Pocas veces una palabra logra describir con certeza el entorno político, como hoy lo hace “perplejidad”. Y pocas veces un proceso social presenta tanta familiaridad con uno físico, como el actual con la entropía.

En física, la entropía es la magnitud termodinámica que indica el grado de desorden molecular de un sistema.1 La entropía (S) es una variable termodinámica útil: un proceso natural, que comienza en un estado de equilibrio y termina en otro, irá en la dirección que hace que la entropía del sistema, más el entorno, aumente, para un proceso irreversible, y permanecerá constante, para un proceso reversible.2 Un ejemplo de un proceso irreversible es cuando un objeto caliente se pone en contacto con un objeto frío. Eventualmente, ambos alcanzan la misma temperatura de equilibrio. Si luego separamos los objetos, éstos permanecen a la temperatura de equilibrio y no regresan naturalmente a sus temperaturas originales. El proceso de llevarlos a la misma temperatura es irreversible.

Sucesos del orden nacional e internacionales parecen sugerir que nos encontramos en un proceso irreversible de búsqueda de un nuevo equilibrio entre dinámicas económicas y sociales. Es un proceso que toca la vida política, económica y social del mundo, en general, y de México, en particular.

Ilustración: Guillermo Préstegui

Rumbo a la síntesis, ¿construcción de un nuevo paradigma?

Es posible que un nuevo paradigma esté en construcción. El periodo de transición entre un paradigma y otro no es sencillo ni rápido. El físico Max Planck decía que una nueva verdad científica no triunfa porque haya convencido a sus oponentes, sino más bien porque sus oponentes mueren finalmente, y una nueva generación crece más familiarizada con ella.

En su Estructura de las revoluciones científicas, Thomas Kuhn sostiene que cada uno de los episodios revolucionarios en la ciencia —asociados a nombres como Copérnico, Newton y Einstein— necesitaba el rechazo, por parte de la comunidad, de una teoría científica antes reconocida para adoptar otra incompatible con ella.3 Así, exponía Kuhn, se transforma no sólo la imaginación científica sino el mundo en el que se lleva a cabo el trabajo científico.

Llevado esto a un nivel lógico-epistemológico, se desprendería que la nueva política que estamos atestiguando en México no sería una extensión de los sexenios anteriores, sino que conformaría una visión del mundo radicalmente diferente. Ése sería el empeño de la llamada Cuarta Transformación.

Bajo esta línea de pensamiento, causar conflicto, desorden y confusión sería señal ineludible para el líder del movimiento, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), de que su transformación se está ejecutando y está surtiendo efecto. Más aún, cumplir con las propuestas de campaña más contraintuitivas en la teoría, o cambiar de opinión frente a lo que había propuesto, es una forma de validar su transformación, de evidenciar su transición al cambio, de comprobar su nuevo modelo de gobierno.

En la sociedad de la entropía, el desorden y el caos son una forma de gobierno; la confusión y perplejidad son el escenario, mientras que la división es herramienta política inigualable.

En la transición hacia un nuevo paradigma, no hay mejor escenario que uno de aparente caos para afirmar un proyecto político, para darle visibilidad a una nueva narrativa. Algo muy emblemático de lo anterior es la respuesta de los mercados con el cambio de modelo de gobierno representado por la Cuarta Transformación. Decisiones de la nueva autoridad se han traducido en la volatilidad de indicadores como el tipo de cambio, el precio de los bonos y las tasas de interés.

La simbología viene a cuento porque, si bien es difícil arrojar resultados en tan poco tiempo, es relativamente fácil mantener la cercanía con su base con acciones que nada tienen que ver con un plan nacional, como deshacerse del avión presidencial o convertir Los Pinos en un museo abierto al público. La oposición, acostumbrada hasta ahora con una dinámica diferente, no sabe si interpretar sus decisiones como a) muestras de ignorancia, b) simples errores o c) mensajes deliberados.

Buscándole el propósito a la transformación

La entropía se ha expandido a actores políticos, económicos y sociales. A legisladores que enarbolan iniciativas que provocan una respuesta virulenta del sector privado; a integrantes del gabinete que no atinan a elegir entre guardar silencio o cuestionar una decisión –la escisión interna como el nuevo statu quo; a la comentocracia oficialista, donde es motivo de orgullo y enaltecimiento situarse en el lado opuesto de los vencidos, signo de la nueva superioridad moral; a los seguidores del movimiento, para quienes ya no importa el derrumbamiento de las promesas de campaña, como la renovada militarización de la seguridad pública; igualmente, desde luego, a la incipiente oposición, que no logra articular una narrativa propia.

En esta confusión reinante, ¿hay un rumbo trazado o una dirección? La aversión  a los datos, a la técnica y a la información inhabilita una conclusión al respecto. La narrativa que se forjó fue muy exitosa en campaña, pero no se ha realizado un ejercicio de prospección ni se está construyendo un puente hacia el futuro.

Además, por un lado, la confusión no permite analizar las causas que nos han llevado a este momento; por el otro, la confusión se alimenta del imperio de las emociones, no de la razón crítica. La venganza, por ejemplo, es una emoción seductora y poderosa.

Algunos de sus colaboradores han dicho con orgullo que votaron para tener un presidente y no un gerente, aludiendo a una figura de autoridad que conduzca a un país con la fuerza necesaria. Pero gobernar no sólo es el mensaje o la metáfora, es sobre todo resolver los problemas que se señalan con la nueva narrativa; es quitarle los candados al Estado para que sea vigilante de libertades políticas y rector de un desarrollo inclusivo, y esto sólo se logra con instituciones, con un gobierno eficaz. La realidad, sin embargo, es que las instituciones, o cualquier orden imaginario4 creado en el paradigma anterior, no son centrales en el proyecto político de López Obrador.

Pero es muy probable que el nuevo presidente sí sepa lo que hace, aunque no sea el rumbo más deseable ni se exponga con claridad el proyecto que se plantea para el país. Me recuerda el gran libro de Boecio De consolatione philosophiae, donde imagina un espectador de una carrera de caballos.5 El espectador, alegóricamente el conjunto de actores infectados por la entropía, está en el hipódromo y ve, desde su palco, los caballos y la partida, las vicisitudes de la carrera, la llegada de uno de los caballos a la meta, todo sucesivamente. Pero Boecio imagina otro espectador. Ese otro espectador es espectador del espectador y espectador de la carrera: es, alegóricamente, el hilo conductor de la transición hacia el nuevo paradigma. En su condición de animal político, AMLO vio toda la carrera, la partida de su gobierno, las vicisitudes, la llegada.

La democracia como espectáculo para las masas

A diario se suscita una nueva noticia que suma a la vorágine de acontecimientos y a la confusión del sistema. El propio AMLO define la agenda mediática a través de sus conferencias mañaneras.6 Este dilema de transición a un nuevo paradigma presenta una dinámica dialéctica, cuya solución puede encontrarse en la epistemología de la complejidad.

El nuevo modelo de gobierno requiere de múltiples y pequeñas narrativas que vayan transportándonos hacia el nuevo paradigma. Por eso la fuerte carga de historia y de valores en su visión de México y de su modelo político. Lo lamentable es que la transición así diseñada no construye a partir de lo ya logrado, sino de la destrucción de lo previamente establecido.

El nuevo paradigma, ¿es una farsa? No lo sé. ¿Es auténtico su deseo de participación ciudadana? Posiblemente. ¿Debe dividir la historia entre enemigos y aliados? No hay evidencia empírica de que un experimento así haya terminado bien. Particularmente, no hay evidencia de que poner de relieve las desigualdades haya por sí solo contribuido a disminuirlas. A menos de que se incorporen a un programa nacional de desarrollo, lo único que se lograría es exacerbar el resentimiento. Muchos de los propios exponentes de la democracia representativa ponen énfasis en la construcción de instituciones eficaces,7 no en la retórica de clases.

El líder de un movimiento social de esta naturaleza podría entender la entropía como un estado temporal y remitirse a un mito unificador. Puede elegir el contenido y la estructura. Un nuevo proyecto de nación podría fincarse sobre la narrativa de inclusión y tolerancia, cobijarse en una coalición amplia que le dé sustento y legitimidad.

El peligro colectivo es que violar los preceptos de desarrollo en una democracia liberal significaría hacer la voluntad de uno, poniendo énfasis en el liderazgo demagógico, en las relaciones clientelares y en la manipulación de las masas. Antagonizar con el poder económico o favorecer los intereses de una minoría sin una propuesta de crecimiento incluyente derivaría en más desconfianza e inestabilidad. La historia muestra la importancia de la instituciones. Chile y Finlandia8 crecieron por sus reglas claras y por su estabilidad, no por la voluntad y el capricho de uno.

Por otro lado, el nuevo gobierno deberá estar pendiente de no caer en la soberbia y en la arrogancia tecnocrática que se olvidó de representar a las mayorías. Hechos como el que la corrupción y la desigualdad han resultado de la captación del Estado por parte de intereses parciales, es algo que debe servir como base del nuevo modelo de gestión política.

Que de la turbulencia nazca un nuevo contrato social, es algo que está por verse. Mientras tanto, su gobierno lleva unos meses en funciones y ya ha causado mucho ruido. Lejos de sentirse desgastado, el movimiento es reivindicado.

 

Ramón Peña-Franco
Maestro en Administración Pública, Finanzas Internacionales y Política Económica por la Universidad de Columbia, Nueva York.


1 Definición de la Real Academia de la Lengua Española.

2 Sitio de la NASA, Segunda Ley de la Termodinámica.

3 T.S. Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, Cambridge (1962), pp. 26

4 En alusión a Yuval Noah Harari y sus planteamientos en Sapiens: De animales a dioses.

5 En la segunda de las Siete Noche de J.L. Borges, la que se refiere a La Pesadilla, hace mención a este pasaje del libro de Boecio.

6 La conferencia de prensa como un elemento central en la democracia ocular que plantea Jeffrey Edward Green en su libro The eyes of the people. Democracy in an age of spectatorship, 2009.

7 ¿Quién manda aquí? La crisis global de la democracia representativa, Felipe González, Gerson Damiani y José Fernández-Albertos.

8 Ibidem.