Introducción

En los discursos periodísticos y académicos hay afirmaciones de la existencia de “nuevos” movimientos sociales (Losson y Quinio, 2002; Benasayag et al., 2008). Los aspectos “nuevos” que los diferenciarían de los “antiguos” son los temas (modernos, relativos a la identidad, y no obsoletos, relacionados con las estructuras de producción); las acciones (espectaculares y humorísticas, y no anticuadas y mohínas); las organizaciones (flexibles y respetando la libertad de compromiso individual, y no rígidas y coactivas); y los activistas (educados y cultos, y no obreros incultos). En este ensayo, propongo un análisis crítico de la noción de nuevos movimientos sociales (NMS), como concepto y como fenómeno empírico.

Ilustración: Patricio Betteo

Los NMS como concepto

Si bien se trata de un tema clásico de las ciencias sociales, el estudio de los movimientos sociales sigue caracterizándose por muchos “silencios” (Aminzande et al., 2001). Uno de éstos es la falta de conceptualización de la noción de nuevos movimientos sociales (Buechler, 1995, 1999; Pichardo, 1997). Sin embargo, se pueden identificar cuatro rasgos.

Temas

Los NMS se enfocan en temas “nuevos”, rasgo central del cual derivan sus demás particularidades (Dalton y Kuechler, 1990). Específicamente, son temas posmaterialistas, como la identidad (Kauffman, 1990; Melucci, 1989, 1996), el medio ambiente y la calidad de vida (Habermas, 1990 [1981]). Se diferencian de los temas materialistas, es decir, basados en las estructuras sociales y económicas heredadas de la segunda revolución industrial (Inglehart, 1977, 1990, 1997; Inglehart y Welzel, 2005).

Acciones

Las acciones de los NMS rompen con lo convencional, como las manifestaciones, las peticiones y los mítines. Elaboran acciones originales, cargadas simbólicamente (Cohen, 1985; Tarrow, 1994) y visibles en los medios de comunicación (Champagne, 1990; Patouillard, 1998).

Organizaciones

Este enfoque no-convencional de los NMS se verifica también en sus organizaciones: igualitarias, participativas y descentralizadas (Zimmermann, 1987; Melucci, 1989; Offe, 1985; Boltanski y Chiapello, 2002 [1999]).

Activistas

Mientras que los “antiguos” movimientos sociales reclutaban a sus activistas con base en su rol en las relaciones de producción – es decir, la clase social – los NMS apelan a categorías más difusas. Éstas son las “nuevas” clases medias, más educadas y laborando en los sectores de la economía del conocimiento (Cotgrove y Duff, 1981; Offe, 1985; Rüdig, 1988; Kriesi, 1989; Brint, 1994), y categorías que no se definen por dimensiones de clase, sino de etnia, de género y de orientación sexual (Dalton y Kuechler, 1990).

Los NMS como fenómeno empírico

Así, la literatura académica sobre los NMS es una acumulación de investigaciones más que un campo estructurado alrededor de conceptos y teorías. A este lugar ambiguo de los NMS en el ámbito académico se suman problemas más sustanciales: el carácter poco riguroso de la palabra “nuevo”, el aspecto normativo de sus planteamientos, y los hallazgos empíricos que los refutan.

Retórica

Agregar un post- a los conceptos que parecen obsoletos (posmodernismo, posmaterialismo, etc.) y dividir la realidad en temporalidades dicotómicas (antiguo y nuevo) es problemático científicamente, porque significa una incapacidad de explicar los fenómenos actuales. Se sabe lo que ya no hay, pero aún no se entiende lo que sí hay ahora (Esping-Andersen, 2000).

Normativismo

Plantear la “novedad” de ciertos movimientos sociales –y, corolario de ello, la “antigüedad” de otros – implica cierto normativismo. Es decir, la literatura sobre los NMS se dedica tanto a explicar los movimientos sociales como a decir lo que deberían ser (Plotke, 1990). Y ello lleva a alabar un activismo característico de las clases medias y superiores y a desprestigiar los “antiguos” movimientos sociales –de hecho, los del movimiento obrero y de las clases populares (Collovald, 2002).

Refutaciones

Numerosos estudios empíricos refutan los planteamientos de los NMS. Primero, los “antiguos” movimientos sociales no presentan el grado de rigidez y de centralización organizacional que se les suele atribuir. Por ejemplo, el problema principal del Secours Populaire francés (organización caritativa asociada con el partido comunista) en los años cincuenta era fidelizar a los activistas (Brodiez, 2006). Sobre todo, los NMS no son espacios liminares en los cuales no habría violencia simbólica y relaciones de poder desiguales como en la sociedad en general. En un influyente ensayo, la activista estadounidense Jo Freeman (1975) [1970] evidencia cómo las estructuras flexibles de las organizaciones feministas radicales excluyen de hecho a las activistas que no se sienten legítimas para hablar en público, así reproduciendo perniciosamente la violencia simbólica que justamente pretenden erradicar. Hay evidencia de una división por género del trabajo activista incluso en movimientos cuyas ideas combaten el sexismo. Por ejemplo, en las Juventudes Socialistas en Francia, las mujeres se encargan de las tareas subalternas como limpiar los locales después de las reuniones y preparar café (Bargel, 2005).

Conclusión

Eso es un réquiem por los nuevos movimientos sociales:

Los antiguos movimientos sociales no son tan antiguos.
Los nuevos movimientos sociales no son tan nuevos.
Hay que respetar a las clases populares y al movimiento obrero.

 

Coline Ferrant
Es candidata a doctora en sociología en las universidades de Northwestern y Science Po.

Referencias

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