Alberto Trejo y Gilda Waldman (Coords.)
Pasaporte sellado. Cruzando las fronteras entre ciencias sociales y literatura.
México: UAM-Xochimilco, 2018.

El título Pasaporte sellado: Cruzando las fronteras entre ciencias sociales y literatura invita a cuestionar por qué se piensa que las ciencias sociales y la literatura están separadas. Si las fronteras entre estas disciplinas están ya demarcadas, entonces resulta posible estudiar sus puentes de unión e interacción. En el libro está presente la reflexión sobre este divorcio que, desde finales del siglo XVIII, dividió a las ciencias sociales y a la literatura en dos dominios intelectuales distintos y ajenos, y que, paradójicamente, también ha permitido establecer zonas de contacto y encuentro. 

Pasaporte sellado parte del hecho de que, si bien la división entre ciencias sociales y literatura data de finales del siglo XVIII, esto no indica que apenas nacidas se separaron de una vez y para siempre. Un debate que antecede es el que abrió el novelista y físico inglés C. P. Snow, en su conferencia Las dos culturas donde pretendía dirimir la posición de los “intelectuales literarios” con respecto a los “científicos naturales”, y donde él, como científico de profesión y escritor por vocación, ilustraba su pertenencia a estos dos grupos polarizados equiparando el conocimiento de la obra de Shakespeare y la segunda ley de la termodinámica. Esta vieja polémica de las ciencias naturales y las humanidades como dos culturas enfrentadas la siguió Wolf Lepenies con su libro, ya clásico, Las tres culturas: la sociología entre la literatura y la ciencia en el que sostiene que las ciencias sociales, desde su nacimiento, constituyen una tercera cultura que se opone tanto a las orientaciones científicas como literarias.

El cruce de fronteras entre literatura y ciencias sociales: una aventura

Ilustración: Ros

Así, a medida que el conocimiento científico consolida y mantiene su posición privilegiada dentro de las producciones intelectuales, las ciencias sociales tratan de adaptarse a este modelo de conocimiento para “decir la verdad” y construir un “conocimiento socialmente útil” menospreciando otra forma de conocimiento que podía aportar la literatura. Comte, por ejemplo, proponía hacer de la sociología la “física social”, cuenta Lepenies, y consideró, en algún momento, que el arte era sólo un medio valioso para aumentar su capacidad de cognición, no un valor en sí para la cognición misma. No obstante, el libro Pasaporte sellado da cuenta de que este debate sigue abierto y que han aparecido propuestas contemporáneas de sociología, como La máquina burocrática: (afinidades electivas entre Max Weber y Kafka) donde José María González García no indaga las raíces sociales de las obras literarias, sino “los paralelismos, puntos de contacto, afinidades electivas y posibles influencias entre sociología y literatura”, o La sociología como forma de arte de Robert Nisbet, que sostiene que “la sociología es, sin duda, una ciencia, pero también un arte, nutrido precisamente […] por los mismos tipos de imaginación creadora que encontramos en la música, la pintura, la poesía, la novela o el teatro”,

Pasaporte sellado ha resultado de diversas inquietudes planteadas desde hace tiempo en cursos y seminarios impartidos por la Dra. Gilda Waldman en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, que comenzaron con el cuestionamiento sobre el alcance explicativo de las ciencias sociales frente a un mundo tan complejo y contradictorio, en el que los grandes referentes teóricos con sus narrativas tradicionales y excluyentes resultan ya insuficientes para comprender el mundo social.

A partir de estas inquietudes sobre distintas formas de observar, conocer y representar el mundo social y, por un lado, frente obras literarias recientes de escritores como Michael Houllebecq, Emmanuel Carrère o Javier Cercas, que presentan un retrato agudo de la realidad social sustentado en un proceso de investigación y que contribuyen a la comprensión de procesos y fenómenos histórico-sociales contemporáneos y, por otro lado, ante textos que no sólo muestran el interés de las ciencias sociales por las obras literarias en tanto fuente de documentación, recurso estético, de ilustración o como modelos de observación e interpretación, sino que proponen nuevas formas escriturales para exponer la investigación social, se despiertan otras preguntas, como: ¿pueden la historia, la sociología o la antropología seguir defendiendo que la ciencia proporciona un reflejo fiel de la realidad social?, ¿pueden reconocer las ciencias sociales los impasses que produce la escritura académica acartonada y rígida?, ¿cómo revisar críticamente el propio trabajo científico a la luz de nuevos horizontes de diálogo entre la ciencia y el arte?

En este sentido, Pasaporte sellado,a través de las colaboraciones de destacados académicos de universidades nacionales e internacionales, y de reflexiones de quienes transitan entre las ciencias sociales y la literatura, abre un espacio para discutir, desde distintos registros y perspectivas, la ruptura, la separación y el distanciamiento de estas producciones intelectuales que ahora se clasifican como distintas e independientes. El libro presenta algunos análisis críticos sobre el método científico que, al legitimar un modo de indagación específico y al imponer un lenguaje conceptual, objetivo y dirigido a un público especializado, ha desdeñado el carácter cognoscitivo de la literatura. De igual modo, el libro muestra una revisión histórica de los puentes que han existido entre las ciencias sociales y la literatura, como es el caso de Karl Marx o de Max Weber que encontraron en las obras de Goethe elementos que luego incorporarían en sus investigaciones sociales. También, el libro explora otras formas de reconciliar la vocación científica y la vocación literaria como la mediación de la escritura entre ambas, el análisis de obras literarias y de escritores específicos a partir de contextos socio-históricos determinados, el abordaje de textos fronterizos y de géneros híbridos como la crónica, la biografía y la novela polifónica donde convergen la historia y la literatura y cuya relevancia para el conocimiento de la vida social es indudable, y la reflexión en torno a nuevas propuestas de convergencia en términos de crear textos que acerquen y reconcilien a la ciencia y el arte.

¿Podemos dar por concluida hoy la polémica sobre las tres culturas?, ¿podríamos hablar de dos, tres o una sola cultura? Pasaporte sellado pone sobre la mesa distintos puntos de vista sobre las relaciones, los nexos, los diálogos y las influencias mutuas entre ciencias sociales y literatura, y propone un diálogo crítico alrededor de esos principios inquebrantables que han regido el quehacer científico y que lo han alejado de la literatura en aras de alcanzar un ideal de rigurosidad, neutralidad y objetividad. Se trata, sin duda, de un libro sugerente que invita a aventurarse a nuevas posibilidades de conocer, investigar y escribir más allá de las fronteras.

 

Zaira Ruiz