El premio Nobel de economía de 2019 es tan importante como lo es inusual. El premio para Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer es inusual porque es apenas la segunda vez que se premia a una mujer —la ganadora más joven en la historia del Nobel de economía y que curiosamente está casada con otro de los premiados (Banerjee). Pero estas curiosidades que vuelven al premio tan inusual son apenas una parte pequeña de su importancia.

Que se premie a una mujer en un campo que se caracteriza por la fuerte subrepresentación de las mujeres, especialmente en la formación a nivel posgrado y en las plazas académicas, importa porque manda una señal para una mayor apertura al reconocimiento de sus aportaciones en la economía y quizá ayude a la transformación de la disciplina en una más incluyente. 

Ilustración: Estelí Meza

Otro aspecto que es de gran importancia es que el premio es en estricto sentido un premio a la economía empírica. Cada día están más lejos los días en los que la economía era una disciplina fundamentalmente teórica, en la que los economistas teóricos eran los más respetados. Este premio se suma al otorgado hace un par de años a Richard Thaler en el movimiento de la economía de la teoría a la de los experimentos. La economía ha pasado por una revolución, la llamada “revolución de la credibilidad” que ha buscado moverla hacia el empirismo. El premio a los tres economistas de este año reconoce las aportaciones de economistas experimentales que han buscado alejarse lo más posible de supuestos e ideas preconcebidas. Si la economía ha tenido en algún momento de su corta historia la aspiración de parecerse más en el rigor a una ciencia natural, es el movimiento experimentalista el que la ha posicionado más cerca de ella.

No obstante, quizá el aspecto más importante del premio radica en su temática general: el combate a la pobreza. Aunque el número de personas en situación de pobreza en el mundo es materia de disputa, dependiendo de cómo se definen las líneas internacionales de pobreza y de cómo se define la pobreza, lo que es indiscutible es que una parte importante de la humanidad aún vive en esa circunstancia. El trabajo de Duflo, Banerjee y Kremer se ha concentrado en la aplicación metodológica de experimentos conocidos como “pruebas de control aleatorizado”, muy famosas en la ciencia médica para la evaluación de políticas públicas de combate a la pobreza.

Entre sus evaluaciones más famosas se encuentran las que versan sobre políticas educativas, políticas de salud pública (como las redes anti mosquitos), microcréditos, ahorro, en lo general las distintas circunstancias que en economía suelen llamarse “trampas de pobreza”. Dos de los premiados plasmaron todas estas experiencias en un gran libro de fácil lectura, Poor Economics y con ello han inspirado una agenda de investigación en este mismo sentido por todo el mundo. Es otro aspecto notable de este premio que se reconoce trabajo que es importante en el presente, que no está divorciado con el tiempo de la realidad de los investigadores que trabajan evaluando políticas públicas y de los problemas existentes por buena parte del mundo en desarrollo.

Reconociendo toda la importancia que tienen las aportaciones de los premiados y de otros pioneros en la transformación empírica de la economía, como Joshua Angrist y Jörn Pischke, también es importante reconocer que no son trabajos o aproximaciones metodológicas que escapan a la crítica. Es quizá otro ganador del Nobel en años recientes, Angus Deaton y su coautora Nancy Cartwright, quienes ha articulado la mejor crítica a los posibles problemas metodológicos de las pruebas de control aleatorizado. Los problemas de validez interna versus validez externa siguen siendo un fuerte cuestionamiento. Es decir, que en cierta medida podemos afirmar que los resultados en un lugar, en un determinado contexto, permiten derivar generalizaciones que pueden volverse políticas públicas en otro lugar y tiempo. La necesidad de estudiar el contexto político, social, histórico y económico son aspectos que ni la metodología más parecida a las ciencias duras dentro de la economía pueden obviar.

Son las políticas públicas las que han sido las grandes beneficiarias de esta revolución de la credibilidad. Los métodos experimentales hoy en día son empleados por todo el mundo para evaluar y tomar decisiones, en combinación con una apreciación correcta del contexto en las que se aplican, misma se vuelve una herramienta potente para el desarrollo económico: en ausencia de contexto, un peligro en potencia que podría justificar intervenciones erradas.

El premio Nobel de economía 2019 es un premio que continúa con el movimiento empírico dentro de la economía, que busca traer al frente y reconocer uno de los problemas más persistentes e importantes de nuestro siglo (la pobreza) y que, al hacerlo, rompe un poco con la mala tradición en el campo de no reconocer pronto las aportaciones de jóvenes investigadores, especialmente si son mujeres.

 

Diego Castañeda
Economista por la University of London. Historiador económico por la Universidad de Lund.