Con la coyuntura de globalización, democratización y descentralización que se ha propagado por el mundo desde finales del siglo pasado, las complicaciones al momento de diseñar estrategias congruentes de desarrollo a nivel nacional se han intensificado aún más. Desde 2004, y en paralelo con el impacto cada vez mayor de la globalización en el estado moderno, Brenner (2004) proporcionó una reconfiguración de las perspectivas analíticas necesarias para el estudio del Estado basada en elementos de espacio, geografía y economía política internacional.

Poco después llegó la crisis financiera de 2008. A partir de ese momento, se extendieron las antes latentes incertidumbres respecto a si las políticas económicas “neoliberales” o del llamado Washington Consensus seguían constituyendo la mejor ruta a seguir para el desarrollo de los países. Este derrocamiento del neoliberalismo como paradigma hegemónico en la política económica tanto para los países desarrollados como para los países en desarrollo se ha asociado cada vez más con una ola global de desencanto en relación con las políticas de laissez-faire, la austeridad y la apertura o integración económica: Brexit, Grexit, el resurgimiento de los partidos de izquierda en España y Portugal, junto con el proteccionismo auspiciado por Donald Trump y otras figuras de extrema derecha en Europa.

Polifonía de políticas económicas

Ilustración: Patricio Betteo

En consecuencia, tanto los países en desarrollo como los desarrollados han comenzado a presionar nuevamente para regresar a aquellos tiempos anteriores al Consenso de Washington y a la Organización Mundial del Comercio, donde cada país tenía la libertad (o soberanía) de diseñar las políticas industriales que más se acomodaran a sus circunstancias –donde podían implementarse libremente medidas como los aranceles, subsidios y controles de cambio, entre otras. Con la administración de Donald Trump, Estados Unidos ahora ha estado bajo candilejas al levantar aranceles e implementar subsidios para impulsar sus industrias nacionales en clara contravención de los principios fundantes de la OMC. Alemania, de igual forma, ha venido reforzando las políticas industriales a través de su banco nacional de desarrollo (Kreditanstalt für Wiederaufbau o KfW) (Naqvi, Henow & Chang, 2018). Estos ejemplos han seguido apareciendo sin importar la ubicación en el espectro político de los partidos en gobierno.

Y ningún ejemplo dual más claro que el que conformamos como país con nuestro vecino del norte: el creciente descontento ciudadano con respecto a los paradigmas del libre comercio ha allanado el camino para el resurgimiento de una agenda de desarrollo nacionalista expresada por personajes tan contrastantes como el actual presidente de Estados Unidos (un multimillonario de un partido de derecha) y nuestro presidente López Obrador (quien llegó a la presidencia desde una tradición política de izquierda).

Entonces, en lugar de presenciar una reducción completa del Estado o un "eclipse de Estado" (Evans, 1997) en áreas del desarrollo económico, como era la profecía a finales del siglo pasado, tenemos que las estrategias económicas del Estado moderno se han venido reestructurando dentro de la globalización mediante el resurgimiento de políticas industriales a nivel nacional o mediante la difusión de atribuciones económicas a plataformas subnacionales.

Estas reconfiguraciones de los Estados contemporáneos, sin embargo, han reforzado un problema que Brenner consideró de gran importancia: desarrollo espacial desigual no sólo entre países, sino al interior de cada uno de ellos. Esta desigualdad en el desarrollo ha sido aún más aguda en América Latina donde el centro, referido como su unidad gubernamental jerárquica, ha fracasado en la distribución equitativa de su desarrollo debido a las múltiples desigualdades con las que cuentan nuestros países: sociales, étnicas, geográficas, institucionales, culturales, etcétera.

Ya hace cerca de una década, la investigadora Susan Gauss (2010) subrayó cómo las disparidades regionales de México y el variado poder de sus élites regionales fragmentaron el proyecto nacional industrializador hasta generar un desarrollo cada vez más desigual. Las élites económicas y los gobiernos subnacionales de entidades como Puebla o Guadalajara tenían capacidades sustancialmente distintas para incidir en su propio desarrollo económico. Algo similar había sido retratado, a su vez, por Jonathan Hiskey (2005) al mostrar la disparidad de las capacidades subnacionales para responder a la crisis económica de 1994; dicha disparidad, además, se agravaría debido a la reducción de la inversión pública por parte del gobierno federal. En pocas palabras, el estudio de Hiskey relata que los estados más industrializados del centro y norte tenían capacidades e infraestructuras sustancialmente mejores que los estados del sur. Y esto se convirtió en un elemento aún más importante al considerar que una mejor infraestructura industrial era clave para aterrizar lo que parecía ser la única fuente de inversión a finales del siglo pasado: el capital extranjero.

Esta disparidad regional resuena, asimismo, con el caso de Brasil. El análisis de Alfred Montero (2010) trata sobre el impacto que tuvo el "federalismo asimétrico" de Brasil en la generación de estrategias y resultados que variaron considerablemente de región en región. En su estudio, Montero resalta cómo las estrategias de cooperación del gobierno de Minas Gerais con el gobierno federal, junto con su implementación de políticas industriales a mediano y largo plazo, propiciaron que dicha entidad federativa se posicionara como uno de los estados más dinámicos para recibir proyectos e inversiones de empresas tanto domésticas como multinacionales (de la talla de FIAT y Mercedes Benz); en tanto que Rio de Janeiro, del otro lado de la moneda, diseñaba estrategias de confrontación frente al gobierno federal, resultando en una pérdida notoria de su competitividad y tradicional dinamismo.

Ahora bien, es necesario señalar que los gobiernos subnacionales no pueden implementar las políticas de desarrollo macroeconómico que son exclusivas de los gobiernos federales o centrales (por ejemplo, aranceles o un tipo de cambio competitivo). A pesar de ello, no obstante, los gobiernos subnacionales se han apropiado cada vez más del papel de promotores del desarrollo y de ser formuladores de políticas económicas dentro de sus límites jurisdiccionales con resultados trascendentes. Además de ello, los gobiernos subnacionales se han visto cada vez más involucrados en misiones comerciales para “vender” sus jurisdicciones en busca de inversiones productivas —constituyendo gradualmente lo que ahora denominan “paradiplomacia”.

Como señaló Aseema Sinha (2005, p. 472), estudios previos de política económica a nivel subnacional "en Brasil, México y China refuerzan el punto de que los estados desarrollistas existen en diferentes niveles dentro de un estado-nación". Aunque no se encuentra en la corriente principal de la literatura sobre desarrollo, ya se han realizado algunos estudios de casos que destacan los esfuerzos subnacionales hacia la transformación industrial. Aquí es donde aparecen poco a poco casos de éxito a nivel nacional e internacional. En México, con estados como Querétaro, Aguascalientes y Nuevo León que han enfatizado el desarrollo de actividades manufactureras de alto valor agregado. Y a nivel internacional, tenemos de igual forma casos de éxito constituidos por provincias o entidades como Asturias (España), Minas Gerais (Brasil), Guyarat (India) o Guandong (China).

Cada vez tenemos más testimonios de gobiernos subnacionales que juegan un rol proactivo en la promoción de su desarrollo económico. Después de la coyuntura de globalización, democratización y descentralización, los gobiernos de provincias o entidades federativas se han visto favorecidas por un creciente espacio de maniobra. Entonces, en un momento en que la llamada “hegemonía neoliberal” va de caída y el Estado contemporáneo experimenta una continua difusión de atribuciones en sus diferentes niveles, las preguntas que deberíamos responder mediante el análisis de casos de éxito son las siguientes: ¿Qué estrategias han desplegado gobiernos subnacionales para impulsar exitosamente su desarrollo económico? ¿Y cómo asegurar un piso parejo a todas las entidades federativas de nuestro país?

 

Walid Tijerina
Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de York, Inglaterra, y profesor-investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Referencias

Brenner, N. (2004) New State Spaces: Urban Governance and the Rescaling of Statehood. Oxford: Oxford University Press.

Evans, P. (1997b). The Eclipse of the State? Reflections of Stateness in an Era of Globalization. World Politics, 50(1).

Gauss, Susan (2010) Made in Mexico: Regions, Nation, and the State in the Rise of Mexican Industrialism, 1920s-1940s. Pennsylvania: Penn State Press.

Hiskey, Jonathan (2005) The political economy of subnational economic recovery in Mexico. Latin American Research Review, 40(1), pp.30–55.

Montero, A. P. (2010). Shifting states in global markets: subnational industrial policy in contemporary Brazil and Spain. Pennsylvania State University Press.

Naqvi, N., Henow, A. & Chang, H. J. (2018). Kicking away the financial ladder? German development banking under economic globalisation. Review of International Political Economy, 25(5), 672-698.

Sinha, A. (2003). Rethinking the developmental state model: Divided leviathan and subnational comparisons in India. Comparative Politics, 459-476.