No sin tropiezos, la medición multidimensional de la pobreza ha logrado cubrir un periodo de 10 años (2008-2018). En este esfuerzo, la finalidad de lograr la comparabilidad en el tiempo de las cifras y contar con evidencia robusta del avance del país y de los retos de la política social se ha venido erosionando. Desde las cifras para 2005, los cálculos de pobreza realizados por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) han dejado de hacer uso de los datos de ingresos de los hogares levantados por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), sustituyéndolos con cuestionables estimaciones.

Este hecho no hace que la información proporcionada por el CONEVAL deje de tener utilidad para el Estado mexicano en el monitoreo de sus acciones en materia de desarrollo social. Tampoco le resta lustre internacional al original enfoque de medición de la pobreza promovido por México. Lo que este desgaste significa es la necesidad de poner un granito de sal a la serie histórica de una década que permite observar la evolución de la pobreza en el país y, sobre todo, pedir al CONEVAL que reporte los resultados recientes sin reconstituyentes estadísticos.

Ilustración: Víctor Solís

La historia del deterioro de las cifras de pobreza puede contarse de muchas formas. Una de ellas es señalando que, desde mayo de 2015, la entonces secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, hacia un llamado a avanzar en la captación de la información del ingreso, proveniente de las encuestas del INEGI, como un paso muy importante en la medición de la pobreza (ver nota de Animal Político). Un año después su sucesor, José Antonio Meade, señalaba que las cifras levantadas un par de meses después de lo declarado por Robles cumplían con el cometido de mejorar la medición del ingreso (ver nota de El Economista).

En el lapso intermedio entre el deseo gubernamental de mejores cifras y su concesión hubo un cambio en los procedimientos para cuestionar a los entrevistados, un relevo en la presidencia del INEGI, y la admisión por parte del nuevo presidente del instituto de que se había perdido la posibilidad de comparar la información de ingreso. Ante esta situación, el INEGI, el CONEVAL, académicos y organizaciones de la sociedad civil se plantearon recobrar en lo posible la continuidad de las cifras de ingreso, misma que se alcanzó mediante un modelo estadístico que, para propósitos de medición de la pobreza, sustituye los datos de ingreso por estimaciones. Los problemas del caso han sido ampliamente comentados y se resumen en que nunca se recuperó la comparabilidad de la información del ingreso (ver nexos o en términos no técnicos Sopitas).

El panorama de pobreza que emerge para la administración del expresidente Enrique Peña Nieto a partir de las cifras de ingreso que usa el CONEVAL, sin ser halagüeño, da la impresión de una corrección de rumbo. Mientras la pobreza aumentó entre 2012 y 2014, de 45.1 a 46.2%, ésta se redujo notablemente de 2016 a 2018, de 43.6 a 41.9%. Entre 2014 y 2016 la pobreza se reduce en 900 mil personas. En lo que se refiere a la pobreza extrema, la sensación que dejan las cifras es de un redoble de esfuerzos, pues ésta pasa entre 2012 y 2014 de 9.8 a 9.5% y luego de 7.6 a 7.4% entre 2016 y 2018. Así, de 2014 a 2018 se salva de la pobreza extrema a cerca de 2 millones 100 mil personas.

Claramente, en estas comparaciones, es imposible identificar las cuentas que habría entregado la administración pasada en términos de pobreza de la contribución a las cifras que tuvo el artilugio de la estimación de ingresos. Sin embargo, mediante el uso de los datos directos que generó INEGI entre 2015 y 2018 (ver cuadro) se puede dar cuenta de lo ocurrido en la segunda parte del sexenio anterior con datos comparables que no involucran estimaciones. La única limitación de estos datos es que, por su nueva forma de ser recabados, no son comparables con los previos a 2015.

Información de pobreza, vulnerabilidad y bienestar con base en los datos directos del INEGI

Cálculos con datos del Módulo de Condiciones Socioeconómicas 2015 y la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos 2016 y 2018

Porcentaje de la población total

Población (millones de personas)

2015

2016

2018

2015

2016

2018

POBREZA Y VULNERABILIDAD

Pobreza

36.7%

39.8%

37.3%

44.5

48.8

46.6

 Pobreza moderada

30.8%

33.5%

31.1%

37.4

41.0

38.8

 Pobreza extrema

5.9%

6.3%

6.2%

7,.0

7.7

7.8

Población vulnerable por ingresos

5.5%

5.0%

5.6%

6.6

6.2

7.0

Población no pobre y no vulnerable

23.9%

21.3%

23.1%

29.0

26.1

28.9

BIENESTAR, población con ingreso menor a:

Línea de bienestar mínimo

12.2%

13.5%

13.0%

14,.2

16.6

16.3

Línea de bienestar

42.1%

44.8%

42.9%

51.1

54.9

53.6

Fuente: Cálculos propios

Con la información mejorada de ingresos, la parte final de la administración de Peña Nieto entrega casi tan malos resultados como los primeros años de su sexenio con las otras cifras estrictamente comparables. La pobreza aumenta 0.6 puntos porcentuales entre 2015 y 2018, lo que representa 2 millones 100 mil personas más. En ese mismo lapso, la pobreza extrema se incrementa en 0.3 puntos porcentuales; es decir, 800 mil personas. En suma, lo que antes era una corrección de rumbo y un redoble de esfuerzos se convierte en la profundización del naufragio y la claudicación ante el reto.

Las cifras crudas del INEGI son una confirmación del talón de Aquiles del pasado gobierno. El magro crecimiento económico no tuvo la virtud de ser incluyente. Entre 2015 y 2018 se elevó 0.8 puntos porcentuales la población que no pudo adquirir la canasta de satisfactores socialmente indispensables, lo que representó 2.5 millones de personas más en esa condición. La vulnerabilidad por ingresos aumentó, reduciéndose el número de personas no pobres y no vulnerables. También, en el periodo mencionado, aumentó el porcentaje y el número de personas que ni siquiera alcanzaron el ingreso mínimo para comprar la canasta alimenticia necesaria, con lo que se desvanece aún más la descabellada idea de Peña Nieto de que con las tendencias recientes estábamos a una década de que desapareciera la pobreza extrema (ver “La pobreza en México. Escenarios alternativos”).

Las cifras de pobreza con datos directos del INEGI son una de las condenas más rotundas al fracaso económico de los años recientes, pero también son la base para hacer un juicio mejor informado de lo que está por venir. Evaluar los logros o retrocesos de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador en materia de pobreza mediante los datos del modelo estadístico del INEGI usado por el CONEVAL entraña los riesgos de mezclar estimaciones con datos cuando ya es factible evitar esta incertidumbre usando sólo los datos directos.

Por el cambio en la historia oficial que entrañan las cifras a partir de datos directos de ingreso, es necesario tomar con reserva los cálculos recientes de pobreza, y recomendar su etiquetado frontal con la leyenda grande y clara: obtenidos a partir de estimaciones de ingreso. Sin embargo, también va siendo indispensable que el CONEVAL reporte los datos de pobreza estrictamente comparables que se pueden reportar de 2015 en adelante. Con ello se daría más claridad al reto que tiene la presente administración en materia de pobreza y política social.  Así, por ejemplo, a la presente administración le bastaría reducir la pobreza 2.5 puntos porcentuales y la pobreza extrema un décimo de punto porcentual, para superar lo alcanzado por el gobierno anterior en sus dos últimos años.

No construir la serie alternativa de pobreza que comienza con datos estrictamente comparables en 2015 es distorsionar los elementos para hacer un mejor juicio de la historia y una mejor evaluación de lo que pretende ser una gran transformación económica y social. El CONEVAL tiene la palabra.

 

Rodolfo de la Torre
Coordinador de investigación sobre desarrollo social en el Centro de Estudios Espinosa Yglesias.