¿Bienestar del alma o PIB?
La falsa disputa entre medir crecimiento, bienestar y felicidad

“Para alcanzar la felicidad se requiere el bienestar material y el bienestar del alma, como decía José Martí”, comenta López Obrador en numerosas conferencias matutinas, eventos públicos y en la presentación de la “Cartilla Moral” distribuida en todo el país por parte de su gobierno. Pero con el paso de los meses, pareciera que para el presidente de México cada vez es más importante el “bienestar del alma”, por sobre el bienestar material (también conocido como objetivo) y de sus promesas del año pasado de crecimiento económico de 4% anual, expresadas también en el Plan Nacional de Desarrollo. Apenas hace unos días comentó estar trabajando en un nuevo índice, alternativo al PIB, que medirá bienestar y “la felicidad del pueblo”.

Es llamativo el contexto en el que se hace el anuncio: el país se encuentra probablemente frente al aumento más grave de población en situación de pobreza de los últimos 20 años, y la caída más fuerte en décadas de diversos indicadores económicos. Ante dicho escenario, ¿podemos permitirnos dejar de evaluar a un gobierno según su (de)crecimiento del ingreso y basarnos sólo en la felicidad? ¿Es correcto olvidarse del bienestar objetivo y señalar como más importante la alternativa del bienestar subjetivo?

Ilustración: Víctor Solís

¿Es necesario olvidarnos del PIB?

Al momento, la mayoría de estimaciones sobre la caída en el producto interno bruto durante 2020 van de -6 a -9%. De esta manera, el ingreso per cápita del país podría pasar de 189 mil a 171 mil pesos (-9.9%), equivalente a un retroceso de 10 años.1 Ante este contexto, ¿realmente el PIB no dice nada importante sobre el bienestar?

El mayor pecado del PIB (y el PIB per cápita) podría ser que es una medición agregada (o de tendencia central) y no mide la dispersión de los ingresos. Esto es, mide la suma de los ingresos o pagos a los diversos factores de producción, pero no dice nada sobre cómo se distribuyen. Además, es cierto, el mero crecimiento del PIB no siempre va acompañado de mejora en el bienestar generalizado o disminución de pobreza.

Poco cuestionado con anterioridad por la corriente ortodoxa, el mito de la “economía del goteo” (es decir, la creencia de que el crecimiento económico beneficia primero a las personas en la cúspide de la estratificación social, beneficio que luego se irá derramando hacia abajo hasta llegar a la base) ya no es reproducido actualmente ni siquiera por organismos internacionales como el FMI, la OCDE o el Banco Mundial.2

En cambio, el decrecimiento sí implica comúnmente menor bienestar. Dicho de otro modo, entender que la economía del goteo es una falacia no significa que una crisis económica (medida como un periodo de decrecimiento del PIB y el ingreso por persona) no vaya normalmente acompañado de la disminución del bienestar generalizado. Es amplia la evidencia que muestra cómo las crisis económicas en el mundo suelen aumentar la población en situación de pobreza.3 Como mencionaba al inicio del artículo, el Coneval ha pronosticado el aumento de hasta 10 millones de personas en situación de pobreza ante la crisis actual. De hecho, durante la crisis financiera de 2008-2009, quienes más vieron afectados sus ingresos en México fueron los hogares de deciles más bajos, en parte debido a que 90% de la pérdida de ingresos en el país correspondió a los laborales.4

Es por eso que, independientemente de lo que reflejen algunos indicadores agregados como el coeficiente de Gini,5 las crisis económicas (otra vez, la caída del PIB) tienen efectos desiguales sobre los ingresos, y en general sobre el bienestar de las personas. Entre estas consecuencias en el bienestar que sufren quienes menos ingresos tienen se encuentran 1) el desempleo prolongado o aceptación de empleo con menores ingresos, 2) disminución del gasto en alimentación y salud, 3) cambios de residencia, 4) retiro de menores de escuela y, en los peores casos, 5) inclusión de estos menores en actividades laborales.6 Muchos de estos efectos pueden ser temporales, pero algunos pueden tener repercusiones que cambian por completo la vida de los hogares. Nuevamente: no tendría sentido dejar de darle importancia a la medición del (de)crecimiento económico, especialmente porque sí puede ser asociado con la disminución en el bienestar de la población, especialmente de quienes menos ingresos tienen, durante periodos de crisis económicas.

¿Medir felicidad o bienestar material?

La medición de la felicidad, la satisfacción con la vida y en general el llamado “bienestar subjetivo”, pertenecen a un campo de conocimiento que lleva décadas de investigación y desarrollo. De hecho, el bienestar subjetivo e indicadores relacionados son medidos por el INEGI desde hace ya prácticamente una década, sin contar otras mediciones anteriores existentes en el país.7

Quienes defienden la superioridad de las mediciones subjetivas del bienestar por sobre las objetivas argumentan que es necesario un “enfoque de abajo hacia arriba”, es decir, que parta de las personas. Esta parecería ser la posición actual del presidente. Por su parte, quienes critican las mediciones subjetivas de bienestar argumentan que los resultados de estas investigaciones pueden ser engañosos. Por ejemplo, según la crítica de los "gustos baratos” (como le llama Boltvinik), en las personas que han vivido en situación de pobreza por mucho tiempo puede existir un “proceso de adaptación”, que tendría como consecuencia que ante “muy pequeñas cosas" o situaciones puedan sentir una gran felicidad o un gran placer y, puesto que sus deseos son muy pequeños, éstos pueden ser fácilmente cumplidos.

Por su parte, Maslow argumentaba que “añoramos conscientemente aquello que podría posiblemente ser alcanzado”. Lo anterior va en línea con la crítica de Amartya Sen, quien menciona:

…el cumplimiento de los deseos de una persona puede ser o no indicativo de un alto nivel de bienestar o de vida. El esclavo duramente golpeado, el desempleado en bancarrota, el miserable (destitute) sin esperanza, el ama de casa domesticada (tamed), pueden tener sólo el valor de desear poco, pero el cumplimiento de esos deseos disciplinados no es un signo de gran éxito y no pueden ser tratados de la misma manera que el cumplimiento de los deseos confiados y exigentes de los mejor situados. Por tanto, la satisfacción de deseos no puede ser el único objeto de valor y como método de valuación es muy defectuoso.8

El bienestar subjetivo y la felicidad se miden en México desde hace años. INEGI ha levantado información del “bienestar autorreportado” trimestralmente desde 2013 (acá pueden encontrar el piloto, el módulo ampliado y el módulo básico). Como se puede ver en la gráfica que sigue, la medición muestra que, en general, las personas han reportado mayor satisfacción con la vida de manera casi constante durante los últimos siete años. ¿Ese resultado puede evaluarse de manera aislada y concluir que en México aumentó el bienestar durante el sexenio de Peña Nieto? No necesariamente.

Bienestar subjetivo en México, promedio (2013-2020)

La realidad es que la evaluación mediante los indicadores de bienestar subjetivo es compleja y tiene que realizarse con sumo cuidado. En comparaciones internacionales, el ranking de México en indicadores de bienestar subjetivo es mayor que el de otros indicadores objetivos.9 Hay diversas hipótesis que explican este hecho, pero bien podríamos retomar aquí los argumentos arriba mencionados de Boltvinik, Sen o Maslow.

En cualquier caso, la evidencia muestra que sí existe asociación al comparar indicadores robustos de bienestar objetivo (tales como la medición multidimensional de pobreza) con bienestar subjetivo. Según dichos resultados, quienes viven en situación de pobreza multidimensional se declaran menos “felices” o “satisfechos con la vida”, que quienes viven en clase alta o media.10 Siendo así, la principal diferencia sería que las brechas de felicidad o bienestar subjetivo se manejan en diferentes escalas. Pero, de acuerdo con investigaciones como la citada, la medición de felicidad y el bienestar subjetivo no deberían sustituir la medición de pobreza por ingresos, pobreza multidimensional u otros indicadores de bienestar objetivo.

Así pues, es falsa la disputa entre indicadores como el PIB, los de bienestar objetivo y subjetivo. A final de cuentas, todos existen desde hace tiempo en el país y ayudan a comprender mejor la situación de una sociedad y evaluar el desempeño de un gobierno. Continuar en estos momentos de crisis una estrategia que pretenda ignorar o menospreciar algunos indicadores podría no ser casual.

Coincidentemente, la legisladora de Morena Dolores Padierna se pronunciaba hace unos días porque Coneval modificara la medición de pobreza en México. Durante el pasado sexenio, se llevó a cabo una estrategia en que cuestionaron los indicadores de medición de pobreza y bienestar objetivo, buscando influir en su medición y así modificar cómo se evaluaba el desempeño del gobierno. Esperamos que las acciones del actual sexenio no vayan encaminadas en el mismo sentido. Valdría más la pena que López Obrador y el gobierno federal retomen el espíritu de la propuesta del presidente de Morena para medir mejor la desigualdad de riqueza e ingresos en el país, especialmente de los más ricos, utilizando datos fiscales hasta ahora en secreto. Ojalá y el lema fuera “primero quienes están en situación de pobreza (objetiva)” y no sólo “primero que todos sean felices”.

 

Máximo Ernesto Jaramillo-Molina
Doctor en Ciencia Social por El Colegio de México y economista por la Universidad de Guadalajara. Actualmente es investigador de Fundar.


1 Comparación realizada a precios constantes de 2020, con base en PIB de INEGI y proyecciones de población de Conapo.

2 Por acá, Dalia Vázquez detalla cómo durante la los últimos 10 años, todos estos organismos han modificado drásticamente su posición al respecto.

3 Acá y acá algunos ejemplos de investigaciones que lo demuestran.

4 De acuerdo con este artículo de Habib et al. publicado por el Banco Mundial.

5 Por las propiedades del diseño de este indicador, tiene la desventaja de que “la ponderación máxima corresponde a transferencias próximas a la moda y lejos de los extremos de la distribución” (Medina, 2001).

6 Al respecto, recomiendo este trabajo en que se analizó el efecto de la crisis financiera en los hogares en términos de desigualdad social.

7 Para encontrar un recuento al respecto, vale la pena leer este artículo de Mariano Rojas.

8 Sen, Amartya (1985) “The standard of living”, The Tanner Lectures, Clare Hall, Cambridge, pp.11.

9 Ver por ejemplo el Better Life Index de OECD.

10 Dichas diferencias son significativas bajo un modelo logístico multinomial, aun controlando por otras variables sociodemográficas.

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Publicado en: Economía, Sociedad

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