¿Se han dado cuenta cómo, los niños, cuando juegan con alguien y se enojan, en una reacción instintiva, dejan de compartir sus juguetes (o con lo que estuvieran jugando)?

A la política —y a la sociedad— le pasa algo similar, sólo que de manera exponenciada. Las decisiones están siendo tomadas para adentro, en un esfuerzo conservador de proteger, en lugar de horizontalmente. La política se hace con una mezcla de miedo y odio, con resentimiento, con imposición; con racismo, sexismo, discriminación, xenofobia.

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Antier, en Estados Unidos, ganó las elecciones —y los republicanos las dos cámaras— Donald Trump, el candidato que en numerosas ocasiones se ha pronunciado en contra de todas las minorías en EEUU, pero también sobre quienes son minorías en el resto del mundo: las mujeres, las personas LGBTTTI, las personas que no son blancas. En el Reino Unido ganó el Brexit; en Colombia el No ganó en el referendum por la paz. Aquí en México se rechazó la iniciativa del Ejecutivo que habría hecho a nuestro país más igualitario. En las últimas semanas se ha conformado un Frente Nacionalista de México que busca “proteger a México” con la expulsión de los emigrantes de nuestro país, [también] prohibiendo el matrimonio igualitario y «combatiendo» a la izquierda; y el Frente Nacional por la Familia reunió más de 500,000 firmas que apoyan la iniciativa sobre la cual aquí hablo.

Desde 1857 el Estado laico ha sido uno de los pilares fundamentales de nuestro país. Sin embargo, en los últimos meses se ha difundido un discurso extremadamente conservador, con origen en la Iglesia católica, que, haciendo uso del—quién sabe inventado por quién—término de ideología de género, busca fabricar la idea de que dicha “ideología” es una amenaza para la sociedad y, sobre todo, para los niños. La separación Estado-iglesias que dicta el artículo 130 de la Constitución se percibe endeble con el contenido de la iniciativa ciudadana presentada por el Frente Nacional por la Familia ante la Cámara de Diputados, titulada “Por la vida y por la familia” (en adelante ICFV).

Esta iniciativa propone reformar el artículo 4to de la Constitución para, de un solo golpe, restringir los derechos humanos y civiles de personas que quieren hacer familia con alguien de su mismo sexo (es decir, prohibiría tanto el matrimonio homosexual como la adopción homoparental), el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, y el derecho de los niños a recibir tanto una educación laica con perspectiva de género como educación sexual. Además, niega la existencia de personas trans.

La exposición de motivos de la iniciativa está dividida, a grandes rasgos, en dos partes: la que defiende a la familia, es decir, la que aboga por la prohibición del matrimonio igualitario; y la que defiende a la vida, o sea, la que argumenta en contra del aborto. Se plantean, como lineamientos de su propuesta: la protección de la vida desde el momento de la fecundación; la protección y promoción de LA familia; el derecho de los niños a pertenecer a una familia fundada entre el amor de un padre y una madre; la educación “libre de ideologías”; y el derecho de los padres para educar a sus hijos (ICVF, 2016).

El cuerpo del texto —de más de 100 páginas con anexos— pasa de afirmar que la única forma de conseguir el “ideal de justicia social” es proteger el “derecho a la vida y a la institución matrimonial y familiar” —al modelo familiar que ellos promueven, por supuesto; a argumentar que no hay discriminación jurídica cuando una persona no cumple los supuestos para lograr consecuencias de derecho,1 y que, puesto que “la[s] unión][es] homo [son] estructuralmente estéril[es]”, éstas no son “socialmente relevantes”, así que no merecen el acceso a la institución (ICVF, p.9).

Los argumentos de la ICVF para convencer (¿a quién?) de que los matrimonios que no son como los que ellos dictan no deberían existir son tan absurdos que alegan que los homosexuales serían discriminados si no pudieran casarse en absoluto: obviamente pueden casarse, eso sí, con una persona del sexo opuesto. Incluso aseguran que “el derecho natural de los principios universales para que el matrimonio sea entre hombre y mujer es un derecho humano”2 (p.10).

Según los redactores de la iniciativa, así como los diputados del PAN, de Encuentro Social y de Morena que suscriben, “el derecho no está para proteger afectos, sino instituciones: no es de interés público la amistad y los afectos sexuados heterosexuales u homosexuales de los ciudadanos” (p.16), sin embargo, para ellos sí es de interés de TODA la sociedad homologar las formas de hacer familia.

Se atreven, incluso, a afirmar —sin ningún sustento científico— que “una pareja del mismo sexo perjudicaría seriamente al niño [que adoptaran], pues no va en pos de su interés superior”3 (p.17), para después sentenciar: “El matrimonio funciona así: el que no lo quiere o no lo entiende no tiene por qué casarse […]. Distinguir no es discriminar, es hacer justicia a la realidad.” (p.20).

Luego de 26 páginas de defensa del matrimonio natural, la ICVF procede a defender la vida, argumentando que el Estado tiene la “obligación irrestricta de proteger sin importar la fase o grado de desarrollo en que se encuentre cada individuo o ser humano” (p.34). Irónicamente, el argumento de la parte de por la vida de la ICVF hace uso de argumentos que rebatirían lo que plantean en la parte de por la familia. A quienes escribieron la iniciativa les pareció pertinente argumentar que “los valores fundamentales no pueden someterse a un proceso democrático” (p.38); y después cuestionan si hay “embriones de primera y embriones de segunda” en la determinación de cuáles de ellos “tienen derecho a la vida” (p.42). Parece que no se dan cuenta de la ironía.

Después de complementar la iniciativa con un anexo sobre el genoma humano, otro sobre la terapia hormonal, uno de estudios sobre matrimonio y familia, y uno más de estudios sobre el derecho a la vida —que más bien parecen copy-paste de Wikipedia—, la ICVF propone reformar el artículo cuarto para que lea: “el varón y la mujer son depositarios del derecho humano a ser definidos por su naturaleza y no por la cultura, y son iguales ante la ley”, reflejando una alarmante transfobia y una negación total de la teoría de género. En los comentarios que hacen a esa reforma apuntan que “es esencial la referencia a la definición objetiva del ser humano como varón o como mujer, independientemente de su autodeterminación…” (p.45), lo cual es peligrosísimo, puesto que niega la autonomía de las personas para construir su identidad individual. ¿No resulta obvio lo impositivo, retrógrada y fascista de esto? 

La construcción —incluso la existencia— de la familia es un producto social que, como dice Giddens, (1995) en (sic) una de las citas que contiene la ICVF, es: “un grupo de personas directamente ligadas por nexos de parentesco, cuyos miembros adultos asumen la responsabilidad del cuidado de los hijos”; sin embargo, la perspectiva de familia (término empleado por los diputados del PAN en la presentación de la iniciativa en la Cámara de Diputados) es una construcción discursiva que, amén de la ideología de género, pretende imponer un modelo conservador de vida sin permitir que las personas elijan con quien comparten su proyecto de vida, amparando el odio que esto implica con un discurso de “respeto a todas las personas”.

Los grupos conservadores y la iglesia católica han tenido conflicto con la comprensión del género como una construcción social, ya que cuestiona las formas aceptadas de cómo la sociedad debe organizarse en modelos familiares. En ese sentido, el concepto de ideología de género ha servido para oponerse a todas las políticas que incluyen al matrimonio entre personas del mismo sexo, la educación sexual en las escuelas, el aborto, métodos anticonceptivos y derechos para las personas trans con una estrategia de comunicación y persuasión sumamente efectiva, puesto que evita el lenguaje homofóbico y construye el discurso en términos seculares. El concepto de ideología de género simplifica y agrupa estos temas de forma que se entienden y rebaten fácilmente; por lo que, si no se está familiarizado con la comprensión del género que se ha desarrollado académicamente, es muy sencillo que se adopte la interpretación distorsionada de la ideología. Ello ha permitido que se convenza de que políticas diseñadas para promover derechos humanos básicos son en realidad una imposición de una “ideología exótica” que el Estado no debería promover,4 mientras ellos, a su vez, promueven la suya (Campoy, 2016).

¿Cuál es la necesidad (¿o necedad?) de imponerle a una sociedad entera una forma de vivir específica, prediseñada, normativa, y, además, arbitraria? ¿Por qué todos tendríamos que vivir como un sector específico de la sociedad quiere que lo hagamos? ¿Tanto miedo les provoca el cambio? ¿Tanto odio genera lo diferente? Lo que se le olvida, a la Iglesia católica –y a sus promotores-, así como a otras formas dogmáticas del cristianismo y a otras religiones, es que su cosmovisión no es—ni tiene por qué ser—universal, y que la imposición de la misma atenta severamente contra el Estado laico.

Tal vez para muchos resultaría extremo en la actualidad cuestionar la pertinencia de desarrollarnos en familia, pero definitivamente—sobre todo en un país en el que sólo el 43%5 de las familias son tradicionales—es momento de replantearnos la cuadratura del modelo familiar tradicional. Sobre todo es momento de proteger los derechos ya conseguidos con muchos años de activismo, de lucha, de sangre, de esfuerzo. Es momento de proteger el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, de abogar por los derechos reproductivos de todas las parejas y personas, de defender el reconocimiento de la igualdad jurídica de todos los ciudadanos, de resistir al odio, de combatir el miedo.

La ICVF ya fue presentada a la Cámara de Diputados, se dio cuenta de Esta y fue turnada al Instituto Nacional Electoral para que revise que las firmas que la sustentan cuenten, en efecto, con el porcentaje requerido (0.13% de la lista nominal de electores). De ser así, podrá pasar a Comisiones, donde sería dictaminada. Mientras tanto, la iniciativa presentada por el Ejecutivo Federal, para también reformar el artículo 4° con el objetivo de permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, es dictaminada en negativo por la Comisión de Puntos Constitucionales y recibe, por parte de la Comisión de Derechos Humanos (¡!), una opinión en negativo porque “las materias de orden civil se conciben esencialmente de orden local”,6 cuando cuatro días antes había emitido una opinión previa —impecablemente estructurada y argumentada con base en leyes nacionales y tratados internacionales— en sentido positivo.   

Son tiempos difíciles para quienes creemos que la forma correcta de vivir en sociedad no es rechazando, sino abrazando las diferencias que nos constituyen como individuos y colectivos. Tiempos en los que los discursos racistas, sexistas y xenófobos cobran fuerza en las urnas. Tiempos de odio. Tiempos de miedo. La iniciativa presentada por el Frente Nacional por la Familia, como el resto de las manifestaciones de odio y egoísmo que vivimos no se tratan simplemente de expresiones de intolerancia, sino de una total negación de cualquier persona que no se adapte a los parámetros impuestos por cosmovisiones conservadoras; negaciones de libertad, de la diferencia, de la hermosa complejidad que nos define como seres sociales; como seres humanos. Habrá, entonces, que resistirlo. Habrá que combatirlo. No será tarea fácil.

Sofía Mosqueda estudió relaciones internacionales en El Colegio de San Luis y ciencia política en El Colegio de México. Es asesora legislativa.


1 Comparan el acceso al matrimonio para las parejas del mismo sexo con la imposibilidad de un niño de conseguir una licencia de conducir o el derecho al libre tránsito en las pistas de un aeropuerto (ICVF, p. 9).
2 La lista de DDHH según la CNDH se puede encontrar aquí. Esta enlista el derecho a la igualdad y a la no discriminación, así como la igualdad ante la ley y los derechos sexuales y reproductivos –entre varios más. No menciona, en ningún punto, al derecho natural de los principios universales.
3 Diversos estudios indican que el reconocimiento de las parejas y familias homoparentales ofrece, incluso, “nuevas posibilidades para pensar la diversidad en la conformación social contemporánea y crear espacios de aprendizaje del respeto y la inclusión” (Castellar, 2010). Para una revisión más amplia sobre el tema, consúltese el estudio hecho por Rafael Portugal, especialista en psicología clínica, disponible aquí.
4 Uno de los argumentos de la ICVF es que “el Estado no debe confundir el bienestar de su población con los intereses exclusivistas o ideologías exóticas” (p.27).
5 ENDIFAM 2011.
6 Opinión a la iniciativa con proyecto de decreto por el que se reforma el primer párrafo del artículo 4° de la CPEUM, presentada por el titular del Poder Ejecutivo Federal. Comisión de Derechos Humanos, Cámara de Diputados.

Referencias

Campoy, Ana (2016). A conspiracy theory about sex and gender is being peddled around the world by the far right. En: Quartz.

Castellar, Andrés Felipe (2010). Familia y homoparentalidad: una revisión del tema. En: CS No. 5. Pp. 45-70. Enero-junio 2010. Cali, Colombia.

Giddens, Anthony (1995). La constitución de la sociedad, bases para la teoría de la estructuración. Buenos Aires: Amorrortu editores.