de Apoyo para el Bienestar de los Niños, Hijos de Madres Trabajadoras.

El nuevo programa tiene como objetivo “contribuir al bienestar social e igualdad mediante el mejoramiento de las condiciones de acceso y permanencia en el mercado laboral de las madres, padres solos o tutores que trabajan, buscan empleo o estudian para que cuenten con facilidades para obtener el cuidado y atención infantil”.

En lo que se refiere a la modalidad de apoyo a las responsables de las estancias, ésta desaparece e incluso se contempla un mecanismo de reintegro de los recursos otorgados para aquellas beneficiarias que se afiliaron al programa durante 2018 y que no habían cumplido el año completo de operaciones.

En cuanto a la población objetivo, se cuenta con un enfoque regional que únicamente prioriza (más no limita) a las madres trabajadoras, padres solos y tutores que habitan en municipios indígenas, de alto rezago social, pobreza extrema y zonas con alto grado de marginación y violencia, apostando por la premisa de que el desarrollo regional (eventualmente) puede dar lugar al desarrollo de los individuos de dicha región.

El nuevo PEI también modificó los montos de apoyo, pasando de 950 pesos mensuales a 1,600 bimestrales, y de 1,800 pesos mensuales a 3,600 bimestrales para niños con discapacidad. Estos apoyos se entregarán directamente a las madres y padres solos.

PEI vs nuevo PEI

Los cambios en el diseño y operación del PEI, descritos anteriormente, dejan ver los riesgos que corre y, sobre todo, los retos que enfrenta la SEBIEN con la implementación del Programa de apoyo para el bienestar de los niños, hijos de madres trabajadoras.

El nuevo objetivo incorpora el bienestar social y la igualdad, pero deja de lado la seguridad social, que es la dimensión de la pobreza de la que carece más de la mitad de la población (55.8%).2

Por otro lado, llama la atención que el nuevo objetivo busca facilitar la obtención del cuidado y atención infantil, y no el acceso y permanencia de las madres y padres solos al mercado laboral como ocurría anteriormente; no obstante, la población objetivo sigue considerando a las “madres, padres solos o tutores que trabajan, buscan empleo o estudian”. En este sentido, resulta fundamental que el nuevo PEI continúe con los esfuerzos de medición sobre el porcentaje de la población beneficiaria que, gracias a los servicios que se ofrecen en las estancias infantiles, logra acceder o permanecer en el mercado laboral, buscar empleo y/o estudiar, pues, de lo contrario, el desarrollo regional que se busca con el nuevo enfoque será más difícil de alcanzar.

Asimismo, el nuevo PEI no considera como criterio de selección a la Línea de bienestar y la falta de acceso a servicios de cuidado y atención infantil a través de instituciones públicas, e incluso se elimina la utilización del Cuestionario Único de Información Socioeconómica (CUIS). Lo anterior representa uno de los principales riesgos para el nuevo PEI, ya que el programa debe ser particularmente cuidadoso en no tener beneficiarios que no habiten en este tipo de municipios y que cuentan con recursos suficientes para adquirir otros servicios similares por su cuenta (errores de inclusión), y mayor cuidado aún en no desatender a la población que sí cumpla con estas características (errores de exclusión).

En lo que respecta a la operación y creación de las Estancias Infantiles, el nuevo PEI no sólo elimina la posibilidad de abrir más estancias vía el programa, sino que, por razones presupuestales, de las más de 9 mil que hoy existen un número importante se verá forzada a cerrar. Con esta modificación, tanto las responsables como las asistentes de las estancias que no permanezcan deberán buscar otro empleo.

Por último, pero sin duda el más relevante de los cambios, es que la entrega de los apoyos se realizará directamente a las madres trabajadoras y padres solos, lo que representa el mayor riesgo y, por ende, el mayor reto al que se enfrenta la SEBIEN. La intención es mejorar el ingreso y bienestar de los hogares beneficiarios, así como empoderar a los beneficiarios al ser éstos quienes cuenten con los recursos para adquirir el servicio de cuidado y atención infantil; lo anterior, claro está, asumiendo que el 100% de la población beneficiaria decida utilizar los recursos para tales fines, pues las Reglas de Operación 2019 no establecen criterios de verificación de que así suceda.

El (viejo) PEI tenía áreas importantes de mejora y fallas que, sin duda, debieron corregirse. Vale la pena también decir que hacia 2012 alcanzó su máximo potencial y que durante los años subsecuentes no hubo mejoras significativas o sustanciales en cuanto al diseño y operación de las estancias infantiles y que, como se señala en prácticamente todas sus evaluaciones, el programa no logró transitar de cuidado y atención infantil a un componente consolidado de desarrollo integral infantil. Sin embargo, hay evidencia suficiente para decir que, por muchos años, ha sido de los mejores programas de la Secretaría de Desarrollo Social y, quizá, de la política social de la Administración Pública Federal.

Es por ello que la SEBIEN tiene la gran tarea de que el PEI, con el nuevo enfoque, se mantenga como uno de los mejores programas de desarrollo social, no sólo por los resultados positivos en la historia del programa, sino porque atiende al más importante de los grupos en condición de vulnerabilidad: las niños pequeños de hogares en pobreza.

 

Ariadna Díaz
Economista por la Universidad Nacional Autónoma de México y por The University of York en el Reino Unido.


1 Cuarto Informe Trimestral 2018, Secretaría de Desarrollo Social.

2 Cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL).