En general, los economistas coinciden en que el comportamiento de las economías de mercado o capitalistas tienen un ritmo: un ciclo económico con varias fases que incluye los extremos de prosperidad y de recesión. En consecuencia, el objetivo para muchos es el de desarrollar instrumentos de política económica para mitigar este comportamiento, sobre todo, cuando entran a una etapa recesiva.

El trabajo previo a este artículo consistió en examinar el comportamiento económico de los países desarrollados de los últimos setenta años. Este análisis nos llevó a concluir que hoy enfrentamos un nuevo fenómeno económico: la desaceleración económica de las principales economías del mundo. Cabe puntualizar que este fenómeno no se refiere a la fase recesiva o baja de la tasa de crecimiento de corto plazo del ciclo económico, sino más bien a una desaceleración económica de largo plazo. En la terminología de los expertos, no se trata de una reducción cíclica de la demanda agregada, sino de una reducción de la frontera de posibilidades de producción.

Ilustración: Guillermo Préstegui

La desaceleración económica

El crecimiento económico, en términos reales, de las economías de los países desarrollados (las 15 economías más grandes de países miembros de la OCDE, principalmente Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Japón, y el Reino Unido), en el periodo de 1945 a 2018, experimentó una desaceleración. A grandes rasgos, hubo dos etapas: la primera, de 1945 a mediados de los setenta, de un crecimiento elevado; la segunda, de 1976 a 2018, caracterizada por una desaceleración económica. El crecimiento anual promedio por década evolucionó de la siguiente forma: de 1960 a 1969 al 5.1%; de 1970 a 1979 al 3.8%; de 1980 a 1989 al 2.7%; de 1990 a 1999 al 2.3%; del 2000 a 2009 al 1.4%, y del 2011 a 2018 al 1.2%.1 El análisis que llevamos a cabo por país, confirmó la tendencia del conjunto.

El detonador

La desaceleración se inició con un detonador y después hubo factores que dieron continuidad al fenómeno. El inicio de la desaceleración coincide con el abandono del sistema financiero internacional existente denominado Bretton Woods. El sistema monetario internacional estaba diseñado para evitar, y en su caso amortiguar, los impactos de los shocks económicos. En ausencia de un sistema financiero internacional que sirviera como amortiguador, se dieron tres choques económicos:

• El embargo petrolero de 1973, choque que provocó una enorme transferencia de riqueza de los países ricos hacia los países miembros de la OPEP.2
• El proceso de desindustrialización, choque que provocó una transferencia de plantas productivas (manufactureras) de los países ricos hacia los países emergentes.3
• La liberalización y desregulación financiera, cambios en las reglas internas e internacionales de las finanzas, que llevaron a la proliferación de nuevos productos financieros, a una mayor inestabilidad del sistema financiero, y a un mayor número y costo de crisis financieras.4

El desarrollo del proceso de desaceleración

En la investigación encontramos variables estructurales que prolongaron el fenómeno que se había iniciado, las más importantes fueron: 

• Cambios demográficos
• Tercerización de la economía
• Disminución de la productividad del trabajo
• Concentración de Mercados y de Ingresos
• Incremento en el Endeudamiento Nacional e Individual
• Reducción de la Inversión Neta del Sector Público

Impacto de los cambios

La reducción de la tasa de fertilidad; el incremento en la expectativa de vida y de la población mayor de los 65 años; la disminución de la fuerza laboral y el deterioro de los índices de dependencia (número de personas entre 20 y 64 años con respecto a la población de 65 años de edad o mayor) elevaron sensiblemente los gastos de pensiones y médicos para la población de la tercera edad. Esto se reflejó en los gastos del sistema de pensiones y de los servicios médicos, afectando la deuda pública y la composición del gasto público.

La tercerización de la economía (preponderancia del Sector de Servicios en el valor del PIB); la proliferación de empleos de bajos ingresos, y el incremento de los empleos temporales y de tiempo parcial llevó a una disminución del monto de capital invertido por trabajador y redujo la productividad promedio de la mano de obra. En 2017, en los Estados Unidos, la participación del sector de servicios en el PIB excedió el 70%; en los países miembros de la Unión Europea fue de 65%, y en Japón fue mayor al 60%. El Nobel de economía Paul Krugman argumenta que la menor productividad del sector servicios y la dificultad para mejorar su productividad es el principal factor del estancamiento de los niveles de vida en muchos países.5

La productividad del trabajo en los países avanzados en el periodo que va de 1940 a 2015 mostró una tendencia a la baja, de 3.5% a 1.0% anual (medido como incremento en el producto real por hora de trabajo). Esto se vio reflejado en la disminución de la participación de la remuneración a los trabajadores en el ingreso nacional.

La concentración de los mercados significó una elevación del número de mercados oligopólicos, una restricción de la producción, precios en exceso de costos promedio, una menor eficiencia (niveles sub-óptimos) en la asignación de recursos y un incremento en los gastos de promoción/publicidad. Entre 1997 y 2012, dos terceras partes de la industria de los EE. UU. experimentaron un incremento en el grado de concentración, y las cuatro empresas más grandes de cada sector alcanzaron una participación de mercado de al menos 25% en la mitad de los sectores de la industria.6

La concentración del ingreso llevó a la disminución del consumo y la inversión.7 Los datos indican que la distribución del ingreso en los EE. UU., Reino Unido, Francia, Alemania, y otros países desarrollados fue progresiva hasta 1974-75, y regresivo a partir de entonces. La concentración del ingreso disminuyó la propensión al consumo promedio de los países desarrollados, elevó el nivel de endeudamiento de las personas de menores ingresos y tuvo un efecto negativo sobre la inversión local (fomentando la producción offshore).

En el periodo examinado, se elevó la deuda de los países desarrollados respecto de su producto interno bruto. Asimismo, se elevó el endeudamiento individual de los hogares respecto de sus ingresos8 y el servicio de la deuda de los hogares como porcentaje del ingreso disponible pasó de 9% en 1975, a 13.3% en 2017. Esto disminuyó el ingreso disponible para gasto no relacionado con el servicio de la deuda.

La inversión neta (inversión bruta menos la amortización/depreciación) de los países desarrollados en el periodo analizado disminuyó como porcentaje del PIB. Por ejemplo, en los EE. UU., la tasa de inversión neta se redujo del 2% en 1970, a 0.5% en el 2015. El impacto sobre la demanda agregada fue muy importante, sobre todo en el PIB potencial.

El resultado: una reducción del PIB real y potencial

El resultado de estos cambios fue no sólo el de reducir su tasa de crecimiento real, sino también, y quizá de manera más grave, reducir su crecimiento potencial. Esto tiene un efecto muy importante sobre el futuro desempeño de estas economías.

Por ejemplo, en el caso de los EE. UU., el PIB real potencial disminuyó en casi un uno por ciento en el periodo de análisis.9 Asimismo, un estudio del Congressional Budget Office de los Estados Unidos concluyó que la brecha entre PIB nominal y PIB potencial se ha venido reduciendo debido a la tendencia decreciente del PIB potencial.10

 

Miguel Peñaloza Webb
Obtuvo títulos de especialización financiera de la American College of Financial Services.

Tomás Peñaloza Webb
Maestro y doctor en Economía por la Universidad de Georgetown en Washington D.C. Asimismo, tiene estudios de posgrado en Finanzas y en Derecho Corporativo. Ambos autores fueron becados por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo para estudiar el funcionamiento del sistema financiero internacional y el financiamiento del desarrollo.


1 Los datos corresponden a los 15 países con mayor PIB, miembros de la OCDE. Los promedios son estimaciones elaboradas por los autores usando las cifras del Banco Mundial, el FMI y la OCDE.

2The Arab Oil Embargo—40 Years Late” de Frank Verrastro (senior vice president) y James R. Schlesinger (Chair for Energy & Geopolitics) del Center for Strategic and International Studies (CSIS) en Washington, D.C. Guy Caruso es un consultor senior del CSIS Energy and National Security Program.

3 Ver, por ejemplo, Orgenson, D W. y M Timmer (2011),“Structural Change in Advanced Nations: A New Set of Stylized Facts”, Scandinavian Journal of Economics 113: 1–29, e IMF (2018), “Manufacturing Jobs: Implications for Productivity and Inequality”, capítulo 3 del April World Economic Outlook.

4 Ver, por ejemplo, Roman Ranciere, Aaron Tornell, y Frank Westermann, “Decomposing the effects of financial liberalization: Crisis vs Growth”, Journal of Banking & Finance, Vol 30, 12, diciembre 2006.

5 P. Krugman (1997), "La competitividad: una obsesión peligrosa" en El internacionalismo «moderno», p. 26.

6 Ver, por ejemplo, Philippe Aghion y Peter Howit, “Market Structure and the Growth Process”, Review of Economic Dynamics, Volume 1, 1, enero 1998, páginas 276 – 305.

7 Ver, por ejemplo, Brueckner, M and D Lederman (2015), “Effects of Income Inequality on Aggregate Output”, World Bank Policy Discussion Paper 7317 y Galor, O and J Zeira (1993), “Income Distribution and Macroeconomics”, Review of Economic Studies 60: 35-52.

8 IMF World Economic Outlook database, Octubre de 2018, y Federal Reserve Bank of New York, “Household Debt and Credit Report”, Q2, 2019.

9 FRED, Federal Reserve Bank of St Louis, Economic Research, “Real Potential Gross Domestic Product”, August 22, 2019.

10 United States Output Gap, % of potential GDP.