Los discursos del presidente de la República Popular de China, Xi Jinping, han generado una serie de interpretaciones que van desde las previsiones económicas hasta el camino ideológico de sus contribuciones al mundo. Entre la narrativa del mandatario se pueden ubicar diversas narrativas, por ejemplo: la historia es un espejo. Debemos sacar lecciones de la historia y evitar reincidir en errores semejantes.

En la actualidad, el presidente chino ha dirigido medidas de política pública que se basan en las enseñanzas del pasado, pero que realizan grandes contribuciones tanto para su nación como para el mundo. Por ejemplo, en el plano nacional, la instrumentación de la política social ha logrado reducir la población en condiciones en pobreza de 770 millones, en 1978, a 16.6 millones, en 2018. Mientras que, en el plano mundial, la serie de instrumentos de la política comercial ha conseguido penetrar los mercados nacionales de distintas economías y permanecer en las primeras posiciones como socio comercial de los países subdesarrollados o desarrollados.

Ilustración: Víctor Solís

El inminente ascenso de China se debe a momentos específicos de aprendizaje-enseñanza de su historia económica. Es pertinente mencionar que tanto Mao Tsé Tung, como Deng Xiaoping, Jiang Zemin y Hu Jintao configuraron el entendimiento ancestral de esta civilización milenaria. Su predominante aparato ideológico, conocido como el socialismo con características chinas, ha conseguido que ninguna fuerza pueda desplazarlo de su actual posición en el orden internacional, así como tampoco impedir su progreso y el de su sociedad.

Xi Jinping ha mantenido los esfuerzos, que se han hecho desde la revolución cultural, por elevar el bienestar social, por luchar en pro del desarrollo pacífico, por profundizar la apertura en la globalización y promover una comunidad internacional de futuro compartido. En los últimos años, el presidente ha insistido en mantener la apertura comercial para seguir obteniendo los beneficios o ganancias de ser el líder comercial mundial, y ha querido derrocar la idea estadounidense respecto al proteccionismo económico.

La actual posición económica de China le ha permitido poner en jaque las distintas interconexiones comerciales de Estados Unidos, orillando a una discusión bilateral, en estos días conocida como la guerra comercial. Existe un claro mensaje: Estados Unidos ha comenzado a proteger su economía ante la extensión, el predominio y la influencia de la economía china. El evidente poder económico chino le faculta imponer acciones en las que puede fortalecer, inmediatamente, su sistema monetario e impulsar, velozmente, su sistema comercial debido a la preponderancia de sus empresas transnacionales.

Desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se consolidó como la indiscutible hegemonía mundial y, con ello, fue el líder del comercio mundial. Hoy en día, la fragilidad de la economía estadounidense se debe a la destacada participación de China en la estructura económica mundial. A través de Xi Jinping se han concretado sobresalientes acciones políticas que han generado preocupaciones para Donald Trump, pues tanto el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura como la Ruta de la Seda son acciones que están dando terreno a China en su influencia global.

El temor estadounidense por perder preponderancia en el mundo se ha manifestado en los fervientes mensajes de su líder. Trump, en 2011, escribía en Twitter: “China es nuestro enemigo, ellos nos quieren destruir”, y es evidente que las posibilidades chinas de mantener un mercado laboral cautivo, una serie de exportaciones baratas, una poderosa divisa que se respalda en un superávit comercial provocarían una angustia para el liderazgo de la hegemonía.

Ante el desalentador panorama que configuraba a Estados Unidos como el perdedor frente a China, lo único que podía hacer era debilitar a la economía china. Su conflagración consistiría en debilitar al dragón chino o, por lo menos, desestructurar la macroeconomía de la cultura milenaria.

Después de más de un año de una guerra comercial que ha cobrado cientos de miles de millones de dólares en comercio aduanero, se percibe una desaceleración de la demanda interna entre los sectores; una caída del crecimiento económico interno; la disminución de la entrada en inversión extranjera directa para crear capital fijo; entre otros indicadores más que muestran los problemas del mercado interno chino y las futuras amenazas a la economía mundial.

Respecto a la inversión china en capital fijo, su crecimiento se muestra con un descenso constante desde el año 2016. Según la Oficina Nacional de Estadísticas de este país, a fines de octubre de 2019, la inversión registró su peor caída desde 1998, ubicándose en 5.2 puntos porcentuales.

Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Mundial (2019)

La desaceleración de la economía mundial implica un entorno con mayor inestabilidad e incertidumbre internacional que genera la escapatoria de inversiones tanto en capital fijo como capital financiero. Sin embargo, la guerra comercial ha aumentado el temor de inversionistas hacia aquel país, pues, a pesar de que China es una potencia económica, Estados Unidos cuenta con un aparato comercial consolidado por su liderazgo tecnológico. Según la gráfica, que muestra datos del Banco Mundial, respecto a la entrada y salida de inversión extranjera directa, se comprueba que el descenso de capital se diagnostica desde 2012 y 2013.

Gracias a su gran capacidad generadora de bienes y servicios, China se consolidó como la fábrica mundial a inicios del siglo XXI. La exportación de productos le ha favorecido para mantener su posición comercial en el mercado mundial, sin embargo, en los últimos años el descenso de la salida de mercancías se ha mantenido como una sombra en el crecimiento económico chino.

Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Mundial (2019)

El año 2005 fue un momento económico clave para las variables económicas de China, sobre todo para las exportaciones de bienes y servicios. En ese año, las salidas de productos registraron el porcentaje más alto de la historia, representando el 37 por ciento de su producto interno bruto. A partir de ese momento la desaceleración se vio venir. El efecto dominó que han generado las barreras arancelarias de la guerra comercial, provocaron la disminución de sus exportaciones y, en 2018, registró la peor caída en 10 años, ubicándose en 18.9 por ciento, según el Banco Mundial.

Las repercusiones de su desequilibrio comercial no quedan en la disminución de exportaciones. Su capacidad productiva se ha visto minada y con ello su crecimiento económico. En 2018, se reportó un seis por ciento como tasa de crecimiento económico que China desconocía desde 1992. Su desacelerada posición productiva se debe a distintos factores, entre los que debemos rescatar su batalla comercial con el actual poder hegemónico.

Para los organismos multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional, es posible que la trayectoria descendente de China sea clara, su pronóstico de crecimiento para el año 2020, ha sido de 5.8 por ciento; es decir, 0.4 por ciento menos respecto a 2018. Los análisis apuntan que, si tomamos los trimestres económicos de 2019, el primero y el segundo trimestre se registraron el 6.4 y el 6.2 por ciento, respectivamente, y esto nos orilla a afirmar una desaceleración económica en términos técnicos.

Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Mundial (2019)

Si nos apoyamos en el estudio teórico de la teoría de los ciclos económicos, la expansión económica excepcional que China ha obtenido después de treinta años traería, consecuentemente, el punto de inflexión en el que actualmente transita. De este modo, la desaceleración económica china, que para muchos sorprende, no es más que una tendencia en el desarrollo de las economías.

Así, la guerra comercial sólo se califica como un factor externo que coadyuva a las afectaciones que los factores internos están provocando en el mercado interno chino. Sobre todo porque, durante los últimos dos años, las decisiones de la enorme capital de China han tratado de luchar en contra del sobreendeudamiento de las empresas y los gobiernos locales, lo que ha generado la brutal caída de la inversión en capital fijo de la que hablábamos anteriormente.

Paralela al descontento comercial, la desaceleración económica y la caída de exportaciones, existe una afectación en todos los sectores de la economía china, entre los que destaca el sector automovilístico. Éste ha contado con una caída del 17 por ciento, según las matriculaciones de entre septiembre del año 2017 y 2019. Respecto a la agricultura se enfrenta una crisis de la peste porcina africana que ha devastado una gran parte de la producción de carne de cerdo china; por lo tanto, ha provocado un aumento del precio del cerdo que llevó a la inflación al tres por ciento en septiembre.

Ante tales acontecimientos, el Comité del Buró Central del Partido Comunista Chino ha tomado varias medidas para apoyar su economía, entre las que destacan: la reducción de impuestos sobre salarios y la inyección de miles de millones de yuanes al sistema financiero para garantizar la liquidez del mercado financiero.

Sin la futura resolución de las disputas comerciales, China ha actuado de una forma ágil frente a las medidas inmediatas de Estados Unidos. En los últimos meses, se presentaron sus esquemas de acuerdos comerciales para terminar con la escalada de aranceles aduaneros para los productos de ambos países. Al término de esta conflagración se esperaría continuar con el proyecto chino que esperanza su posicionamiento fuerte y consolidado de su economía para el centenario del Partido Comunista de la República Popular de China.

 

Miguel Angel Cruz Mancillas
Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM.