En la época actual de financiarización, los bancos son los principales intermediarios en el uso del dinero, ya sea como medio de pago o medio de circulación. Además, el papel moneda emitido por el Estado poco a poco ha perdido importancia en sus funciones tradicionales, cediendo terreno al uso de las tarjetas de débito y crédito. Sin embargo, en México aún predomina el intercambio de billetes en las actividades cotidianas. En este contexto surge CoDi (Cobro Digital), una plataforma impulsada por el Banco de México para promover el uso digital del dinero en nuestras transacciones del día a día, con el objetivo de modernizar el sistema de pagos de bienes y servicios. No obstante, su utilidad parece estar determinada a la previa incorporación de los individuos al sistema financiero, dejando esta misión clave a las instituciones financieras que operan en nuestro territorio.

Actualmente México se encuentra bajo una inminente paradoja financiera. Por un lado, contamos con un robusto sistema financiero donde operan algunos de los principales bancos demasiado grandes para quebrar, así como los nuevos bancos digitales incorporados al régimen fiscal por la Ley Fintech. Por otro lado, el nivel de inclusión financiera de los mexicanos es mucho más bajo que el de los habitantes de los países desarrollados e incluso menor al de algunas naciones en vías de desarrollo como Argentina y Brasil. Bajo este contexto de financiarización subordinada (Powell, 2013), México se encuentra entre el predominio de las Instituciones Financieras de Importancia Sistémica Global (G-SIFIs, por sus siglas en inglés) y la innegable exclusión de los individuos a los servicios que éstas ofrecen (Villavicencio, 2019a). Dadas estas condiciones, ¿qué tan viable es implementar una plataforma como CoDi en nuestro país?

Ilustración: Patricio Betteo

De acuerdo con Banco de México (2019), CoDi es una plataforma cuyo propósito principal es promover el uso de las transacciones electrónicas a través de nuestro teléfono móvil, con el propósito de disminuir el uso de efectivo al realizar operaciones cotidianas como pagar o cobrar por algún bien o servicio. A grandes rasgos, la idea es que los diferentes establecimientos comerciales cuenten con un código QR que pueda ser escaneado por los usuarios a través de una aplicación en el celular para generar mensajes de cobro y así poder realizar el pago por el bien o servicio adquirido sin hacer uso del efectivo. El problema está en que para hacer uso de CoDi no sólo se requiere contar con teléfono móvil —y no cualquier teléfono, sino un dispositivo inteligente que cuente con la tecnología para realizar estas operaciones—, sino también con una cuenta bancaria y, como mencionamos con anterioridad, el nivel de inclusión financiera de los mexicanos está por los suelos, lo que complejiza la normalización del uso de esta novedosa plataforma.

Basta con dar un vistazo a algunas estadísticas básicas del Banco Mundial (2019) para darnos cuenta de la evidente exclusión en el acceso a los servicios financieros a la que se enfrentan los mexicanos. En la Gráfica 1 podemos observar el porcentaje de personas que cuentan con una cuenta en un banco o alguna otra institución financiera para una muestra de países seleccionados que incluye a Argentina, Brasil, México, Noruega, Australia, Suiza, Estados Unidos, Alemania, Nueva Zelanda, Canadá y Países Bajos, de acuerdo con datos del Banco Mundial (2019) para el año 2017, la cifra más reciente disponible en su base de datos. En este sentido, todos los países desarrollados que aparecen en la Gráfica 1 muestran porcentajes mayores al 90 %, mientras que en México sólo el 36.9 % de la población posee una cuenta en una institución financiera, aun por debajo de Argentina y Brasil, que presentaron valores de 48.7 % y 70 % respectivamente.

Siendo optimistas, podríamos imaginar que en los últimos dos años ha habido una mejora en la inclusión financiera de los mexicanos. No obstante, si miramos el porcentaje obtenido por nuestro país en el periodo anterior a 2017, podemos identificar que más que un incremento al número de individuos que tienen una cuenta bancaria hubo una disminución, dado que el valor que México presentó en 2014 fue de 39 %.

En efecto, la Gráfica 1 nos muestra las grandes divergencias que existen entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo en términos de acceso a servicios financieros. Actualmente es inimaginable pensar en un entorno donde más del 90 % de la población posea una cuenta bancaria en México; sin embargo, este nivel de inclusión financiera se ha normalizado en los países desarrollados.

Ahora bien, del reducido número de personas que posee una cuenta en un banco o alguna otra institución financiera en México, ¿cuántas personas realmente realizan operaciones bancarias desde su celular? La Gráfica 2 muestra el porcentaje de personas que hicieron uso de su teléfono móvil para acceder a una cuenta en una institución financiera en 2017, para el mismo grupo de países analizados en la gráfica anterior. Es importante mencionar que esta variable registra desde el simple hecho de consultar el saldo de nuestra cuenta bancaria en el celular hasta la realización de transacciones por este medio. De acuerdo con la Gráfica 2, todos los países desarrollados tuvieron porcentajes mayores al 55 % en la variable observada, lo que ejemplifica su alto grado de inclusión financiera. En el caso de las economías en desarrollo, México presentó el valor más bajo en la gráfica, alcanzando apenas el 7.3 %, de la población, por debajo de Brasil (12.9 %) y Argentina (10.4 %). Lo que muestra que actualmente sólo un reducido número de personas utilizan su celular para revisar su cuenta bancaria o realizar transacciones por este medio.

Con el 7.3 % de la población de usuarios potenciales, el Banco de México espera que CoDi ayude a promover la inclusión financiera de los mexicanos; sin embargo, la condición necesaria para uso, que es la apertura de una cuenta en una institución financiera, permanece en manos de los grandes bancos, quienes con sus complejos procesos e innumerables comisiones han demostrado su nulo interés en incluir a los individuos al sistema financiero.

Sólo el tiempo dirá si realmente CoDi es la solución adecuada a la inminente exclusión financiera de los mexicanos y si su uso permitirá disminuir las brechas de género (Meireles, 2019) e ingreso (Villavicencio, 2019b) en el acceso a los servicios financieros en México, al mismo tiempo que facilita la digitalización de las transacciones cotidianas o, si más que fomentar la inclusión, terminará siendo un eslabón más del sistema financiero excluyente que tenemos en nuestro país.

 

Giovanni Villavicencio
Economista por la UNAM.

 

Referencias

Banco de México (2019), Información sobre CoDi® Cobro Digital.

Meireles, Monika (2019), “La desigualdad de género en las finanzas personales”, en nexos. Economía y Sociedad.

Powell, Jeff (2013), Subordinate financialisation: a study of Mexico and its nonfinancial corporations. PhD Thesis. SOAS, University of London.

Villavicencio, Giovanni (2019a), “Mexico: Between Financial Exclusion and the Predominance of Banks too Big to Fail”, en Developing Economics. A Critical Perspective On Development Economics.

Villavicencio, Giovanni (2019b), “Financialization, banking concentration and financial inclusion: the reproduction of structural heterogeneity in the financial complexes of Argentina and Mexico”, Journal of Perspectives on Financing and Regional Development, Vol. 6 (No. 6). pp. 657-668.

World Bank (2019), DataBank, Global Financial Inclusion.