El 30 de julio de este año, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) hizo pública la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) correspondiente al periodo de 2018. Esta encuesta se publica cada dos años desde 1984 y reporta las principales variables a nivel de hogar y vivienda para entender de mejor manera qué está pasando con el acontecer y la vida de los mexicanos. El propósito de este texto es describir los principales resultados de esta encuesta y razonar sobre la situación en que nos encontramos y hacia dónde nos podemos dirigir con el actual gobierno.

En 2018, el ingreso corriente promedio por hogar fue de 49,470.64 pesos,1 lo que significó un decrecimiento medio anual del 2.10% con respecto a la encuesta previa de 2016. Ahora bien, si dividimos a la población por deciles de ingreso, podemos observar que esta caída en el crecimiento medio trajo consigo tanto a ganadores como perdedores. Mientras que los primeros siete deciles presentaron una ganancia de crecimiento de su ingreso positiva, aunque menor al 1%. Los últimos tres deciles de la distribución muestran una caída, sobre todo el decil 10, el de mayores ingresos, con una pérdida del 5.8. ¿Qué explica este hecho?

Gráfica 1

Si hacemos un zoom a esta información y la desagregamos por percentiles de ingreso, es decir, dividir a la población en 100 partes iguales, podemos observar que el 5% de la población más pobre experimentó una caída significativa en su ingreso; el 1% de la población de menor ingreso vio una contracción de su ingreso del 2.62%. Del percentil seis al 50, la media de la distribución, la ganancia fue relativamente homogénea, de alrededor de 0.82%. Alrededor del percentil 75, es donde se empieza a notar con mayor claridad la caída de los individuos de mayores ingresos, sin embargo, el hecho que resalta a la vista es la caída del top 1 o el 1% más rico, que vio una pérdida de casi el 15%.

Ilustración: Víctor Solís

En este sentido, la desigualdad del ingreso en 2018, medida a través del Índice de Gini, fue de 0.4378, menor a la de 2016 con un índice de 0.4633. Es decir, la evidencia mostrada hasta ahora sugiere que la caída en el ingreso medio, asociada a un decremento de los más ricos, redujo la desigualdad en casi tres puntos de Gini, ello indica que la distribución está tendiendo a ser más justa por el simple hecho de un menor crecimiento general y de un menor crecimiento del grupo más rico. Sin embargo, es difícil creer que la inequidad realmente esté disminuyendo por diversas razones:

• La participación en el total del ingreso del decil 10 es del 33.60%, que es más que la participación de los primeros seis deciles con 29.16% y más que la proporción de los deciles ocho y nueve con 27.12%.

• Desglosando la participación del 10% más rico, encontramos que del percentil 91 al 95 tienen una participación del 11.05\, equiparable al porcentaje del decil ocho. Por su parte, del 96 al 99 cuentan con una proporción del 13.61, mayor participación del decil nueve. Y por último, el top uno recibe casi aproximadamente el 9%, es decir, más que cualquier hogar dentro del 60% de México.

• No se puede argumentar realmente un descenso en la desigualdad porque la literatura ha encontrado una subestimación de los datos reportados por la ENIGH, lo que podría implicar que este hecho es ocasionado porque no se no logra capturar de forma correcta el ingreso de esta población y no por un decrecimiento de su ingreso.2

Además, en otros aspectos, el decil de mayores ingresos parece estar ganando esta pugna en la distribución del ingreso respecto a los otros grupos de la población. Por ejemplo, en el rubro de transferencias,3 que impactan directamente en el descenso de la desigualdad, este grupo concentra el 43.52% del total de los ingresos por jubilación, lo cual muestra la poca protección de los hogares de menores ingresos para su retiro. Para el caso de las becas, este grupo concentra cerca del 40% de los apoyos destinados a la ayuda en la educación, indicio de que tenemos un sistema educativo regresivo, es decir, tiende a beneficiar a los estratos de más alto ingreso. En contraste, el 30% de la población de menor ingreso recibe alrededor del 7% por este concepto; sin educación, es muy improbable que se reduzca la inequidad.

Gráfica 2

Las transferencias que más benefician a la población son las remesas y beneficios gubernamentales; los donativos parecen tener una distribución parecida (al menor del decil dos al nueve). Por último, las transferencias institucionales se concentran en su mayoría en el último decil, mientras que las de hogares son similares para el 80% de la población.

Respecto al mercado de trabajo, el ingreso laboral muestra una inequidad mayor que la del ingreso corriente, con un Gini de 0.5224. Y no sólo eso, sino que muestra también la amplia brecha laboral que existe entre hombres y mujeres:

• Dentro del total del ingreso laboral, el 76% es acaparado por los hombres, mientras que las mujeres reciben sólo el 24% restante.

• Conforme se avanza en el grado de escolaridad del jefe del hogar, la brecha se amplía. La brecha es de poco más de 2,000 pesos (al trimestre) si ninguno de los dos cuenta con instrucción, mientras que, con estudios de posgrado, la diferencia entre lo que gane un hombre y una mujer es de más de 23,000 pesos.

• Ello significa que una mujer con posgrado gana alrededor de 73,000 pesos mientras que un hombre con la misma escolaridad ingresa al trimestre poco más de 96,000 pesos.

Todos estos elementos, junto con otros que seguramente se nos escapan, sugieren que realmente la desigualdad no está disminuyendo, como sugería nuestra primera aproximación, sino que se encuentra en una fase de estabilidad, es decir, no se puede afirmar que está en descenso, pero tampoco se puede decir lo contrario —que se encuentra en aumento (Moreno Calva, 2019).

Sin embargo, el reto que México enfrenta es histórico. Por un lado, surge la necesidad de la inevitabilidad de hacer crecer el pastel; por el otro lado, la tan esperada distribución justa y eficiente de los recursos. Es menester el postular una agenda que ponga en su eje rector estos dos elementos, no anteponiendo uno delante del otro.

En dos años, el INEGI publicará la ENIGH 2020, y con ello podremos empezar a evaluar lo que está haciendo el actual gobierno para corregir el problema de la desigualdad del ingreso. Es momento de empezar a construir los cimientos sobre los cuales se resolverán estos grandes retos y dejar de lado discursos que no proponen respuestas. Una mirada para saber en dónde estamos parados, no caería mal a nadie.

 

Marco Antonio Mesac Moreno Calva
Economista por la UNAM

Referencias
Cortés, F. y Vargas. D (2017), La evolución de la desigualdad. Viejos y nuevos resultados, Revista de Economía Mexicana, 39-96.
INEGI, Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, México, 2018.
Moreno Calva Marco Antonio Mesac (2019). Los efectos de la desigualdad de ingresos en el crecimiento económico: Una revisión para el caso de México, Tesis de Licenciatura. UNAM.


1 Los datos que aquí se presentan están deflactados a precios constantes de la segunda quincena de julio de 2018.

2 Ver, entre otros, Córtes y Vargas (2017).

3 Las transferencias son definidas en la ENIGH como la suma de las jubilaciones, becas, donativos, remesas, beneficios del gobierno, transferencias institucionales y transferencias de hogares, ya sea en ingreso monetario o especie.