Cuando era niña, supe que el televisor que una tía tenía en su casa era rentado. Un imponente Telefunken que gobernaba la sala y alrededor del cual todos los sobrinos nos aglomerábamos para jugar Pong.

Las razones por las cuales mi tía rentaba su televisión me resultaban un enigma. Yo creía que no le alcanzaba para comprarse una tele y por eso la rentaba: lo cierto es que mi tía no andaba tan perdida.

De acuerdo con la Fundación Ellen Macarthur, la economía creativa es un sistema industrial restaurativo por diseño, en contraste con la economía lineal, sistema originado en el contexto de la Revolución Industrial que hace posible que el popote con el que sorbemos con fruición el licuado, mañana esté en la nariz de una tortuga marina. Este fenómeno mediante el cual las soluciones innovadoras generan desperdicios y otros efectos indeseables, es llamado por el experto en innovación social, José Ramos, sombras del diseño.

¿Cuándo apostaremos por la economía circular?

Ilustración: David Peón

La economía circular contribuye a la construcción de capital económico, natural y social operando con base en los siguientes principios:

1. Preservar y mejorar el capital natural mediante el control de los recursos no renovables y la restauración de los flujos de recursos renovables.
2. Optimizar el rendimiento de los recursos mediante la circulación de productos, componentes y materiales para maximizar su utilidad.
3. Impulsar una mayor efectividad de los sistemas de producción y uso para reducir sus efectos negativos.

Aunque ya puede adivinarse, vale la pena aclarar que para consolidar los principios antes enunciados no basta con pedir el licuado sin popote. Se requieren el cambio cultural, la voluntad sostenida y toda una serie de elementos para dejar de comportarnos como plaga bíblica.

La película

En 2018, Graham Sheldon realizó la película Closing the Loop, presentada por el experto en sustentabilidad y responsabilidad social Wayve Visser. Desde entonces, el documental le ha dado la vuelta al mundo para advertir a la audiencia acerca de lo que es inminente: nos estamos ahogando en nuestra propia inmundicia y estamos acabando con todos los recursos naturales, como si el planeta fuera nuestro.

La película explica con claridad el problema y sus alcances (en caso de que la realidad inmediata no resulte suficiente) y nos ofrece, además de testimonios muy ilustrativos, ejemplos inspiradores de cómo puede implementarse una economía circular con la voluntad, los recursos y la energía puestos en el lugar correcto.

La pregunta es, al final del día, ¿qué puedo hacer yo, si no tengo una gran compañía?

Un club para unirlos a todos

En 2012, Anna Tari fundó el Club de Economía Circular, la iniciativa civil más grande del mundo en esta materia. El club organiza cursos, seminarios, integra a los expertos e interesados del sector y realiza un mapeo periódico de las iniciativas de economía circular alrededor del mundo; la base de datos actual incluye más de 3000 proyectos en todos los continentes, entre los cuales se encuentran estos ejemplos:

Iluméxico: Organización dedicada a garantizar el acceso de familias de escasos recursos a sistemas autónomos de energía solar en sus domicilios.
Rent the runway: Mediante una membresía, las personas que se suscriben al servicio pueden rentar desde una prenda hasta un guardarropa completo por días e incluso meses. El servicio se da en Nueva York, Estados Unidos.
Sharely: Alquiler de equipo entre pares. Podadoras, bicicletas, toldos, pulidoras y una gran diversidad de insumos para resolver tareas domésticas pueden encontrarse mediante esta aplicación suiza.
Tambinos: Renta de equipo y juguetes para bebés cuyas familias van de vacaciones a Ciudad del Cabo.
Zoomcar: Renta de automóviles para uso diario con la posibilidad de disminuir el valor de la membresía al compartir el auto con otros usuarios. Servicio disponible en la India.

El Fairphone no es un proyecto de la lista, pero merece una mención. Se trata de un teléfono celular diseñado para durar hasta cinco años. La compañía fue fundada por el ingeniero eléctrico Bas Van Abel, quien se propuso librar una batalla en contra de la obsolescencia programada. Los equipos son modulares para que ciertos componentes puedan sustituirse cuando es necesario.

El desempeño del equipo ha obtenido reseñas agridulces, pero en términos generales funciona de manera adecuada con el valor agregado de que los componentes del equipo no se obtuvieron en terribles condiciones para las personas del eslabón más vulnerable de la cadena de suministro, de manera que la compra tiene, incluso, impacto social.

Hacia la estandarización

No debe sorprendernos que la mayor cantidad de iniciativas identificadas en el mapa del Club de Economía Circular estén ubicadas en el Reino Unido y que allí haya surgido el primer estándar en la materia en 2017. El estándar BS 8001 de BSI Group provee de referencias amplias a cualquier organización que desee implementar procesos de economía circular, si bien el siguiente paso será que la Organización Internacional de Normalización (ISO) emita un instrumento en la materia, para lo cual ya cuenta con un comité especializado.

Con estos instrumentos específicos, las instituciones y los individuos podrán conocer y aplicar parámetros concretos para tornar sus mecanismos lineales en procesos circulares, aunque el camino es largo aún y hará falta voluntad, recursos, entornos favorables, más recursos y más voluntad.

Con estas señales en mente, me pregunto qué necesitamos saber, escuchar, experimentar, para que en México se multipliquen estas iniciativas. Cierto es que quizá muchas actividades que no aparecen en el mapa del Club son circulares y no lo sabíamos (o sí lo sabíamos, pero incluso así optamos por alternativas más cómodas y adecuadas para la complicada vida que elegimos), pero todavía queda mucho por hacer y no tenemos tiempo.

En realidad no sé si la tele de mi tía por el solo hecho de ser rentada formaba parte de un sistema de economía circular. He intentado sacarle la sopa a la susodicha sin mucho éxito: me gusta pensar que estaba pensado de ese modo para prolongar la vida útil de los aparatos y evitar que terminaran en la basura, como ocurrió con la muerte masiva de televisiones a causa del apagón analógico.

¿Necesitamos otro par de zapatos? ¿Cuántas veces pensamos ponernos esos pantalones? Si no nos los vamos a poner por lo menos cincuenta veces, quizá no los necesitamos. De hecho, es muy posible que no necesitemos más ropa nueva (excepto quizá la interior), ni ropa de cama ni recipientes de plástico ni ropita para el perro ni un montón de cosas más. Hacernos ese planteamiento tal vez es una buena forma de comenzar a circular.

 

Karla Paniagua Ramírez
Coordinadora de estudios de futuros, CENTRO.