La necesidad de crecimiento en la economía mexicana es uno de esos temas tan discutidos y diagnosticados que siempre se corre el riesgo de sonar repetitivo al abordarlo. Al mismo tiempo son tan claros los elementos que hacen falta para crecer que se podría llegar a pensar que la discusión es innecesaria y más bien lo que hace falta son los detalles complicados, la voluntad política para hacerse de los recursos para invertir, los detalles de la economía política que requiere balancear con cuidado a los ganadores y perdedores de toda la estructura de la economía, etcétera.

Por lo tanto, obviando las discusiones sobre la falta de inversión o los cuellos de botella ocasionados por falta de competencia, creo que es hora de poner sobre la mesa el rol de otros factores en el potencial crecimiento de la economía mexicana: en este caso, el rol de la energía y más en específico el de la necesaria transición energética.

Ilustración: Kathia Recio

La energía es un elemento de vital importancia para el crecimiento. Todo lo que hacemos consume energía: en forma de los alimentos que producimos; la necesaria para trabajar; la que usamos para mover nuestros transportes, que a su vez distribuyen nuestras mercancías; incluso, para mover los robots en nuestras fábricas. El acceso a fuentes confiables de energía siempre ha sido un factor determinante en el crecimiento económico. El uso del carbón, por ejemplo, fue lo que primero rompió con la llamada “restricción fotosintética”, para permitir el desarrollo de la economía industrial a principios del siglo XIX.

En el presente, la energía sigue jugando un rol central y lo hace de dos formas principalmente: primero, el acceso a energía barata y confiable es una necesidad para la industria. Países como México, que aun están en búsqueda de una mayor industrialización, que tienen poblaciones crecientes con demandas de energía aumentando en los hogares y un sector servicio en expansión, necesitan energía para crecer.

La segunda razón, y quizá más importante todavía, corresponde a lo que se le llama un “bloque de desarrollo”. Un bloque de desarrollo (Dahmén, 1950,1 Schön 1990,2 y Enflo, Kander y Schön, 20083) es la coevolución de distintas partes de la economía en torno a una o varias innovaciones centrales que incentivan la aparición de actividades complementarias a su alrededor. Es decir, la transición energética (las energías renovables) tiene el potencial de ser un bloque de desarrollo y, por ende se presta para una política industrial acorde a las necesidades del siglo XXI en un país como México.

La energía siempre ha representado un importante bloque de desarrollo. Hace 250 años lo fue el carbón al generar demanda inicial (succión en el mercado); primero con sus aplicaciones en minería y luego generando una demanda creciente (ampliación del mercado) por las diversas aplicaciones que podría tener en otras industrias como el transporte. De la misma forma ocurrió con la electrificación en la Segunda Revolución Industrial con el transporte y luego con la industria y con el petróleo y la industria automotriz o la aeronáutica. Con la Tercera Revolución Industrial, la de las tecnologías de la información, lo que nos sigue haciendo falta es una revolución energética y ahí está el potencial de la transición.

La forma en que los bloques de desarrollo cobran vida suele tener dos etapas, la primera es la aparición de una innovación central. En este caso, las tecnologías para aprovechar energías renovables ya existen y por el proceso de inversión que han tenido en distintas partes del mundo ya son competitivas en costos. La segunda parte (que es la que falta en México) es la del desarrollo de infraestructura.

Desarrollar infraestructura es parte crítica del proceso de expansión de una nueva tecnología (ampliación del mercado), es lo que permite disminuir sus costos al grado que sea barata su adaptación en otras aplicaciones. En una economía como la mexicana, con una mezcla de un sector servicios creciente y un sector industrial que sigue siendo fuerte y se busca expandir; asimismo, en específico, en el contexto de una economía que gira cada vez más en torno a las tecnologías de la información, la expansión de las fuentes renovables de energía es una alternativa necesaria y viable.

El consumo de energía de la economía va a continuar creciendo, aunque su intensidad en la parte productiva (industria y servicios) disminuya producto de la modernización tecnológica. La intensidad energética en el sector doméstico seguirá creciendo porque la población seguirá creciendo y existen muchas deficiencias en la calidad de la construcción de la mayor parte de los hogares. Si anticipamos una mayor demanda, las condiciones están dadas para la expansión de la infraestructura de este tipo de energías.

La innovación tecnológica  y su capacidad para generar complementos son elementos centrales de la aparición de bloques de desarrollo. Las innovaciones crean sus complementos al generar relaciones de dependencia o producir mejoras dentro del proceso de producción en una economía. El proceso de producción es dependiente por necesidad en la infraestructura existente. Este proceso es naturalmente schumpeteriano ya que negocios aparecen y desaparecen conforme estas complementariedades cambian, producen nuevas rondas de inversión pública y privada y con ello transforman la economía.

El proceso de crecimiento económico es entonces discontinuo. Se encuentra en una tensión permanente entre bloques de desarrollo viejos y nuevos (Enflo, Kander, Schön, 2008). En México esta característica es especialmente importante cuando nos damos cuenta que nuestra economía es en esencia dual, en la que existen sectores modernos y atrasados. No obstante, ya existen las innovaciones centrales iniciales (tecnología eólica, fotovoltaica, etcétera) y una demanda de energía creciente y predecible. Lo que hace falta es conectar estos dos hechos, la innovación tecnológica y la creciente demanda de energía.

La transición energética no es sólo un asunto de responsabilidad frente a la emergencia climática en el mundo, es además para una economía como la nuestra una gran oportunidad de catalizar inversión (privada y pública) y generar crecimiento. La naturaleza del bloque de desarrollo alrededor de este tipo de energías en el mundo ha mostrado que es una fuente de empleos de calidad, de inversiones crecientes y de estímulo a la innovación tecnológica. Rara vez en su historia México ha tenido la oportunidad de aprovechar la aparición de un bloque de desarrollo de este tipo en un momento relativamente temprano, sería una lástima que lo dejáramos pasar.

 

Diego Castañeda
Economista por la University of London. Historiador económico por la Universidad de Lund.


1 Dahmén, E (1950) Svensk industriell företagarverksamhet. Kausalanalys av den industriella utvecklingen 1919–1939. Del I–II. Industriens utredningsinstitut. Stockholm.

2 Schön, L (1990) Elektricitetens betydelse för svensk industriell utveckling. Vattenfall.

3 Enflo , K.,  Kander, A.,  & Schön, L. (2008). Identifying development blocks—a new methodology, Journal of Evolutionary Economics, Springer, vol. 18(1), pps 57-76.