En memoria de Jaime Ros
Ésta no es la primera vez que una crisis económica de dimensiones históricas encuentra a la economía mexicana en una situación vulnerable. Si bien no es la primera vez en el siglo XXI que un evento externo afecta negativamente a la economía mexicana, lo que sabemos hasta hoy sobre los efectos económicos de la pandemia global y su contención hacen que todo lo ocurrido en los 20 años que van del siglo palidezca en comparación. Tenemos que irnos casi cien años atrás para encontrar un evento que nos ayude a poner en perspectiva lo que está ocurriendo a escala global en la economía, así como sus ramificaciones en México. Hoy, más que pensar en términos de una recesión, tenemos que pensar en términos de la Gran Depresión. Al igual que entonces, el choque económico externo encuentra a la economía mexicana en un estado de fragilidad y la reacción de la política económica será clave para la recuperación del país.

Iliustración: David Peón
La Gran Depresión en México
El canal por el cual la Gran Depresión llegó a México fue a través del comercio exterior; en particular, las exportaciones de metales y petróleo. Dado el desplome de la actividad económica en EE. UU. como consecuencia del colapso de Wall Street en 1929, nuestro principal socio comercial redujo sus importaciones de insumos drásticamente, haciendo que, para 1932, México sólo vendiera a dicho país poco más de dos terceras parte del petróleo y metales que le vendía en 1929. Si bien la caída en exportaciones fue espectacular, vale la pena aclarar que, como tal, la contracción del comercio de petróleo y metales no afectó directamente el presupuesto de los hogares. En aquel entonces, siete de cada diez mexicanos que trabajan lo hacían en el campo, cuando hoy en día cerca de nueve de cada diez no se ocupa en el sector agrícola. Por tanto, una menor actividad exportadora en los sectores extractivos no afectaba a una mayoría de las familias mexicanas.
Sin embargo, algo en lo que sí se parece el México actual al México de entonces es en la fragilidad fiscal del Estado. En aquellos tiempos la estructura recaudatoria del Estado seguía siendo muy similar a la del porfiriato, lo que implicaba una dependencia a los ingresos obtenidos vía impuestos al comercio exterior, en tanto que más de la mitad de lo recaudado provenía de esa vía. Así, los ingresos fiscales de esa vía se redujeron 45 % entre 1929 y 1932, lo que implicó una reducción de poco menos de una quinta parte de los ingresos totales de la hacienda pública.
Ante esta caída en los ingresos públicos, el entonces secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Montes de Oca, optó por una política de mantener, al precio que fuera, el balance fiscal y la estabilidad del tipo de cambio. En consecuencia, se implementó una política de austeridad a rajatabla, incrementando impuestos así como recortando el número de empleados en el gobierno y reduciendo los salarios de quienes conservaron su plaza. Esto no hizo sino agravar los efectos del choque, pues los recortes en personal y salarios se trasladaron directamente a una menor demanda agregada, lo que a su vez redujo la actividad económica y con ello los ingresos fiscales. Dicho de otra forma, las políticas de austeridad implementadas por Montes de Oca lanzaron a la economía mexicana a un ciclo en donde la austeridad se derrotaba a sí misma.
A esto hay que sumar los efectos de una política monetaria que se concentró en sostener la paridad entre el peso mexicano y el oro. Ante la escasez de oro derivada de la caída en las ventas al extranjero, la autoridad monetaria recortó el monto de pesos que circulaban en la economía nacional, deprimiendo aún más a la actividad económica. Montes de Oca pudo haber aminorado este efecto negativo decidiendo acuñar más plata, cosa a la que se negó rotundamente. Así, la economía se encontraba en 1931 sumida en una profunda contracción, la cual se agravaría ante el pánico bancario desatado por la devaluación de la plata.
Para ese momento, Alberto J. Pani, quien anteriormente había ocupado la secretaría de Hacienda, ya había advertido a Plutarco Elías Calles, el presidente de facto en la época, sobre las funestas consecuencias de la política seguida por Montes de Oca. Al cumplirse los pronósticos de Pani sobre el desastre que sería la Ley Monetaria de 1931, fue llamado de regreso al país y Montes de Oca obligado a renunciar después de 3 años de profunda recesión. El costo de aferrarse a la ideología de que bastaba con mantener el presupuesto equilibrado para capotear la crisis fue una contracción de 17.6 % del PIB entre 1929 y 1932, cerca de -5 % anual. En sólo tres años se perdió poco más de un sexto de la producción total.
La llegada de Pani a la secretaría de Hacienda trajo consigo un drástico giro en las políticas seguidas. Por un lado, optó por devaluar el peso plata frente al oro, lo que se tradujo en un impulso a las exportaciones. Más importante aún, terminó con las políticas de restricción monetaria y de austeridad, pagando los salarios caídos de los empleados públicos y pagando con emisión monetaria. A ello le sumó una serie de reducciones de impuestos a distintas industrias, con el fin de darles espacio de maniobra para preservar la plantilla laboral. En su conjunto, estas medidas resultaron en déficits públicos para 1932 y 1933 del orden de 1.09 y 1.12 puntos del PIB. Pani se vio obligado a financiar esos déficits con emisión monetaria debido a que el gobierno no contaba con una buena reputación ni en el mercado nacional ni el extranjero ya que poco antes de la crisis el gobierno se había declarado en moratoria de pagos.
¿Qué podemos aprender de lo sucedido durante la Gran Depresión? Que la política asumida por Montes de Oca y que defendió a capa y espada hasta su remoción implicó tratar de enfrentarse a una tormenta renunciando a usar el timón para estabilizar la nave. En ese entonces, si bien no se contaba con la opción del endeudamiento externo o interno, se contaba con la capacidad de financiar los déficits públicos con emisión monetaria. Hoy, los papeles se han invertido: no es posible financiar el déficit público con emisión de dinero, pero sí es posible acudir tanto a los mercados nacionales como internacionales para contratar deuda pública. El problema es que esa puerta no estará abierta permanentemente, y comenzará a cerrarse conforme otros países hagan uso de esa fuente de recursos. Es decir, es necesario tomar una decisión pronto al respecto si no es que se quiere terminar pagando no sólo un mayor costo por concepto de intereses, sino, más importante, en cuestión de vidas humanas y bienestar.
John Maynard Keynes cierra la Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero con la siguiente frase: “Los hombres prácticos, que se creen exentos por completo de cualquier influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto.” Hoy, como en la época en que Keynes escribió el libro, el mundo se enfrenta a la mayor crisis económica de lo que va del siglo. Hoy, al igual que entonces, dejar que la respuesta de política económica se rija a partir de ideas peligrosas como lo es una mayor austeridad, implica agravar el costo que los y las mexicanas habremos de pagar en términos de nuestro bienestar.
Carlos Enrique Amaya García
Economista por la UNAM. Fue asistente de investigación en el Programa Universitario de Estudios del Desarrollo.
Luis Ángel Monroy-Gómez-Franco
Estudiante del doctorado en economía del Centro de Graduados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.
Fuentes
Gómez-Galvarriato, A. (2002). La política económica del nuevo régimen. Alberto J. Pani 1923 – 1927, 1931 – 1933. Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM. 381 – 412 pp.
Cárdenas, E. (1994). La hacienda pública y la política económica. Fondo de Cultura Económica. 45 – 69 pp.
Moreno-Brid, J. y Ros, J. (2010). Desarrollo y crecimiento en la economía mexicana. Fondo de Cultura Económica. 102 – 132 pp.
Márquez, G. (2014). Claves de la historia económica de México. El desempeño de largo plazo (Siglos XVI-XXI). Fondo de Cultura Económica. 103 – 140 pp.
La cita de Kenes se aplica a las acciones realizadas por AMLO, esperemos que el capricho y las buenas sugerencias de su equipo puedan sacar a la economia mexicana de esta depresion……
Hola.
Hojear la historia es importante para conocer la manera de como se manejó tal o cual problemática en el pasado. Rememorarla ahora nos sugiere una respuesta muy similar.