El principio básico de la comunicación es la confianza en el interlocutor. Si se duda de lo que se está diciendo, la información no llega o lo hace de manera distorsionada. Esto es grave cuando sucede en la vida diaria, pero es peor cuando se trata de un dirigente. ¿Cómo saber si lo que se nos anuncia está sustentado en datos verificables? ¿Cómo dilucidar si efectivamente vamos tan bien como se nos presume? ¿Bajo qué criterios aceptamos lo que se expone si no hay evidencia para contrastar? Creer sin datos en la mano, a final de cuentas, sólo es un acto de fe que deja de lado la comparación y la evaluación. Así, la medición de un buen o mal gobierno sólo descansaría en una popularidad o en una impopularidad construida artificialmente.

Ilustración: Víctor Solís

En economía hay muchas corrientes teóricas que tratan de explicar cuál es el mejor camino para que las personas tengan cubiertas sus necesidades materiales. A pesar de ello, el resultado sólo puede ser uno por lo que a estas teorías sólo se les puede evaluar a posteriori. En un sentido laxo, e independientemente de cuál sea el enfoque teórico que tenga la política económica, ese resultado sólo se puede medir con el crecimiento económico: con la comparación del valor del conjunto de bienes y servicios producidos por la sociedad (PIB) en la actualidad con el de periodos anteriores.

Crecimiento económico de México

Porcentaje

2011

3.7

2012

3.6

2013

1.5

2014

2.7

2015

3.2

2016

2.6

2017

2.2

2018

1.9

2019

0.0

Promedio 11-18

2.7

Fuente: Elaboración personal con datos de INEGI. Medición con promedios anuales desestacionalizados.

Considerando que este inicio de gobierno no ha sido bueno en materia financiera vale la pena hacer un análisis al interior de los componentes del PIB para saber exactamente dónde se encuentran las deficiencias. Al identificar los sectores que no se están desarrollando como lo venían haciendo (o como lo tendrían que estar haciendo) se podría, al menos hipotéticamente, orientar la planta productiva de una mejor forma para enderezar el rumbo. Las siguientes líneas intentan llevarlo a cabo. Se describe el PIB a nivel de “componentes” (sectores y subsectores económicos) identificando cuáles son los que más contribuyen al total y cuáles son los menos dinámicos. La finalidad es precisar cuáles han perjudicado más a la economía en 2019 y exactamente en qué dimensión lo han hecho.

El peor de los últimos 10 años

Es cierto que hay países no del todo consolidadas que han experimentado muy altas tasas de crecimiento reciente (China 7.4%, Irlanda 7.0% e India 6.9%, todas en el periodo 2011-2018),1 aunque también es cierto que el crecimiento de México dentro de su región geográfica no ha sido del todo malo. Tomando como referencia el mismo periodo, ha alcanzado una tasa de crecimiento de 2.7% por 0.6% de Brasil, 3.3% de Chile, 3.7% de Colombia y de 1.7% para Latinoamérica y el Caribe2 en conjunto. Con todo, estos indicadores no se han traducido automáticamente en satisfactores que mejoren la vida diaria de una buena proporción de la población mexicana. Por ello, uno podría suponer que el meollo del asunto es establecer condiciones para generar mayor crecimiento y en su mejor distribución. Pero, por el contrario, en lo que va de 2019 se ha roto la tendencia: de pasar de tasas del 2% y 3%  a una del 0% en lo que va de este año. Es decir, la entrada del nuevo gobierno ha roto, al menos de inicio, con algún tipo de dinámica de los previos y ya sea porque busca un beneficio mayor a futuro, por mesura, por inexperiencia o por errores, lo único verificable es que los resultados son aún menos satisfactorios que en los 10 años previos.

Desde 2009 no se había tenido un retroceso en la economía. Independientemente del cambio de partido en el poder, no se había contabilizado un solo mes con decrecimiento. En este 2019 ya llevamos tres: marzo, mayo y julio. Lo anterior es atípico y corrobora que hay algo que se está dejando de hacer y que los efectos están siendo inmediatos.

Índice Global de Actividad Económica, IGAE*
(Variación anual, %)

Elaboración personal con datos de INEGI, a julio 2019
El Indicador Global de Actividad Económica se elabora siguiendo la misma metodología que se utiliza para medir el PIB, la diferencia es que su periodicidad es mensual.

¿Cuáles son las industrias más afectados?

En términos generales, la economía se compone de tres sectores (agropecuario, secundario y servicios) aunque el interior de ellos se divide en varios subsectores. En México, alrededor del 67% del PIB viene de servicios, un 30% de la industria, construcción, minería y generación de energía (sector secundario) y 3% de las labores agropecuarias (sector primario). La tabla de abajo detalla cuál ha sido el crecimiento para cada una de las actividades que componen estos tres sectores en los últimos años. Presentarla de esta forma permite identificar con claridad en dónde han radicado los retrocesos o los incrementos. Los subsectores están listados por participación en el total.

Elaboración personal con datos de INEGI
Con datos al primer semestre en 2019, series desestacionalizadas.

Así, las industrias manufactureras son la actividad más importante en el país con una generación del 17% del PIB (séptima columna) y un crecimiento del 0.6% (6ta.) en 2019, seguida de los servicios inmobiliarios con una participación de 12% y un crecimiento de 0.9%. Para el análisis que nos ocupa, la columna que brinda más información es la última, la octava. En ella se mide la contribución al 0.0% de “crecimiento” anual en 2019 para cada una de estas actividades. El procedimiento es que se pondera el incremento o decremento anual individual por su participación en el total. De esto modo se puede saber con exactitud cuántas décimas del crecimiento nulo (ese 0.0%) le corresponden a cada una.

Entre los resultados más importantes se tiene que el comercio al por mayor, la construcción, la minería, el gobierno y la información en medios masivos agrupan las afectaciones al PIB total (exactamente en -0.9%) en 2019. En realidad, la minería es una actividad que ha caído en picada desde hace ya varios años y la construcción, a pesar de reportar altibajos, se ha desempeñado a un ritmo menor que la economía en conjunto. En estos dos casos podría hablarse de algo más enraizado o persistente y no tanto de una situación extraordinaria como en el caso de los medios masivos, el gobierno o el comercio. Seguramente las personas encargadas de la política económica tienen claramente identificadas estos dos casos y no han repuntado por alguna razón, pero considerando su importancia en el total y su escaso dinamismo, establecer mejores condiciones para su desarrollo permitiría tener mejores indicadores macroeconómicos agregados.

La economía es algo extremadamente complejo. Irónicamente, los desajustes se originan con mucha facilidad aunque no es nada sencillo restablecerla. Cualquier decisión en materia debe ser tomada con la seriedad necesaria, pensando que cualquier alteración repercute inmediatamente en el bienestar de millones de personas. Dirigirla no es algo trivial y atenderla cabalmente debe ser la prioridad de cualquier gobierno. Para distribuir mejor la riqueza primero se tiene que preservar la que se posee en estos momentos.

 

René Suárez Urrutia
Doctor en economía por la UNAM.


1 Datos del Banco Mundial.

2 Ibidem.