“Creo que nos enfrentamos a una cuestión dramática: ¿cómo será el universo de la producción artística y cultural del país cuando se abre un precedente como este? ¿Qué tipo de incidentes similares vamos a tener cuando, tan rápidamente, un grupo de extrema derecha y que es tan reaccionario consigue cerrar una exposición de esta grandiosidad?”

– Gaudêncio Fidélis sobre la exposición A Queer Museu – Cartografia da Diferença na América Latina

Introducción

Brasil, a partir de una serie de eventos a lo largo de 2017, demuestra la fragilidad de los avances en materia de derechos LGBT. Este es un ejemplo donde la indecisión nacional por realizar acciones para garantizar la no discriminación y la no agresión a la comunidad LGBT, presente en países como México, se torna en una oposición nacional a lo LGBT. Esta nota tiene como objetivo describir una serie de patrones que revierten las narrativas progresistas en materia de derechos LGBT.

Dos bloques de acciones de grupos radicales en Brasil cuestionan el carácter lineal de los avances en derechos LGBT.1 El primer segmento atenta directamente contra la integridad de las personas de la comunidad LGBT, mientras que el segundo se dirige contra espacios artísticos que retratan formas no hegemónicas de sexualidad.

Un cuestionamiento constante a las medidas legales a favor de los derechos LGBT que se impulsaron en Brasil desde finales de la década de 1990 es que la violencia a este sector no disminuye. El parámetro clásico en esta demanda es el número de homicidios a la comunidad trans de Brasil que proporciona el Proyecto de Monitoreo de Muertes Trans (Trans Murder Monitoring Project) de la organización Trans Respect Versus Transphobia Worldwide. En su informe de 2017 se coloca a Brasil en el número uno entre 69 países de acuerdo a su número de homicidios contra la comunidad trans. Además, esta clase de homicidios siguen una tendencia al alza, con homicidios anuales de 99, 103, 126, 104, 132, 113 y 136 de 2010 a 2016. Esta historia se repite en casos como El Salvador, México y Venezuela. La violencia física a las personas LGBT es una constante en América Latina.

El retorno al psiquiátrico

La decisión del juez federal de Brasilia, Waldemar Cláudio de Carvalho, el 21 de septiembre del 2017, abre la puerta a tratamientos psiquiátricos de conversión sexual y convierte a la violencia hacia la comunidad LGBT en un régimen público e institucional. Esta sentencia parte de una interpretación de la libertad científica de los psicólogos para estudiar la (re)orientación sexual. Esto contradice a los objetivos sustantivos de la Resolución nº 001/1990, del Consejo Federal de Psicología, que prohíbe ese tipo de estudios; pese a que el juez de Carvalho quiere argumentar que es sólo una interpretación de dicha Resolución.

El carácter patológico de la “homosexualidad”2 se estudió tanto a nivel teórico y empírico por estudios inspirados en el libro en tres tomos de Historia de la Sexualidad de Michel Foucault, como a nivel clínico por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y asociaciones nacionales de psiquiatría. A nivel teórico y empírico se determinó que esta patología “homosexual” fue una ficción que surge en el siglo XVI y se refuerza en el siglo XVII para dominar a este sector de la población e imponer un sistema de normalidad y patología, donde se normaliza a la familia reproductiva y católica fundada en la unión entre un hombre y una mujer y se aliena a otras formas de organización nuclear. La OMS, por su parte, determinó en 1990 que la “homosexualidad” es una variación natural de la sexualidad humana y no puede considerarse como una condición patológica. Así, la sentencia de Carvalho niega la evidencia social, médica y jurídica de que la “homosexualidad” no es una enfermedad y, por tanto, no se debe someter a un tratamiento de reconversión.

Apología del arte de protesta

Otro tipo de violencia es la censura y la desacreditación. Este odio en Brasil se dirige hacia los artistas que con sus piezas invitan a pensar en temas como la diversidad sexual, la violencia machista y la pedofilia. El ejemplo más claro fue la clausura el 9 de septiembre de 2017 de El Museo Queer: Cartografía de la Diferencia en América Latina, la primera exhibición de arte queer en Brasil. Esta exposición estuvo a cargo de Gaudêncio Fidélis y se puede describir como “diversidad observada bajo los aspectos de variedad, pluralidad y diferencia”. Incluía 263 trabajos de 85 artistas entre los que se encontraban autores consagrados como Lygia Clark, Cândido Portinari y José Leonilson. La exposición se abrió a principios de agosto en el Centro Santander Cultural de Porto Alegre, Brasil.

Pese a la importancia de la exposición, un grupo de conservadores, bajo el liderazgo del Movimiento Brasil Libre (que se volvió famoso por sus manifestaciones contra el gobierno de Dilma Rousseff), la desacreditaron por considerar que promovía la pedofilia, la bestialidad y la blasfemia. La presión fue tal que los directivos del museo, Santander Cultural, decidieron cerrar la exhibición. La justificación fue que algunas de las obras de la exposición incumplían símbolos, creencias y personas, lo que no está en línea con la visión del mundo de Santander Cultural. Se propuso que: “Cuando el arte no es capaz de generar inclusión y reflexión positiva, pierde su propósito más grande, que es elevar la condición humana”. El debate es entender a qué se referían con una “inclusión y reflexión positiva”.

Si bien existieron protestas de grupos LGBT y de la sociedad civil organizada para que se reabriera la exposición, ésta se mantiene cerrada. Además, esta acción dio lugar a críticas semejantes a otras muestras artísticas. Un ejemplo es la exposición titulada Cadafalso de Alessandra Cunha, la Ropre, que se presentó en el Museo de Arte Contemporáneo de Mato Grosso del Sur entre junio y el 24 de septiembre de 2017. La intención de Ropre en esta presentación es criticar y mostrar las violencias del machismo, entre ellas, la pedofilia. En este caso, los conservadores argumentaron que la exposición se podía leer como una apología a la pedofilia. Hasta el momento, lo que consiguieron es que la admisión a la muestra se restringió a las personas mayores de 18 años y confiscaron la obra que tiene el título de Pedofilia.

En ambos casos existen dos elementos claros que causan conflicto a los grupos conservadores: la alusión a ejemplos de sexualidades disidentes y la incorporación de la sexualidad infantil. En particular, la pedofilia se perfila como un calificativo eficaz para generar oposición. Pese a que estas exposiciones generan nuevas discusiones sobre temas centrales de la sexualidad humana, las críticas conservadoras en Brasil son capaces de oscurecer la verdad y de apelar a lo diferente como una razón para ocultar la realidad.

El sistema de silencio no sólo desacredita las formas no conformes al modelo visible, sino que limita los nuevos entendimientos del mundo y busca impedir que nuevas generaciones imaginen formas subversivas de sexualidad. De manera implícita y paternal, los conservadores buscan que la diversidad sexual se dé en los límites de un imaginario tradicional heterosexual machista y que las soluciones a las desviaciones sexuales se den por prácticas represivas tradicionales como la moral o la religión.

Reflexiones y conclusiones

La evidencia empírica que se mostró en este artículo retrata a un Brasil que da un viraje a un sistema de opresión contra las manifestaciones disidentes de sexualidad. En la teoría clásica de estudios LGBT se considera como perverso a todo aquello que va en contra de un sistema establecido y que requiere un procedimiento de normalización para adaptarlo a los modelos que se consideran correctos. Los ejemplos anteriores ubican a lo afeminado en lo masculino (lo trans), a la enfermedad mental (lo patológico), a la sexualidad explícita (lo inmoral) y a la sexualidad infantil (lo pedófilo) como posibles catalizadores de perversidad. Esta perversidad se dirige a los sujetos “homosexuales” y los vuelve vulnerables a ataques de censura, de persecución y de violencia física.

No obstante, los estudios LGBT se caracterizan por una búsqueda de acción ante la adversidad. Los espacios permisivos en Brasil se acortan por acciones de grupos conservadores, pero la conciencia de un problema de odio no se puede deshacer. Este ensayo propone tres alternativas para buscar formas cada vez más inclusivas de “homosexualidad”: 1) Siempre existieron lugares de sociabilidad LGBT (llámese el salón, el bar, el teatro o el museo), es necesario protegerlos cultural y socialmente como estandartes de libertad. 2) El mensaje del arte se vuelve más fuerte ante la adversidad; por tanto, es vital el llamado a la comunidad artística a desarrollar estéticas queer en sus producciones. 3) La movilización digital y juvenil es eficaz en América Latina. ¿Cómo se puede dirigir a esta causa? Un mundo inclusivo es posible, pero hay que imaginarlo.

Julio César Díaz Calderón es ayudante de investigación en el Centro de Estudios y Programas Interamericanos (CEPI) del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).


En este texto se escoge el término LGBT (lésbico, gay, bisexual y transexual) en lugar de otros alternativos como LGBTTTIQA+ (lésbico, gay, bisexual, travesti, transexual, transgénero, intersexual, queer, asexual, más otras disidencias sexuales), dado que el concepto se retoma desde su creación histórica. El término LGBT surge en oposición del carácter patológico y negativo que se le adjudicaba a la palabra “homosexual”. Representa el cambio ideológico a pensar al “homosexual” como un agente “normal”, un ciudadano con los mismos derechos que los demás.
En este artículo, algunas palabras como “homosexual” o “normalidad” estarán entre comillas para dar énfasis a su carácter de construcción social y para recordar que los conceptos se retoman de las definiciones dadas por la perspectiva teórica queer.