Barrios violentos: violencia como desigualdad social

Analizar el efecto de la violencia comunitaria en relación con la movilidad social es una posibilidad para intervenir y generar políticas públicas integrales de prevención de violencia. En el caso de México, diversos estudios se han enfocado en entender el efecto de la pobreza y/o el nivel educativo como factores sociodemográficos determinantes de la delincuencia. Sin embargo, en un país ya inmerso en la violencia, es relevante estudiar el efecto que ésta tiene en factores sociodemográficos que se han relacionado con la perpetuación de la misma. En este sentido, será interesante cuestionar la exposición a violencia como un factor de desigualdad y con efectos negativos en las expectativas de movilidad social y bienestar prospectivo de niños, niñas y adolescentes.

Ilustración: Patricio Betteo

La violencia tiene un efecto significativo en las probabilidades de movilidad social de los individuos (Sharkey, P. & Torrats-Espinosa, G., 2017). El efecto de la violencia se puede diferenciar por el nivel en el que se experimenta la misma: 1) víctima de violencia (nivel individual) y 2) testigo de violencia (nivel comunitario). Ambos niveles no son mutuamente excluyentes: el individuo puede ser víctima de violencia y/o percibir la violencia que sucede en su comunidad.

La violencia extrema a nivel comunitario tiene efectos significativos en la movilidad social de niños y niñas debido a que afecta su desarrollo, capacidades cognitivas, y trayectorias académicas (Sharkey, P., 2010; Sharkey, P., Tirado-Strayer, N., Papachristos, A. & Cybele, C., 2012). La evidencia muestra que un entorno violento tiene efectos en las capacidades cognitivas y de autocontrol de niños y niñas, independientemente de si estos presenciaron violencia o fueron víctimas directas (Sharkey et al., 2012). Asimismo, la exposición prolongada a violencia comunitaria durante la infancia, específicamente homicidios, tiene un efecto negativo en el rango de ingreso esperado en la edad adulta (Sharkey, P. et al., 2017).

El impacto de la violencia en el desarrollo emocional y cognitivo de niños y niñas se debe a que la exposición directa o indirecta a incidentes violentos generan respuestas sociales, psicológicas y emocionales asociadas con el estrés, miedo y trauma. Los altos niveles de estrés afectan el desarrollo de la corteza prefrontal del cerebro, la cual se relaciona con las funciones ejecutivas (Blair, C., Raver, C., & Granger D., 2011). Esto es relevante porque las funciones ejecutivas comprenden las capacidades cognoscitivas necesarias para la anticipación, formulación de metas, planificación para lograr dichas metas y ejecutar planes (Lezak, 1982, p. 281). En el agregado, un correcto desarrollo emocional y cognitivo en la infancia influye no sólo en el rendimiento y permanencia académica, sino también en el desarrollo de habilidades relevantes para el bienestar general en la edad adulta (Rojas, M., 2015, De Hoyos, R., Estrada, R. & Vargas, M., 2018)

La violencia, analizada como una condición de desventaja, afecta los resultados en la movilidad social de niños, niñas y adolescentes. Es decir, nacer y crecer en un barrio violento (estar expuesto a violencia comunitaria) es una primera forma de desigualdad; la violencia no está dispersa aleatoriamente en la sociedad (México Evalúa, 2018). Los homicidios, por ejemplo, no están heterogéneamente distribuidos, éstos se concentran en barrios desaventajados. A nivel nacional, la creciente tendencia en número de homicidios, feminicidios y desapariciones también tiene un componente de variabilidad regional. En México, la violencia homicida se ha concentrado en ciertas entidades del país, entre las que destacan Guanajuato, Michoacán, Guerrero y Baja California, por concentrar un tercio de la violencia en los últimos años (Carbajal F., 2019).

Una posibilidad para entender el efecto de la violencia en las expectativas de movilidad social es identificar los mecanismos explicativos a nivel geográfico (colonia, ciudad, estado, región). Por ejemplo, a nivel comunitario, la distribución espacial del homicidio masculino está asociado con desigualdad socioeconómica, específicamente responde a una lógica relacionada con la concentración desigual de riqueza patrimonial (Mejía, Ma. G., Spikjer,J. & Manetta, A., 2020). En este caso, la interacción entre las tasas de homicidio y desigualdad territorial acentúa las desventajas y desigualdades socioespaciales: el barrio determina movilidad social e incluso esperanza de vida.

En general, la situación de creciente violencia en el país es proxy de los entornos hostiles en que niño y niñas conviven y afecta su bienestar inmediato y prospectivo. A su vez, la sensación de inseguridad ha limitado las posibilidades de socialización y juego, lo cual tiene efectos en el aprendizaje holístico de infantes. De acuerdo con la última encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (Ecopred, 2014), 73.8 % de mujeres y 63.4 % de hombres entre 12 y 17 años de edad, residentes en áreas urbanas, se sienten inseguros en el espacio público. Adicionalmente, con base en la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2019, 77 % de la población mexicana no permite que menores de edad salgan solos a espacios públicos por miedo a ser víctima de algún delito; 7.7 % ha dejado de ir a la escuela por la misma razón.

Para realizar los análisis pertinentes para entender los mecanismos de interacción entre violencia y movilidad social es necesario contar con datos e instrumentos de medición robustos. A su vez, es importante que los datos nos permitan desagregar por tipo de violencia, edad, género y con información suficiente a nivel local. El detalle en los datos nos permitirá reconocer efectos diferenciados por tipo de violencia; por ejemplo, la estadística nacional actual cuenta con pocos instrumentos para dimensionar el efecto de la violencia en distintas etapas de la infancia. UNICEF (2019), en su último reporte sobre el panorama estadístico de violencia contra niños, niñas y adolescentes, reconoce que en México no existen instrumentos robustos de medición integral de la violencia comunitaria. La falta de información sobre este tipo de violencia obstaculiza la estimación de sus efectos derivados, en este caso, en términos de movilidad social.

Una posibilidad para generar políticas públicas integrales para la construcción de paz en México es atender las violencias directas no sólo como resultado de violencias estructurales, sino como un mecanismo de desventaja que afecta directamente el bienestar de niñas, niños y adolescentes, y con efectos prospectivos en la movilidad social de las personas. Esta perspectiva nos permitirá generar más información y acciones para la construcción de comunidades que brinden mejores oportunidades, bienestar social y, sobre todo, ayuden a romper ciclos de violencia.

 

Mariana Robles
Politóloga por el CIDE y cofundadora de Paz Cívica A. C.

 

Referencias

Blair, C., Raver, C., & Granger D. (2011). “Allostasis and Allostatic Load in the Context of Poverty in Early Childhood”. Dev Psychopathol, 23, 845-857.

Briceño-León, R. (2012). “La Comprensión de los Homicidios en América Latina: ¿Pobreza o Institucionalidad?” Ciencia & Saude Coletiva, 17, 3159- 3170.

Carbajal, F. (2019). “La geografía de la violencia homicida en México 2015- 2019”. 28 agosto 2020, nexos.

De Hoyos, R., Estrada, R. & Vargas, M. (2018). Predicting individual wellbeing through test scores: evidence from a national assessment in Mexico. Development Bank of Latin America.

Kim D. (2019). “Social determinants of health in relation to firearm-related homicides in the United States: A nationwide multilevel cross- sectional study”. PLoS Med, 16, 12.

Lezak MD. (1982). “The problem of assesing executive functions”. Int J Psychol, 17, 281-97.

México Evalúa. (2018). Análisis espacial para la reducción de la violencia letal.

Mejía, Ma. G., Spikjer, J. & Manetta, A. (2020). “Distribución espacial del homicidio juvenil masculino y desigualdad territorial en Ciudad de México y Estado de México (2000-2002 y 2010-2012)”. Revista Latinoamericana de Población, 14, 185- 227.

Rojas, M. (2015). Felicidad y estilos de crianza parental. Julio 31, 2020, de Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

Sharkey, P. (2010). The acute effect of local homicides on cognitive performance. PNAS, 107, 11733-11738.

Sharkey, P. & Torrats-Espinosa, G. (2017). “The effect of violent crime on economic mobility”. Journal of Urban Economics, 102, 22-33.

Sharkey, P., Tirado-Strayer, N., Papachristos, A. & Cybele, C. (2012). “The effect of local Violence on Children’s Attention and Impulse Control”. American Journal of Public Health, 102, 2287- 2293

UNICEF. (2019). Panorama Estadístico de la violencia contra niños, niñas y adolescentes en México.

Vélez, R., Campos, R.& Fonseca, C. (2015). El concepto de movilidad social: dimensiones, medidas y estudios en México. Julio 31, 2020, de Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

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Publicado en: Sociedad